La obra de Jürgen Habermas es bastante extensa y densa, pero algo que tiene muy en claro el longevo pensador alemán, es que todo su material escrito, ronda en rededor de una noción fundamental, esta es, la acción comunicativa, pues la misma no es solamente una teoría de alcances pragmáticos, como lo hace parecer su adhesión al giro pragmático del giro lingüístico, sino que también parece tener una intención moral. Es decir, la acción comunicativa se convierte en la condición de posibilidad de una sociedad verdaderamente democrática, liberal y, desde luego, postsecular.
Ahora bien, es necesario explicar en qué consiste la noción de postsecularidad y la repercusión que puede tener en el mundo contemporáneo, pues si bien es cierto que esta concepción no es vieja, en el pensamiento habermasiano, es imprescindible ubicarla como un mero presupuesto normativo, no fáctico, para analizar la importancia y la fuerza que Habermas presupone tiene dicho concepto.
Es decir, es crucial interpretar que Habermas define la sociedad postsecular como un ideal regulativo, motivado por la acción comunicativa, para una sociedad realmente funcional en términos de un Estado de derecho y libertades, donde todos los actores tengan las mismas posibilidades de hacer saber sus opiniones y no solamente los de una mayoría cultural o religiosa.
Con esto, Habermas explicita el hecho de que la religión, contrario al pensamiento ilustrado, no ha sido erradicada del pensamiento humano, de sus costumbres y, por ende, de sus sociedades. Al contrario, la religión ha tenido una revitalización insospechada. Por ello, los valores y los marcos normativos de las sociedades contemporáneas, se encuentran reguladas por las nociones de bien y mal del pensamiento religioso. Pero estas tradiciones, al estar inmersas en sociedades, como las occidentales, que se presumen liberales, democráticas y seculares, han chocado con una pared secularista que les niega la voz y el voto en las decisiones políticas por tener una moral religiosa.
A este tipo de sociedades, Habermas las llama secularistas, es decir, sociedades que se han vuelto secularmente dogmáticas y cuya intención de incorporar al espacio público los temas o preocupaciones de comunidades religiosas es, por decir, lo más, mínimo, si no es que completamente nulo.
Por ello, la noción postsecular busca ser una respuesta a estas comunidades políticas y dar cabida a las comunidades religiosas en las disertaciones del espacio público y político.
En la conciencia pública de una sociedad postsecular se refleja más bien una perspectiva normativa que tiene consecuencia para las relaciones políticas entre ciudadanos no creyentes y ciudadanos creyentes1.
Es un lugar donde puedan manifestar sus necesidades y sus concepciones éticas, sobre lo bueno, lo malo, lo justo, lo injusto, lo correcto y lo incorrecto. Así, una sociedad postsecular puede entenderse en este sentido:
Habermas se ha valido a menudo de la expresión “sociedad postsecular” para referirse al proceso de aprendizaje mutuo entre la razón ilustrada y la conciencia religiosa en el seno de las sociedades modernas2.
Es decir, este tipo de sociedad postsecular encuentra su razón de ser en la búsqueda de una sinergia social entre los dos elementos que convergen y, al mismo tiempo, son divergentes en las comunidades políticas contemporáneas. Entre la insistencia en una razón, heredada de los postulados ilustrados que buscaban erradicar todo vestigio religioso de la humanidad, y la conciencia religiosa que se ha negado a desaparecer y, por el contrario, parece cobrar mayor vigor.
Utilizo la expresión «postsecular» para la descripción sociológica de un giro tendencial de la conciencia en las sociedades ampliamente secularizadas o «desacralizadas», que, entretanto, se han orientado a la perduración de las comunidades religiosas y que cuentan con el influjo de las voces religiosas tanto en la esfera pública nacional como en el escenario de la política internacional3.
Es por ello que el proceso de aprendizaje juega un papel central en el desarrollo de una sociedad de este corte. En primer lugar, se debe entender que la sociedad postsecular debe tener como punto de partida una sociedad propiamente secular, democrática y liberal, pues el Estado de derecho será la condición de posibilidad del desarrollo ulterior de esta sociedad. Así mismo, debe aceptarse que las comunidades religiosas tienen los mismos derechos y las mismas libertades de participar en la esfera pública y, en tercero, se debe realizar un proceso de traducción de aquellos enunciados o ideas de cualquier tradición religiosa, a un lenguaje secular, es decir, a un lenguaje que todos los ciudadanos, tanto los de esa confesión, los de otras, así como los ciudadanos laicos, puedan entender.
En la sociedad postsecular se abre paso la concepción de que la «modernización de la conciencia pública» abarca de modo asincrónico tanto a las mentalidades religiosas como a las mundanas y las modifica todas de modo reflexivo4.
Cuando ponemos en contexto la idea y la reflexión, insistimos, plenamente normativa, de una sociedad postescular, podemos pensar en la posibilidad de un mundo que se guíe con base en el respeto de los derechos humanos y el acceso a la esfera pública de cualquier comunidad religiosa; ya que el aceptar y entender las necesidades de los demás, independientemente de la creencia religiosa, permite un entorno ético de diálogo entre actores de distintas formas de pensar y de vivir, sin la necesidad de llegar a la violencia.
Incluso, la pretensión habermasiana será dejar de lado la conciencia secularista dogmática de las sociedades actuales, pero sin dejar de lado la importancia de la secularización a los encargados de la ingeniera institucional, pues independientemente de sus creencias en el ámbito personal, cuando son parte del Estado, deben anteponer los intereses de la comunidad a los suyos y ser partícipes de la inclusión.
Como conclusión, podemos decir que a pesar de que la propuesta de Habermas se enmarca en el deber ser, es decir, en la ética, tiene un alto potencial para aspirar a ser una verdad fáctica; si bien se necesita la convergencia de muchos elementos para su realización, es importante destacar la posibilidad de que esto suceda para generar un mundo más pacífico.
Notas
[1] Habermas, J. (2006) Entre naturalismo y religión. Paidós, p. 117.
[2] Rodríguez, L. (2017) Sobre los dos sentidos del concepto habermasiano de sociedad postsecular. Daimon. Revista Internacional de Filosofía, p. 23.
[3] Habermas, J. (2015) Mundo de la vida, política y religión. Trotta, p. 109.
[4] Ibidem.
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Cita este artículo (APA): Flores, L. (2024, 26 de octubre). Habermas: la sociedad mundial postsecular y su actualidad. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/10/habermas-analisis-sociedad-secular
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