El falso estoicismo es el fruto deforme de la violación del capitalismo a la filosofía, como el monstruo engendrado de la semilla de Hefesto en su intento fallido de poseer a Atenea. Se trata esta de una alegoría muy acertada: Hefesto, dios del fuego y la forja. Atenea, diosa de la sabiduría. El ejercicio de la dominación (y de la propia razón dominada) engendra monstruos…

Para realizar esta crítica acudiremos con brevedad en alguna ocasión a la obra Sobre la providencia, el destino y lo que depende de nosotros1, de Proclo, filósofo neoplatónico del siglo V d. C. Este responde a una carta de su amigo Teodoro, que se queja de que a veces la fortuna sonríe a los malos y castiga a los buenos, dando a entender que nuestro destino está inexorablemente trazado (que estamos predestinados).

El pensador se da cuenta de que los antiguos ya habían empleado este argumento, no tanto para examinar la cuestión de la libertad o la responsabilidad, sino la cuestión de la providencia. Esta providencia divina no debe leerse como sinónimo del Dios cristiano, pero eso los falsos estoicos no lo saben y debido a esto, han malinterpretado todo lo que han leído o pretendido leer.

La pregunta es: ¿existe hoy en día alguna providencia (resignificada malamente en un sentido cristiano y no tanto en el de la tradición clásica) que gobierna sobre todas las cosas y que, por tanto, niega por completo nuestra libertad o al menos la condiciona? El nuevo Dios del estoicismo posmoderno es el dinero, y tiene seguidores muy concretos que le rinden culto: los falsos estoicismos. Ningún estoicismo actual es ateo. 

Individuos como el youtuber Llados2 (que ni mucho menos es un filósofo) actúan como profetas que defienden una forma de vida basada en el culto a esta divinidad capitalista, asegurando como «destino» de sus «enseñanzas» una falsa idea de desarrollo personal que dice despreciar lo material cuando para ellos lo material es lo único importante. Y, por si fuera poco, camuflan esta obsesión crematística en una extraña idea de lo que es «hacerse a uno mismo» o «ser uno mismo» que recuerda al mito estadounidense del «hombre hecho a sí mismo», muy criticado en el libro The Self-Made Man in America: The Myth of Rags to Riches3, de Irvin G.Wyllie.

Dicen cosas como que debes formar parte del «1 % de hombres fuertes de esta sociedad». ¿Quiénes son los integrantes de ese 1 %? Sujetos masculinos, de músculos trabajados y eterna juventud, que se consideran a sí mismos inteligentes por haber leído (sin entender nada) las palabras de un grupito de autores a los que meten en el saco de los estoicos sin hacer distinciones, como si todos fueran iguales. Defienden una masculinidad anticuada que deja a un lado las emociones para elevarse a nivel monetario, en una especie de autocastigo que se debe, quizás, a alguna suerte de pecado original consistente en la holgazanería del otro 99 % de la población. Una metáfora moderna del hombre encadenado a una piedra: si tienes problemas, es porque te has convertido en un Sísifo que no entiende que subir una piedra no sirve para nada.

En ocasiones, incluso, dicen leer o haber leído a Nietzsche, motivados únicamente por una infantil interpretación de aquello a lo que solemos llamar «voluntad de poder». Se trata, pues, de un movimiento que se levanta a sí mismo por un afán machista de autoridad que recuerda al del sujeto cartesiano, y que aspira a extenderse, ya no solo al ámbito empresarial, sino a la esfera privada de la vida humana.

A cualquiera con dos dedos de frente le sale al menos una carcajada cuando ve que alguien dice que lo material no importa desde un Ferrari (véase El monje que vendió su Ferrari, peligroso libro de Robin S. Sharma). Lo preocupante viene cuando una cantidad amplia de adolescentes deja de estudiar para seguir (e incluso pagar) a estos sofistas. ¿Cómo es posible que logren ejercer con tanta facilidad esta influencia tan oscura y corruptora?

Profetizan empleando una lectura perversa y manipulada de textos filosóficos como fundamento de su persuasión y, confundiendo éxito con riqueza y fama; se hacen llamar a sí mismos «los hijos de Marco Aurelio y de Seneca», como si aquellos hubieran sido algo así como empresarios de avanzadilla, un Jeff Bezos y un Elon Musk de tiempos pasados. Se dibujan a sí mismos como salvadores, pero, en realidad, son simples vende-humos que se aprovechan del manipulable espíritu de una juventud que, en su inocente jovialidad, se ve envenenada por las dulces promesas y mentiras de estos mesiánicos individuos.

