El mal uso de la lógica matemática en la filosofía contemporánea

El progresivo derrumbe de la filosofía —el cual es un acontecimiento que se ha ido dando a lo largo de la historia de occidente— debido a la progresiva tecnificación de la sociedad y a la especialización de las llamadas “disciplinas” dejó en shock al viejo saber. Los autores que tomaron las riendas del pensamiento filosófico en el siglo XX, momento de apogeo de las ciencias, se vieron obligados a encontrar un nuevo horizonte de sentido a la disciplina en la que trabajaban.

Dentro de estas, la lógica se quedó en un pie en cada lugar: el nuevo mundo tecnificado y las ruinas del pensamiento metafísico. Por ello, esta materia se vio como la ventana medio abierta a la erudición de los filósofos, un posicionamiento serio, al nivel de las nuevas investigaciones, que no relegará a los mismos a la posición de charlatanes. Esto, sin embargo, se deformó, quizá tanto como las ciencias a las que se querían acercar.

El papel que ha tenido la lógica como forma de racionalidad y como agente comprobante de las teorías le ha posicionado en un lugar privilegiado con respecto a las demás disciplinas que se han considerado “filosóficas” y con ello, los personajes filosóficos del siglo XX han optado muchas veces por adoptar formas “pseudocientíficas” para fundamentar sus teorías y sobre todo, para darles un tinte de rigurosidad. Podemos encontrar ejemplos en las obras de Deleuze o Kristeva, los cuales han ahondado profundamente en materias poéticas y artísticas con una voluntad crítica. Su pretensión era la de convertir sus respectivos temas en actores críticos contra la sociedad desde el prisma de la crítica al capitalismo.

Julia Kristeva cambia el lugar de las cosas: destruye siempre el último prejuicio, aquel en el que uno creía poder tranquilizarse y enorgullecerse; lo que ella desplaza es lo ya-dicho, es decir, la insistencia del significado, es decir, la tontería; lo que subvierte es la autoridad, la autoridad de la ciencia monológica, de la filiación. Su trabajo es completamente nuevo, exacto […]1

Barthes comenta esto al encontrar en Kristeva una posibilidad de romper con los marcos epistemológicos que han separado el arte y el lenguaje poético de las ciencias formales; sin embargo, nosotros encontramos en ese esfuerzo un mal uso de la teoría de conjuntos y de la lógica de segundo orden, el cual acaba mostrando no solo la deficiencia de la autora en esta materia, sino, sobre todo, la dificultad de conciliar esto dos ámbitos para que se ayuden mutuamente en su avance.

Esto no quiere decir que no sea un esfuerzo interesante, el rigor de la matemática y la lógica tiene el problema de que se aleja de las actividades humanas más vitalistas, aquellas que dan las condiciones de posibilidad para cambiar nuestro modo de relacionarnos, por ejemplo, la poesía. Y, asimismo, estas disciplinas carecen de un fundamento rígido sobre el que aseverar ciertas tesis. Pero construir un fundamento interdisciplinar no es tan sencillo. Un ejemplo de esta misma autora servirá para ilustrarlo:

El lenguaje poético (al que, de ahora en adelante, designaremos por las iniciales lp) contiene el código de la lógica lineal. Además, podemos descubrir en él todas las figuras combinatorias que el álgebra ha formalizado en un sistema de signos artificiales y que no se exteriorizan al nivel de la manifestación del lenguaje usual.

Por consiguiente, el lp no puede ser un subcódigo. Es el código infinito ordenado, un sistema complementario de códigos de los que se puede aislar (por abstracción operatoria y mediante la demostración de un teorema) un lenguaje habitual, un metalenguaje científico y todos los sistemas artificiales de signos que en realidad no son, todos ellos, sino subconjuntos de este infinito, que exteriorizan las reglas de su orden sobre un espacio restringido2.

Esto mismo lo podemos decir de tantos otros sujetos que se han adentrado en el peligroso ámbito de la filosofía contemporánea y han pretendido utilizar la armadura de la lógica para cubrir sus débiles propuestas.

