¿Por qué hacer filosofía? Un ejercicio de comprensión

En la frecuente y necesaria interrogante del ‘para qué Filosofía‘, radica una exigencia de vinculación entre una actividad que pareciera no aterrizarse en la vida práctica y las necesidades inmediatas de nuestra existencia. No pretendiendo ensayar una respuesta de corte utilitario, me sitúo desde la experiencia y afirmo que el porqué del quehacer filosófico es la comprensión de lo que se hace con la vida.

Un escritor dijo sobre la vida que esta debe vivirse y ser contada; en palabras suyas:

[…] la verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida, por lo tanto, plenamente vivida, es la literatura1.

Yo, en cambio, afirmaría que la vida es plenamente comprendida —que no dije vivida— en la filosofía. Acaso no sea desde la palestra filosófica donde nacen las historias mejor contadas, sin embargo, sí es desde donde el esfuerzo por comprender se asume en compromiso. Y qué es el comprender, sino construir una historia de lo vivido.

Reivindicación de la cotidianidad a la filosofía

El tangible vínculo entre filosofía y vida es la exigencia que encarna la comprensión en la resolución de vivir, concordes a nuestras mejores intenciones. Siguiendo este hilo de ideas, el tejerse la narrativa de la vida es construir una historia oblicua, siendo que la intención regresa a la propia comprensión, pues no escapa de la vida misma. En ese sentido, se orienta el hacer filosofía, en modo de una meta-historia de una meta-comprensión, que es siempre autorreferencial.

Podemos así considerar que la filosofía como actividad supone esto: una toma de conciencia y compromiso con el hacer vida. Por ello, contraria a una concepción tradicional de la filosofía “desde el sofá” (desligada del ámbito práctico), propongo que debiera abordársele como otra actividad cotidiana de la comprensión. Tal comprensión puede solo pensarse en su propia ejecución: como un proceso de “movimiento” (en cuanto proceso de vital actualización) concerniente al personal enfrentamiento con la vida.

Pretender que la filosofía, así entendida, no es una actividad práctica ni cotidiana, sino solo una teórica, deviene en la incomprensión de sí, de los otros y del mundo, una desorientación total y un olvido de la forma de ser humanos antes que filósofos.

Filosofía para hacer
del pensamiento acción

En el entendido de que la comprensión solo puede tejerse si, y solo si, es en observancia de la vida pública. Traigo a cuenta la denuncia de Hannah Arendt2 a la tendencia estática explicativa de la tradición filosófica. Según quien, la tajante distinción entre filosofía y política radica en su potencia de acción.

Sirve de ejemplo, con la gran salvedad del “definitivo adiós a la Filosofía”, el pensamiento de Arendt a este respecto, pues no ajeno a la realidad del mundo, se empeña en comprender la realidad de un convulso siglo veinte. Tal como en la actualidad, nuestra constelación epocal nos reclama a una comprensión que resulte consecuentemente en la toma de acción. Y si hay motivos para hacer filosofía, ese encabeza la lista.

Comprender, para la no autoproclamada filósofa, es un modo de acción, de amorosa reconciliación y de lucha. Eso es lo que representa para mí el hacer filosofía, y lo que afirmo que de hecho es: el continuo narrarse en la historia de la propia comprensión para reconciliarse con la realidad y afrentas de ser una presencia en el mundo. Dicho desde Arendt:

El resultado del comprender es el significado que nosotros engendramos en el proceso mismo de vivir, en tanto tratamos de reconciliarnos con lo que hacemos y sufrimos3.

Naturaleza narrativa de la comprensión

El comprender es un proyecto vivo, abierto, por lo que no arroja resultados definitivos e inequívocos. Así se muestra el quehacer filosófico, en su historia oficial de filosofía, como un proceso vital de aprehensión de lo cotidiano —en tanto que este ámbito es en el que se tiene contacto directo entre el mundo y su realidad— en el pensamiento.

Como proceso vital, la comprensión no puede ser tomada como una acción aislada, sino como un proceso existencial oblicuo que constante vuelve sobre sí. La forma en que el pensamiento aprehende lo cotidiano es de carácter narrativo. En el pensar se realiza una doble comprensión: la de sí mismo y la de la realidad del mundo, donde habitan los otros.

La narratividad del pensamiento se da como un acto de reconocer el estado de las cosas del mundo a través de la configuración de historias [stories] que hagan asequible la comprensión.

Compromiso del quehacer filosófico

La filosofía, en cuanto actividad de comprensión, es la expresión del arraigo a la existencia, porque dota de la familiaridad necesaria para hacerse en la vida como sujeto político cohesionado por los intereses comunes. Ello sin eludirse de la esfera individual, ya que si no participara la autocomprensión de los individuos de la comprensión del mundo y su realidad, no sería posible hacer comunidad. Análogo a cómo el todo no puede serlo sin sus partes.

El que la comprensión sea una tarea efectuada siempre en primera persona, como requiere la auténtica reflexión filosófica, hace que sea imposible imponer a la filosofía una definición homologante en sentido teórico, con universal aceptación.

Si la reflexión filosófica se nutre de la historia de vida personal, resulta absurda una univocidad que allane el contexto en que surge el pensamiento. Por ello no aventuro a decir qué sea ‘la Filosofía’ (con letra capital) como materia. Al punto, hallo suficiente el motivo de su actividad, la comprensión, como razón para no desafanarse de su ejercicio.

Reparar en los motivos de la filosofía es necesario a una comprensión que no se desentienda del compromiso del pensamiento con la acción. Al comprender así a la filosofía, desde su ejercicio, podemos decir — con algo de razón — que sirve esta como una guía para habitar el mundo con los otros y consigo.

Apunte final sobre los motivos
del hacer filosofía

En suma, podemos asumir que la filosofía desde su ejercicio refiere al proyecto existencial de construcción de la necesaria comprensión de nuestra vida. La historia del vivir nos enfrenta con la realidad, con sus maravillas y horrores. El hacer filosofía se presenta como un medio a la reconciliación con el mundo. Si puedo comprender, entonces puedo hacer.

El empeño por sostener mi existencia tiene sentido cuando en mi historia hallo comprensión de mí y de mis posibilidades. Si el proceder del pensamiento hacia la comprensión es el hacer historias, entonces el filosofar es también una modalidad narrativa del sentido de habitar el contexto de nuestra vida.

La comprensión, como el medio de esta actividad, consiste en tejer sentido para el habitar político activo. Hacer filosofía consiste, entonces, en trazar una vía sostenible al tránsito de la existencia, por la que haga las veces de ‘guía‘ y ‘orientación‘, como del ‘medio‘ para la realización del mejor ser que comprendamos poder lograr. Estos, por ahora, son los motivos que encuentro.

Notas

[1] Vargas Llosa, M. (2016). Elogio de la educación. Bogotá: Taurus. Pp. 14.

[2] Cf. con la “Entrevista televisiva con Gunter Gaus” (Arendt, 2011).

[3] Arendt, H. (2005). Ensayos de comprensión, 1930-1954, trad. Agustín Serrano de Haro. Madrid: Caparrós Editores.

Bibliografía

Arendt, H. (2011). Lo que quiero es comprender. Sobre mi vida y mi obra, trads. Manuel Abella y José Luis López de Lizaga. Madrid: Editorial Trotta.

Imagen | Pexels

Cita este artículo (APA): González, L. (2024, 08 de mayo). ¿Por qué hacer filosofía? Un ejercicio de comprensión. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/05/por-que-hacer-filosofia

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