Breve comentario en derredor a Cándido o el optimismo de Voltaire. Parte 3 de 3

En “Cándido o el optimismo” (2010), se puede leer lo siguiente1: “La melancolía de Cándido aumentaba, y Martín no paraba de demostrarle que había poca virtud y poca alegría en la tierra, con excepción tal vez de Eldorado, lugar adonde nadie podía ir”. Lo anterior posee mucha relevancia, porque nos habla de un sitio inexistente, utópico: Eldorado. Me parece relevante, ya que otra de las categorías importantes para la propuesta de Bonilla2 es, precisamente, la de utopía, pues su pesimismo utópico sabe que todo ser humano desea liberarse del sufrimiento, desea redimirse, por lo cual, insiste el autor en que, si bien es verdad que el sufrimiento prima en la vida, el hombre puede hallar la manera de enfrentarlo en tanto que posee una “voluntad de soñar” que le permite pensar en diversas maneras de mejorar al mundo a fin de aminorar el sufrimiento que prima en su totalidad. Así, el hecho de que Voltaire mencione a Eldorado como un sitio que no existe, pero en el cual todo está bien, me resulta muy evocador, ya que, me parece, refleja la misión de la filosofía en muchas ocasiones: encaminarse, llegar al ideal, a lo mejor, a lo que no se puede alcanzar, pero a lo que uno se está dirigiendo ya siempre. En efecto, el pesimista es consciente de que perderá la batalla; sin embargo, incluso después de caer, se levanta y continúa adelante.

El pesimista sabe, entiende, que la vida es una batalla perdida, sin embargo, eso no quiere decir que el pesimista no se sienta impelido a mejorar día con día, todo lo contrario, el pesimista siente un deseo fervoroso por mejorar el mundo en el que vive para aminorar el sufrimiento de los otros que, junto con él, sufren la mundanidad del mundo. Así pues, el pesimista adquiere no solo consciencia sobre el dolor y el sufrimiento (que, aunque vacíos, insisto, poseen un valor de verdad que no los hace desdeñables, sino dignos de prestarles atención a fin de motivar nuestras reflexiones) de los otros, sino, a su vez, una conciencia ética basada en la compasión. La ética schopenhaueriana compasiva nos alienta reconocer el sufrimiento del otro como otro que aparece en el mundo como una objetivación más de la voluntad que ha olvidado (a causa del principio de individuación) que todos estamos destinados a padecer. Entender el padecimiento del otro significa romper con la ilusión de que yo soy el único que sufre. Romper con la ilusión nos hace mejores personas. Al respecto, Thomas Mann, nos dice lo siguiente3:

[…] lo que en el hombre bueno triunfa sobre la voluntad es el conocimiento. ¿Qué conocimiento? […] el conocimiento de que la diferencia entre él y los otros se basa en una ilusión que incita al mal, es un fenómeno engañoso […]

Sé que al principio traté de explicar que el sufrimiento no puede ser la cosa en sí, sin embargo, nadie podría negar que sí es aquello que prima en la existencia de los vivientes, ya que todos hemos caído y hemos experimentado el hastío la pérdida, la injusticia y, muy importante, la enfermedad; es por eso que considero que si bien el sufrimiento no es ser en sí, sí es lo que predomina en la naturaleza, puesto que la felicidad es momentánea, mientras que el sufrimiento persiste a lo largo de la vida, incluso motivando grandes investigaciones por la incomodidad que experimenta el hombre al no entender el mundo, o grandes poemas que son capaces de brindar alivio y explicación de los padecimientos que todos hemos sufrido. Ni que decir de aquellos actos que hacemos con la intención de aminorar el sufrimiento de quienes sufren a nuestro lado. En tanto que el pesimista es consciente de que el ser humano y los vivientes sufrirán más de lo que gozarán, por ser enteramente Voluntad, para el pesimista, y continuando con la crítica a la metafísica occidental/helenística, siempre será mejor el no-ser que el ser.

Todos los seres vivos son réprobos, sin saberlo. Me pregunto si yo que lo sé soy superior a ellos. Sí, lo soy: creo sufrir más4.

Pero, como expliqué antes, esta conciencia lo hace compadecer a los otros sufrientes y, por consiguiente, atravesar ese velo de Maya que antes lo había hecho olvidar que todos sufren porque son enteramente voluntad, siendo que la ilusión es la individuación que hace que la Voluntad “se clave los dientes a ella misma”. Esa actitud ética compasiva la podemos notar en Cándido, quien tras haber experimentado la caída (sufrimientos físicos y psicológicos, o bien, dolor y sufrimiento, respectivamente), es capaz de compadecerse de sus semejantes. En la novela de Voltaire, se puede ver a Cándido dándole limosna a reyes destronados o a mujeres y monjes infelices con la intención de aminorar sus sufrimientos, pues como él, los monjes, mujeres y reyes han experimentado esa estrepitosa caída, el inminente tropiezo; Cándido es consciente de que a él también lo han ayudado y le han curado sus heridas y por eso él lo hace también.

Pero, por otro lado, también podemos constatar las actitudes contrarias durante el relato. Como ya dije antes también, el relato escrito por Voltaire nos narra una vida de desgracias en donde su protagonista, Cándido, de carácter inocente, cree, debido a las enseñanzas de su maestro Pangloss, que el mundo en el que vive y el castillo en el que habita son fieles y buenas evidencias para creer que ese era “el mejor de los mundos posibles”. Sin embargo, conforme la historia transcurre, vemos al protagonista constatar y aprender lo contrario: que no todo pasa por alguna buena razón y, menos aún, que todo tiene explicación. Esto lo comienza a aprender desde las primeras páginas del texto, ya que él es azotado por unos búlgaros; después encuentra a su maestro sumido en la desgracia, víctima de una enfermedad, y pierde a un amigo querido producto de la indiferencia de los hombres y la brutalidad de la naturaleza. También, vuelve a ser azotado y su maestro ahorcado, en tanto que, por decisión de un rey, estos son ofrecidos como “sacrificio” para calmar al pueblo y a la naturaleza después de un fuerte terremoto. Aunque no será todo lo malo que le pase a Cándido.

