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Nietzsche, paridor de centauros: relaciones entre su filosofía y la ciencia de su tiempo

En los tiempos presentes, las reflexiones filosóficas sobre ciencia suelen tomar posiciones polarizadas. ¿Qué puede enseñarnos la filosofía de Nietzsche sobre nuestro pensar filosófico de la ciencia?

En el presente texto se va a exponer de manera esquemática y accesible un modelo de relaciones entre ciencia y filosofía para el particular caso de Nietzsche. ¿Cómo puede inspirarnos el proceso interpretativo de la ciencia que hay en la filosofía de Nietzsche para el filosofar presente?

Poniendo contexto

Es conocido que Nietzsche se introdujo y estudió los principales debates científicos de su tiempo. También era filólogo, por lo cual tenía conciencia de sí como científico. Más aún su interés científico no quedaba circunscrito a un campo específico, pues bien es conocido su proyecto de doctorado en filosofía de la biología, así como aquel plan de estudiar físicas durante diez años para dar fundamento cosmológico a su propuesta ética del eterno retorno.

Nietzsche leyó al neokantiano Lange y se introdujo a múltiples debates como aquellos sobre la disipación y muerte térmica del universo, la psicofísica o esa idea de que el percibir está condicionado por las estructuras propias del organismo. Del mismo modo, también tuvo conocimiento de las disputas sobre el átomo, las teorías de la evolución, los estudios lingüísticos de Gustav Gerber y el problema de la acción a distancia.

Otro episodio conocido es su etapa “reelista” así denominada por el propio Nietzsche en honor a la influencia que tuvo en él el pensamiento de su amigo Paul Rée. Fruto de la amistad con Paul Rée, el de Röcken bebió de una filosofía natural de corte positivista. Este hecho resulta cuanto menos particular a nivel biográfico, ya que se produce después de finalizar su amistad con el célebre compositor Richard Wagner. De hecho, podríamos identificar que los cambios en los posicionamientos teóricos de Nietzsche muchas veces quedan aparejados a un proceso de ruptura y formación de amistades. O, al menos, así queda descrito en la biografía sobre Nietzsche elaborada por su ex-amiga y colaboradora Lou Andreas-Salomé1.

Pues bien, este último evento puede ilustrarnos sobre el papel que la ciencia adopta en la filosofía de Nietzsche. Cuando Nietzsche pasa por su etapa “reelista” o positivista, esta es un resultado de su abandono de la metafísica de artista que estaba cultivando por influencia de Wagner. La atención a la ciencia de Nietzsche cumple la función de precisamente desenmascarar aquellas fatalidades de la metafísica.

Entre ellas, una especialmente relevante es aquella división que la metafísica de corte “platonista2” realiza sobre el mundo. El mundo queda dividido en dos. Por un lado, un mundo verdadero situado en lo trascendente, en un más allá de los sentidos y, por otro, el mundo presente, el mundo vivo que queda reducido nada más que a la falsedad, al engaño.

Este proceso de división, esta idea de que nuestra terrenalidad, es algo que debe ser “purificado”, podríamos decir, o desvelado a través de la búsqueda de la verdad en un mundo ultraterreno aqueja a la propia concepción del conocimiento. A juicio de Nietzsche, lo que ocurre con esta metafísica sería que se estaría produciendo una “absolutización del conocimiento”. Dicho de otro modo, se estaría tratando de fijar como absolutos conceptos que tan solo proceden de vivientes con sus particulares procesos y perspectivas. Podría, entonces, decirse que la metafísica al pretender “absolutizar” los conceptos, palabras que además proceden de procesos contingentes —véase la teoría de la génesis del lenguaje de Nietzsche3—, lo que hace es nada más que fijar una perspectiva como si fuera “la verdadera” frente a la infinidad de perspectivas pujantes.

La verdad es la especie de error sin la cual no podría vivir una determinada especie de seres vivos. El valor para la vida decide en última instancia4.

