Lo político de la diferencia: repensar la relación con lo otro

Qué se puede, y qué no, admitir en el tratamiento con la otredad. Henos ante una preocupación que trastoca cada arista del poliforme “vivir juntos”. Pues del modo en que se establezca y afiance el modo del relacionarse, dependen las posibilidades de la vida singular y colectiva.

La consideración prescribiente de lo otro se enmarca en el contexto de una hegemonía ideológica-material. Esta consiste en el modelo de lo uno y lo propio que abarca las cualidades identitarias ocupadas como un criterio de discriminación, y se comprende en el sentido de contrastar las particularidades de ser, de un sujeto o grupo, con todo aquello ‘inadecuado’ que encarna lo otro.

El cómo se trata a lo otro es menester político, prueba de ello es su patencia en la cotidianidad. Un claro ejemplo de que además es una preocupación latente en la esfera política es el esfuerzo por reconocer y combatir los llamados discursos de odio. De los cuales se reconocen narrativas que socavan la dignidad de ser en la diferencia. Las Naciones Unidas lo definen tal que:

Cualquier tipo de comunicación, ya sea oral o escrita, —o también comportamiento—, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son1.

 ¿Por qué insistir en la diferencia?

En el reconocimiento de esta se sitúan al menos dos escenarios. El primero es que esa diferencia es una brecha insuperable. El segundo, que esa diferencia puede ser aproximada en sus coincidencias y accidentes. ¿Ante cuál escenario decantarse para hacer una narrativa del relacionarse? Y aún más importante es preguntarnos por la impronta de esa narrativa en la escala de valores de la vida. Si la diferencia es entendida como algo fantástico, no hay entonces razón que preste a los esfuerzos por llenar la brecha. Sin embargo, en el segundo escenario, se propone signar violentamente una vida con un propósito y un destino de suyo ajenos.

La diferencia es política cuando a partir de ella se erigen jerarquías que prescriben lo que legítimamente puede —y no puede hacerse— hacia aquellos otros. V.g. los desplazamientos y ocupaciones, las prisiones, la explotación, la tortura, el exterminio.

Quienes convergen en la amplísima categoría de lo otro, han sido: mujeres, infancias, extranjeros, personas con capacidades diferentes, disidencias sexuales, neurodivergentes, indígenas, afrodescendientes, orientales; y entre estos los más extraños, los otros animales. Todos ellos históricamente venidos a ser como “menos humanos” ante lo uno que representa el Estado y sus mecanismos de poder.

Narrativas opresivas

A primera vista, la consideración jerárquica de lo otro es mero prejuicio; sin embargo, hay pistas para afirmar que es algo más allá. Warren sostiene al respecto que este fenómeno es una relación de subordinación. Ello se explica en función de la justificación de la opresión sistémica basada en un “marco conceptual opresivo”. Para la filósofa, un marco conceptual, lo que referí por narrativa, es “un lente construido socialmente a través del cual nos percibimos a nosotros mismos y a los demás2”; este se torna opresivo cuando sedimenta materialmente el sojuzgamiento de la otredad.

Un “marco conceptual opresivo” responde a la siguiente estructura (que adapto al presente):

1) jerarquización del valor inherente.

2) oposición y exclusión entre el pretendido disyunto uno-lo otro.

3) un aparato racional en que se funda la supuesta legitimidad de la subordinación de lo otro ante lo uno.

Este tercer punto es medular a nuestra consideración, pues solo de este devienen las consecuencias políticas de someter a lo otro en tanto considerado inferior. Y, en cambio, no de la jerarquización que constata diferencias de grado entre capacidades para hacer algo.

Un marco interpretativo de un fenómeno de opresión que opera la subordinación de la diferencia, y que puede aclararnos el peligro e importancia de pensar estos tópicos es el señalado por la no-autoproclamada filósofa Hannah Arendt, quien al respecto de los síntomas de un régimen totalitario apunta a tres cuestiones3no lejanas a la anterior estructura—:

1) la instauración de una ideología que promueve la superioridad innata de un grupo ante otro que es tomado por “contrario”;

2) el culto a la personificación de quien encarna los valores que hacen superior a dicho grupo, y 3) la ejecución del horror a partir del discurso de odio que legitima el exterminio de la diferencia, de los reducidos a contrarios.

Defender la diferencia

Esbozar un modelo relacional que no suponga opresión ni subordinación alguna requiere del explícito reconocimiento de la alteridad. En los límites de nuestra anormalidad ante los otros se abre la posibilidad del más genuino respeto a la diferencia. Esto no supone un allanamiento de las diferencias, ni un esfuerzo por negar las jerarquías del pensamiento. En cambio, es un esfuerzo por guiar el habitar propio sin anular la vida de otros al hacernos una presencia en el mundo. Sobre esto recupero lo que Cragnolini menciona:

La extrañeza de lo extraño solo puede apreciarse en la no apropiación, y es a partir de la no apropiación que es posible pensar una comunidad de lo viviente […] que resguarda el modo de ser del otro (viviente humano, viviente animal) como extraño y, por tanto, incalculable e insacrificable4.

Sea entonces que lo único admisible ante lo otro es reconocerle irreductible a lo uno, y al sí mismo. En ese tenor, se da cuenta de que no hay justificación moral para ponderar qué vidas —quiénes— son acreedores de mayor respeto y dignidad. La diferencia no hace legítima la subordinación. El tratamiento inadmisible hacia la otredad, y a una misma, es el que configura las interrelaciones a partir de la opresión.

Construir la narrativa de la vida conjunta fuera de los marcos opresores es defender nuestra diferencia. En ello encuentro un acto político, reivindicatorio, y —a mi juicio— la forma más amable de hacernos en la vida, ante y con los otros.

Notas

[1] Naciones Unidas. (s.f.) ¿Qué es el discurso de odio? https://www.un.org/es/hate-speech/understanding-hate-speech/what-is-hate-speech

[2] Warren, K. (2004). “El poder y la promesa del feminismo ecológico”, trad. Margarita M. Valdés, en: Naturaleza y valor: (una aproximación a la ética ambiental), comp. Margarita M. Valdés. Pp. 235. México: UNAM/Fondo de Cultura Económica.

[3] Cf. Arendt, H. (1998). Los orígenes del totalitarismo.

[4] Cragnolini, M. (2016). Extraños animales: filosofía y animalidad en el pensar contemporáneo. Pp. 33. Buenos Aires: Prometeo Libros.

Imagen | Pexels

Cita este artículo (APA): González, L. (2024, 07 de abril). Lo político de la diferencia: repensar la relación con lo otro. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/04/lo-politico-de-la-diferencia

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