¿Qué es la vida? Ortega y Gasset responde

Cuando nos planteamos la pregunta acerca de qué es la vida, nos percatamos de que no es fácil dar una respuesta. La vida es algo distinto del resto de cosas con las que nos encontramos dentro de ella. No nos topamos con la vida como lo hacemos con una silla, con una persona, con un pensamiento o con una emoción; la vida es aquello que ya está de suyo en todos esos encuentros. Porque para poder encontrarnos con esa silla, esa persona, ese pensamiento, o esa emoción, primero debíamos estar vivos. Por eso, la vida posee una realidad distinta al resto de cosas; ella es la realidad radical. No entendiendo “radical” como algo extremista o fanático, sino como el hecho de ser raíz, base, fundamento, de todo lo demás.

Vivir es el modo de ser radical: toda otra cosa y modo de ser lo encuentro en mi vida, dentro de ella, como detalle de ella y referidos a ella. En ella todo lo demás es y es lo que sea para ella, lo que sea como vivido1.

Consecuentemente, la cuestión en relación con qué es la vida, no queda reducida a una pregunta entre otras, sino que se torna crucial y urgente para poder comprender todo lo demás que en ella acontece. Porque todo lo que se nos da en la vida, se nos da primariamente como algo vivido por nosotros, como algo ya de antemano instalado en nuestro vivir; de manera que, para alcanzar a comprender plenamente todas las demás realidades que en la vida se nos dan, se vuelve necesario antes examinar la propia realidad de la vida misma, tratando de dar cuenta de su peculiar carácter radical.

Ahora bien, siendo la vida una realidad tan distinta de las otras, en tanto que condición de posibilidad de todo lo demás, no podemos pensar la vida como pensamos el resto de cosas. No podemos concebirla en términos de cantidad, de cualidad, de sustancia, de lugar, y demás categorías que se venían usando desde la antigüedad para pensar el ser de todas las realidades. Hacen falta unas categorías del vivir, distintas de aquellas, que recojan los rasgos esenciales de la vida misma. Ortega y Gasset comienza respondiendo a esta cuestión con cierta noción de la vida que todos adquirimos en nuestra experiencia inmediata de ella, esto es, que vivir es saberse y comprenderse. Vivir es saber que estás vivo. Pero no tomando aquí este “saber” como un conocimiento científico o intelectual, sino como la consciencia de nosotros mismos en tanto que personas vivas. 

En la medida en que vivir es un saberse vivo, la vida se nos pone de manifiesto como algo nuestro, cuya responsabilidad recae en nosotros y en nadie más. La vida de uno es suya y ningún otro puede vivirla por él. Cada cual es responsable de tomar las riendas de sus propias decisiones. Pero esas decisiones no se dan en un terreno abstracto, independiente de todo lo demás, sino en una vida inscrita en un determinado mundo, en un determinado contexto, en una determinada circunstancia. Vivir es encontrarse en el mundo, en el mundo concreto del aquí y del ahora. Así, nuestra circunstancia no comparece como algo externo a nuestra vida, sino como parte fundamental de ella. No está nuestro “yo” por un lado, y el mundo que nos rodea por otro, sino que ambos constituyen una unidad indivisible. Por eso, dice Ortega2:

Si existe sujeto existe inseparablemente objeto y viceversa. Si existo yo que pienso, existe el mundo que pienso. Por tanto: la verdad radical es la coexistencia de mí con el mundo. Existir es primordialmente coexistir —es ver yo algo que no soy yo, es amar yo a otro ser, sufrir yo de las cosas […]—. Se trata, pues, de una interdependencia, de una correlación, en suma, de coexistencia2.

Nuestra vida consiste en vivir en un mundo. Incluso cuando intentamos despegarnos de la realidad mundana a la que pertenecemos, por ejemplo, al darnos a la reflexión abstracta de ideas. Tal acción presupone que haya un sujeto vivo que piense, y ello implica que tal sujeto está inscrito en cierta circunstancia que le posibilita llevar a término algunas decisiones y le imposibilita realizar otras. Ahora bien, conviene señalar que cuando Ortega y Gasset habla de “mundo” no se refiere solo al mundo físico, sino que abarca con ese concepto todo aquello que nos rodea, lo cual pasa por incluir valoraciones, emociones, acontecimiento. Nuestra circunstancia es todo aquello que nos afecta. Pero tal circunstancia no es escogida por nosotros. Es cierto que, dentro de nuestra vida, podemos decidir, no estamos determinados, pero el abanico de decisiones disponibles para nosotros está fuertemente condicionado por nuestra circunstancia. En este sentido, la vida es fatalidad. Decidimos dentro del mundo, pero no decidimos nuestro mundo. No elegimos nacer en cierto lugar o momento, no decidimos que nos ocurran ciertos sucesos. 

Cabe renunciar a la vida; sin embargo, si se vive, no cabe elegir el mundo en el que se vive. Esto da a nuestra existencia un gesto terriblemente dramático. Vivir no es entrar por gusto en un sitio previamente elegido a sabor, como se elige el teatro después de cenar, sino que es encontrarse de pronto, y sin saber cómo, caído, sumergido, proyectado en un mundo incanjeable, en este de ahora3.

Hay, pues, cierto campo donde puede nuestra libertad hacer acto de presencia; y los límites de ese espacio para la libertad los marca nuestra circunstancia. Ahora bien, es esa fatalidad la que posibilita nuestra libertad, porque si tuviéramos infinitas posibilidades entre las que escoger, nos quedaríamos paralizados ante la ingente cantidad de opciones. De esta forma, estando nuestras posibilidades condicionadas por nuestra circunstancia, la vida también es libertad. No somos seres determinados, podemos elegir entre las diversas opciones que se nos ofrecen. Así entendida, la vida no es algo ya resuelto, es un problema perpetuo, es un proyecto que tenemos que ir construyendo, y al hacerlo, nos construimos a nosotros mismos. Vivir es decidir lo que vamos a hacer y lo que vamos a ser, y esa decisión recae sobre nosotros, nadie puede vivir nuestra vida por nosotros, nadie salvo nosotros puede resolver este problema propio que es nuestra vida. 

Pero, ejercer nuestra libertad, supone tener la mirada puesta en el futuro. Siempre que decidimos, lo hacemos de cara al porvenir y a lo que en él queremos que acontezca. Es en ese tiempo venidero donde se da la vida, la libertad, las nuevas posibilidades. El tiempo vital consiste en el futuro, pues hacia él queda volcado nuestro proyecto de vida. Ahora bien, esto no quiere decir que debamos dar la espalda al pasado y olvidarnos para siempre de él; podemos mirar hacia atrás, pero siempre para recoger algo que nos pueda servir en el presente con miras a alcanzar la realización del futuro que deseamos. Ponemos tanto las lecciones del pasado como la acción presente al servicio del futuro. Los tres instantes de tiempo 一lo que hemos hecho, lo que hacemos y lo que queremos hacer一 se entrelazan entre sí configurando el entramado esencial de la vida.

Lo decisivo no es la suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser: el apetito, el afán, la ilusión, el deseo4.

Notas

[1] Ortega y Gasset, José. (2019). ¿Qué es filosofía? Pág. 212. Austral: Barcelona. 

[2] Ibídem., pág. 218.

[3] Ibídem., pág. 229.

[4] Ibídem., pág. 254.

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Cita este artículo (APA): Quirós, A. (2024, 20 de julio). ¿Qué es la vida? Ortega y Gasset responde. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/07/que-es-la-vida-segun-ortega-y-gasset

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