Pues bien, la propuesta de Nietzsche de recuperación de una terrenalidad engarza perfectamente con la atención a los debates científicos de su tiempo. A su modo de ver, la ciencia estaba pudiendo explicar de manera inmanente, es decir, a través de procesos terrenales, aquellas cuestiones cuyas respuestas anteriormente quedaban relegadas al ámbito de lo ultraterreno. Un ejemplo claro, cosa que posteriormente analizaremos, ocurriría con la cuestión de los valores.

No obstante, debemos remarcar, que esta atención a la ciencia en Nietzsche ni mucho menos acontece a través de una fe ciega. Como se puede constatar, este autor aboga por una concepción determinada de ciencia. Esta queda retratada en la obra la Gaya Ciencia como un tipo de ciencia capaz de reír sobre las pretensiones de un saber absoluto.

Por ello, la fe ciega en la ciencia podría considerarse para este autor como nada más que un revival de esta aspiración absolutista de la metafísica:

Nada sería más absurdo que aguardar pasivamente lo que la ciencia establezca de forma definitiva frente a las cosas primeras y últimas… La tendencia a querer poseer en este campo solo certidumbres es una supervivencia del instinto religioso; y nada más5.

Pues bien, y en resonancia con lo expuesto, pudiéramos delimitar que una de las particularidades de esta relación ciencia-filosofía en Nietzsche residiría en que el tratamiento que hace el autor de la ciencia, a la luz de lo que hoy conocemos, no podría considerarse cientificista ni lo contrario.

Otra particularidad, y que se verá en el desarrollo posterior, es que Nietzsche, como filósofo, no se limita a hacer un mero comentario de la ciencia, sino que elabora un proceso interpretativo propio y particular de los debates científicos de su tiempo. Frente a estos, llegaba incluso a posicionarse.

Vamos a ver que, incluso, los principales lineamientos de la filosofía de Nietzsche parecen entrecruzarse o al menos tomar inspiración de ciertos debates que en su época estaban tomando cuerpo en el ámbito científico.

Genealogía de la moral
y teoría de la evolución

Los fenómenos morales son considerados a menudo como algo que se sitúa más allá de los sentidos – como la voz de Dios, como dicen los teólogos. […] A decir verdad, antes de que apareciese la teoría de la evolución, muchos de estos fenómenos no podían ser explicados a través de causas inmanentes, y sin duda una explicación trascendente es siempre más satisfactoria que ninguna explicación. Pero hoy, después de que Lamarck y Darwin hayan escrito sus obras, los fenómenos morales pueden ser reconducidos a sus causas naturales igual que los fenómenos físicos: el hombre moral no está más cerca del mundo inteligible que el hombre físico6.

Aunque esta asociación pueda resultar sorprendente, lo cierto es que el análisis de los valores humanos por parte de Nietzsche toma inspiración de las teorías evolucionistas. La idea principal sería que los valores no proceden de algo así como un más allá ultraterreno que nos obligue a comportarnos de una determinada manera. Al contrario, estos valores responden a una serie de dinámicas de grupo y a una serie de procesos adaptativos. Al entender que algo es “bueno” de una determinada manera nos estaríamos adaptando al medio, también de una determinada manera. Y es que, para Nietzsche, igual que para Darwin, estos procesos serían más bien azarosos sin seguir ningún tipo de trascurso destinal.

Las morales, ahora sí, lo que hacen es pujar entre ellas según un proceso de selección natural semejante al descrito por Darwin. La diferencia residiría en el hecho de que mientras que para Darwin estos procesos se moverían según un principio de lucha por la vida, para Nietzsche la cuestión se rige por una voluntad de acrecentamiento. Los organismos habrían de guiarse por una suerte de “voluntad de ser más”, de imponerse sobre el medio ya sea a través del gregarismo o de cualquier otra posición.

Ahora bien, Nietzsche admite que, su interpretación está circunscrita a una determinada perspectiva, o más bien que su interpretación es su perspectiva. En otras palabras, Nietzsche admite que su tesis de que todo es interpretación, en tanto que se guía por una voluntad de poder, es una interpretación también y “¡tanto mejor!7”.

