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El estoicismo y algunos aportes éticos para el hombre como individuo y ciudadano

Restrepo1 destaca que a las corrientes filosóficas del período romano se le llamaron escuelas filosóficas morales porque no eran simples lugares de pensamiento o reflexión, sino un modo de vida que debían adoptar todos aquellos que se inscribieran en ellas. Esto se realizaba con la intención de garantizar que todos sus integrantes alcanzaran el propósito por el cual se afiliaban a las mismas, es decir, ser una forma de distinguirse de las otras escuelas, y aún más importante, de aquellos que llevaban vidas degeneradas o licenciosas como los amigos de los emperadores, tal y como lo reflejan algunos relatos históricos en los que se narra de forma gráfica y detallada estas acciones. Cabe precisar que estos actos eran reprobados y sumamente criticados por los filósofos de las escuelas morales, además, estas conductas favorecieron el surgimiento de estas corrientes, entre ellas el estoicismo.

Los estoicos desarrollaron su ética —tal como lo manifiesta Fraile2— en torno a la visión que tienen sobre la naturaleza, a saber, el hombre es una parte mínima del Universo, es un mundo en pequeño. Además, en todo el Universo existe un orden perfecto, regido y determinado rigurosamente por la Razón y la providencia divina. Ahora bien, todo en la Naturaleza es bueno y ordenado; por lo tanto, el hombre debe ajustar su conducta al orden universal que domina en el mundo, sometiéndose voluntariamente a la finalidad que impulsa a todos los seres. Por ende, el sabio es el que vive conforme a la Naturaleza; y en el ámbito individual, vivir conforme a la razón equivale a vivir conforme a la Razón que rige el orden del mundo.

Además, en lo referente a la virtud, Fraile3 destaca que es el medio de asegurar la verdadera felicidad y están siempre unidas, así como el sufrimiento está unido al vicio. Cabe precisar que la virtud no es innata, hay que adquirirla y cultivarla por el ejercicio continuo; una vez que se adquiere no se puede perder, es inmutable e inalienable. Se debe practicar sin miras a ninguna ventaja ni recompensa extrínseca, independiente de la utilidad o del placer, que nunca pueden ser la finalidad de la vida. La virtud fundamental es la sabiduría o la prudencia, que corresponde a la parte racional del alma y de la cual proceden todas las otras. Además, los estoicos —al igual que los socráticos— identifican la virtud con la ciencia, utilidad, bien y belleza. Por el contrario, las pasiones tienen su origen en el impulso general primitivo de la naturaleza. Refiere a que es irracional, también desvía de la rectitud y va contra la naturaleza porque este impulso no es regulado por la razón. El origen de esto está en la ignorancia que enturbia a la inteligencia y le hace realizar juicios erróneos. Las pasiones principales son la concupiscencia ciega (deseo desordenado), el temor (es por un mal futuro), dolor o tristeza (mal presente) y placer (bien actual). Con respecto a este punto, los estoicos afirman que las pasiones deben ser dominadas y sometidas por la razón, incluso se deben extirpar si fuese necesario, ya que solo así se llega a la impasibilidad, condición indispensable para lograr la serenidad del alma y la libertad característica del sabio.

El otro principio que sustenta a la ética estoica, según Fraile4, es en torno al concepto del Bien, el cual se distingue en buena, como la virtud —que es el único y Sumo Bien—; mala, como las pasiones y los vicios; y los indiferentes, que son la vida y la muerte, el placer y el dolor, etc. Estos acompañan los actos humanos, pero nunca deben constituir el fin de las acciones. Con respecto a la norma de moralidad, esta se caracteriza por ser fija y estable de conducta para orientar toda actividad moral. Y su fundamento es la relación con la Razón eterna que rige toda la naturaleza y el orden cósmico universal. Por lo tanto, la razón humana es recta cuando se ajusta exactamente a la Razón universal, que equivale a la ley eterna, natural e inmutable, ella es superior a todas las leyes.

Ahora bien, a partir de lo señalado, para Restrepo5 el hombre estoico en esta vida al no tener excesos trataba de iniciar un camino a lo se le denominó como “el cuidado de sí” o “la práctica de sí”, la cual consiste fundamentalmente en buscar de forma permanente la manera de moderar la conducta, de desprenderse de las cosas y por consiguiente, conformarse con aquello que es estrictamente necesario para la vida. Se debe tener en cuenta que esta mirada no es una actitud conformista, sino más bien un modo de percibir el mundo, a fin de que el hombre desapegado de todo aquello que no es primordial se concentre en alcanzar lo que es en propiedad la felicidad plena, que no depende de la tenencia de nada, sino de mi voluntad para alcanzar la tranquilidad de ánimo o la felicidad.

