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Algunas características del pensamiento escéptico

Artículo publicado originalmente el 11 de mayo de 2015 en la versión anterior de Filosofía en la Red. El texto ha sido editado para adaptarse al estado y estándares actuales de la plataforma. 
Nota: Este artículo se referire con escepticismo al escepticismo metodológico, racional o científico, y no a la vertiente ya casi olvidada del escepticismo radical o sistemático (mal llamado filosófico).

En una cultura donde el pensamiento crítico, paradójicamente, es criticado, es entendible que el escepticismo pertenezca a una minoría. Pocos y nulos son los esfuerzos de los sistemas educativos para promover el escepticismo, y esto se ve claramente en el tipo de sociedad que tenemos: facultades que dan cursos de homeopatía1, universidades de psicología repletas de psicoanálisis; librerías plagadas de best-sellers de estilo newage; volantes en la calle con propaganda de psíquicos y astrólogos; intelectuales posmodernos “superestrellas” de la charlatanería como Žižek y Darío Sztajnszrajber; perfiles de Facebook que exhiben bulos y hoax2 de páginas pseudoperiodísticas y un largo etc.

Actualmente, se saca grandes provechos de la credulidad masiva, desde corporaciones que venden productos fraudulentos como Herbalife3, hasta conferencistas ricos que hablan de temas que ignoran y venden teorías sin respaldo a un público crédulo, y ni hablar de todas las pseudomedicinas y pseudoterapias que juegan con la salud de las personas a cambio de que estas les den un poco de su dinero y confianza. La charlatanería es un negocio multimillonario

Esto, lejos de ser pesimista, lamentablemente es una visión realista de lo que pasa en la actualidad. Pero, ¿es esto nuevo? No, explotación de la credulidad por la charlatanería es tan vieja como el primer ser humano.

Lo que hace una gran diferencia de la credulidad y la charlatanería del pasado, y los mismos en la actualidad, es que en el pasado las culturas tenían más justificación para sus supersticiones. Todos nos reímos ahora de la creencia antigua de que las enfermedades eran causadas por espíritus. Gracias a que contamos en la actualidad con enormes y fantásticos avances de las ciencias, muchas creencias y supersticiones antiguas quedaron atrás. Es fácil pensar por qué los antiguos creían que las enfermedades eran causadas por espíritus; ellos, a comparación de nosotros, no sabían nada.

Así, el conocimiento es una de las principales armas contra la credulidad, la explotación de la ignorancia, la superstición y la charlatanería en general. En la actualidad, a diferencia de en la antigüedad, el conocimiento está al alcance de la mano: en el mouse, por ejemplo. La disponibilidad de conocimiento y los avances del mismo en la actualidad es algo con lo que apenas se soñaba utópicamente en la antigüedad. Pero tampoco hay que creer que solo la información nos va a salvar. Casi tan importante como el conocimiento, es el saber pensar. Por ello, por más que uno se “haya comido todos los libros”, es susceptible de ser engañado. Además de saber y conocer, es importante tener las herramientas para juzgar lo que sabemos y conocemos —o creemos saber y conocer—.

La enormemente útil herramienta que es el pensamiento crítico y su consecuencia, el escepticismo racional, lamentablemente es algo de minorías. Como decía, no es algo que se enseñe en los colegios, por ejemplo. A esta altura parece más que evidente que la rigurosidad del pensamiento fuerte, racional y científico vende muchísimo menos que la superstición, el pensamiento mágico, lo irracional y las pseudociencias. Por esto es cosa de algunos intelectuales y aficionados escribir libros, revistas, blogs o notas sobre lo que entienden por escepticismo. 

A todo esto, ¿qué es pensar escépticamente? Para establecer cierta estructura o característica del pensamiento escéptico es necesario apelar a la filosofía, ya que, en definitiva, el escepticismo racional o científico es una postura filosófica. Lo que refuta la estrecha y errada visión de que el escepticismo propone a la ciencia superior a la filosofía en general (siendo que la ciencia se vale de la filosofía) o que la filosofía es algo inservible, como proponen algunos escépticos como Mauricio Schwarz. La antifilosofía es lamentablemente una enfermedad en constante expansión en los círculos intelectuales de la ciencia. Científicos y divulgadores como Stephen Hawking y el físico y divulgador Lewrence Krauss la padecen. También es falsa la idea de que el escepticismo radical como el de Pirrot4 debe ser llamado como “filosófico”, ya que ambos son filosóficos a pesar de ser opuestos.

