Teodiceas y sentido en la sociología de la religión de Peter Berger

Peter Berger propone una sociología de la religión en la que es central el concepto de nomos, que de acuerdo a él, representa la creación de un orden significativo en la sociedad, arraigado en la búsqueda humana de sentido. Este orden se internaliza en la socialización exitosa, pero enfrenta desafíos en situaciones marginales que amenazan su estabilidad. La legitimación, principalmente a través de la religión, se convierte en un mecanismo crucial para sostener este orden. Sin embargo, en un contexto de secularización y pluralismo, las teodiceas seculares emergen como intentos de ofrecer sentido, aunque su capacidad para abordar las profundas inquietudes humanas sigue siendo cuestionada.

El orden social como nomos

Según Peter Berger1, la función más importante de una sociedad radica en la nomización, que implica la creación de un orden significativo en el mundo. El término “nomos” se refiere a esta estructura ordenada y tiene como presupuesto antropológico un deseo innato en los seres humanos por encontrar significado. Este deseo parece tener una fuerza de carácter instintivo. Lo que conduce a la construcción de un marco ordenador del mundo.

Tomando lo anterior en cuenta, cuando ese orden significativo se da por sentado y se internaliza, podemos decir que se logra una socialización exitosa; no es suficiente con que los individuos perciban los significados del orden social como útiles, convenientes o correctos, sino que es mejor que los contemplen como inevitables, como de una naturaleza universal. Al lograr lo anterior, se produce una fusión de dos tipos de significados: los de carácter social y los significados que se consideran fundamentales en el universo. De modo que Nomos y Cosmos parecen coextensos. 

La anomia y las situaciones marginales

Tomando en cuenta que el nomos proporciona un orden significativo a la realidad, podemos decir que en su aspecto más importante funciona como un “escudo contra el terror”. Esta cualidad protectora es más evidente cuando se consideran las situaciones marginales en la vida del individuo. Esto es, aquellas situaciones en las que se acerca o traspasa los límites del orden que determina su existencia cotidiana. En principio, podemos decir que el mayor peligro en la posible separación del individuo del orden social es la ausencia de significado. 

Las situaciones marginales pueden aparecer ante el individuo mediante los sueños o la fantasía. Pueden aparecer en el horizonte de la conciencia como sospechas de que las definiciones de la realidad son frágiles o incluso fraudulentas. Estas sospechas pueden extenderse a otros aspectos, llegando incluso a la identidad de sí mismo o de los demás. Cuando invaden las áreas centrales de la conciencia, llegan a adoptar la forma de padecimientos psiquiátricos como la neurosis y la psicosis.

Una situación marginal por excelencia es la muerte; cuando el individuo percibe la muerte de otros significativos, se ve estimulado a cuestionar los procedimientos cognoscitivos y normativos que operan en su vida normal dentro de una sociedad. En este sentido, podemos decir que la muerte amenaza las suposiciones más básicas del orden que sostiene a una sociedad.2

Por tanto, las situaciones marginales dejan en evidencia lo precarios que son todos los órdenes sociales. Toda realidad socialmente definida se ve amenazada por otras realidades posibles que las situaciones marginales presentan ante el individuo. Lo llevan a cuestionarse la realidad establecida, y esto sucede porque:

Todo nomos es un área de significado excavado en una vasta masa de carencia de significado […] Todo nomos es un edificio erigido frente a las fuerzas potentes y extrañas del caos.

Berger, P. (1969): 38

La legitimación

Este caos debe mantenerse a raya, y para ello toda sociedad tiene procedimientos que ayudan a sus miembros a permanecer dentro de la realidad oficialmente definida. Existe, por tanto, la necesidad de superar, pero también de explicar los fenómenos anómicos en términos del nomos establecido por una sociedad. 

En este sentido, se hace necesario otro proceso que contribuye a mantener el orden social: la legitimación. Se entiende por legitimación un conocimiento que se objetiva socialmente y que sirve para explicar y justificar el orden social. Se puede entender también como respuesta a los interrogantes acerca del porqué de los ordenamientos sociales.

Las legitimaciones tienen como característica no decir lo que debe ser, sino que suelen proponer lo que es, es decir, se da una base cognoscitiva sobre la cual tienen significado las proposiciones normativas. Entonces, toda legitimación tiende a mantener una realidad socialmente definida. 

Históricamente, la religión ha sido el instrumento más difundido y efectivo de legitimación. La religión logra una legitimación tan efectiva porque relaciona las (precarias) construcciones de la realidad efectuadas por las sociedades con un realismo sagrado que está más allá de las contingencias de los significados y la actividad humana. 

