El avance del trabajo humano y su relación con la tecnología no es un fenómeno reciente. Lo tecnológico ha estado intrínsecamente relacionado con la interacción entre el trabajo y lo humano. No obstante, esta correlación entre términos: trabajo, humano y tecnología ha tomado un matiz distinto en los últimos siglos. En la sociedad contemporánea la relación humano-tecnología es esencial y, a la vez, compleja, ya que esta influye en diversas decisiones del sujeto en la vida social, desde el ámbito educativo hasta el de gobernanza. Además, es importante reconocer que esta interrelación no es la única relevante en la actualidad; otras como: humano-información, humano-sociedad, humano-cultura también son relevantes. Estas relaciones, recíprocas por naturaleza, son dadas y existen para la constitución de lo humano.
En el siglo XXI el avance tecnológico se manifiesta bajo el signo de la “tecnofilia”. Para nuestro análisis, la tecnofilia se define como un profundo apego hacia la tecnología, en caso particular por los teléfonos móviles, cuyo propósito principal es la comunicación. Este concepto rompe con la tradición de la definición de lo tecnológico como mera técnica o proceso orientado a la producción de bienes y, en su lugar, adopta una perspectiva basada en el intercambio de vivencias mediadas por lo tecnológico-digital.
El objeto técnico condiciona la experiencia del sujeto en su vida cotidiana. Las aplicaciones dentro de los dispositivos tecnológicos poseen una función dilapidaría para caricaturizar la realidad; así, los significados producidos desde lo digital son abrumadores. El discurso que sustenta estos significados distorsiona la identidad del humano y sustituye la realidad material de este. Pero, ¿hasta qué punto se puede reemplazar la experiencia humana a través del contenido digital? La inmersión del sujeto en la experiencia digital representa un nuevo paradigma. Lo digital con sus símbolos reconstruye identidades y reemplazan lo real tangible por una realidad dentro de la virtualización digital-emocional. El ejemplo de hoy es el mundo creado y llamado Meta. Con la llegada de Meta y las inteligencias artificiales digitales, lo que antes se conocía como informático y global ha sido subordinado; lo que en su momento fue novedoso en el ámbito informático, hoy es un proceso obsoleto que el sistema cultural y que sus productos desean reprogramar estos antiguos paradigmas.
La tecnofilia introduce al ser humano a nuevas directrices de experiencias, configura una subjetividad centrada en el discurso y la estética. Este fenómeno se presenta a través de un aparato estético que crea y prioriza la viralización del discurso para formar parte de la identidad, la sociedad y la cultura; con esto cumple su propósito de sustituir la identidad del sujeto. Los discursos y contenidos que giran alrededor de una aplicación como Instagram son claves para entender el fenómeno de la identidad reemplazada. En el espacio de la comunicación y el lenguaje, los símbolos y signos a través de los cuales los discursos se presentan, así como las manifestaciones estéticas, penetran en las esferas de la vida política. Estas nuevas tendencias y formas de comunicación cuestionan los regímenes establecidos que instituyen el discurso de verdad y conocimiento, debido a la proliferación de mensajes —Fake news— que reestructuran la experiencia de verdad y conocimiento.
Desde esta problemática, donde los discursos de las aplicaciones de comunicación digital, los aparatos tecnológicos y dispositivos reestructuran la forma en que conocemos y cómo se da el conocimiento; ¿cómo los discursos generados por la cultura contemporánea impactan de manera positiva y negativa en el ámbito de la educación? La cultura, a través de sus manifestaciones estéticas como el arte, ofrece claves para entender este fenómeno. No obstante, la experiencia estética ha evolucionado y en la sociedad de consumo digital el espectador presenta la individuación que determina su lugar en el sistema. Dicha experiencia de lo digital se determina desde el placer de lo visual. Es en el placer de lo visual donde los discursos funcionan como formas de manipulación y están presentes en los espacios de lo educativo, la gobernabilidad y la política.
Uno de los productos emblemáticos de la cultura del siglo XXI es la democratización del Internet. Aunque este fenómeno ha traído beneficios globales y ha establecido un nuevo paradigma, también plantea problemas significativos. La escasa regulación del sistema ha favorecido la reproducción de discursos desde diversos servicios digitales de comunicación. El sistema solo se centra en la comercialización de aparatos tecnológicos y no aborda los problemas subyacentes de estos.
También tenemos a las redes sociales en un lugar destacado. Actualmente, la plataforma digital más popular es Facebook1. Estos servicios cobran sentido en espacios dentro de la red virtual, un mundo digital que se manifiesta a través de dispositivos tecnológicos. Las redes sociales han sustituido en gran medida a los medios hoy tradicionales como el cine, radio, revistas y la televisión. Estos medios tuvieron su impacto en la cultura durante el siglo pasado, pero desde la llegada del Internet y su democratización, estos medios han disminuido su influencia en la cultura contemporánea.