El pensamiento crítico sobre el que se sostiene el escepticismo se vale de diversas herramientas para poder analizar la veracidad de los enunciados. Como ser, por ejemplo, lo que llamo las 3 navajas escépticas. Estas son:

Navaja de Hitchens: aquello que es ser afirmado sin evidencia, puede ser rechazado sin evidencia.

Navaja de Sagan: afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.

Navaja de Ockham: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta.

Estas 3 navajas nos servirán para desollar todo tipo de fraudes y engaños. Por ejemplo, nos podemos valer de la navaja de Hitchens para liquidar tranquilamente todo tipo de dogmas que pretendan inculcarnos. Si no hay evidencias ni argumentos sólidos, no tenemos razón para creer en algo si no queremos engañarnos a nosotros mismos. La navaja de Sagan5 reafirma la carga de prueba. Con ella podemos degollar cualquier pseudociencia en nuestro camino. Basta pedir a psicoanalistas, homeópatas u otros curanderos evidencias que permitan sustentar tantas afirmaciones extraordinarias para dejarlos expuestos en su fraudulencia. La navaja de Ockham6 es un principio de economía mental, con ella descuartizamos tanto explicaciones exageradamente rebuscadas como hipótesis innecesarias.

Podemos, tranquilamente, matar de una apuñalada la idea de dioses con ella. Si no hay forma de comprobar supuestos dioses existentes y nos debemos de valer de dos hipótesis: que existen o que no, evidentemente lo más racional sería inclinarse por el no. No tiene sentido suponer que existe algo de lo que no tenemos ni pruebas ni argumentos y que, además, sabemos que por su naturaleza jamás las vamos a tener. Entre la hipótesis de que existe un ente inmaterial, dueño y creador del universo, invisible, misterioso (por lo tanto, incognoscible), todopoderoso, con características humanas aunque sobrenatural y repleto de contradicciones y otras inconsistencias lógicas, y la hipótesis de un universo únicamente natural, es evidente cuál cumple con el principio de economía mental. Si dijera que tengo duendes en mi patio, pero que estos son incognoscibles e inmateriales, no tendría forma de no quedar como un supremo ridículo, es sencillamente más racional el hecho de que esté delirando o mintiendo.  La navaja de Ockham también derrumba otras ideas como el solipsismo y la dominación por parte de sociedades ultrasecretas de las que poco o nada se saben. Ambos por ser extremadamente rebuscados. Es mucho más coherente pensar que el mundo existe fuera de nosotros, y un delirio absolutamente ego centrista suponer lo contrario. De todas formas, el solipsismo ya está prácticamente extinto. No así la idea de que nos dominan dioses o sociedades ultrasecretas. Esta última también “peca” de ser exageradamente rebuscada, además de no tener ninguna evidencia que la respalde. Es sencillamente más coherente y, por lo tanto, sano socialmente, saber cuáles son las personas que concentran mayor poder y luchar por quitárselo que suponer que nunca sabremos quienes son, que son seres alejados, recluidos de la sociedad y hasta del planeta, como creen algunos delirantes conspiranoicos.

El escepticismo se caracteriza por apoyar las opiniones sobre las evidencias, y no por anteponer las opiniones a las evidencias. A continuación esbozaré algunas de las características del pensamiento escéptico con ayuda de la filosofía bungeana7:

Cosmovisión (ontología) materialista

El escepticismo se caracteriza por poseer la misma ontología que la ciencia y el humanismo secular, una ontología materialista. Para un escéptico, como para la ciencia, el mundo existe más allá de nosotros y está compuesto por cosas materiales y concretas que responden a leyes; estas son cognoscibles, por lo tanto, pueden estudiarse y entenderse. Una ontología idealista da lugar a entes inmateriales como dioses y espíritus que no pueden ser cognoscibles ni objetiva ni empíricamente, lo cual para cualquiera que goce de un mínimo escepticismo, es disparatado. Sobre este aspecto hay una gran discusión.

