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¿Qué es el giro afectivo? Sobre la emocionalización de la vida pública

Nuestra forma de concebir la política está, quizás, fuertemente influida por nuestro lugar de proveniencia. En mi caso, en Perú, especialmente en Lima, el ideal de la política es algo así como una tecnocracia eficiente: un “buen” manejo gubernamental a cargo de especialistas en gestión y lejos de cualquier “ideología”.

En esta ingenua idea de una política alejada de la ideología, que a mi juicio es producto de la despolitización y la predominante antipolítica, algo que aparece implícito es que, en lo ideal, habría que gobernar desde la razón y no desde la pasión. Aunque considero que he sido mayoritariamente crítico con el ideal limeño, durante mucho tiempo no encontré razones de fondo sostenibles. El cliché “todo es ideológico”, por más que sea parcialmente cierto, siempre me pareció insuficiente.

Gracias a una materia de mi facultad, hace unos años conocí el trabajo de la filósofa política belga Chantal Mouffe. Pese a que había ideas que no me terminaban de convencer, llamó mi atención la importancia que le daba al poder de los afectos en la política. Investigando más, encontré una conferencia que dio en la Biblioteca Nacional de Colombia1 en la cual mencionó algo sobre un giro afectivo. De las dos horas con trece minutos que duró dicha conferencia, aquella efímera secuencia de palabras quedó resonando en mi memoria.

En este artículo abordaré qué es el giro afectivo, perspectiva desde la que Mouffe sitúa buena parte de su producción filosófico-política. Si me han leído anteriormente en esta plataforma, sabrán que la música es mi materia de estudio, en consecuencia, dedicaré un apartado a los estudios sobre la relación música-afecto. Para finalizar, ensayaré algunas ideas sobre el poder de los afectos en la política, partiendo de lo que algunos autores han identificado como la emocionalización de la vida pública.

¿Qué es el giro afectivo?

Todo cambio de época despierta nuevos intereses y preocupaciones tanto en el campo social como en el campo académico. Durante las últimas décadas, las ciencias sociales y humanidades se vieron atraídas por un fenómeno que, en comparación con otros, había pasado desapercibido: el afecto.

Patricia Clough denominó affective turn, traducido al español como “giro afectivo”, a un cambio de perspectiva que modificó la producción de conocimiento.

Este [el giro afectivo] se ha definido principalmente por dos urgencias teóricas: el interés en la emocionalización de la vida pública, y el esfuerzo por reconfigurar la producción de conocimiento encaminado a profundizar en dicha emocionalización2.

En gran medida, el giro afectivo se opuso al giro lingüístico de corte estructuralista. En sus primeros años, mediante autores como Brian Massumi y Eve Sedgwick inspirados por las lecturas de Gilles Deleuze y Félix Guattari sobre las concepciones spinozianas del afecto, este fenómeno fue entendido como la potencialidad del cuerpo de afectar y ser afectado; en rigor, como intensidades pre-, extra- y para-lingüísticas, pre-sociales, pre-semióticas, pre-subjetivas, pre- y no-intencionales, no-discursivas y no-representacionales.

Al día de hoy esta concepción del afecto ha sido reelaborada innumerables veces. Por lo tanto, no existe una única teoría uniforme del afecto y es posible encontrarse con definiciones conflictivas. No obstante, podemos señalar un consenso general que se aleja de las definiciones de Massumi y Sedgwick, a saber, «La perspectiva de los afectos no asume que razón y pasión son lo mismo, más bien los sitúa en un continuum»3. En otras palabras, el afecto está imbuido de pensamiento tanto como el pensamiento de afecto, en consecuencia, está atravesado por la subjetividad y lo social. Esta nueva concepción general evita la dicotomía cartesiana mente/cuerpo que en sus inicios el giro afectivo pretendió más no pudo superar.

Los estudios musicales
y el giro afectivo

Los estudios sobre la relación música-afecto no son nuevos. Ya en el “Libro III” de La República, Platón denuncia que determinados instrumentos y escalas musicales pueden alejar al ciudadano de la templanza, estado anímico necesario para la constitución de la polis ideal, trazando un nexo entre lo político, lo afectivo, lo cognitivo y lo comportamental. Asimismo, desde finales del siglo XV podemos encontrar continuas menciones y teorizaciones sobre el poder de la música para conmover los afectos4.

Hacia finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la relación afecto-música fue abordada principalmente por la psicología de la música. «En 1951, Suzanne Langer advirtió que la naturaleza discursiva del lenguaje era menos congruente con las formas musicales que los sentimientos»5. Así pues, investigadores como Meyer, Budd, Berlyne y Clynes ahondaron en este asunto tomando aproximaciones sujeto-centradas, comportamentales y perceptivas.

