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Reflexión filosófica sobre la filosofía misma

La filosofía es un juego de círculos: no podemos definir el ser como si fuera un ente más, porque para definir el ser —si es que se puede— necesitamos haber definido previamente lo que es ente, al mismo tiempo que para definir lo ente necesitamos determinar qué es ser. No podemos definir la filosofía como si fuera un objeto filosófico más, porque al tratar de definirla de esta manera estamos haciendo filosofía, de modo que damos por supuesto aquello cuyo ser queremos delimitar para poder explicar aquello mismo de lo que estamos intentando dar cuenta. Es decir, que el intelecto acaba dando siempre vueltas sobre sí mismo sin llegar a ninguna parte cuando intenta aclarar ciertas cosas.

La cuestión es: si no podemos hallar la respuesta a la pregunta por el «qué es» de la filosofía, ¿cómo podemos saber entonces qué se supone que hacemos cuando hacemos filosofía? ¿Cómo podemos saber siquiera que estamos haciendo filosofía y no alguna otra cosa que se le parezca, pero que no es lo que es ella? 

Considero que el intento de categorización de todo lo que uno puede encontrarse en la realidad responde a la obsesión falo-logocéntrica occidental por reducir todo lo que es a algo cognoscible por un yo que piensa, con el tal de dominarlo y someterlo al yugo opresor de la razón matemática cartesiana.  Pero hay que reconocer que existen maneras diferentes de ser-en-el-mundo de aquella del sujeto moderno calculador y cerrado en sí mismo, que no solo las ciencias puras dicen verdad de lo ente, e incluso que hay alternativas a la verdad como forma de trato con las cosas que son.

¿Cuáles son esas formas de relación sujeto-objeto que son distintas de la relación que es la verdad como adecuación científica entre el pensamiento y la cosa? Una de ellas es el arte en su sentido más general y creativo. ¿Qué tipo de relación establece el intelecto humano con el mundo a través del arte? Habría que preguntarse primero, antes de responder a esta interrogación, si eso que se relaciona con el mundo a través del arte es el intelecto o es, en realidad, otra cosa. ¿Para qué hacemos esto? Para dar cuenta de que la filosofía no ha de someterse ni a las ciencias ni al arte ni tampoco a ninguna categorización que queramos darle, porque ella misma es en sí un arte y una ciencia, ella misma crea y categoriza, ella misma es una forma diferente de tratarse con las cosas y no simplemente una cosa más que debamos conocer como un ser-ante-los-ojos. ¿Cómo va a estar muerta la filosofía? Lo que está es a punto de nacer.

El artista es un ente divino y creador constante de nuevas realidades, sistemas de metáforas y símbolos. Como tal, su potencial en el trato con el mundo es ilimitado. No limita o cohíbe a las cosas, no las sujeta como el yo moderno, sino que las dota de un nuevo ser en la realidad del cuadro, la realidad del tatuaje, la realidad de la música, la de la poesía, la de la literatura, la del arte en general. El artista no se cree superior al resto de entes. Reconoce su inferioridad, su pequeñez o al menos los trata como iguales al darles la nobleza del retrato artístico. El artista se relaciona con el mundo como con un amigo que es libre y no como con un súbdito que ha de ser sometido.

El científico, por su parte, es un ente mundano que cree poder mirar por encima del hombro al resto de entes. Lee el mundo en términos matemático-lógicos de verdad y falsedad, considerando que es él quien tiene la potestad de definir lo que reúne las condiciones necesarias para ser llamado «objeto», que son las condiciones necesarias para poder decir que algo es en sentido estricto. El científico moderno asesinó a Dios y a Aristóteles para sentarse en su trono y gobernar en el orden de los objetos, pero esta ha sido únicamente la venganza de una voluntad resentida por haber estado ella misma sometida al gobierno de la religión y las cosas mismas en el modelo griego y medieval. 

El científico es un hombre de ojos viejos, barbudo, solitario, egocéntrico, narcisista, miedoso y triste que se piensa a sí mismo como racional y que, por ende, necesita tener el control para sentirse seguro, para que su espíritu pueda estar como en casa. El artista es una mujer joven, bella e inteligente, pasional y creadora de una nueva visión del mundo. 

Pero este binarismo es demasiado limitante, demasiado coercitivo, demasiado restrictivo, demasiado sexista, y debe ser superado, recordado como lo antiguo, pero aprovechado al modo del escalón para construir una mirada más fresca, más jovial; a saber, la mirada filosófica, pues ella es —o debe ser— en sí misma arte y ciencia, creadora y ordenadora. Ella ha de ser la unión final entre lo masculino y lo femenino, el tratado de paz entre lo espiritual y lo material, la síntesis superadora del modo binario de concebir el ser e interpretar lo que es que hemos venido arrastrando tanto tiempo.

Frente a la verdad como adecuación entre el intelecto y el objeto, ha de situarse la creación artística. Y frente a ambas, la mirada no binaria del nuevo filósofo. Y la pregunta ya no debe ser qué encierra ese «mirar» o lo que es igual, la cuestión de qué es la filosofía, sino quién es o quién habrá de ser este nuevo filósofo, qué es lo que quiere y cuál es la forma de su voluntad.

¿Quién es o habrá de ser, pues, este nuevo filósofo? Un artista científico o un científico artista. ¿A dónde se dirige su querer? A crear una nueva mirada dirigida al mundo que no lo vea cono yermo y hostil, o quizá que no sea ella misma yerma y hostil. ¿Cuál es o habrá de ser la forma de su voluntad? Una voluntad jovial, graciosa, cómica, capaz de reírse del aburrimiento trágico y de soltar una carcajada ante el resentimiento de Occidente. Una voluntad que habrá de constituirse a sí misma con el tiempo, o quizá salir de la propia idea de tiempo para proponer una alternativa a los ya arcaicos conceptos que tantos dolores de cabeza nos han dado en el ámbito de la metafísica.

Es hora de construir una nueva, vigorosa, saludable y gentil visión del mundo: un alegre saber recién nacido que logre aunar y superar el espíritu de la senil ciencia y el lozano arte. Es hora de romper otra vez la cabeza de Zeus para que nazca una nueva Atenea. Construyamos un nuevo sentido para la vida, el mundo y la vida en el mundo. ¡Celebremos el inicio de la reconstrucción de la filosofía! ¡Festejemos por su nuevo despertar! ¡Brindemos por el resurgir de nuestra ave fénix!

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Cita este artículo (APA): Gómez, G. (2024, 02 de julio). Reflexión filosófica sobre la filosofía misma. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/07/reflexion-sobre-la-filosofia

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