La moral como actor antagónico en el camino hacia una ética animalista

En los últimos años, algunos filósofos y pensadores han trabajado en pro de relaciones humanas más humanas, en pro de construir relaciones desde la responsabilidad y el cuidado. Algunos de estos filósofos son Emmanuel Levinas y Judith Butler, ellos encuentran que la vulnerabilidad hace parte esencial y constitutiva del ser humano. Ver la vulnerabilidad del otro nos permite construir relaciones éticas, responsables y cuidadosas. Sin embargo, vale la pena resaltar aquí que la vulnerabilidad no nos pertenece, no somos los únicos frágiles o contingentes, la vulnerabilidad está en la misma vida y la vida no es únicamente nuestra.

En ocasiones solemos olvidar que lo animal también es vida, que lo animal no es un producto y que, por lo tanto, no está a nuestro servicio o disposición. Las relaciones humanas desde el cuidado y la responsabilidad no deberían ser únicamente entre pares o iguales, no debe hacer falta verme igual al otro para preocuparme por él, para ayudarlo y socorrerlo. Lo animal nos grita piedad y nosotros solo seguimos apuntando el gatillo que los lleva a su muerte. Con nuestro dinero, consumo y decisiones egoístas decidimos ignorar su dolor por un poco de placer. En nombre de la belleza, el sabor y la medicina cometemos un sinfín de atrocidades, pero ¿por qué lo hacemos? ¿Por qué nos cuesta tanto ver la vulnerabilidad del animal y responder a su llamado? ¿Tiene la moral un papel antagónico en el camino hacia una ética del cuidado y la responsabilidad con lo animal?

El presente escrito tiene como objetivo responder a los interrogantes anteriormente mencionados y para cumplir dicho objetivo seguiremos el siguiente esqueleto argumentativo: en primer lugar, haremos una descripción y definición de la vulnerabilidad; después de esto, describiremos el papel antagónico de la moral y para ello haremos una distinción entre ella y la ética: ¿en qué se diferencian la ética y la moral?, ¿no son hermanas?, y, por último, intentaremos brindar un camino, una salida de evacuación: si no es desde la moral ¿cómo podemos construir relaciones de cuidado y responsabilidad con lo animal?

Vulnerabilidad:
una característica definitoria de lo vivo

    Lo primero que debemos saber es por qué la vulnerabilidad ocupa un lugar tan elemental e importante a la hora de pensar una ética animalista. Pero, ¿qué es la vulnerabilidad? En palabras de Joan Carles Mèlich:

    La vulnerabilidad (de vulnus, «herida») implica dependencia, relación. Un ser vulnerable es el que puede ser herido y que, por eso, no es capaz de sobrevivir al margen de la atención y de la hospitalidad de otro, al margen de la compasión.

    Todos los seres somos vulnerables, en cualquier momento podemos rompernos, somos frágiles. Ver y entender la vulnerabilidad es el primer paso para lograr una ética del cuidado y de la responsabilidad. El problema es que, aunque sabemos que el animal es vulnerabilidad, propiciamos situaciones precarias o violentas. No siempre somos aquellos que rompen o fragmentan, en ocasiones solo ignoramos su vulnerabilidad mientras llevamos un bocado de carne a nuestra boca.

    Atender la vulnerabilidad humana, pero despreciar la animal —sin la intención de desmeritar causas— sigue conservando el egoísmo. El mundo no es un mejor mundo y nosotros mejores personas si le damos un pan al necesitado o curamos al herido, pero pateamos al perro, dejamos morir de hambre al gato, compramos maquillaje que testea en animales y/o hacemos asados todos los días. El mundo no es un mejor mundo si en nombre del sabor, la belleza o la salud humana justificamos el despiadado genocidio de miles de animales.

    Entender la vulnerabilidad desde una visión antropocéntrica, sigue dejando al humano en el centro, en la cima, sigue conservando la idea que hay vidas más valiosas y que hay dolores menos dolorosos, menos importantes; pero si el dolor lo atravesamos todos ¿por qué solo auxiliar y socorrer al humano? Si la vulnerabilidad no es una característica de lo humano, sino de lo vivo, entonces es el deber de todos los seres vivos cuidarnos entre sí, porque no me hace falta verme igual a otro para compadecerme ante su dolor, para socorrerlo. Tan solo necesitamos dejar de lado el egoísmo y antropocentrismo; no es por salud que comemos animales, no es por salud que los matamos atrozmente y causamos vidas, sinónimo de dolor y sufrimiento. No es por salud que ignoramos la vulnerabilidad del animal, es por egoísmo. Podría atreverme a afirmar que, por ahora, queda claro el papel que ocupa la vulnerabilidad, pero ¿será la moral la responsable de nuestra indiferencia?

    Moral: una barrera para responder
    ante la vulnerabilidad

      Antes de responder el interrogante anteriormente expuesto, es necesario que conozcamos aquello que es la moral. La moral remite a una serie de reglas, deberes y marcos que nos dicen quién es el otro y cómo debemos relacionarnos con ese otro. Cuando hay relaciones mediadas por un marco moral, no nos nace una respuesta por el otro vulnerable, no auxiliamos ante la pena, dolor o sufrimiento, simplemente actuamos como se nos dice que está bien actuar. Nos cuesta ver que los animales sufren en los mataderos y criaderos para terminar en nuestro plato, porque esto está normalizado.