Pero este no es el verdadero problema, la búsqueda de un acercamiento científico a la filosofía puede ser precisamente el germen que la haga renacer. El problema se sitúa más bien en aquellos sujetos que han pretendido mezclar sus propuestas con la lógica-matemática para lucrarse a través de verdadera “verborrea”. Un sujeto del que se puede decir mucho aquí es Lacan, quien no se contenta solo con realizar un más bien pobre estudio del psicoanálisis, sino que para aparentar hablar de algo con verdadera consistencia establece numerosas e infundamentadas analogías entre la libido humana, la opresión que esta ha recibido durante siglos en la cultura occidental —hablamos obviamente de la cultura judeocristiana— y la teoría de conjuntos.

Lacan es un ejemplo de este mal uso y especialmente de los derroteros por los que está cayendo la disciplina filosófica desde hace ya varias décadas, en la que, lejos de construirse una puerta para la curiosidad, la audacia intelectual y la crítica, se consolida el germen del paternalismo, de la superioridad intelectual y especialmente de las falsas verdades.

Buscar en la filosofía una pretensión de ciencia es una voluntad problemática, con ello la filosofía realmente pierde su horizonte de sentido: ofrecer una crítica a la realidad y ascender hacia las preguntas que las ciencias naturales y formales no pueden responder, todo ello con el mero ingenio y con un conocimiento profundo de la realidad por parte de los filósofos. Para ello, el sistema filosófico nos ha sido útil, pero este sistema debe renunciar a hablar desde campos que no son suyos.

El marxismo contemporáneo actualmente acaece de este problema, especialmente tras las grandes decepciones que han significado las revoluciones y levantamientos del proletariado, lo cual para los intelectuales de izquierdas ha conllevado el fracaso de sus ideales y, por ende, de sus trabajos. Con ello no significa que debamos volver a relegar el papel del arte a mera contemplación, olvidar su capacidad crítica y el poder que tiene para hacer a la gente reafirmar su ser, su individualidad y paradójicamente, también su comunidad de una manera que solo el arte puede.

La filosofía, de otro modo también, ha buscado retrotraer la ciencia a su ámbito no-científico, en vez de replicándolo, tratando de absorberlo. Es el caso del relativismo epistemológico, el cual solo puede ofrecer una serie de tesis moderadas para deslegitimar las soluciones que la ciencia da a los problemas y contradicciones de la realidad, las cuales no tienen mucha capacidad de dar cuenta de que la ciencia no es “lo que pensábamos que era” o bien, establecer tesis radicales, en las que se contempla a las disciplinas científicas como nada más que “creencias” que, es desde luego, una asunción problemática teniendo en cuenta como la ciencia da resultados.

Ante la situación en la que se encuentra la filosofía actualmente, una disciplina sin campos definidos claramente, a los que podamos llamar “filosóficos”. El filósofo debe tener en cuenta las demás disciplinas que la rodean y que hace tiempo fueron sus hijos, pero no debe entender a estas como meras herramientas para dar una pretendida solidez a sus discursos, sino hacerlas suyas de nuevo, recuperando su tinte filosófico y consecuentemente con ello, su consistencia filosófica.

La filosofía contemporánea ha caído en un pozo profundo y oscuro, y para salir de este, posicionando nuestra disciplina una vez más como un estudio serio que contribuye a la sociedad, nosotros debemos tomarnos en serio nuestra disciplina primero. Esto no puede realizarse pretendiendo ser lo que no se es —la poesía no puede entenderse en términos de teoría de conjuntos, el arte no se crea como quien dibuja una función— sino asumiendo el papel real de la filosofía, el elemento crítico que conoce como es el mundo, y sobre todo que pretende estudiar cómo puede serlo.

Este problema, y quiero solo mencionarlo, traspasa lo metodológico. Que la filosofía busque preguntas en los problemas de la ciencia de una manera tan descarada nos hace recaer en los grilletes de la filosofía clásica, la metafísica ¿hay alguna diferencia en basar nuestra ley moral en Dios que nuestra sociología o sexualidad en la teoría del caos?

Notas

[1] A. Sokal, J. Bricmont. Imposturas intelectuales. Paidos, 1999.

[2] Ibídem.

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): García, M. (2024, 07 de mayo). El mal uso de la lógica matemática en la filosofía contemporánea. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/05/logica-y-filosofia-en-matematicas

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