Para Elourdy6, el aporte ético del estoicismo en lo referente al ideal del ciudadano comprende que la vida del civil proporciona a toda persona asuntos y peligros continuos, y casi diarios de manera improvisada; para evitarlos y eludirlos conviene estar siempre con ánimo pronto y vigilante. Por lo tanto, frente a la violencia y la petulancia de las injurias, en todo lugar y tiempo, el alma y la inteligencia de todo ciudadano debe ser prudente y apoyarse en el consejo, es decir, estar alerta, sin distraer jamás su atención adelantándose con la reflexión y el pensamiento contra los golpes de la fortuna y las asechanzas de los injustos, para que en ninguna ocasión sea sorprendido, desprevenido y desarmado repentinamente ante el ataque del contrario. En cambio, el moverse temerariamente al punto de llegar a las manos con el enemigo, es una acción salvaje semejante a la de las fieras; aun cuando las circunstancias lo exijan. El otro aporte ético a la dimensión social del hombre, tal como lo destaca Lavié7, refiere a que la ley natural, que es común a todos los hombres, es anterior y superior a todas las leyes positivas, civiles y escritas por los Estados; además, cabe precisar que la unidad de la sociedad deviene en la unidad del género humano, es decir, la naturaleza común es la causa de la cohesión de las cosas, en otras palabras, el ideal del ciudadano es optar por un principio de carácter ecuménico que reemplaza el deber cívico. Para comprender este aspecto se debe considerar que los estoicos estiman la ciudad, sin embargo, constatan la degradación histórica de ella, por ejemplo, el reino de conquista alejandrina, en torno al 326 a. C., es una apariencia de unificación, puesto que las diversas leyes y constituciones produjeron incomunicaciones.

A modo de conclusión, y complementando a Restrepo8, se puede destacar que si bien los aportes de esta escuela tuvieron importancia para el contexto del imperio romano, siguen estando vigentes para nuestra sociedad, en especial porque hoy en día surgen distintas interrogantes para tratar de comprender el mundo, y frente a ello el estoicismo ofrece como respuesta vivir según nuestra naturaleza, según la Razón que ordena el mundo para alcanzar la felicidad que tanto se anhela. Además, la propuesta ética de los estoicos ofrece un estilo de vida que puede ser atrayente para nuestros días, pues favorece nuestro cuidado personal, en especial frente a nuestra dependencia de las redes sociales, lo material y reducción de nuestras acciones al utilitarismo.

Con respecto a la actividad civil, al igual que lo expresa Lavié9 y Restrepo10: el aporte del estoicismo invita a ser prudente y, por ende, evitar ser temerario, no llegar a la agresión física con el enemigo por ser una acción salvaje semejante a las fieras. En otras palabras, el sabio será un buen ciudadano y este asumirá que la ley de la naturaleza es la constitución de la sociedad porque refleja el orden y unidad cósmica.

Notas

[1] Restrepo, J. (2006). El estoicismo como una propuesta alternativa para la contemporaneidad. Revista Lasallista de Investigación, 3(2), 53-61. Sitio web: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=69530210

[2] Fraile, G. (1997). Historia de la Filosofía, 7ma. reimp. Biblioteca de Autores Cristianos. 

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

[5] Restrepo, J. (2006). El estoicismo como una propuesta alternativa para la contemporaneidad. Revista Lasallista de Investigación, 3(2), 53-61. Sitio web: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=69530210

[6] Elorduy, E. (1972). El Estoicismo. Editorial Gredos S.A. 

[7] Lavié, C. (2005). Ética y política en el estoicismo antiguo. Algunas reflexiones. X Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional del Rosario. Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional del Litoral, Rosario.https://cdsa.aacademica.org/000-006/30.pdf

[8] Restrepo, J. (2006). El estoicismo como una propuesta alternativa para la contemporaneidad. Revista Lasallista de Investigación, 3(2), 53-61. Sitio web: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=69530210

[9] Lavié, C. (2005). Ética y política en el estoicismo antiguo. Algunas reflexiones. X Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional del Rosario. Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional del Litoral, Rosario.https://cdsa.aacademica.org/000-006/30.pdf

[10] Restrepo, J. (2006). El estoicismo como una propuesta alternativa para la contemporaneidad. Revista Lasallista de Investigación, 3(2), 53-61. Sitio web: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=69530210

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Cita este artículo (APA): Camacho, L. (2024, 04 de julio). El estoicismo y algunos aportes éticos para el hombre como individuo y ciudadano. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/07/etica-estoica-caracteristicas

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#antropología, #Estoicismo, #ética

por Rodrigo Camacho

Licenciado en Filosofía y Mg. En Educación Superior. Área de investigación: Filosofía de la Educación y Didáctica de la Filosofía. 10 años de Docencia en diversas instituciones de Educación Superior.

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