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Puede ser que Emmanuel Levinas haya sido uno de los pensadores, en el campo de la ética, que ha generado un movimiento importante de reflexión en la actualidad. Su forma de concebir la relación entre seres, la crítica que hace a la tradición europea y, sobre todo, a la ontología, han servido para que pensadoras como Judith Butler desarrollen buena parte de sus reflexiones. Así mismo, teorías como la ética del cuidado, de la vulnerabilidad y la responsabilidad, han sido fruto de algunas de sus ideas. Estas teorías pretenden dar respuesta a los problemas que genera la relación con los otros, siendo también una crítica a la moral e invitando a la acción reflexiva.

Pero ¿no es Latinoamérica un campo fértil para las reflexiones éticas debido a las ya conocidas problemáticas sociales? Por supuesto que sí, para nadie es un secreto que Latinoamérica, históricamente, ha padecido múltiples violencias que le cuesta superar. Es así como reflexiones en el campo de la ética resultan valiosas, pues guardan dentro sí la semilla de un cambio de orden social. Sin embargo, ¿la ética del cuidado, pensada sobre todo en otros contextos, puede dar respuestas al contexto latinoamericano? Seguro que sí, pero no ha de ser suficiente, pues no son europeos, africanos u orientales los que padecen nuestros problemas sociales más particulares. Debido a esto, una ética del cuidado pensada desde categorías y cosmovisiones que no son nuestras, pueden llegar a ser insuficientes para pensar un cambio en nuestras sociedades. Pero esto no quiere decir que debamos rechazarlas, por el contrario, podemos construir una ética del cuidado con un sesgo —latinoamericano— que permita dar respuestas a nuestra realidad urgente y que, al mismo tiempo, dialogue con las grandes tradiciones. Sin embargo, ¿cómo? Esa es la cuestión a la que intentaré acercarme en este artículo.

En virtud de lo anterior, me propongo sugerir la posibilidad de una ética del cuidado con un sesgo latinoamericanista, en la que se usen categorías y conceptos propios de nuestro contexto. Para este propósito, la filosofía Tsotsil (ligada a la lengua mayense hablaba, principalmente, en los Altos de Chiapas, México) tiene mucho que aportar a la construcción de esta ética. Para alcanzar dicho propósito me veo en la necesidad de, primero, dar un breve contexto acerca de lo que es la ética del cuidado y, segundo, proponer el a’iel snopel, (concepto clave en el pensamiento Tsotsil), como elemento clave para la construcción de una ética del cuidado pensada desde nuestro contexto.

Ética del cuidado

¿Qué es eso a lo que llamamos ética del cuidado? Para responder esta pregunta quiero acudir a un autor que es un antecedente importante, me refiero al ya citado Levinas. El trabajo de este filósofo es clave para entender los múltiples cambios que se produjeron en el campo de la ética en el siglo XX. Su crítica a la forma en la que la tradición europea construyó la relación entre seres, esto es, una relación ontológica, es clave para comprender la manera en la que Europa construyó las relaciones interpersonales. Joan-Carles Mélich presenta1 este problema de la siguiente manera:

No hay alteridad en esta tradición ontológica. Aquí todo está en todo, nada es exterior a nada y todo tiene sentido.

Conceptos como alteridad, totalidad, rostro, infinito, santidad, serán clave para este cambio de mirada. Una mirada hacia el otro, comprenderlo en su infinitud y su alteridad. Pero no se trata solamente de un proceso de compresión, este cambio de mirada exige siempre una respuesta ética. Y esta demanda comienza con el rostro, eso que no puedo definir, comprender o categorizar: “lo que el rostro provoca es una brecha, una grieta (écart), una diferencia que, precisamente porque no es ontológica, sino ética, es deferencia2“. Es el rostro lo anterior a la compresión, es la expresión de la infinitud por sí misma, pero el rostro refiere también vulnerabilidad, desnudez y, en tanto se me presenta, no puedo hacer más que responder de él, es santidad.

La santidad es el modo de responder del otro. Frente a una pregunta uno responde a, pero frente a una demanda tiene que responder de3.

Esto puede tomarse como un antecedente importante —no obstante no el único, pues otras pensadoras como Hannah Arendt también son fundamentales dentro de esta reflexión— para el nacimiento de la ética de la vulnerabilidad y el cuidado que aparece en autoras como Judith Butler. La vulnerabilidad:

[…] implica la susceptibilidad de ser herido, de recibir un daño o perjuicio, de padecer lesión física o moral. Por tanto, este concepto se puede relacionar con la posibilidad de sufrimiento, con la enfermedad, el dolor, la fragilidad, la limitación y, en última instancia, la muerte4.