La legitimación religiosa es tan efectiva porque logra hacer parecer que aquello que surge de la nada es algo que ha existido desde el principio de los tiempos. Logra hacer olvidar que es la propia humanidad quien estableció el orden social y que su continuación depende del consentimiento de ellos mismos. Hace a los individuos creer que al proceder de acuerdo con los programas institucionales realizarán las más hondas aspiraciones de su ser, y a la vez, que se ponen en armonía con el orden fundamental del universo: esto es una legitimación religiosa.3

Las teodiceas

Recordemos que los fenómenos anómicos no solamente deben ser superados, sino también explicados en términos del nomos establecido socialmente. Una explicación de estos fenómenos en términos de legitimación religiosa es lo que llamaremos teodicea. 

Para Berger, una teodicea plausible permite integrar las experiencias anómicas de la biografía individual en el nomos establecido. Estas experiencias, por dolorosas que sean, adquieren al menos un sentido en términos convincentes, social y subjetivamente. Esto no significa que el individuo se sienta feliz al pasar por esas experiencias, pues lo que puede ofrecer una teodicea es más bien un sentido a las experiencias anómicas. 

Existe entonces la profunda necesidad de darle sentido a lo que sufre el individuo, de comprender su significado. El individuo desea saber por qué esas desgracias le han sucedido a él precisamente. Si una teodicea responde con sentido a esta pregunta, significa un alivio importante para el individuo que sufre, incluso si esa respuesta no tiene ninguna promesa de que el resultado de su sufrimiento sea la felicidad en este mundo o en otro. Por tanto, las teodiceas solamente dan la garantía de hallar un sentido de las cosas.4

Teodiceas seculares y sus limitaciones:
a modo de conclusión

Tomando en cuenta que las teodiceas intentan legitimar los fenómenos anómicos, dando así un medio para dotar de significado y mantener el orden social, podemos decir que en la perspectiva de Berger existe una visión funcional de la religión que implica que los problemas que la religión intenta resolver persisten más allá de la religión. Ante la crisis actual de las definiciones religiosas de la realidad, otras construcciones de significado deben cumplir con la función de nomizar. En el caso del mundo occidental, si cae la teodicea cristiana, deberán surgir otras teodiceas que ayuden a mantener un nomos.

Con este proceso de secularización, Berger considera que el problema del pluralismo es de especial relevancia. En la medida en que las estructuras de plausibilidad se debilitan, lo hará también la realidad del mundo religioso en cuestión. Lo que anteriormente era dado por supuesto como realidad evidente, ahora solo puede lograrse por un esfuerzo deliberado. En este punto de pluralidad, los contenidos religiosos solo pueden mantenerse en la conciencia como opiniones o sentimientos, algo que expresa muy bien la frase “preferencia religiosa”.5

Aunque sabemos que es necesario otro tipo de teodiceas que logren legitimar las situaciones marginales, lo único que ha surgido en el mundo moderno han sido teodiceas seculares que Berger denomina “filosofías diurnas“, por no ser capaces de legitimar e integrar a un nomos los problemas existenciales más profundos del humano.6 Tomando esta idea en cuenta, Berger en posteriores trabajos propone una desecularización de la conciencia con intenciones de recuperar todo eso que la religión nos daba. Cabe preguntarse si habrá alguna solución alternativa, o si tendremos que vivir por siempre como humanidad sin ese sentido que nos daba la religión.

Notas

[1] Berger, P. (1969), El dosel sagrado. Elementos para una sociología de la religión, Buenos Aires, Amorrortu Editores.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

[5] Setton, D. (2017), Rupturas y continuidades en la sociología de la religión de Peter Berger, SOCIEDAD Y RELIGIÓN N° 48, Vol. XXVII (2017), pp. 164-174, http://www.ceil-conicet.gov.ar/ojs/index.php/sociedadyreligion/article/view/283

[6] Martín, F. (2010), Antropología teológica y teología inductiva en Peter L. Berger. La teologización de la conciencia moderna, VERITAS, Nº 22 (marzo, 2010), 205-225, http://dx.doi.org/10.4067/S0718-92732010000100009

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Nava, A. (2024, 25 de abril). Teodiceas y sentido en la sociología de la religión de Peter Berger. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/04/teodiceas-y-sentido-sociologia-religion-berger

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por Alejandra Nava Hernández

Tesista de sociología en la UNAM. Interesada en los estudios CTS, sociología de la ciencia y de la religión.

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