El sujeto contemporáneo se encuentra atrapado en un círculo en el que convergen dos esferas de poder que oscilan sin cesar. El poder económico y el poder político. No obstante, es en lo económico donde la cultura ha establecido sus propias reglas. El cine, TikTok, Facebook, Instagram y YouTube mantienen el todo social. Las redes sociales encarnan una forma de autoritarismo que somete al sujeto a la experiencia del mercado, dado que su funcionalidad reproduce discursos alineados a los intereses del usuario. Es decir, que estas plataformas transforman el fondo y la forma del mensaje. Es su finalidad. Sin embargo, discursivamente se revelan como lo mismo. Una ilusión.
En el ámbito de la educación, las plataformas digitales han transformado profundamente el quehacer pedagógico y docente. Aplicaciones de comunicación como Gmail, WhatsApp, Instagram, Facebook, X se han convertido en nuevas herramientas didácticas que sirven para alcanzar los objetivos de aprendizaje. Las formas del discurso virtual han influenciado de manera ambivalente en la adquisición del conocimiento. Esto genera impactos tanto positivos como negativos. La relación estudiante-tecnología es un fenómeno cuyas consecuencias aún no están claras. Sin embargo, los resultados de la práctica docente sugieren que estas plataformas pueden ser herramientas pedagógicas valiosas que muestran un beneficio en el proceso de aprendizaje de los estudiantes.
Actualmente, las experiencias comunicativas se pueden situar desde enfoques y fines diversos. Para este caso, la educomunicación daría resultado si los discursos que se visualizan en una plataforma digital se promovieran como herramienta en la educación. A manera de actualización en la enseñanza, las redes sociales digitales y los dispositivos tecnológicos como celulares, tabletas, computadoras portátiles, son herramientas que aportan y proponen una nueva práctica del docente. Estos podrán mejorar el manejo de la información y formalizan el uso de contenidos digitales en plataformas de comunicación. Así, productos de la industria cultural contemporánea impactan de manera positiva en la educación para los diferentes niveles educativos.
Por otra parte, la relación estudiante-tecnología presenta desafíos desde el desarrollo cognitivo, los cuales revelan un impacto negativo. El potencial adictivo de las plataformas digitales se debe a que estas generan un grado de placer al usuario al reproducir de manera continua el contenido de estas. Esta adicción a los contenidos puede ser vista como un fenómeno que afecta la relación entre el ser humano y la tecnología. Pero este fenómeno no es sospechoso porque los productos culturales adquieren sentido por su relación humano-económica. Esto significa que las plataformas están estructuradas para vender placer. El algoritmo que determina el mensaje a los usuarios está programado para mostrarle y predecir sus intereses, esto no es más que la subjetividad del sujeto manipulada. En tanto, los discursos se repitan como función del dispositivo y en tanto que la plataforma no limite su discurso, la manipulación será constante.
Como resultado, las experiencias de control y manipulación inherentes a los discursos de las plataformas de comunicación no solo afectan el ámbito educativo, sino también en la toma de decisiones y la responsabilidad social de quienes son sometidos a estos. Esto implica que el riesgo de la vida política está determinado por el discurso hegemónico y sus diversas formas de presentación. La popularidad de un discurso y su viralización son los ejemplos de cómo las decisiones colectivas son comprometidas y ponen en riesgo la capacidad de decidir libremente. También existe el riesgo de que se reproduzcan discursos que generen la pérdida de identidad. Así, las sociedades que participan en la democracia y que hasta hoy gozan de cierta libertad podrían socavar los valores que tanto tiempo les ha costado construir. Finalmente, dentro del proceso de aprendizaje y en la búsqueda de objetivos educativos por parte de los docentes a través del uso de herramientas tecnológicas y aplicaciones de comunicación, es fundamental reconocer la importancia que estas tienen como productos culturales.
La reflexión queda abierta para los usuarios que están insertos en el mercado de la comunicación, la educación y de la generación de contenidos educativos, ya que estos últimos son los que deberán promover los discursos que replanteen el uso de dispositivos tecnológicos dentro de la relación estudiante-tecnología.
Notas
[1] Calderón, R. (2024, 16 de mayo). Facebook, la red social más utilizada en el mundo. IPMARK. Sitio web: https://ipmark.com/facebook-la-red-social-mas-utilizada-en-el-mundo/
Artículo de:

Adrián Audel Rodríguez Tonche
Licenciado en Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalpa.
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Cita este artículo (APA): Rodríguez, A. (2024, 20 de octubre). El sentido residual de los productos culturales del siglo XXI y su impacto en la educación. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/10/el-sentido-residual-de-los-productos-culturales-del-siglo-xxi
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