Hacia una filosofía política

Cuando se habla de política solemos voltear a los políticos o aquellas actividades que tiene que ver con las leyes o con todo lo relacionado con los gobiernos en turno. Se nos olvida que hay algo atrás de esas actividades, hay algo más complejo que es la relación del ciudadano con la política y como este se debe relacionar con la misma.

Política no es solo votar y elegir al nuevo gobernador, presidente, o elegir qué ley será buena o no; el hacer política va más allá, tiene que ver con la reflexión, del porqué estoy a favor o en contra de algún proceso o actividad que pueda o no beneficiar a mi comunidad, ya que la política es más colectiva que individual.

El Zoon politikón

El ser humano, como decía Aristóteles1, es un ser social por la naturaleza; esto quiere decir que está en constante comunicación con el otro, que este otro no es más que su igual. Con la formación de las primeras sociedades, tal y como las conocemos, o incluso desde las sociedades nómadas, podemos encontrar un tipo de estructura social donde hay roles de comportamiento o en su caso roles de actividades destinadas a un mismo fin.

Dicho fin podría estar relacionado con la caza, la recolección, la pesca, eso en un sentido más de las sociedades nómadas; pero en el paso a las sociedades sedentarias, los roles fueron aumentando de una manera más exponencial, dando así a las diferentes actividades humanas donde se conjuga la comunicación entre los individuos que conforman una sociedad.

Para llegar a esto se tuvo que tener una noción de donde se pertenecía, es decir, a que sociedad pertenezco y cuál es mi función en ella, para de esa manera servirle a mi comunidad. En un principio se llegaban a ciertas decisiones bajo un consenso, para ello se debía llevar a cabo una votación entre la comunidad para llegar a un fin que beneficiaría a todos por igual o en su caso solo a un sector en específico como pueden ser los comerciantes donde se discute cuál es el mejor mercado para mover sus productos entre muchos otros, esto en una forma primitiva de hacer política.

Digo primitiva debido a la perspectiva actual, donde el hacer política es cuestión de los estados, quienes son los encargados de regular y organizar la forma en la que se gobiernan las diferentes ciudades-estado. El ciudadano dentro de esta organización tiene funciones específicas que tienen que ver con el correcto funcionamiento de las ciudades-estados, es decir, sin la sociedad, el estado no funciona y sin el estado la sociedad no funciona, debido a que ambas partes deben de caminar juntos en la dinámica de estado-ciudadano.

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La influencia romana

Para poder entender lo anterior, hay que remontarnos tal vez al modelo que aún sigue vigente en la actualidad, pero con algunos cambios dependiendo el contexto con el que se aborde; nos referimos al derecho romano, este es la relación entre el Estado y el ciudadano, donde se rige la vida pública de la sociedad.

Aquí se buscaba una paz social. Recordemos que la sociedad romana estaba sumamente jerarquizada. En primer lugar, se encontraba el emperador, seguido por el senado, cuyos miembros eran considerados patricios y gozaban de diversos privilegios políticos y culturales. Luego, estaban los plebeyos, el pueblo en general, que no siempre tenían acceso a los mismos derechos y privilegios. Por último, estaban los esclavos, quienes no tenían derechos y eran propiedad de sus amos.

El derecho romano trataba de promover una cierta igualdad entre estos estratos, siempre apelando a la razón de los ciudadanos. Sin embargo, no todos podían disfrutar de estos privilegios; aquellos nacidos fuera del estado romano no podían gozar de los mismos derechos. El Estado era responsable de proporcionar lo necesario para el correcto funcionamiento de la sociedad, mientras que la sociedad debía actuar conforme a sus derechos adquiridos para que todo funcionara conforme a lo establecido.

Durante las diferentes etapas históricas de la humanidad, la relación entre el estado y el ciudadano ha cambiado de acuerdo a las necesidades de ambas partes. Por un lado, está el Estado, que busca controlar y gestionar adecuadamente la sociedad; por otro lado, está la sociedad, que busca el desarrollo de una vida plena, es decir, llevar una vida digna.

En el imaginario colectivo, esta relación parece perfecta: el Estado administra la vida pública y la sociedad facilita esta tarea. Sin embargo, en la práctica, ocurre lo contrario. A veces, el estado abusa de su poder para lograr objetivos que benefician solo a unos pocos y no a toda la sociedad. Esto se debe a que dentro de él hay personajes, es decir, ciudadanos que representan al Estado ante la sociedad y que con sus acciones pueden beneficiar o perjudicar, según sea el caso.

La postura
de Hobbes

Este tema ha sido ampliamente estudiado por las ciencias sociales que analizan e interpretan el comportamiento humano. Además, grandes pensadores se han preocupado por establecer el correcto funcionamiento de la sociedad. Uno de los más importantes fue el filósofo inglés Thomas Hobbes, quien se dedicó a establecer cómo debería actuar el hombre en sociedad para lograr una paz perpetua.

Dentro de su pensamiento, Hobbes destacó ideas utópicas sobre el papel del Estado2, el cual debe garantizar los derechos y la libertad de los seres humanos. Según Hobbes3, el hombre en su estado de naturaleza es un ser que sobrevive por instinto, lo que lleva inevitablemente al enfrentamiento entre individuos. Él veía al ser humano reducido a su nivel más básico, en el cual la vida es solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve.

Si analizamos la postura de Hobbes4, podemos ver que tiene relación con lo mencionado anteriormente: el Estado es el aparato más importante de una sociedad, ya que organiza y asegura su correcto funcionamiento. Sin embargo, la sociedad está compuesta por individuos con pensamientos propios, que no siempre coinciden con los de sus semejantes. Esto puede ser un problema para el Estado en su búsqueda del bien común, por el hecho de que siempre habrá sectores en desacuerdo. En esos momentos, surge la oposición, lo que puede traducirse en una intervención en la búsqueda de intereses sociales.

Filosofar
desde la política

Es en este momento donde la política hace su trabajo, brindando las herramientas teóricas a la sociedad para que le permita poder elegir las acciones correctas en función del bien común; si a esta ecuación le agregamos un pensamiento filosófico, podemos ver más allá de una simple decisión consensuada: se pueden analizar el origen y el porqué de cada decisión tomada; se puede hacer una hermenéutica de las teorías políticas utilizadas en pro de la sociedad y ver si en verdad son beneficiosas o si solo están diseñadas para lograr objetivos, donde los que se beneficien sean unos cuantos.

El hacer una filosofía política es ver cómo nos relacionamos y como nuestra personalidad afecta nuestra manera de ver el mundo, ya que cada individuo es un ser complejo que se va desarrollando y relacionando de acuerdo a sus experiencias y expectativas, las cuales pueden resultar negativas o positivas en el momento de buscar ese fin común tanto individual como colectivo.

Notas

[1] Aristóteles: El hombre es un ser social por naturaleza (2023, 12 de septiembre). Fundación Torres y Prada. Sitio web: https://fundaciontorresyprada.org/aristoteles-el-hombre-es-un-ser-social-por-naturaleza/

[2] La teoría política de Thomas Hobbes y su influencia en la construcción del principio de legalidad en el Estado moderno. (2016). Revista Vía Iuris, 20. https://revistas.libertadores.edu.co/index.php/ViaIuris/article/view/716

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

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Artículo de:

José Ismael Mascorro Martínez
Egresado de Etnohistoria por la ENAH y de Filosofía e Historia de las Ideas por la UACM.

Cita este artículo (APA): Mascorro, J. (2024, 13 de agosto). Hacia una filosofía política. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/08/que-es-la-filosofia-politica

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