Apología a la lógica como forma esencial de la filosofía

En su “Estética de Heidelberg“, Lukács sostiene que la lógica de la filosofía representa una ampliación del ámbito de validez teórica, extendiéndose más allá del conocimiento del “ser“. Implica el surgimiento de nuevas relaciones, categorías y estructuras. De este modo, en su carácter objetivo, supera ampliamente el interés inicial planteado por la pregunta original —la indagación sobre el ser—, o en otras palabras, va más allá de la autocontemplación del “είμαι“.

Desde el denominado “giro lingüístico” introducido en la conceptografía de Frege y consolidado en el Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein, se ha manifestado una tendencia creciente en la filosofía occidental hacia el empleo de la lógica como herramienta para generar inferencias válidas, es decir, para un conocimiento correcto. Como Wittgenstein afirmaba en el Tractatus: “de aquello de lo que no se puede hablar, es mejor guardar silencio1“. De este modo, la lógica no solo nos facilita el escape de este círculo ontológico, sino que, tal como Kant señalaba, también evita la predisposición natural de la razón a equivocarse al intentar trascender el dominio de lo cognoscible. De tal manera que, la lógica, no es solo una herramienta de construcción, sino también un límite a lo que podríamos llamar de alguna manera “mitos de la razón”.

Esta perspectiva convertiría a la lógica en una herramienta de tal utilidad que casi parecería representar la solución definitiva a los dilemas filosóficos. Las interrogantes planteadas por Sócrates podrían ser abordadas mediante el uso del silogismo, lo cual, después de todo, ha sido el objetivo de muchos a lo largo de la historia de la filosofía. No obstante, como lo evidencia el desarrollo histórico de la lógica, este ideal no ha podido materializarse. Se ha comprobado que el perfeccionamiento del silogismo encuentra sus límites y no logra abarcar las contradicciones inherentes al lenguaje natural y, por consiguiente, a nuestra manera de comprender y existir.

No obstante, la lógica moderna, forjada al ritmo de los avances matemáticos del siglo XX, adopta un enfoque que, en lugar de centrarse en la descomposición del lenguaje, se enfoca en su generación o, más precisamente, en su inducción. Desde la publicación de Principia Mathematica por Whitehead y Russell, el método axiomático y las reglas de transformación han facilitado un desarrollo de la lógica de tal manera que permite la creación de sistemas a través de los cuales se puede demostrar con mayor eficacia la consistencia de un enunciado, en función de sus relaciones semánticas. Por ejemplo, en el sistema modal “T”, al ser un sistema no transitivo, resulta más complejo lograr consistencia que en un sistema “S4”, y lo mismo sucede con el sistema “S5”. Así, el lenguaje lógico se muestra cada vez más capaz de describir los objetos del mundo, tanto real como posible, y sus interacciones.

De este modo, la lógica contemporánea ha marcado el inicio de una ruta pionera en el campo de la filosofía. Figuras como Saul Kripke han desarrollado una perspectiva innovadora sobre las relaciones semánticas, permitiéndonos, a su vez, abordar las relaciones epistemológicas desde una óptica renovada.

Consideremos, por ejemplo, las proposiciones que aluden a acciones o actitudes individuales tales como “creer”, “conocer”, “deber” o “poder”. Estos verbos representan distintas maneras de comprender el mundo. La capacidad de incorporar estas actitudes personales en un lenguaje libre de contradicciones (o incluso en uno que, pese a contenerlas, logre manejarlas lógicamente) nos brinda la posibilidad no solo de determinar con precisión cuándo emitimos un juicio correctamente, sino también de formular un lenguaje coherente y accesible para entidades no contradictorias. ¿Hasta dónde podría llevarnos este enfoque?

La facultad de comprender el acto de “conocer” como un idioma estructurado y coherente nos incita a reflexionar acerca de la conciencia humana. Nos preguntamos: ¿qué es la conciencia humana? Y, más importante aún, ¿cómo se forma? Ludwig Wittgenstein expresó una idea reveladora: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo2“. Esto sugiere que nuestro pensamiento se moldea según nuestro modo de expresión; somos conscientes en la medida en que disponemos de un método para comunicarnos.

