Una constitución, sin duda alguna, es el documento jurídico fundamental para un Estado, que prevé la forma de gobierno de un país y la forma en que este ha de organizarse, ¿pero es lo único que debe de contener un documento jurídico de esta naturaleza? O ¿cuáles son los requisitos mínimos para que esta sea válida? ¿Acaso las constituciones deben de rescatar algunos ideales impregnados en el imaginario colectivo?, o ¿solo es una imposición del poderoso en turno al servicio de sus propios intereses? Estas son algunas de las cuestiones que se pretenden responder en la presente reflexión.

Todos o casi todos hemos escuchado hablar de la constitución de un país, incluso me atrevo a decir que en más de alguna ocasión hemos argumentado que la misma nos protege, pero ¿qué es exactamente una constitución? Y ¿cómo es que una constitución nos protege como personas integrantes de un Estado?

La Constitución es un cuerpo normativo que da forma a un Estado, pero su significado y lo que debe de contener este documento va variando con el paso del tiempo, influenciados por las necesidades de la sociedad a la que se aplica, las dinámicas de conflictos internos, así como las teorías jurídicas prevalentes en la conciencia colectiva. Estos factores determinan los aspectos que la Constitución debe regular, los derechos que debe proteger, y los mecanismos de garantía y cumplimiento de lo estipulado en ella.

Las constituciones, según la tradición jurídica de un país determinado, pueden ser escritas o no escritas; por ejemplo, la tradición jurídica romanista-continental, a saber, aquellas que han seguido la tradición de codificar las normas a la usanza del Imperio romano, poseen constituciones escritas, mientras que aquellos países de tradición anglosajona o de la common law como Inglaterra, su constitución se compone no solo por los documentos escritos, que en este caso son varios, sino que, su constitución y su derecho se va construyendo con precedentes judiciales, es decir, decisiones que emiten los jueces.

Además, las constituciones pueden incluir distintas prerrogativas según la teoría jurídica predominante en una sociedad o país durante un período específico. Esto significa que, en sociedades fundamentadas en el positivismo jurídico, las constituciones suelen enfocarse más en la forma que en el contenido sustantivo de los derechos. En otras palabras, procuran regular todas las situaciones posibles en la práctica. En estas constituciones, si los procesos de creación del derecho se adhieren a las formas establecidas —es decir, si cumplen con todos los procedimientos o requisitos para la creación de una norma—, se puede descuidar la esencia de los derechos, lo que podría llevar a dilemas éticos. Un ejemplo de esto son las constituciones del siglo pasado que justificaron genocidios en tiempos de guerra. Por otro lado, en países con una base teórica post-positivista, se da preferencia al contenido sustantivo sobre la forma. Aquí, la creación de derecho no se limita a la ley escrita; también se interpreta y amplía el alcance de los derechos y principios fundamentales. Los principios, como hemos discutido anteriormente en publicaciones de filosofía, son mandatos abstractos incluidos en la normativa que buscan proteger la dignidad humana. Así, las constituciones influenciadas por el post-positivismo pueden, en ocasiones, obviar las formas preestablecidas, otorgando a los jueces una amplia libertad interpretativa.

Pero, y una vez hecho este preámbulo, cabe preguntarse: ¿qué es exactamente una Constitución? En términos generales, la Constitución se define como la norma suprema de un Estado, esencial porque establece su estructura fundamental. Aunque pueda sonar complejo, es la Constitución la que determina cómo se organiza el Estado, definiendo su forma de gobierno y la manera en que este se relaciona con los ciudadanos. Esta estructura puede adoptar la forma de una monarquía, una república o cualquier otro sistema de gobierno, regulando así el aspecto organizativo del Estado. Sin embargo, las constituciones modernas, influenciadas por la teoría post-positivista o por el neoconstitucionalismo, según los expertos en derecho, van más allá. No solo establecen la organización del Estado, sino que también destacan la importancia de los derechos de las personas y sus principios básicos. Como se ha mencionado anteriormente, una teoría contemporánea sostiene que no es suficiente con que las constituciones dicten la estructura estatal; deben, además, enfocarse en proteger y garantizar los derechos humanos, estableciendo mecanismos efectivos para su cumplimiento. En el contexto occidental actual, una Constitución que no incluya un catálogo de derechos fundamentales es considerada conservadora e incompleta, ya que no responde a las necesidades de la sociedad moderna.

Por lo anterior, y a modo de conclusión, aunque suene redundante: los requisitos mínimos para la Constitución es que ayude a la organización del Estado, pero si no contempla un catálogo de derechos y principios será calificada de conservadora o de legitimar un Estado autoritario, por lo que es uno de los puntos torales de la discusión contemporánea.

Bibliografía

Carbonell, M. (2009). Neoconstitucionalismo (s). Madrid. Editorial Trotta.

Garcia, E. (2002). Introducción al Estudio del Derecho. México. Porrua.

Peces-Barba, G. (2005). Lecciones de Derechos Fundamentales. Madrid: Dykinson.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Mariscal, B. (2024, 12 de abril). ¿Qué es una constitución? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/04/que-es-una-constitucion

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por Brenda Mariscal

Abogada (Universidad de Guadalajara, México); doctoranda en Derecho por la misma universidad. Con interés natural por la investigación en las humanidades y con el ímpetu de compartir el conocimiento de manera universal. A su vez, es asesor jurídico y docente universitario.

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