El problema de la propuesta de Darwin reside en que su teoría contiene una filosofía particular que se corresponde con la de una voluntad debilitada propia de las morales gregarias. Más aún a juicio de Nietzsche, la teoría de Darwin llega incluso a ser una “filosofía para carniceros”. Esto provendría de la idea de que para Nietzsche precisamente lo que contribuye al progreso de la especie serían aquellos eslabones “aberrantes” o débiles. La supervivencia del más fuerte es mera carnicería.

Perspectivismo como atención
a la psicofísica y psicobiología

Es conocido, y ya ha sido mencionado, que Nietzsche tuvo acceso a estos debates científicos a través de la lectura de un neokantiano, de Lange. No obstante, este personaje tiene un carácter particular: era un neokantiano que sostenía una versión psicofísica del idealismo trascendental. En otras palabras, era un pensador que trataba de buscar una continuidad con lo biológico en estas categorías a priori de nuestro conocer.

A raíz de estas averiguaciones, Nietzsche toma conciencia de que nuestros sentidos son selectivos. Una ameba no percibe lo mismo que un orangután. Los procesos perceptivos e interpretativos, podríamos decir, están moldeados por un determinado modo de vida, una determinada instalación en la vida que también configura nuestra perspectiva.

Más aún, y retomando nuestra crítica nietzscheana a la metafísica: para Nietzsche el lenguaje no es absoluto. También tiene su génesis en interpretaciones particulares. Estas estructuras tienen un proceso de generación contingente, no necesario y además surgen a través de un proceso de selección. Es por ello, por lo cual resulta absurda la pretensión de la metafísica: fijar con palabras, con conceptos, una realidad pluriforme y poliédrica que se resiste a esta absolutización del conocimiento. 

De este modo, de la atención a la propia vida y a su pluralidad de formas la filosofía de Nietzsche se interpreta como un posicionamiento filosófico perspectivista.

Del Eterno retorno o del debate
sobre la muerte térmica del universo

Sobre esta cuestión cabría extenderse casi que en una obra entera. Podríamos comenzar por decir que pese a ser uno de los pensamientos más “fulminantes” de la obra de Nietzsche, son escasas las formulaciones de este planteamiento en la obra del alemán. Apenas aparecen algunas menciones en Así habló Zaratustra (1883), La gaya ciencia (1882), Ecce Homo (1908) y en el aforismo 41 de Más allá del bien y del mal (1886).

Por lo pronto podríamos distinguir dos versiones del eterno retorno: una versión normativa, es decir, una versión que propone una ética; y una versión cosmológica, esto es, una versión que se pronuncia sobre el acontecer físico del universo.

Aunque esta cuestión del eterno retorno ya había sido planteada por otros autores previos como Pitágoras, Lucrecio, Schopenhauer y el propio Lange, no puede obviarse que esta formulación nietzscheana se inscribe dentro de los debates surgidos a la luz de la formulación de los dos primeros principios de la termodinámica. Dicho de otra manera, aquellos conocidos como el principio de conservación de la energía y la ley de la degradación de la energía que posteriormente sería conocida como el principio de la entropía.

Estos debates abrieron espacio a una serie de discusiones sobre la concepción del tiempo. Si diéramos primacía al principio de la conservación de la energía, quizás pudiéramos abogar por una concepción circular del tiempo, mientras que, en el otro caso, la aceptación de una ineludible muerte térmica del universo tal vez nos llevaría a una idea lineal de este.

Aunque pueda resultar curioso, para Nietzsche la propuesta circular del tiempo guarda una especial relación con su propuesta ética. La concepción lineal en su modo de augurar un principio y un final pareciera que nos enfocara hacia un “deber ser” penitente. Los procesos se orientarían hacia una meta que nos llevaría a entender lo presente en relación con lo que debería ser con posterioridad. El presente quedaría reducido, podríamos decir, a un mero proyecto, a una vana propuesta de ser algo en el futuro en lugar de constituir algo pleno en sí mismo.