Principalmente, la de si se puede ser teísta y escéptico. La verdad, estoy del lado de los que no consideran que una visión teísta o religiosa propiamente dicha sea compatible con el escepticismo, ya que los dioses son una afirmación extraordinaria que no posee evidencias extraordinarias. Por lo que el escepticismo es algo totalmente contrario a cualquier religión, ya que además de que ninguna religión posee verdaderas evidencias para sus postulados, seguir ciertas creencias religiosas tradicionales conlleva necesariamente al dogma. Desde mi punto de vista, el escéptico debería de criticar la religión y las creencias espirituales irracionales a la par de la pseudociencia. Un escéptico católico, por ejemplo, es un oxímoron8, ya que está negando buena parte de la ciencia en favor de creencias sin respaldo. 

Ahora, con respecto al escepticismo y los teísmos: el panteísmo o el teísmo de Spinoza (en el cual se encuentran como seguidores personajes como Einstein) sí pueden concordar con el escepticismo. Pero estos teísmos no son, sino, una manera disimulada de llamarse ateo. El teísmo de Spinoza considera a Dios como “la suma de todas las leyes del universo”algo que concuerda con el materialismo ontológico. Este “dios” no es más que un invento de Spinoza, una deformación del término, no es un verdadero teísmo. Al igual que el panteísmo, considerar a dios como el universo también es algo materialista, y no es algo que concuerde con la definición de dios como algo personal e inmaterial.

Otro argumento, muy falaz, es del de, por ejemplo, “Newton era religioso”. Nombrar científicos religiosos (o incluso otros escépticos famosos) no dice nada del escepticismo. Una cosa es ser científico y otra, escéptico. Un científico puede comprar flores de Bach, rezar y leer a Rhonda Byrne creyéndole todo, y a la hora de trabajar, aplicar el escepticismo metodológico. Ser científico no es lo mismo que ser escéptico. Es solo una falacia de autoridad, pero merece ser aclarado. También en esto entra otro gran problema: muchos critican esta visión diciendo que vuelve al escepticismo una secta, y que es inmoral dejar de lado a alguien de una definición por no cumplir un requisito, supuestamente dogmático. Esto es igual de absurdo que ofenderse por decir que un ateo Hare Krishna no es un verdadero ateo a pesar de que no cree en el dios cristiano. Una persona que se hace llamar por el adjetivo de un movimiento intelectual debe ser consecuente con lo que dice estar de acuerdo. Si dice aplicar el pensamiento crítico por no creer en la ufología, pero cree en Visnú, estamos evidentemente en presencia de un sesgo cognitivo de tamaños monumentales. En definitiva, como todo dentro del escepticismo, este es un punto abierto a discusiones.

Gnoseología realista

El escéptico racional sabe que la verdad puede conocerse y que hacerlo es importante, él mismo es un defensor de la verdad. Esta es la diferencia principal con el escepticismo dogmático y radical que alega que nada puede conocerse o que no hay certezas de nada. De hecho, tienen certeza de ello, por lo tanto, están en una contradicción lógica. Lo mismo pasa con los subjetivistas: si “todo es relativo9” también su premisa es relativa y, por lo tanto, carece de sentido. La gnoseología subjetivista y relativista es anticientífica, irrealista, irracional y falsa, una antítesis y enemiga de la objetividad buscada por el escepticismo racional y la ciencia. Los subjetivistas y relativistas no dudan que si arrojamos un objeto al aire cae al suelo por la gravedad, que el sol saldrá todas las mañanas, o que si dejan de comer se van a morir, solo dudan de lo que no entienden. El escéptico posee una gnoseología realista porque sabe que la certeza y la verdad (provisional y refutable) existen y son posibles.  El conocer y conocerse es lo que más exalta la condición humana. Es por eso que el escepticismo es tan importante para un humanismo secular completo.

Honestidad intelectual

El escéptico, como dije, trata siempre de buscar la verdad. Por esto es muy necesaria la honestidad intelectual. En el caso de que alguien que se proclame escéptico esté equivocado, debe reconocerlo y cambiar de opinión. No debe basarse en falacias conscientes o mentiras para ganar discusiones. Esto solo lo vuelve un dogmático arrogante. 

