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El lobo estepario a través del existencialismo de Søren Kierkegaard

Søren Kierkegaard es un filósofo y teólogo danés del siglo XIX, conocido en la actualidad como el padre del existencialismo. Analizaremos cómo su teoría repercutió en la novela El lobo estepario del autor Hermann Hesse, evidenciando la fuerte influencia de su pensamiento en la condición de la existencia humana, en la libertad personal y la responsabilidad del individuo a través de la subjetividad: crisis espiritual.

El lobo estepario

La novela de Hesse es una de las más populares del autor. Aborda sobre la naturaleza doble del héroe: la humana y la del lobo, lo que condena al protagonista a una existencia perturbada. Gran parte de la obra se basa en la biografía de Hesse, quien luchó contra la depresión durante toda su vida, y aunque su estilo autobiográfico cuenta con algunos elementos de la literatura fantástica, trata sobre las divisiones y contrariedades psicológicas internas, y la no identificación con la sociedad burguesa del momento.

Es importante destacar que El lobo estepario fue publicado en 1927. Para esa época, algunos académicos de la sociedad buscaban revelar lo que rodeaba a la humanidad, haciendo descripciones minuciosas del medio material y abstracto en el que se desenvuelve el individuo (existente) para que este obtenga una comprensión propia y pueda dar sentido a encontrar una justificación para su existencia. Por lo que la novela ejemplifica por completo la figura del filósofo existencialista en Harry Haller. Se trata es un personaje solitario que intenta buscar en su propio interior el sentido que ya no encuentra en él afuera: ni en Dios, ni en el Estado, ni en las ciencias. Sin embargo, tampoco consigue encontrar una respuesta en sí mismo y la aparente absurdidad del mundo lo arroja a una angustia existencial tal que llega a considerar la posibilidad del suicidio. Esta obra tiene eco en textos más amplios que una novela convencional. Jean-Paul Sartre, un filósofo y escritor exponente del existencialismo, considera1 en el epígrafe de La náusea que “era un muchacho sin importancia colectiva, exactamente un individuo”, y este registro evidenció que se refirió “al mayor infierno de todos es someterse al juicio ajeno; observarse uno mismo a través de la manera que se es mirado por el resto”, coincidiendo en la problemática del hecho de que no exista una identidad unívoca con la que cada individuo pueda sentirse completamente representado; una única máscara para presentarse ante la sociedad.

En el siguiente capítulo, se evidencia como Hesse marca una diferencia clara entre la verdadera cultura como aquella que nace de lo más profundo del hombre2.

Un hombre de la Antigüedad que hubiese tenido que vivir en la Edad Media se habría asfixiado tristemente, lo mismo que un salvaje tendía que asfixiarse en medio de nuestra civilización. Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de vida, de tal suerte, que tiene que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia. Es claro que no todos perciben esto con la misma intensidad. Una naturaleza como Nietzsche hubo de sufrir la miseria actual con más de una generación por anticipado; lo que él, solitario e incomprendido, hubo de gustar hasta la saciedad, lo están soportando hoy millones de seres.

El lobo estepario y
su relación con el existencialismo

Aunque Hermann Hesse es considerado como uno de los máximos exponentes del existencialismo literario, su novela comprende una tradición filosófica que se pregunta por la condición existencial del ser humano, lo que implica interrogarse por el significado de la vida y la responsabilidad del individuo en el mundo, y pese a que el existencialismo tiene diferentes expresiones a lo largo de los siglos XIX y XX, en esta obra cobra protagonismo el pensamiento de Søren Kierkegaard, considerado el padre del existencialismo.

En la teoría de Kierkegaard se plantea que la base de todo pensamiento filosófico debe ser el individuo y sus experiencias subjetivas, por lo que el existencialismo se opone a cualquier formulación filosófica basada en los absolutos, normas o criterios universales y objetivos. De este modo, el individuo está obligado a explicar su existencia en un mundo que carece de un sentido superior: un mundo que se le presenta absurdo. Ello le provoca la angustia de saberse libre de ataduras, pero arrojado a una existencia en la que es completamente responsable de sus propios actos.

Por ejemplo, Kierkegaard, señala3:

¡Oh!, conozco perfectamente todo lo que se dice de la aflicción humana […] y le presto oídos, y también he conocido más de un caso de cerca; ¿qué a lo que no se dice de las existencias malogradas? Pero solo se pierde aquella a la cual engañan tanto las alegrías como las penas de la vida, de modo que nunca llegará, como un beneficio decisivo para la eternidad, a la conciencia de ser un espíritu, un yo, o dicho de otra manera, nunca llegará a observar o experimentar a fondo la existencia de un Dios, ni que ella misma, «ella», su yo, existe por ese Dios; pero esa conciencia, en beneficio de la eternidad, no se obtiene sino más allá de la desesperación. ¡Y esa otra miseria!

El existencialismo se ejemplifica por completo a lo largo de toda la novela, el recorrido psicológico del protagonista tiene como objetivo, justamente, comprender que todos aquellos supuestos que tiene sobre sí mismo no son más que una cárcel que limita su percepción sobre el mundo; una cárcel que le impide disfrutar de la vida. En este sentido, el aprendizaje que atraviesa Harry consiste en liberarse de las ataduras con las que él mismo se ha atrapado.