La vulnerabilidad no depende de la racionalidad, en tanto que, ya dada, nos constituye y nos condiciona. Es asimétrica, variable y también un fenómeno amplio que constituye un problema que empieza en el cuerpo y alcanza espacios como la sociedad.

Ahora bien, dada nuestra condición vulnerable, frágil y teniendo en cuenta que somos seres sociales, se tejen redes de cuidado en las distintas formas de relacionarnos. Así, desde instancias a nivel macro, podemos localizar instituciones de cuidado y para el cuidado, pero también a nivel micro o personal hay relaciones de cuidado, pues “la existencia humana es inconcebible sin relaciones de cuidado; no cabe reproducción social ni lazos comunitarios sin cuidados5”. Sin embargo, esto no resulta novedoso a los ojos de una reflexión ética, pues ya otras teorías han tenido en cuenta el cuidado. Lo que resulta clave para distinguir la ética del cuidado:

[…] es el hecho de que sitúa el cuidado en el centro de la reflexión ética y lo hace a partir de la constatación del importante papel que desempeña en una determinada concepción de la moralidad. Su aportación fundamental es la idea de cuidar del otro como lo correcto o lo bueno6.

Es así como la reflexión ética se centra en el cuidado, entendiendo que somos seres frágiles, vulnerables y que, en tanto eso nos atraviesa, esperamos y demandamos cuidado. Ahora bien, ya hemos mencionado que la vulnerabilidad es algo que está dado, es una condición, por tanto, se dan acciones de cuidado en un nivel micro e instituciones en un nivel macro; nivel en el cual se da lo que llamaríamos política de la “vulnerabilidad”: entendida a partir de la necesidad de mecanismos y estrategias de seguridad que permitan la protección (derechos), a la vez que se evite situaciones de riesgo en determinados grupos, sectores o individuos7. Bajo este panorama es que es clave entender por qué categorías y conceptos de la ética de la vulnerabilidad deben ser reflexionados desde nuestro contexto, pues las situaciones de vulnerabilidad no son las mismas aquí que en Europa.

A’iel snopel
(sentir-pensar-escuchar)

Debido a que tenemos la necesidad de pensar la ética del cuidado desde nuestra situación vulnerable, es que propongo la noción de a’iel snopel como una forma de darle el sesgo desde nuestro contexto. Es un término proveniente de la lengua Tsotsil, cuya traducción aproximada es sentir-pensar-escuchar. No solo es una categoría epistemológica, en tanto que, como su significado puede indicar, es una:

[…] fusión de dos formas de interpretar la realidad, a partir de la reflexión y el impacto emocional, hasta converger en un mismo acto de conocimiento que es de sentir-pensar–escuchar8.

Si no que también es una categoría ética y estética —aunque prefiero concentrarme en lo ético—. Aquí quiero enfocarme en tres elementos clave de este término: la narración, la memoria y la emocionalidad. Además, quisiera dedicar esta última parte a presentar una forma de filosofía que pocas veces aparece dentro de la academia, por tanto, quisiera que la voz de un filósofo Tsotsil sea la que tome protagonismo. Así entonces, dentro pensamiento Tsotsil, la tradición oral no es solo importante en la transmisión de saberes, sino también es un espacio de comunión con el otro en el que:

El testimonio es un encuentro hacia el establecimiento ético de dar una respuesta al otro, mediante un acontecimiento de aquello que nos concierta y nos desconcierta, esa palabra que aún está inacabada y que hay que buscar, se aproxima a la palabra metafórica en la importancia que el testimonio tiene en la narración, y se muestra como una experiencia viva de aquello que se quiere tener memoria9.

Resulta claro cómo es que la narración es un espacio de comunión, de encuentro con el otro. Pero la narración y este espacio de comunión tiene, por supuesto, un interlocutor: el que hace silencio. Sin embargo, no es un silencio sin más, es Ch’anetel snopel —silencio y memoria—, y en tanto tal:

Silencio y memoria implica un proceso en el cual el sujeto calla para oír hablar al otro, y al mismo tiempo el sujeto aprende a hablar escuchando al otro10.

