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Desensibilización y el espectáculo de la guerra

Disclaimer: El presente texto representa la opinión personal de la autora y sus conclusiones sobre los eventos actuales en Palestina. Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad de ella y no necesariamente reflejan la posición de “Plataforma de Divulgación Filosófica, S.A.S. de C.V.”, que ofrece un espacio neutral para la reflexión y el análisis filosófico de todas y todos.

Hace casi un siglo Virginia Woolf sostenía que enfrentarnos a imágenes que demostraran las atrocidades de la guerra era suficiente para que la guerra cesara o que al menos harían que las personas empatizaran y se unieran para una buena causa. Hace casi un siglo Woolf nunca hubiera imaginado que cada persona con acceso a Internet tendría acceso ilimitado a fotografías y vídeos de una guerra o que existiría una aplicación llena de videos de un genocidio en tiempo real, mucho menos se habría imaginado que llegaría una época en la que los seres humanos seriamos bombardeados por fotos, videos y audios de guerra al punto que no podríamos decidir qué importa y qué no, qué es real y qué es falso.

Las personas en la era digital hemos visto a través de nuestras pantallas imágenes que jamás vamos a olvidar. Particularmente, desde octubre de 20231, hemos sido testigos de una guerra, una limpieza étnica y sus atrocidades en tiempo real. La cantidad de violencia, la pérdida de vida y la degradación de la humanidad son extraordinarias y sobrecogedoras, al punto que no podemos hacer una apreciación crítica del conflicto en Palestina.

Ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad”, escribía Susan Sontag en su libro Sobre el dolor de los demás (2018). En el contexto de la autora, los espectadores eran periodistas profesionales que documentaban las atrocidades. Hoy en día, son jóvenes palestinos en TikTok quienes deciden sacar sus teléfonos y grabar las calamidades a las que son sometidos. Los reporteros son ciudadanos palestinos que lo han perdido todo y han tomado la valiente y necesaria decisión de documentar y mostrarle al mundo todo lo que les han arrebatado. Las víctimas de la modernidad toman su lugar frente a la cámara de un celular y cuentan su historia al mundo. Esto es una forma de resistencia y, simultáneamente, un grito desesperado pidiendo ayuda.

Sin embargo, estas no son las víctimas anónimas de las que habla Virginia Woolf en Las Tres Guineas; esto es imposible en la era digital. Nadie es una cara sin nombre. Conocemos sus nombres, hemos escuchado sus historias. Hemos visto niños diciendo que su sueño es que termine la guerra, niñas pidiendo ayuda entre los cuerpos de sus familiares, doctores lamentando la muerte de sus pacientes, y padres levantando el cuerpo decapitado y quemado de sus bebés. Vemos la guerra a través de los ojos de sobrevivientes palestinos como Bisan Owda2. Cuando las víctimas son quienes documentan la guerra a través de fotografías, escritos y videos, ellos se convierten en testigos. Es una forma de decir: esto pasó, fue real, yo estaba ahí.

Cuando vemos un genocidio desde nuestros comedores, nuestros cuartos, en los pasillos de la universidad, en los salones de clase, en el transporte público y en nuestros celulares, nos distanciamos de lo que ocurre en otra parte del mundo: así es como entendemos la guerra, desde la distancia. No la hemos experimentado nunca, tenemos una elección, podemos decidir dejar de mirar, llevar nuestros ojos a un lugar que no ha sido tocado por ella; pero a pesar de ello, las fotografías nos persiguen y aterrorizan. Parafraseando a Susan Sontag3: “la guerra rompe, destripa […] la guerra abrasa […] la guerra desmiembra […] la guerra arruina”.

 ¿Cuál es el propósito de estas imágenes? ¿Hacernos sentir culpables? ¿Despertar indignación? ¿Es necesario ver estas imágenes? ¿Somos mejores si las vemos o si las ignoramos? 

Si las imágenes del genocidio en Palestina dejan de circular, podemos ignorar el dolor de otros. Sin embargo, si las imágenes circulan sin cesar en las redes sociales, nos desensibilizamos. Una imagen pierde su fuerza revolucionaria según cómo y dónde se utilice y se observe. Cuando la violencia está presente en todos los lugares a los que volteamos, perdemos sensibilidad, lo cual permite que cierto nivel de violencia y sadismo se vuelva aceptable en la cultura de masas.

Vivimos en un mundo sobresaturado con imágenes, y las imágenes que importan más tienen un efecto menor. Como sociedad le damos más importancia a las imágenes del Met Gala4 que a las imágenes de la guerra en Palestina. Sentimos remordimiento y vergüenza, pero no la suficiente para llevarnos a la acción política. Perdemos nuestra capacidad para reaccionar. Simplemente, deslizamos el dedo y vamos a otro video.

Plataformas como TikTok nos permiten mirar los peores horrores de la humanidad en segundos, vemos las miradas desquebrajadas en los ojos de los niños palestinos, escuchamos los gritos desgarradores de una madre que ha perdido a sus hijos. Estos vídeos aparecen entre anuncios, entretenimiento o influencers; la línea se empieza a desdibujar y la guerra y el dolor se convierten en un espectáculo más.

Vivimos en una sociedad del espectáculo, donde todo debe convertirse en entretenimiento para ser percibido como real e interesante. Esta percepción transforma a los testigos en espectadores y a las víctimas en celebridades. Además, insinúa que no hay un sufrimiento genuino y que las personas involucradas en la guerra no son verdaderamente humanas.

Lo que ocurre en Palestina demuestra porque la guerra no es y nunca debería de ser un espectáculo; el sufrimiento es real, son personas reales que han sido torturadas, humilladas, asesinadas, violadas y desplazadas. Lo que acontece en Palestina debería ser llamado como lo que es: una guerra, un etnocidio y un genocidio. La guerra no es un espectáculo, ni tampoco un acto de barbarie. Quienes participan en ella no son monstruos ni animales, sino personas, reflejos de una ideología y un racismo que deshumanizan al Otro. Esta deshumanización legitima la tortura, el desplazamiento, el asesinato y los crímenes de guerra.

Notas

[1] El sábado 7 de octubre de 2023 se registró un sorpresivo ataque por parte del grupo militante palestino Hamás contra el sur de Israel, esto desencadenó en una respuesta bélica por parte del gobierno israelí hacia la franga de Gaza. Ver más: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_Israel-Gaza_(2023-presente)

[2] Ver: https://www.instagram.com/wizard_bisan1

[3] Escalona, S. (s. f.). La función social de las imágenes de desaparecidas en México compartidas en plataformas digitales y su impacto en la memoria colectiva. http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2021/08/seminario/mesa_40/escalona_mesa_40.pdf

[4] La Gala del Met o la Costume Institute Gala es un evento benéfico que da inicio a la exposición de moda anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York.​​

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Cita este artículo (APA): Roldán, S. (2024, 25 de junio). Desensibilización y el espectáculo de la guerra. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/la-guerra-como-espectaculo

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#genocidio, #Guerra, #Israel, #Palestina, #reflexión

por Selene Roldán

Estudiante de la licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México, con línea de investigación en: filosofía de la cultura, filosofía y género, filosofía política, feminismo y género, y filosofía y cine.

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