Estos “viejos” trabajos fueron retomados a principios de los noventa del siglo pasado debido al incremento del interés por este campo de estudios. Por fuera de la psicología de la música, Anta, Oliveira y Ramos señalan dos casos contemporáneos que abordan la relación mencionada: “‘Universal’ Music and the Case of Death”.6

¿Se podría afirmar que estos estudios, sean psico- o etnomusicológicos, forman parte del giro afectivo? Pese a estar abordados desde diferentes disciplinas, considero que sí si atendemos al momento histórico. Después de todo, este giro implica transdisciplinariedad: se nutre tanto de las ciencias sociales y humanidades como de las neurociencias y la psicología empírica, los dos últimos predominantes en el estudio de la relación música-afecto.

¿Afectos, emociones
o sentimientos?

Aunque muchas veces los términos afecto, emoción y sentimiento se han empleado de manera intercambiable, podemos trazar algunas diferencias. Atendiendo a las definiciones otorgadas por Anta et al.7, el afecto es todo estado evaluativo o con valencia, ya sea valencia de la información o el aspecto de la experiencia. Sintetizando las concepciones del conjunto de autores referenciados en este artículo, podemos entender el afecto humano como intensidades pre-conscientes y corpóreas que se manifiestan materialmente hacia un estado de la experiencia.

Por otra parte, según las conceptualizaciones de Ekman, Juslin y Västfjäll, Damasio, entre otros8, las emociones refieren a una reacción afectiva orgánica e individual; mientras que, según Dewey, LeDoux, Juslin y Sloboba, entre otros9; el sentimiento es a la experiencia subjetiva de una emoción situada histórica, cultural, social e ideológicamente.

La política y la emocionalización
de la vida pública

Deben haber escuchado cómo cierto grupo etario denomina a otro “generación de cristal”. En respuesta, he leído algunas veces a los aludidos denominar al primero “generación de concreto”. Más allá de sus implicancias, ¿no es acaso esta suerte de discusión abierta un indicador de la emocionalización de la vida pública? Veamos otros ejemplos.

Lara y Enciso señalan dos casos: el movimiento de los “indignados” en España y la “República Amorosa” en México10. Por su parte, Ludolfo Paramio menciona la emergencia de las “derechas rabiosas11, que en Perú encuentra su equivalente en lo que se ha llamado “derecha bruta y achorada12, por sus siglas “DBA”. En Argentina, hoy un hombre “temperamental”, con desaciertos en diplomacia, ocupa el sillón presidencial, habiendo preformado “rabia” durante su campaña electoral13. Más tarde, en el mismo país, el “descontento” de las comunidades universitarias contra el recorte presupuestal convocó una de las manifestaciones más grandes de los últimos tiempos14.

En todos estos casos, hay hechos materiales que desencadenan la acción. La decisión de actuar de una u otra manera es el resultado de un proceso de racionalización de lo sucedido. Además, los afectos comunes puestos en juego en la esfera política, a los que Mouffe denomina “pasiones15“, han influido más o menos sobre la realidad social.

Las aproximaciones del giro afectivo permiten que atendamos a dimensiones diferentes a la del logos: hay asuntos de los que el discurso lingüístico o los datos estadísticos no pueden dar cuenta. ¿Qué significa que, según el informe de opinión del Instituto de Estudios Peruanos de mayo de 202416, el 82,4 % de la población peruana no tiene a ningún político candidateable de preferencia? Para Omar Coronel se trata del colapso del sistema representativo17; sin embargo, por muy necesario que sea mencionarlo, esto es hasta cierto punto redundante. ¿Qué significa que el 65 % de la población está poco o nada interesada en política? Decir que Perú atraviesa una situación antipolítica suma poco o nada.

Hacia un enfoque afectivo

Según Benedict Anderson, los nacionalismos tienen una legitimidad emocional profunda, es decir, han establecido apegos entre sujetos, comunidad y nación18. En este sentido, podría afirmar provisoriamente que toda comunidad establece lazos afectivos entre lo individual y lo colectivo.

Dicho esto, ¿qué papel cumplen los afectos en el desarrollo de la política? Para Mouffe19, un modo efectivo de llevar a cabo voluntades colectivas implica mediar los afectos hacia la construcción de una cadena de equivalencias entre grupos sociales divergentes no encadenados. ¿No es esto algo similar a lo que hizo Javier Milei en Argentina, es decir, canalizar el humor coyuntural de las mayorías hacia un proyecto político particular?

Desde ya debo aclarar que Mouffe no estaría de acuerdo con el proyecto mileista, pues el objetivo de la filósofa es la radicalización de la democracia. Lo innegable reside en que “aquello que se siente” no está desvinculado de lo social ni de la política. ¿Acaso no la predominante antipolítica peruana se fundamenta en un sentimiento de rechazo al establishment?

En un contexto de emocionalización de la vida pública, la afectividad cobra relevancia para comprender en mayor profundidad los procesos sociales y políticos contemporáneos. Esto no significa rechazar el logos, sino admitir que razón y pasión, afecto y cognición, aunque son diferenciables, forman parte de un continuum en la naturaleza humana. No miremos con desdén la dimensión afectiva. Finalmente, «lo mental es concebido in corpore»20.

