La situación de la sociedad actual con respecto a la falta de recursos económicos de no pocas personas es muy notoria, y tratar de explicar sus causas a grandes rasgos es algo complicado, ya que no se debe a un detonante particular. Dicha carencia viene acompañada, también, de una desigualdad que ciertos sectores sociales provocan, ya sea por diferencias de pensamientos en distintos ámbitos, como lo son el religioso o el político, por mencionar algunos; incluso la distinción racial sigue jugando un papel central, sin olvidar la influencia de la ubicación geográfica. Al menos eso es lo que se piensa al respecto.
No estamos buscando explicar las causas históricas de esto, sino, más bien, echar un vistazo al panorama actual del problema con la esperanza de conocer más a fondo sus raíces para poder erradicarlas. Si se recurre en algún momento al pasado, será únicamente para enriquecer la información presentada.
Para adentrarnos más en el estudio del tema es importante definir uno de los términos de los que hablaremos para evitar caer en equívocos: con respecto a pobreza, decimos que este concepto dista mucho de tener un significado específico1 dentro de los distintos escritores u organismos internacionales que hablan del asunto, pero al final sus perspectivas son similares: Tenemos, por ejemplo, al Banco Mundial y a la Unión Europea, que definen que cierto grupo de personas se encuentran en situación de pobreza si cumplen la siguiente característica:
No cuentan con los recursos para adquirir los bienes que considera esenciales la mitad de la población2.
Puede considerarse de manera individual o como núcleo familiar. Así, podemos percatarnos aquí de una convergencia entre los términos pobreza y desigualdad, ya que ciertos sectores de la población se distinguen del resto por carecer de lo esencial para vivir.
Ahora bien, siguiendo la línea de la explicación del término, encontramos que para Marx hay una clara desigualdad entre el pobre y el rico:
El hombre rico es el que necesita y cuenta con mucho para satisfacer sus necesidades, y el pobre el que cuenta con poco, con menos de lo suficiente. Serían aquellos seres humanos que no pueden satisfacerse y, por tanto, están en la peor condición humana que se puede estar3.
Como pudimos observar, son definiciones distintas, pero que en esencia vienen a ser lo mismo. Y una vez delimitado el sentido en el que nos enfocamos al referirnos a pobreza, es momento de ver algunos factores que la propician dentro de nuestra sociedad actual.
Algunos consideran que la carencia de los bienes necesarios en la actualidad es consecuencia del capitalismo, a pesar de jactarse de ofrecer una igualdad económica gracias a sus políticas institucionalizadas4. Este sistema supone que todos cuentan con igual número de oportunidades para obtener, con esfuerzo, los bienes necesarios de una vida digna, pero, sucede lo contrario y en proporciones desmedidas. Si pensamos en comunismo y socialismo, por agregar más ejemplos, la cosa no pinta muy distinto. Y curiosamente, a su manera, los tres sistemas mencionados ofrecen una utópica igualdad. Entonces, ¿cuál es la raíz en sí?
Es claro que aumenta la desigualdad, pero ¿en dónde está su causa? Si es evidente que se busca el desarrollo y, con esto, el progreso de los pueblos, entonces, ¿por qué estos resultados? La respuesta podría estar en lo que se pone como fin. Dice Ratzinger:
El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza5.
La desigualdad aquí juega un factor crucial en el tema, porque una vez que se quieren concentrar los beneficios del desarrollo en sectores pequeños, a costa del resto, es cuando suceden estas problemáticas.
Además de esto, se viven situaciones de corrupción en donde están involucrados sujetos económicos y actores políticos, sin que nadie quede exento, porque, tanto en países desarrollados, como en aquellos que van en vías de desarrollo y, más aún, los que están sumidos en pobreza, se viven estas situaciones de ilegalidad6, y esto como resultado de lo mismo que veníamos hablando en líneas anteriores: interés por querer acumular más bienes a costa del detrimento de otros.
Todo, al final, tiene una marca notable del relativismo tan presente en nuestros días, el cual termina por quitarle el sentido verdadero a las cosas, convirtiendo en importante lo que en realidad no lo es y pasando a segundo plano lo que tiene un valor trascendente.
Estas ideologías que, sin duda, son convenientes para jugar con la dignidad humana terminan por disminuir el valor de la ética, porque no es útil una ética objetiva y que ponga a la persona en primer sitio, ya que es una amenaza que impide una libre manipulación y degradación de los seres humanos7. En pocas palabras, aquello que interfiera en el progreso a costa del trato digno, termina por ser un estorbo.
La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento8.
Solamente así se podrán poner límites a la desigualdad social que impide el bien común dentro de la sociedad. Ahora bien, podemos concluir en lo siguiente:
La pobreza está ciertamente ligada con la desigualdad social, pero dicha desigualdad es a penas la parte visible del problema. Una raíz problemática más profunda que hace que converjan estos dos aspectos en los que hemos girado es la falta de ética, que a su vez es provocada por un relativismo de conveniencia dirigido a calmar las conciencias de aquellos que buscan beneficios a costa del bienestar de los otros; y esto, a su vez, porque se ha puesto al ser humano como un medio para alcanzar el progreso y no como el fin de este. Si se pone a la persona como medio y no como fin terminará por perderse el sentido del desarrollo y cada uno, a su conveniencia, terminará por colocar su propio sentido.
Notas
[1] Cfr. Ardiles, F. (2008, julio-diciembre), Apuntes sobre la pobreza y su cultura, Observatorio Laboral. Revista venezolana. Sitio web: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=219016822007
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] Cfr. Vite, M. (2007, enero-marzo), La nueva desigualdad social. Problemas del desarrollo, Revista latinoamericana de economía. Sitio web: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=11820155003
[5] Benedicto XVI (2009), Caritas in Veritate. Ciudad de México, Ediciones Paulinas, Pág. 28.
[6] Cfr. Ibídem, Pág. 30.
[7] Cfr. Francisco (2013), Evangelii gaudium. Ciudad de México, Ediciones Paulinas, Pág. 54.
[8] Benedicto XVI (2009), Caritas in Veritate. Ciudad de México, Ediciones Paulinas, Pág. 67.
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Cita este artículo (APA): Navarro, O. (2024, 25 de septiembre). Pobreza y desigualdad social. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/09/pobreza-y-desigualdad-social
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