Por el contrario, el eterno retorno en su eterna repetición de lo mismo, en su infinito decir “” al vigente acontecer de las cosas conduciría a que las personas se identifiquen con su destino (amor fati) y vivan en una plena exaltación de la vida. Su modelo de eterna repetición, de aceptación de que nuestras decisiones resuenen una y otra vez en la eternidad de la existencia daría al presente una mayor dignidad.

Por consiguiente, podemos observar cómo un debate propiamente físico lleva a Nietzsche a la promulgación de un postulado ético basado en la reflexión sobre el propio tiempo.

Conclusiones

El presente recorrido nos ha permitido cartografiar las relaciones que hay entre ciencia y filosofía en aquel paridor de centauros conocido como Nietzsche.

El pensamiento de Nietzsche nos ofrece un modelo particular para la filosofía. Ante los pujantes debates de las ciencias, la filosofía no aparta su mirada ni se limita a ser una mera comentarista. La trayectoria intelectual de Nietzsche congrega dentro de sí enseñanzas legadas por las más variopintas disciplinas y quizás de ahí provenga su extrema originalidad.

[…] ciencia, arte y filosofía crecen tan juntos ahora en mí que algún día voy a parir centauros8.

Notas

[1] Andreas-Salomé, L. (2007). Nietzsche. Casa Juan Pablos.

[2] Decimos “platonista” y no platónica para marcar una diferencia entre la interpretación y el papel que tiene el “platonismo” en la filosofía de Nietzsche con el propio pensamiento de Platón.

[3] En su obra Verdad y mentira en sentido extramoral, Nietzsche sostiene una teoría lingüística que entiende que la génesis del lenguaje tendría lugar a través de la metaforización de unas determinadas sensaciones.

[4] Nietzsche, F., Sánchez Meca, D., y De Santiago Guervós, L. E. (2010). Fragmentos póstumos (1869–1874) (2.a ed., Vol. 1), fragmento 34[253]. Tecnos.

[5] Nietzsche, F. (1994). El viajero y su sombra. Edicomunicación.

[6] Nietzche, F. (1986). Humano, demasiado humano, aforismo 37. Editores mexicanos unidos.

[7] Nietzsche, F. (2012). Más allá del bien y del mal: preludio de una filosofía del futuro, aforismo 22. Alianza editorial.

[8] Nietzsche, F. (2014). Obras completas: Volumen III: Obras de madurez I. (Vol. 3). Tecnos.

Bibliografía

Conill Sancho, J. (2007). El poder de la mentira. Nietzsche y la política de la transvaloración. Tecnos.

D’Iorio, P. (2014). El eterno retorno: génesis e interpretación. Guía Comares de Nietzsche, Granada, Comares, 157-207.

Fornari, M. C. (2008). Nietzsche y el darwinismo. Estudios Nietzsche, (8), 91-103.

Kilian Lavernia Biescas. [Oscar Quejido] (4-12-2017) Kilian Lavernia: “La caza mayor del espíritu libre” [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Z5yii-xdl4Y.

Nietzche, F. (2005). Ecce homo. Alianza Editorial.

Nietzsche, F. (1899). Jenseits von Gut und Böse. Archive Classics.

Sánchez Meca, D. (2018). El itinerario intelectual de Nietzsche. Tecnos.

Sellés, M., y Solís, C. (2020). Historia de la ciencia. Espasa.

Small, R. (1986). Boscovich contra Nietzsche. Philosophy and Phenomenological Research, 46 (3), 419-435.

 Stiegler, B. (2008). El joven Nietzsche y la ciencia, el caso de Demócrito. Estudios Nietzsche, 8, 119- 131.

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Artículo de:

Aurora García Carreras (autora invitada):
Profesora e investigadora en Filosofía. Actualmente, se encuentra realizando su tesis doctoral en Filosofía y Ciencias del Lenguaje en la Universidad Autónoma de Madrid.

Cita este artículo (APA): García, C. (2024, 09 de julio). Nietzsche, paridor de centauros: relaciones entre su filosofía y la ciencia de su tiempo. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/07/nietzsche-paridor-centauros

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