Si consideramos la conciencia como la conformación esencial de la racionalidad inherente a cada individuo, y aceptamos que dicha conformación es posible únicamente a través del lenguaje, entonces se puede inferir que un lenguaje exento de contradicciones y capaz de describir acertadamente el mundo constituirá el fundamento epistemológico de la conciencia.

Teniendo en cuenta esta perspectiva, donde Immanuel Kant proponía que el ámbito de la lógica filosófica iniciaba y concluía con el silogismo aristotélico, parece ser que esta afirmación halla un contrapunto en la historia misma. Aunque no podemos determinar con certeza si el entusiasmo generado por los eminentes matemáticos y lógicos de la primera mitad del siglo XX se materializará en el presente, es posible afirmar que sus descubrimientos ofrecen nuevas vías de exploración en diversos campos del saber, no limitándose únicamente a la filosofía.

Asimismo, tal como nos recordaba el profesor Jesús Mosterín en uno de sus simposios, Galileo Galilei afirmaba que:

La filosofía está escrita en ese vasto libro que siempre está abierto ante nuestros ojos, es decir, el universo. No obstante, para comprenderlo, es imprescindible primero aprender su lenguaje y familiarizarse con los caracteres con los que está redactado. Dicho libro está escrito en el lenguaje de las matemáticas, y sus caracteres son triángulos, círculos […]3“.

En la actualidad, podemos afirmar que la lógica es el idioma mediante el cual los seres humanos logramos comprender el mundo. No obstante, el racionalismo parece haber quedado relegado en la actualidad; el deseo de matematizar el mundo se encuentra abruptamente interrumpido en el momento en que la filosofía determina que nuestras construcciones son meramente eso, construcciones.

El hecho de que la lógica nos faculte para crear un lenguaje que se constituye y reconstruye a sí mismo nos sitúa ante una paradoja peculiar. Por esta razón, es cierto que tenemos la capacidad de superar antiguas contradicciones que el método silogístico no lograba resolver; sin embargo, nos encontramos inmersos en un universo de artificio. ¿Es posible entonces desentrañar las contradicciones de algo tan intrincado como el pensamiento humano? Considero que no.

De manera similar a como Kant se encontró compelido a admitir que nunca lograremos comprender las tres interrogantes fundamentales de la metafísica (Dios, el alma y el mundo), es posible que también nos veamos imposibilitados para desentrañar la gran cuestión que aborda nuestras preocupaciones actuales: ¿Qué es esa conciencia que nos faculta para entender el mundo? Es probable que debamos contentarnos con una herramienta —ya de por sí bastante provechosa— como lo es la lógica, la cual, aunque no nos permita conocer la realidad en su totalidad, sí nos ofrece la capacidad de construirla.

Quienes afirman que el lenguaje juega un papel fundamental en nuestra constitución esencial no están equivocados. Sin embargo, es crucial subrayar que dicho papel es crucial en la medida en que la conciencia se moldea a través del lenguaje. Aun así, la base biológica de este proceso sigue siendo un enigma sin resolver.

Lamentablemente, es una realidad ineludible que no podemos disertar sobre lo que se halla más allá de nuestro lenguaje; es decir, estamos limitados a no poder hablar de aquello que no ha sido delineado por este. Por lo tanto, resulta razonable afirmar que jamás podremos discutir sobre aquello que establece las condiciones de posibilidad del lenguaje mismo, nuestra conciencia humana.

Notas

[1] Wittgenstein, L., Tractatus Logico-Philosophicus, Tecnos, 2017, p. 287.

[2] Ibídem.

[3] Filosofía y ciencia en el pensamiento español contemporáneo (1960-1970). Simposio de lógica y filosofía de la ciencia. Tecnos. Madrid. 1973: 25-36.

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): García, M. (2024, 06 de abril). Apología a la lógica como forma esencial de la filosofía. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/04/apologia-a-la-logica

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