La identidad del existencialismo

Lo posible y la necesidad son igualmente esenciales al yo para devenir (pues ningún devenir, en efecto, existe para el yo si no es libre). Como necesita infinito y finito, el yo igualmente requiere lo posible y la necesidad. Tanto desesperada por falta de posible como por falta de necesidad, este hecho proviene de la dialéctica corriente filosófica. Históricamente, la identidad ha sido definida como el conjunto de rasgos, características y acciones que definen a un individuo, que lo vuelven consciente de sí mismo y, por ende, de su singularidad ante el resto. El lobo estepario, sin embargo, refleja la crisis que atraviesa dicha concepción en el pensamiento occidental a partir del siglo XIX.

Tal como se menciona en el Tractat del lobo estepario, la novela gira en torno al problema de que no exista “ningún yo, ni siquiera […] una unidad, sino un mundo altamente multiforme, un pequeño cielo de estrellas” (XXIX), pero para Kierkegaard la salvación del hombre reside en una búsqueda personal de la autenticidad. Aunque muchos de sus pensamientos están abiertos a la interpretación, El lobo estepario pone sobre la mesa más cuestiones que respuestas sobre el sentido de la existencia.

En detalle, el padre del existencialismo, considera4 que “la angustia y la nada son siempre correspondientes entre sí. La angustia queda eliminada tan pronto como aparece de veras la realidad de la libertad y del espíritu.” Con esto ya tenemos bien señalada “la aparición de la libertad ante sí misma en medio de la angustia de la posibilidad, o en medio de la nada de la posibilidad, o en medio de la nada de la angustia”.

La interpretación
de la crisis espiritual

La novela de Hermann Hesse está ligada al individualismo, a un autocultivo y desarrollo del sujeto que tiene como objeto alcanzar la perfección y la armonía. Como su nombre lo indica, tematiza la formación moral, psicológica y social de un personaje, generalmente desde su infancia hasta la madurez.

En el caso de El lobo estepario, la formación del protagonista no se enmarca en el periodo de su niñez, sino, por el contrario, cuando se encuentra atravesando el último peldaño de la adultez. Sin embargo, la lógica de la formación se mantiene fiel de que el tipo de formación que debe recibir se orienta hacia un desarrollo que es fundamentalmente espiritual. Harry Haller es un hombre cuya vida lo ha dejado al borde del suicidio; ahora, no le queda más que atravesar un aprendizaje y despertar o perecer.

Cuando Kierkegaard inició su labor de escritor, justo después de la defensa de su tesis doctoral, adoptó un punto de partida similar. En ese sentido, afirmó que5:

Es cierto que no era cristiano, lo sé, y, sin embargo, estoy totalmente convencido de que lo hubiera sido. Pero era un dialéctico, todo lo concebía en términos de reflexión. Y la cuestión que aquí nos ocupa es puramente dialéctica, es la cuestión de usar la reflexión en la cristiandad. Estamos tratando aquí de dos magnitudes cualitativamente diferentes; pero en un sentido formal puedo llamar perfectamente a Sócrates, mi maestro, mientras que solo he creído, y solo creo en uno: Nuestro Señor Jesucristo.

El pensamiento de Kierkegaard se reúne en la obra, y aunque El lobo estepario es la historia de un hombre que intenta incesante escaparle a la tentación del suicidio tras hundirse en una crisis existencial que lo arroja a la soledad, el aislamiento, el dolor y la incomprensión del mundo, él sabía que lo hecho no era ni razonable ni justificable para el mundo, y que solo lo entendía Dios. Ni siquiera él mismo lo entendió, aunque lo intentó entender.

La novela demuestra un paisaje esperanzador respecto a las posibles formas de superar esta pulsión de muerte. En un principio, plantea la importancia de establecer vínculos y de dejarse guiar y acompañar en los momentos de mayor fragilidad. Pero además, inculca la idea de que es posible adoptar una posición humorística frente al mal y el absurdo de la vida, pues se reconoce la insuficiencia del pensamiento para captar la existencia real; por ejemplo, la de Dios, que es lo máximamente real e individual, pues solo desde lo absoluto es comprensible lo finito, y no al revés. Dios no puede ser producido ni deducido por nuestra mente en un ejercicio de abstracción, ni para encontrarlo podemos recurrir a ideas abstractas, sino en la dialéctica concreta y empírica de la historia, dado que las cuestiones existenciales del ser humano no cabían en ese mundo de esencias donde la lógica de la razón se imponía a la realidad del sujeto.

Por último, hacia el final de la historia, Harry comprende que puede que la vida no tenga sentido, puede que las guerras y el sufrimiento sean algo inevitable, pero ello no implica que uno deba negarse el placer, la alegría y la comunión con las personas: se puede permitir el optimismo sin dejar por ello de tener posiciones éticas e ideológicas firmes, evidenciando la dinámica dialéctica que rige todo cuanto existe.

Notas

[1] Sartre, J. (1938). La nausea. Madrid, Alianza Editorial.

[2] Hesse, H. (1927). El lobo estepario. Reino Unido, University of London Institute of Germanic Studies.

[3] Kierkegaard, S. (2004). Tratado de la desesperación. Buenos Aires, Editorial Siglo Veinte.

[4] Kierkegaard, S. (1844). El concepto de la angustia. Reino Unido, University of London Institute of Germanic Studies.

[5] Svensson, M. (2015). El pensamiento de Søren Kierkegaard. España, Editorial CLIE.

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Cita este artículo (APA): Bracho, D. (2024, 24 de junio). El lobo estepario a través del existencialismo de Søren Kierkegaard. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/analisis-el-lobo-estepario-existencialismo

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