Empirismo y
Racionalismo moderado

El escéptico reconoce que el conocimiento progresa tanto con razonamientos lógicos como con la experiencia; todas las hipótesis fácticas se deben probar empíricamente con ayuda de la razón, y de esta forma se conoce su veracidad. El escepticismo viene a renacer el pensamiento ilustrado mediante el cual la humanidad se libera de las tinieblas mediante el uso de la razón.

Cientificismo blando

El escepticismo valora la evidencia científica por sobre cualquier anécdota, opinión o superstición popular. Todo hecho fáctico se conoce mejor de manera científica. Para poder valorar la investigación científica correctamente, y diferenciar la ciencia de la pseudociencia, la protociencia, la ciencia fallida, la malaciencia, etc. es necesario entenderla. Por lo tanto, se necesita saber cómo se procede a llevar a cabo una investigación científica correctamente. Este punto genera necesariamente otro, que es el de saber o interesarse por la ciencia y también por la filosofía de la ciencia y la epistemología. La epistemología es uno de los pilares del escepticismo porque es la disciplina que se encarga —entre otras cosas— de clasificar el conocimiento, indispensable para saber diferenciar que es ciencia y que es pseudociencia. 

Este cientifismo es “blando” a diferencia del “duro” que exclama que el único conocimiento que vale es el científico. Esta premisa no es científica, sino filosófica, así que el cientificismo duro es falso por su inconsistencia lógica. Además, el conocimiento de “en este momento en mi heladera hay tomates”, puede ser verdadero sin ser científico. Los cientificistas duros se caracterizan por ser anti-filosofía, y criticarla usando argumentos filosóficos. Un escéptico inteligente no cae en esta postura, sabe que hay otros conocimientos que son válidos además del científico, pero en los campos de problemas y preguntas que la ciencia abarca, siempre las mejores respuestas proceden de la ciencia misma.

Dudar de todo 
lo que merezca duda

Se sabe que la duda es uno de los principales motores del escepticismo. Un escéptico debe dudar racionalmente de lo que se le plantee como verdad fáctica, y comprobar si se merece la etiqueta de “verdad”. Pero la duda debe ser guiada por la razón. Un escéptico no puede —y no tiene por qué— dudar de todo, todo el tiempo, porque sí. Por ejemplo: no le pedimos evidencia a un amigo nuestro que nos viene emocionado a contar que se besó con la chica que le gustaba. La duda en el escepticismo científico es racional, no sistemática, y es lo que diferencia del escepticismo radical.

Valorar la lógica
y el buen debate

Para evaluar correctamente los argumentos y establecer un buen debate, algo esencial en el escepticismo, se necesita saber de lógica. El debate es esencial para contrastar ideas y ver cuáles son las mejores, para así poder adoptar las sometidas a análisis y descartar las erróneas y refutadas. Un ejemplo de lógica que siempre se debe tener en cuenta un escéptico es que “correlación no implica causalidad”.

No aceptar ciegamente
lo que provenga de la autoridad

Condición necesaria si se entiende el punto anterior, pero que merece ser aclarado. Las autoridades siempre se equivocaron y no son fuentes confiables de la verdad. El escepticismo evalúa la veracidad de los postulados más allá de quienes los presentan. La ciencia tiene esta premisa como lema, en cambio, la pseudociencia tiene como pilar fundamental el hecho de aceptar lo que dicen las autoridades.

Siempre evitar
el dogmatismo

Un dogma es una supuesta verdad no sujeta a revisión, que no necesita justificación racional, que no puede ser criticada, y en el caso de ser criticada correctamente, no se la abandona. Para el escepticismo no hay verdades sagradas, sino provisionales, cuestionables y refutables; todo lo que el escepticismo propone debe ser justificado.

Contrastar información

Siempre que se presenta una información como cierta, un escéptico debe buscar un contraejemplo —si es una generalización—, una refutación o una crítica. Es importante contrastar toda la información que se nos brinda, escuchar “las dos campanas”, y así poder analizar y discernir con ayuda de un agudo pensamiento crítico y la investigación que se requiera cuál postura es la correcta. 