      La moral dictamina los marcos de reconocimiento, es decir, dictamina cómo debemos reconocer al otro y nos dice que a los animales los debemos reconocer como objetos o como comida. Así pues, la moral nos dice cómo relacionarnos con lo animal, cómo entenderlo, cómo percibirlo y nos enseña a relacionarnos con superioridad, con despotismo, indiferencia y percibirlo como comida y no como un ser que siente.

      Hasta este punto hemos intentado dar algunas pinceladas sobre la definición de la ética, pero aquí lo intentaremos hacer de manera explícita. A diferencia de la moral, la ética no está impuesta, no es norma u obligación. La ética es una respuesta ante el otro vulnerable. Tenemos relaciones éticas cuando nos cuestionamos, cuando el otro —en este caso lo animal— nos inquieta, cuando nos resquebraja la vulnerabilidad del otro y, por lo tanto, nace una respuesta. Esa respuesta es la ética. Con la ética situamos al otro en el centro, ya no somos nosotros los que importamos sino el animal. Ya no importa cuánto me guste el sabor de un animal, lo verdaderamente importante es todo lo que ese ser padeció para terminar en nuestro plato. Así, cuando somos seres éticos y no morales es imposible no responder ante el sufrimiento de los animales, cuando nos resquebraja el dolor del animal es imposible ignorarlo o justificarlo.

      ¿Si no es desde la moral cómo podemos construir
      relaciones de cuidado y responsabilidad con lo animal?

        Hasta aquí, se puede vislumbrar cómo la moral tiene problemas a la hora de responder ante la vulnerabilidad del animal. Si la moral nos dice que debemos entender a los animales como producto, comida u objeto, por lo tanto, no merecen respeto ni cuidado. Entonces jamás responderemos ante su llamado, jamás atenderemos a su vulnerabilidad. Si la moral son las normas que nos dicen cómo debemos estar o ser en el mundo y nos dicen que está bien el maltrato y el consumo de animales, entonces jamás llegaremos a tener una relación ética con lo animal. A modo de síntesis, la moral ocupa un lugar antagónico en el camino hacia una ética animalista, porque la moral niega a la ética. La moral no le da paso a la ética y obstruye el camino hacia relaciones de cuidado y responsabilidad con lo animal, porque es indiferente frente a la vulnerabilidad del mismo.

        Así las cosas, el camino hacia una ética animalista debe nacer desde una auténtica preocupación por ellos, solo basta entender que son vulnerables y que, no por ello, podemos convertirlos en objetos a nuestra disposición y deseo. Basta con entender que son seres que sienten, que padecen. Basta con detenernos a verlos, a escucharlos, porque una vez observamos la dolorosa vida de los cientos de conejos, ratones y chimpancés de los centros experimentación y el padecimiento de las millones de vacas, cerdos y pollos de los grandes criaderos de consumo, es imposible seguir siendo indiferentes. Lo verdaderamente importante es no aprovecharnos de la vulnerabilidad de un ser que no puede hablar, que es indefenso ante nuestro violento egoísmo.

        A modo de cierre, es posible indicar que podemos construir relaciones de cuidado y responsabilidad con lo animal desde la empatía, dejando a un lado una moral que no nos invita a reflexionar sobre lo nocivo de nuestras acciones y respondiendo al llamado, al grito y al dolor de cada uno de los seres que tanto hemos maltratado en nombre de la belleza, la medicina y el sabor.

        Notas

        [1] Mèlich, J.-C. (2014). La condición vulnerable (Una lectura de Emmanuel Levinas, Judith Butler y Adriana Cavarero). Ars Brevis [en línea], (20), 313-331.

        Artículo de:

        Samantha Valentina Rodríguez Poveda (autor invitado):
        Estudiante de la licenciatura en filosofía de la Universidad Pedagógica Nacional, realizó un intercambio académico en la Universidad Autónoma de Chiapas. Sus principales intereses son la filosofía latinoamericana, la enseñanza de la misma y la ética.

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        Cita este artículo (APA): Rodríguez, S. (2024, 03 de junio). La moral como actor antagónico en el camino hacia una ética animalista. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/moral-en-contra-de-la-etica-animalista

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        por Universidad Autónoma de Chiapas

        La Licenciatura en Filosofía de la Facultad de Humanidades, Campus VI (UNACH) inició sus actividades en 2011, siendo una de las primeras en ofrecer formación filosófica de carácter público en el sur de México. Su objetivo es formar filósofos orientados a la profundización en los aportes de la filosofía latinoamericana, mexicana y de los pueblos originarios a la filosofía occidental; a la reflexión sobre problemáticas de docencia y didáctica de la filosofía en el nivel medio superior; y al fomento de las prácticas filosóficas para el impulso de una actitud filosófica en la vida cotidiana.

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