La maestra de Sócrates: Diotima de Mantinea

Todos conocemos a Sócrates, el gran maestro de Platón, pero todo maestro es siempre antes alumno y tal como dijo Nietzsche1: “Es indefectible: cada maestro no tiene más que un alumno, y este alumno le llega a ser infiel, pues está predestinado a ser maestro también“. Así, si hoy conocemos a Sócrates será siempre gracias a que un día fue alumno; sin embargo, ¿de quién fue alumno Sócrates?

Sócrates tuvo dos maestras: la primera de ellas fue su madre, Fenáreta, quien era comadrona y ayudaba a dar a luz en el parto de las mujeres. Gracias a su labor, su figura resulta de inspiración para él, quien incorporará a su filosofía el método socrático, dando a luz los conocimientos. La segunda maestra que tuvo fue Diotima de Mantinea, filósofa y sacerdotisa que llega a Atenas a petición de Pericles2 para salvar a la ciudad de una gran peste.

Nos llega la figura de Diotima gracias a uno de los diálogos de Platón, El banquete. Antes de la entrada de Diotima en el diálogo, Agatón y Sócrates discuten acerca de si se puede desear algo que ya se posee. Sócrates concluye que desear poseer algo que ya se posee no es otra cosa que desear poseerlo en un futuro también. Y a continuación se pregunta Sócrates, si las cosas buenas no son acaso también bellas.

Diotima entra en el diálogo, abordando dicha cuestión desde la figura de Eros, algo intermedio entre lo bello y lo feo, lo malo y lo bueno, lo divino y lo mortal. Es un gran daímon3. Es clave en este punto hablar del concepto de liminalidad4, entendido como un evento que ocurre entre medias de una cosa y otra.

Eros es descrito por Platón como alguien pobre, duro y seco, contrario a lo bello y lo delicado, que le viene dado por la naturaleza de su madre Penía. Sin embargo, está cerca de lo bello y lo bondadoso, pues es valiente, hábil, cazador y activo, que le viene dado por la naturaleza de su padre Poros. Es la figura de unión entre el mundo de los dioses y de los humanos, llenando el espacio entre ambos. Hace funcionar la adivinación, así como los sacrificios y los ritos.

La correspondencia romana de Eros es Cupido, cuya madre es Afrodita5. Eros se enamora de Psique6, quien es representada con unas alas de mariposa frágiles y pequeñas. Ambos simbolizan la idealización de cómo dos personas pueden amarse, pero, por el contrario, no pueden ser amantes.

Sócrates le pregunta a Diotima si cree que Eros es bello o feo. Diotima le refuta respondiendo que no necesariamente eso debe ser así, sino que puede existir una posición intermedia entre lo bello y lo feo. Aquello que no es bello, no necesariamente es feo, así como el que no es sabio, tampoco es necesariamente ignorante.

Diotima dirá que una persona nunca perseguiría a su otra mitad a menos que esta fuera buena. De este modo, el amante siempre deseará adquirir cosas buenas para adquirir también felicidad. De aquí se deduce que toda persona feliz, lo es gracias a que es amante. Nos dice Diotima:

Le merece la pena al hombre vivir: cuando contempla la belleza en sí. Si alguna vez llegas a verla, te parecerá que no es comparable ni con el oro ni con los vestidos ni con los jóvenes y adolescentes bellos, ante cuya presencia ahora te quedas extasiado y estás dispuesto, tanto tú como otros muchos, con tal de poder ver al amado y estar siempre con él, a no comer ni beber, si fuera posible, sino únicamente a contemplarlo y estar en su compañía.

Banquete, Platón.

¿Qué es lo que ocurre en el amor? Diotima nos habla de un impulso creador. Este impulso a la fecundidad, es un acercamiento a lo bello. El amor busca la procreación en la belleza porque es amor de la inmortalidad:

Amor de la generación y procreación en lo bello. Porque la generación es algo eterno e inmortal en la medida en que pueda existir en algo mortal, Y es necesario, según lo acordado, desear la inmortalidad, junto, con el bien, si realmente el amor tiene por objeto la perpetua posesión del bien. Así pues, según se desprende de este razonamiento, necesariamente el amor es también amor de la inmortalidad.

El banquete, Platón.

Lo que en realidad hace Diotima a lo largo de El banquete es una escalera. En el primer peldaño, se halla el amor hacia un solo cuerpo bello. En el segundo peldaño, surge el amor hacia todos los cuerpos bellos. En el tercer peldaño, el amor se dirige hacia la belleza del alma por encima de la del cuerpo, hacia la conducta virtuosa y las leyes. Finalmente, en el cuarto peldaño, uno debe amar el conocimiento, la sabiduría, y debe contemplar el acto de amar lo bello.

La influencia de Diotima en Sócrates no solo se refleja en su concepción del amor, sino también en su desarrollo como filósofo y persona, convirtiéndola en una figura central con una filosofía basada en la búsqueda de la verdad y la sabiduría. Pero llegados a este punto, cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿qué sería de Sócrates si Diotima nunca hubiese sido su maestra?

Disclaimer: Dedicado a mi profesora Sonsoles, por darle voz a todas las mujeres filósofas en las aulas.

Notas

[1] En Humano, demasiado humano.

[2] Jurista, magistrado, general, político y orador ateniense en los momentos de la edad de oro de la ciudad.

[3] Entidad metafísica cósmica entre los dioses y los hombres.

[4] Concepto puro y exclusivo de ciencias de las religiones, relacionado con rituales.

[5] Diosa del amor y la belleza.

[6] Diosa del alma.

[7] Poeta trágico ateniense.

Bibliografía

Platón (2000). El Banquete. Alianza.

Imagen | Martini Fisher (imagen usada solo con fines ilustrativos; la fuente conserva el copyright).

Cita este artículo (APA): Montero, G. (2024, 18 de mayo). La maestra de Sócrates: Diotima de Mantinea. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/05/la-maestra-de-socrates-diotima

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por Gema Montero

Estudiante de primero de filosofía en la universidad. Su pasión por la filosofía comenzó en 2018 y desde entonces no puede parar.

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