La memoria no es un actor pasivo, por el contrario, “es una trama que sostiene la pregunta sobre nosotros mismos, sobre la responsabilidad y sobre el sentido que ha de desplegarse en la vida11”. Ahora es necesario acudir a la palabra: K´anel:

Es una emoción que amplía la visión en la aceptación de sí mismo y del otro, a partir de las condiciones en que se vive, y expande las posibilidades de un operar más sabio12.

Así, la emocionalidad se vuelve algo ético en tanto que:

[…] sentir nos puede ayudar a elegir la más sensata actuación […] despierta la solidaridad, las ganas de ayudar, de poder construir y de aportar, de cuidar. Si no se siente o se escucha el pensar y el corazón, solo se piensa en el beneficio personal, el discurso de lo monólogo, es decir, no se está pensando en comunidad, en la colectividad13.

De esta manera, narración, memoria y emocionalidad se articulan para hacer un actuar que, por sí mismo, tiene un compromiso ético. Es ética llevada a la práctica en un sentido estricto, un actuar que comprende y que es consciente de las vulnerabilidades, las asimila y actúa en colectivo para el cuidado de todos los seres.

Conclusión

Esta configuración del actuar resulta de una enorme importancia en sociedades golpeadas no solo por la desigualdad y la pobreza, sino también con un profundo historial de violencia en el que la narrativa: la memoria y la escucha son elementos clave para un proceso de reconciliación social; a la vez que están amparadas por políticas sociales que guarden y promuevan estas prácticas para la no repetición. Es ahí el valor de sus proposiciones para nuestro contexto, es ahí el mayor alcance que tiene para nuestra realidad urgente. Sin que eso signifique que no debamos mirar hacia otros contextos y reflexionar sobre lo que se haga fuera. Se trata de revisar de manera dialógica lo que aquí tenemos con lo que otras tradiciones hacen.

Para finalizar extiendo la invitación a que los lectores se acerquen a la filosofía Tsotsil y en general a esas filosofías subestimadas o desechadas por la academia, porque también tienen algo que decirle al mundo y mucho tienen que aportarle.

Notas

[1] Mèlich Sangrà, J.-C. (2014). La condición vulnerable. (Una lectura de Emmanuel Levinas, Judith Butler y Adriana Cavarero). Ars Brevis [en línea], (20), Pág. 314. Sitio web: https://raco.cat/index.php/ArsBrevis/article/view/295373.

[2] Ibídem, pág. 321.

[3] Ibídem, pág. 322.

[4] Ausín Díez, T. y R. Triviño Caballero (2022). Responsabilidad por los cuidados. Bajo Palabra, (30), pág. 158. Sitio web: https://doi.org/10.15366/bp2022.30.008.

[5] Ibídem, pág. 160.

[6] Ibídem.

[7] Sembler, C. (2019). Políticas de la vulnerabilidad. Cuerpo y luchas sociales en la teoría social contemporánea. Athenea Digital, 19 (3), e2487. Sitio web: https://doi.org/10.5565/rev/athenea.

[8] Bolom, M. (2020). A’iel Snopel. Un ensayo sobre el lenguaje y la filosofía de los pueblos. Pág. 26. México: Comité Editorial del Centro Regional De Formación Docente e Investigación Educativa.

[9] Ibídem, pág. 24.

[10] Ibídem, pág. 36.

[11] Ibídem, pág. 37.

[12] Ibídem, pág. 28.

[13] Ibídem, pág. 29.

Artículo de:

Bucky Esteban Santana García (autor invitado):
Lic. en filosofía de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Parte del comité editor en la revista Transformación Colectiva; fue estudiante de intercambio en la Universidad Autónoma de Chiapas (México) por un año.

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Cita este artículo (APA): Santana, B. (2024, 26 de junio). La filosofía Tsotsil y la posibilidad de una ética del cuidado. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/06/que-es-la-filosofia-tsotsil

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por Universidad Autónoma de Chiapas

La Licenciatura en Filosofía de la Facultad de Humanidades, Campus VI (UNACH) inició sus actividades en 2011, siendo una de las primeras en ofrecer formación filosófica de carácter público en el sur de México. Su objetivo es formar filósofos orientados a la profundización en los aportes de la filosofía latinoamericana, mexicana y de los pueblos originarios a la filosofía occidental; a la reflexión sobre problemáticas de docencia y didáctica de la filosofía en el nivel medio superior; y al fomento de las prácticas filosóficas para el impulso de una actitud filosófica en la vida cotidiana.

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