¿Es posible construir comunidades de realización en la posmodernidad?

En tiempos presentes es posible entender a la posmodernidad como la condición que rige los procesos de socialización. Según Sánchez1, la condición posmoderna está caracterizada por el rechazo a la razón y la ontología como filosofía primera, así como el debilitamiento de los marcos estables y sólidos de referencia social cómo sería una comunidad. A esta condición posmoderna, Bauman la describe2 con el término “líquido”, pues es lo contrario a las instituciones sólidas de la modernidad. En la posmodernidad se tiene miedo a la incertidumbre del futuro, el sujeto no acepta la inseguridad que le viene del futuro, por lo que se orienta de modo exclusivo al presente mediante la gratificación inmediata. Se evitan las reflexiones profundas, el seguimiento a la razón es reemplazado por la intuición, por los sentimentalismos y por las dinámicas del mercado; el ente humano opta por la evasión, el conformismo y la superficialidad en lugar de buscar una moralidad que le realice a largo plazo junto-con-los-otros. Asistimos ya no a una comunidad, sino a un conglomerado de individuos que sobreviven unos a otros por la fractura de las relaciones humanas. La incertidumbre da lugar al miedo.

En la posmodernidad la sociedad no asume compromisos; el sujeto posmoderno se refugia en relativismos y en la subjetividad para no asumir la responsabilidad de su actuar y de cómo su actuar afecta a otros. Mientras en la modernidad se utilizaba a la razón como guía para seguir las normas y los compromisos, en la posmodernidad el individuo prefiere probar de todo desde su individualidad sin importarle las consecuencias. El pragmatismo, el relativismo y el utilitarismo, así como las dinámicas del mercado, suponen la brújula moral que rige el actuar de los sujetos; la sociedad posmoderna no considera en sus premisas lo que es bueno o verdadero desde una aproximación antropológica-racional, pues solo valora lo que es útil desde su propia individualidad y subjetividad. Esto ha fracturado las relaciones humanas y la confianza en las mismas.

Contrario a la posmodernidad se encuentran las comunidades de participación, son las que promueven autores como Adela Cortina, Wojtyla y Sánchez, entre otros. Estas comunidades de participación dan valor a la acción humana que se realiza desde la autodeterminación, pero siempre en relación con el otro como prójimo humano, realizándose uno mismo y realizando al otro en el pleno uso de la autodeterminación que le da el uso de su racionalidad.  El presente texto es una crítica a la posmodernidad; se fundamentará desde la postura de los autores anteriormente mencionados que en efecto es posible construir comunidades de participación en tiempos posmodernos que realicen a las personas.

De la individualidad a la construcción de comunidad

En su libro ¿Para qué sirve realmente la ética?, Adela Cortina comparte la siguiente reflexión sobre el ser humano:

Los seres humanos no somos solo egoístas, inteligentes o estúpidos, sino que somos también, entre otras cosas, seres predispuestos a cuidar de nosotros mismos y de otros […] No existe, pues, el individuo aislado, sino la persona vinculada a padres, parientes, amigos y al entorno social, por lazos de parentesco, amistad o pertenencia a una sociedad determinada3.

El individuo aislado, que presupone la posmodernidad y que se rige en base solamente en lo que le beneficia a él según su egoísmo, supone una problemática que de fondo atenta contra la ética del cuidado, la construcción de comunidad, la confianza y la participación. Así como postula la autora, no existe el ser humano puramente individual, pues somos seres condicionados por la capacidad de vivir en sociedad y, por lo tanto, de construir comunidad.

La individualidad es una característica humana, pero no el ser puramente individual, en la condición humana, según Cortina, está inherente el ser social; la coexistencia de la especie como parte de un todo. La coexistencia del ente humano para con su prójimo es innegable porque la identidad del ser humano no se conforma de manera autorreferencial desde su individualidad, sino en relación con otros. El cuidado de sí, y el cuidado de los otros no es una dicotomía que se contradiga entre sí, sino un trabajo en conjunto que es inherente al ser humano.

La anterior cita de Cortina es posible conjugarla con el rechazo a la autorreferencialidad de la filosofía de participación de Wojtyla4 quien describe que en el actuar de una comunidad debe estar la participación de las personas, que estas elijan un bien que les ayude a crecer, madurar, trascender como persona y, por lo tanto, realizarse.  

Mientras que en la posmodernidad el pragmatismo y las dinámicas del mercado rebajan a las personas a meros medios para un fin, en las comunidades de participación, se integra a la persona buscando su realización y trascendencia. Las personas mediante las comunidades de participación junto-con-los-otros alcanzan la realización y se les ayuda en su realización porque son un alguien y no solo la pieza de un sistema.

Contrario al individualismo y la autorreferencialidad de la posmodernidad, Wojtyla elabora una filosofía de acción que lleva a la participación en comunidad junto-con-los-otros respetando su dignidad. La libertad que le da su racionalidad y su autodeterminación al ser humano no se descubre de forma autorreferencial, se descubre en una estrecha relación con los que le rodean, con los otros. Implica el actuar en comunidades que realizan a la humanidad en un sistema de participación que rechazan el narcisismo y al ser puramente individualizado.

Si se habla de que en la posmodernidad reina la desconfianza por el otro, las comunidades de participación antropológica que propone Wojtyla superan la desconfianza mediante la búsqueda un horizonte estable.

