Schopenhauer: ganar las discusiones a través de la dialéctica

Este es, sin duda, uno de los títulos más vistosos de la historia de la filosofía. Nos atrae como una fuerza extraña. Cuando uno lo lee por primera vez no puede evitar experimentar un cierto desprecio por el autor o quizá una suerte de admiración arrogante, pero no se tratará más que de un prejuicio absurdo. Es en las primeras páginas de este tratado cuando Schopenhauer nos hace ver por qué decidimos adentrarnos en este escrito. No será por una voluntad filosófica, sino por otra diferente.

El arte de la discusión es una constante en nuestra vida diaria. Se podría decir que casi todas las conversaciones adquieren, de un modo u otro, la forma del debate. Una mente hábil se preguntaría cuál es la finalidad de estas discusiones y cualquier amante de la filosofía respondería tajantemente afirmando que la verdad ha de ser el objetivo principal de todas ellas. Sin embargo, la realidad práctica es distinta: cuando defendemos una tesis y nuestro contrincante, la opuesta, ninguno de los dos sabe verdaderamente si la verdad está de su parte o de la del rival, pues nadie sabe realmente dónde está la verdad objetiva. Nuestra vanidad nos lleva a querer salir siempre vencedores en estas batallas dialécticas, independientemente de qué sea lo verdadero y qué sea lo falso. Debatimos incluso aunque el interlocutor nos haya hecho ver que estábamos equivocados desde el inicio, porque en el fondo sabemos que quien resulta vencedor en la conversación no es quien juzga con certeza, sino quien defiende su tesis con más habilidad y astucia.

Sucede muchas veces que tras finalizar una de estas discusiones se nos ocurre por fin el argumento que nos habría dado la victoria. Esa es la palabra que verdaderamente importa cuando se trata la cuestión de la discusión: victoria y nada más que victoria. Una victoria por la que se lucha con tesón dada la posibilidad de que el argumento salvador se nos ocurra en medio del caos del debate. Una victoria que es más sencilla si verdaderamente se defiende lo verdadero.

Así es como el autor denuncia la vanidad natural por la cual nos acercábamos a su obra en un primer momento como susurrándonos al oído «sois malvados aunque no lo creáis, la verdad no os importa tanto como llevar razón, y la razón es bien distinta de la verdad«:

En efecto, la verdad objetiva de una tesis y su validez en la aprobación de los contrincantes y los oyentes son dos cosas distintas. (Hacia lo último se dirige la dialéctica)1.

La verdad, pues, no es el asunto de la dialéctica, sino de la lógica. La primera se ocupa del contenido o la materia de la discusión y tiene un carácter eminentemente práctico. La segunda, por el contrario, se ocupa de su forma y tiene un carácter puramente teórico. Por tanto, la lógica formal resulta inútil cuando nos encontramos en la situación de la batalla conversacional. En ese caso necesitamos armas que puedan ayudarnos a defender nuestras propuestas más allá del rígido esquema silogístico.

La dialéctica como tal debe enseñar únicamente cómo podemos defendernos contra ataques de cualquier tipo, especialmente contra los desleales, y, evidentemente, cómo podemos atacar lo que el otro expone sin contradecirnos y, lo más importante, sin ser refutados por el adversario. Hay que distinguir claramente la búsqueda de la verdad objetiva del arte de conseguir que lo que se ha enunciado pase por verdadero2.

Poco después, Schopenhauer defiende que a pesar de que la dialéctica erística se ha sólido llamar «lógica de la apariencia«, lo que busca este arte no es realmente persuadir al oponente, manipularlo y llevarlo al error con tal de someterlo, sino más bien contar con las herramientas necesarias para defender la verdad de los golpes que un contrincante pueda tratar de lanzarnos. Nadie sabe dónde está la verdad, pero debemos intentar alcanzarla y defenderla. Obtener la certeza es tarea de la Erkenntnistheorie, arremeter contra los que la mancillan, es la tarea de la dialéctica erística, una esgrima intelectual que en las manos adecuadas puede ser realmente útil, pero en las manos equivocadas puede ser un arma peligrosa.

Schopenhauer efectúa un estudio detallado acerca de la dialéctica en las obras de Aristóteles y Cicerón para darse cuenta de que ninguno de los dos aporta consejos verdaderamente útiles en un sentido práctico. Cuando habla de los Analíticos y Tópicos de Aristóteles afirma3 que sus intenciones eran buenas, pero no tanto sus resultados. Cuando habla de los Tópicos de Cicerón4, arremete con fuerza, sosteniendo que se trata de una imitación superficial y miserable de la obra del discípulo de Platón. Ante tal insuficiencia, Schopenhauer se ve obligado a exponer 38 estratagemas5, ardides o técnicas conversacionales de las que se sirve la mayoría de la gente para llevar la razón, con tal de que podamos identificarlas, utilizarlas y encajar sus golpes cuando sea necesario, abandonando la rigidez aristotélica y la inventiva ciceroniana para centrarse en lo práctico.

Concluimos, pues, defendiendo la nobleza que reside en la finalidad de la obra del autor alemán: argumentar a favor de la verdad a toda costa, luchando en su favor sea como sea, aunque no sepamos demasiado bien dónde se encuentra la verdad de la Cosa en sí, y reconociendo, por tanto, nuestra limitación cognoscitiva como seres humanos.

Notas

[1] Schopenhauer, A. (2023) El arte de tener razón (Trad. Luis Fernando Moreno Claros). Acantilado. (Título original Eritische Dialektik). Pág. 55.

[2] Ibídem, pág. 70.

[3] Moran, J. (2013). Aristóteles – Analíticos Posteriores. Tópicos, Revista De Filosofía, 3(1), 121–125. https://doi.org/10.21555/top.v3i1.536

[4] Ibídem.

[5] Schopenhauer, A. (2023) El arte de tener razón (Trad. Luis Fernando Moreno Claros). Acantilado. (Título original Eritische Dialektik).

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Artículo de:

Gabriel Gómez Moreno
Estudiante de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Tiene el objetivo de popularizar el pensamiento filosófico más allá del ámbito académico, hasta que la Filosofía vuelva al centro de la vida cotidiana.

Cita este artículo (APA): Gómez, G. (2024, 12 de septiembre). Schopenhauer: ganar las discusiones a través de la dialéctica. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/09/schopenhauer-arte-ganar-discusion-dialectica

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