Además de eso, también se nos muestra al Velo de Maya en acción, pues somos testigos de cómo es que la vieja, otro personaje del relato que también había padecido mucho, le aconseja a Cunegunda, interés amoroso del personaje principal, no olvidar “que las desdichas otorgan sus derechos5”, como incitándola a lastimar a otros bajo el pretexto de que a ella también la habían lastimado antes, una actitud, de hecho, anticompasiva y, por tanto, no ética.

En fin, son muchas las cosas que se podrían continuar diciendo, pero considero que la lección más valiosa que nos deja esta novela es que no, no en todos los casos las cosas están hechas para un fin y que, menos aún, “todo conduce necesariamente al mejor de los fines6”, como siempre había dicho su maestro a Cándido y como también lo planteó la teología de Aristóteles al proponer a un “primer motor inmóvil” que no hace más que pensarse a sí mismo y, por tanto, hacer emerger al mundo y sus objetos, nosotros junto con ellos, de manera inteligente por la forma y la materia en tanto que: “la cosa adviene a ser lo que es porque su materia es informada, es plasmada, recibe forma, y una forma que es la que le da sentido y finalidad7”, simplemente porque el mundo no es producto o creación inteligente de un dios que se piensa a sí mismo como noúmeno, ya que no hay noúmeno ni una inteligencia regente, sino azar, caos y padecimiento.

Al final, el hecho de que en el mundo los sufrimientos superen a los placeres debe motivarnos siempre a buscar la acción para aminorar, en lo posible, los males del mundo y hacer de este sitio un lugar menos parecido al infierno; de lo contrario, el pesimismo, que asume la caída, pasaría a un negativismo indiferente y contraproducente.

Es así como he llegado al final de este ensayo. Pero no sin antes recordarle, lector apreciado, que el mundo es un sitio hostil. A pesar de ello, no debemos olvidar que hemos de luchar (por más que no vayamos a ganar nunca) porque este mundo hostil lo sea un poco menos. Sufrir lo hacemos todos, pero está en nosotros aminorar ese sufrimiento y, para ello, debemos comprometernos, comprometernos con el estudio, la ética y, por tanto, con el cuidado, propio y ajeno. Vivimos tiempos complejos y lo peor que podemos hacer es cruzar los brazos, ¡al contrario! Debemos accionar, actuar, levantarnos y, siempre que se pueda, levantar al otro que ha tropezado y caído. En este sentido, hay que hacerle frente a la mentira, a los falsos discursos de motivación y a quienes los promueven, a las nuevas formas de totalitarismo, pero también a la enfermedad y a aquello que la provoca.

Notas

[1] Voltaire. (2010). Cándido o el optimismo (P. Montoya, Trad.). Pág. 133. Universidad de Antioquia.

[2] Bonilla, S. (2022). El pesimismo utópico o del mundo como vacuidad y mythos. Cuadernos de Pesimismo.

[3] Mann, T. (2000). Schopenhauer. En Pascual, A. (Ed.), Schopenhauer, Nietzsche, Freud (pp. 47–50). Alianza editorial. 

[4] Cioran, E. (2004). Esbozos de vértigo. En Gamoneda, A. (Trad.), Desgarradura (p. 122). Tusquets editores.

[5] Voltaire. (2010). Cándido o el optimismo (P. Montoya, Trad.). Pág. 62. Universidad de Antioquia.

[6] Ibídem. Pág. 4.

[7] García, M. (2004). El realismo metafísico. En Lecciones preliminares de filosofía. Pág. 120. Editorial Losada.

Imagen | Copilot

Artículo de:

Diego Alejandro Ramírez Mendoza (miembro de SIEP):
Comunicólogo (UAM). Alumno de estética con el Dr. Enrique Dussel, y de otras ramas de la filosofía, en la UAM.

Cita este artículo (APA): Ramírez, D. (2024, 23 de mayo). Breve comentario en derredor a Cándido o el optimismo de Voltaire. Parte 3 de 3. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/05/comentario-a-candido

¡Apóyanos a seguir llevando la filosofía a la red!

La manera más fácil e importante: seguirnos en redes sociales, pero sobre todo: leer y compartir nuestro contenido. Recuerda: filosofiaenlared.com publica artículos inéditos todos los días.

Pero además, puedes hacerlo mediante…

Στοά:el newsletter de Filosofía en la Red. Aunque es de distribución gratuita, contamos con una pequeña sección de suscriptores de pago que tienen acceso anticipado a algunos de nuestros contenidos, entre otras cosas. Tu aporte nos fortalece enormemente.

Así mismo, puedes adquirir nuestras publicaciones en físico por medio de Amazon (Revistas y Anuarios, con distribución internacional) o, si vives en Norteamérica, tenemos playeras de Filosofía en la Red.

O si lo prefieres, puedes hacer una donación por la cantidad que prefieras. Tu apoyo económico nos ayuda enormemente a seguir con la labor.

¡Gracias por estar y formar parte de la comunidad Filosofía en la Red!

#alianzas, #Difusiones, #Irracionalidad, #logos, #metarracionalidad, #optimismo, #Pesimismo, #Razón, #SIEP, #vacuidad

por Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre Pesimismo

La Sociedad Iberoamericana de Estudios sobre Pesimismo (SIEP) tiene como objetivo apoyar y promover la investigación especializada sobre el pesimismo.

error: Content is protected !!