Combatir la pseudociencia
y la superstición

La pseudociencia es dogmática, y por ser tal, no pudo demostrarse como verdadera. Si no pudo ser probada como verdadera, y se defiende como tal sacando provecho de los que se la creen, es inevitablemente un fraude. Un escéptico debe aprender a diferenciar las pseudociencias y combatirlas, siempre con buenos argumentos y honestidad intelectual. Este punto está muy vinculado a la ética: la pseudociencia es abiertamente inmoral y el acto de combatirla es un acto moral.

Cuestionar, tanto como las pseudociencias y los fraudes espirituales,
los embustes del posmodernismo filosófico

Estas son, grosso modo, algunas características del pensamiento escéptico. Con estos requisitos, se puede deducir que el escepticismo racional es una postura filosófica y un movimiento intelectual en la cual se cuestionan las afirmaciones carentes de pruebas suficientes, que se opone a las pseudociencias, pseudofilosofías y toda creencia que vaya contra la evidencia empírica, el racionamiento lógico y el conocimiento científico. Un escéptico evalúa cualquier afirmación basándose en la verificabilidad, falsabilidad, reproducibilidad, y en el consenso científico, en lugar de aceptar afirmaciones o teorías basadas en fe, anécdotas dudosas, fuentes poco veraces o confiar en hechos/afirmaciones infalsables incomprobables, autoridades o dogmas.

El escepticismo tiene dos vertientes; el militante y el personal. Me gustaría hacer un cierto elogio del primero, porque este cuenta con una esencia humanista.

Un escéptico militante es el que se preocupa por la verdad, y trata de defenderla siempre mediante medios intelectuales —revistas, blogs, charlas, debates, etc.—. La importancia de proteger lo que se considera verdad es absolutamente ética. La verdad es realmente importante. Los errores en cualquier aspecto pueden llevar a todo tipo de consecuencias negativas, desde daños económicos hasta la muerte. Cualquier persona con un poco de moral y filantropía sabe que una persona equivocada merece ser educada o corregida. Siempre y cuando esto se practique con cierta paciencia, respeto y honestidad intelectual.

Notas

[1] Ver: https://unag.mx/licenciaturas/homeopatia/

[2] Término que refiere a noticias falsas, inventadas.

[3] Herbalife Nutrition es una compañía de nutrición y una empresa de comercialización de múltiples niveles que desarrolla y comercializa productos nutricionales para el control de peso, dietas deportivas y cuidado personal. La sede central se encuentra en Los Ángeles, CA.

[4] Toledo, L., & Herrera, S. (2014). El escepticismo radical de Pierre Gassendi contra la filosofía Natural de los Aristotélicos. Trans/Form/Ação, 37(1), 187-200.

[5] Toro, M. (2023, 07 de febrero). Los ocho pasos de Carl Sagan para detectar las ‘fake news.’ Cultura Inquieta. https://culturainquieta.com/estimulante/los-ocho-pasos-de-carl-sagan-para-detectar-las-fake-news/

[6] La navaja de Ockham, principio de economía o principio de parsimonia, es un principio filosófico y metodológico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham, según el cual «en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable».

[7] El realismo científico bungeano o simplemente realismo bungeano es una posición filosófica dogmática, variedad del realismo científico, formulada por el filósofo argentino Mario Bunge, que se caracteriza por ser una conjunción de siete tesis realistas que abarcan prácticamente todo su pensamiento filosófico, de allí que también le valga el nombre de realismo integral.

[8] El oxímoron, dentro de las figuras literarias en retórica, es una figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, ​que genera un tercer concepto.

[9] Hay muchos que creen que la teoría de la Relatividad de Einstein prueba que “todo es relativo”. Las teorías de la relatividad tratan sobre velocidades cercanas a la de la luz, efectos de la masa, el espacio-tiempo y una serie de temas muy complejos que nada tiene que ver con esta idea filosófica.

Artículo de:

Matías Suárez Holze (colaboración):
Licenciado en sociología, maestro de filosofía, doctor en Ciencias Humanas.

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Cita este artículo (APA): Quirós, A. (2024, 09 de junio). ¿Por qué estudiamos? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/por-que-estudiamos

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