En definitiva, el estoicismo malentendido es una suerte de intento de defensa pseudo-intelectual del modelo capitalista que hereda la moral ascética cristiana de la autoflagelación, redirigiéndola a la obtención de bienes de mercado y la acumulación del dinero. La obsesión crematística actúa, pues, como una especie de salvación gracias a la adoración del dinero, el ente divino que se ha impuesto tras la muerte del Dios cristiano al que asesinó Kant y con el que se ensañó Nietzsche

Donde Proclo ve un concepto de desarrollo personal, entendiendo «hacerse a sí mismo» como el desarrollo del individuo en tanto que humano, y en el que se da una estrecha relación entre la libertad de elección y la responsabilidad (en tanto que la libertad juega un papel fundamental a la hora de atribuir responsabilidades y méritos), los falsos estoicos encuentran algo muy distinto: ¿qué es eso que ven los falsos estoicos? ¿Qué significa conocerse a uno mismo, hacerse a uno mismo y ser uno mismo en la actualidad?

En la Antigüedad, conocerse, hacerse y ser uno mismo, constituía un camino intelectual y práctico hasta ser lo más humano que puede ser un ser humano, saber buscar la excelencia en el terreno intelectual y moral persiguiendo el ideal racional de la sabiduría como guía de la vida y, por ende, realizando la finalidad última de la naturaleza humana misma, que es ser lo más racional posible.

Pero en la actualidad estos ideales clásicos se han corrompido, atrapados por un modo de vida capitalista que lo abarca todo: 

Conocerse a uno mismo no es más que conocer tus aptitudes para explotarlas en el mercado. Ha perdido su núcleo original, que era filosófico. 

Hacerse a uno mismo no es más que explotar económicamente dichas virtudes y evitar que los defectos reduzcan las ganancias del negocio que has de construir en torno a tu propio yo, que acaba convirtiéndose en una especie de marca personal. Hacerse a uno mismo es explotarse a uno mismo en el mercado, siendo uno mismo el empresario y la empresa. 

Ser uno mismo es ser un yo productivo que hace todo lo que puede por acumular más y más ganancias. Un fruto de esta mentalidad es que cuando le dices a alguien que vas a estudiar filosofía en la universidad, lo primero que te preguntan no es por lo que aprendes, sino qué salidas tiene la carrera. Como si el objetivo en la universidad no fuese formar la mente, sino un título que ayude a producir. 

Hay que decir que en algunos casos la autoayuda premia el descanso como forma de autocuidado —por algo se llama autoayuda—, pero es descanso solo para ser más productivo. Otros casos son increíbles: hay quien propone que no duermas con tal de que produzcas más. Si descansas, al parecer eres un inútil que no «contribuye» a la sociedad.

¿Hay alguna alternativa posible en nuestro tiempo para esta concepción capitalizada y mercantil de lo que significa conocerse, hacerse y ser uno mismo? La respuesta sencilla es que no, que el falso estoicismo no es tanto el resultado monstruoso de la violación ejercida por lo económico sobre la filosofía, como el hijo (in)deseado de ambos. Por fortuna, los amantes del saber nunca nos quedamos contentos con las respuestas sencillas. Constituye, pues, esta cuestión, un terreno importante que ha de abrirse en la investigación ética e incluso ontológica, antropológica y sociológica: esta cuestión, que se nos antoja como urgente, no solo nos afecta en el ámbito de la praxis, sino también en el espacio de estudio que ha de dedicarse al problema mismo del ser humano y su vida, se desarrolle esta en la esfera privada o en la esfera pública. 

Nota del autor: He de expresar mi gratitud a la Dra. Sonsoles Costero Quiroga por los comentarios y consejos recibidos en el proceso de documentación y redacción del presente artículo.

Notas

[1] Costero-Quiroga, S. (2022). Providencia y Destino en Proclo. Un Estudio sobre la Providencia, el Destino y la Moral Neoplatónica en De Providentia de Proclo. Tesis doctoral: 8 de julio de 2022: Departamento de Filosofía, Universidad Autónoma de Madrid. URI: http://hdl.handle.net/10486/704175

[2] Ver: https://www.youtube.com/channel/UCZ6Gn_sKODJwx2WJFTgxIwA

[3] Wyllie, I. The Self-made Man in America: The Myth of Rags to Riches. (1955). American Journal Of Sociology, 61(2), 166-167. https://doi.org/10.1086/221703

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Gómez, G. (2024, 03 de junio). Crítica a los falsos estoicismos. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/critica-a-los-falsos-estoicismos

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