Notas

[1] Ver la conferencia en: Biblioteca Nacional de Colombia. (1 de marzo de 2017). Chantal Mouffe – El futuro de la democracia en la era de la postpolítica [Archivo de vídeo]. YouTube. https://youtu.be/kFREj1utrC8?si=v-sfkEiS35wCA_n3

[2] Lara, A. y Domínguez, G. (2013). “El Giro Afectivo”. Athenea Digital, 13 (3), p. 101.

[3] Traducción propia de Hardt, M. (2007). “Foreword: What Affects Are Good For”. En Clough, P. T. y Halley, J. (eds.). The Affective Turn. Theorizing the Social. Duke University Press, p. x. En adelante, toda traducción del inglés será propia.

[4] Ver más en Fubini, E. (2005). La estética musical desde la antigüedad hasta el siglo XX. Alianza, y Hofman, A. (2015). “The Affective Turn in Ethnomusicology”. Muzikologija, 18.

[5] Hofman, A. (2015). “The Affective Turn in Ethnomusicology”. Muzikologija, 18, p. 39.

[6] (1993) de Phillip Tagg y Performing Rites (1ra ed. 1996) de Simon Frith. Es menester aclarar, sin embargo, que estos trabajos presentan ambigüedades conceptuales. Sobre la desambiguación conceptual, ver apartado “¿Afectos, emociones o sentimientos?”.

[7] En conexión con “Begriffsbestimmungen” (Otto, Euler y Mandl, 2000) y “Emotional responses to music: The need to consider underlying mechanisms” (Juslin y Västfjäll, 2008).

[8] Citados en Anta, J. F.; Oliveira, L. F. y Ramos, D. (2019). “Música y afecto: una revisión bibliográfica y el análisis de tres casos problemáticos”. Revista Argentina de Musicología, 20; y Lara, A. y Enciso Domínguez, G. (2013). “El Giro Afectivo”. Athenea Digital, 13 (3).

[9] Ibídem.

[10] Lara, A. y Enciso Domínguez, G. (2013). “El Giro Afectivo”. Athenea Digital, 13 (3), pp. 101.

[11] Paramio, L. (2010). La socialdemocracia. Fondo de Cultura Económica, p. 81.

[12] En Perú, “achorado” es una jerga que refiere a una actitud desafiante y agresiva.

[13] Ver más en: Nicas, J. (19 de noviembre de 2023). “Javier Milei gana la presidencia de Argentina, una victoria para la ultraderecha mundial”. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2023/11/19/espanol/elecciones-argentina-resultados-milei.html

[14] Ver más en: Fernández Martino, B. (24 de abril de 2024). “El impacto de la masiva marcha universitaria en Argentina para el gobierno de Milei”. CNN. https://cnnespanol.cnn.com/2024/04/24/analisis-impacto-marcha-universitaria-argentina-gobierno-milei-orix/

[15] Mouffe, C. (2023). El poder de los afectos en la política. Hacia una revolución democrática y verde. Siglo XXI, p. 52.

[16] Ver el informe completo en: https://iep.org.pe/noticias/iep-informe-de-opinion-mayo-2024/

[17] Omar Coronel es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame y docente a tiempo completo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. El comentario al que hago referencia fue publicado en su perfil de X, por lo que no deberíamos confundirlo con una afirmación rigurosamente argumentada: https://twitter.com/ocoronelc/status/1795469881149632721

[18] Anderson, B. (1993). “I. Introducción”. En Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica, pp. 21.

[19] Mouffe, C. (2023). El poder de los afectos en la política. Hacia una revolución democrática y verde. Siglo XXI.

[20] Díaz, C. y Montes, M. (2020). “Músicas populares, cognición, afectos e interpelación. Un abordaje socio-semiótico”. El oído pensante, 8 (2), pp. 58.

Bibliografía

Clough, P. (2007). “Introduction”. En Clough, P. T. y Halley, J. (eds.). The Affective Turn. Theorizing the Social. Duke University Press, pp. 1-33.

Clough, P. y Halley, J. (eds.). (2007). The Affective Turn. Theorizing the Social. Duke University Press.

Fubini, E. (2005). “7. Palabra y música en la contrarreforma”, “8. Del racionalismo barroco a la estética del sentimiento”. En La estética musical desde la antigüedad hasta el siglo XX. Alianza, pp. 174-209.

Hardt, M. (2007). “Foreword: What Affects Are Good For”. En Clough, P. T. y Halley, J. (eds.). The Affective Turn. Theorizing the Social. Duke University Press, pp. ix-xiii.

Platón. (1994 [IV a. C.]). “Libro III”. En La República [trad. de Pabón, J. M. y Fernández-Galiano, M.]. Alianza, pp. 152-206.

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Cita este artículo (APA): Yzaguirre, A. (2024, 18 de junio). ¿Qué es el giro afectivo? Sobre la emocionalización de la vida pública. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/que-es-el-giro-afectivo

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por Alejandro Yzaguirre Minaya

Estudiante avanzado de la Licenciatura en Artes con orientación en Música, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Interesado en asuntos musicales, culturales y políticos.

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