La participación supera la desconfianza porque no disuelve a la persona en el torbellino posmoderno y porque se propone defender la capacidad personal de seguir siendo ‘yo’ mismo en las diversas posibilidades e incluso, con la capacidad de enfrentar los desafíos que llegan a presentarse en la relación con el ‘tú’, con la comunidad y la sociedad5.

Partiendo de lo anterior, Sánchez elabora sobre el concepto de comunidades de prójimos como una propuesta para abordar la problemática del exceso de individualismo en la posmodernidad y la desconfianza que se desprende de ella. Las comunidades de prójimos implican el amor al prójimo y a través de él, el amor a toda la humanidad. El sistema prójimo en las comunidades de participación aspiran al compromiso y la solidaridad; pasar del miedo al imperativo “amarás” y de quitar etiquetas para librarnos de los prejuicios que rompen el tejido social y llevan a los sujetos a polarizarse en opuestos aparentemente irreconciliables.

La aceptación de la ontología, la pregunta y el esfuerzo por la definición de “ser humano” que proponen Wojtyla y Sánchez también suponen una superación de la posmodernidad para responder al miedo a la incertidumbre. Contrario a esto, rechazar la filosofía primera que es la ontología, la definición por el “ser”, provoca la caída en un montón de relativismos, subjetivismos y pragmatismos que sumergen al hombre en el exceso de individualismo y lo convierten en un sujeto autorreferencial que es egoísta y banal, por lo tanto, se sumerge cada vez en el narcisismo de nuestros tiempos.

La ontología es importante, según Sánchez6, porque sienta las bases para conocer el ser. Rechaza los subjetivismos, los relativismos, el pragmatismo y el utilitarismo de las dinámicas que sumergen al sujeto en el narcisismo. La ontología y su pregunta por el ser humano permite la construcción de una respuesta por una moralidad a largo plazo, por un “deber ser” que permite la plena realización de los sujetos en comunidad y que, de esta forma, supera las dinámicas que provocan la desconfianza en el otro y así la polarización social porque se busca un objetivo que tenga como resultado el bien común.

Por último, la ontología aporta en la construcción de un significado de lo que es bueno, de lo que es bondadoso y digno como un fin en sí mismo, más allá de solamente de lo que es útil y práctico para uno mismo o para el mayor número de personas. La ontología y su conexión con la ética permite seguir un sistema de éticas normativas que revelen lo que es bueno en sí mismo, basado en virtudes cardenales7 y el cumplimiento de normas mínimas de convivencia que no caigan en subjetivismos y relativismos. Ya desde su obra magna “La República” añadía Platón que8 el pleno uso de la razón le permite al hombre acercarse a la idea de bien en comunidad para alcanzar una República en donde se logre el bien común y no solo el bien para unos cuantos, o para una mayoría.

Como conclusión, es precisamente en la ontología personalista en donde se encuentra la interdependencia. Es inherente al ser humano la sociabilidad de la especie para buscar un bien común, en comunidades de participación y de autorrealización se logran construir horizontes firmes y plenos que permiten alcanzar una idea de bien común, respetando al mismo tiempo la autenticidad de cada uno. Las posturas idealistas o utópicas como la de este texto tal vez sean inalcanzables, pero tal como concluía Cortina9, la utopía es la brújula que nos muestra lo que podemos llegar a alcanzar. La utopía que se encuentra en el horizonte, como añadía Galeano10, permite convertirnos en una mejor versión, acerca a los hombres a la plena realización de sus facultades y virtudes más elevadas sin llegar ella, pero caminando en el proceso.

Notas

[1] Sánchez, C. (2016) “Construcción de comunidad en tiempos posmodernos”. Siglo Veintiuno Editores.

[2] Barranco, J. (2017, 09 de enero). Pero, ¿qué es la modernidad líquida? La Vanguardia. Sitio web: https://www.lavanguardia.com/cultura/20170109/413213624617/modernidad-liquida-zygmunt-bauman.html

[3] Cortina, A. (2021) “¿Para qué sirve realmente la ética?” Pág. 49 – 50, 65. Ediciones Culturales Paidós, S.A. de C.V.

[4] Manuel, B. V. J. (2023). La filosofía social de Karol Wojtyła. I. Persona, participación, alienación, relación interpersonal. Centro Universitario Villanueva. https://hdl.handle.net/20.500.12766/447

[5] Sánchez, C. (2016) “Construcción de comunidad en tiempos posmodernos”. Pág. 180. Siglo Veintiuno Editores.

[6] Ibídem.

[7] Las virtudes cardinales son cuatro virtudes morales de conducta enunciadas por Platón en el contexto de la tradición filosófica clásica y que ejercieron gran influencia sobre el pensamiento posterior del cristianismo: templanza, prudencia, fortaleza y justicia.

[8] Platón “La República” (2023) Orbilibro Ediciones, S.A. de C.V.

[9] Cortina, A. (2021) “¿Para qué sirve realmente la ética?” Ediciones Culturales Paidós, S.A. de C.V.

[10] Almargo, J. (2022, 24 de mayo. ¿Para qué sirve la utopía? Ethic. Sitio web: https://ethic.es/2022/05/juan-jose-almagro-para-que-sirve-la-utopia/

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Faz, E. (2024, 19 de mayo). ¿Es posible construir comunidades de realización en la posmodernidad? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/05/contruir-comunidades-posmodernidad

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