Disolución de criterio: cómo las redes sociales nublan nuestro pensamiento crítico

En la actualidad, sin duda, uno de los problemas más graves que tenemos como sociedad hiperdigitalizada, es la incapacidad para pensar críticamente y solidificar nuestro criterio ante las opiniones impuestas por un puñado de personas a través de las redes sociales.

Esta postura surge a raíz de un extraño fenómeno que observé en Facebook hace un tiempo: mientras deslizaba publicaciones al azar, noté que había una publicación en específico que se repetía con una frecuencia mayor que cualquier otra; en un principio no le presté atención, ya que no observaba ningún tipo de anomalía más allá de ser el típico meme baladí que exige una opinión igual de superflua por parte de quien lo comparte, hasta que, por curiosidad, me propuse leer lo que escribían las personas que compartían la imagen, y fue en ese momento cuando me percaté de que aproximadamente veinte perfiles habían compartido la imagen con el meme y todos, sin excepción, habían expresado la misma idea, sin cambiar ni una coma a la oración, ni un adjetivo. Desconozco quién fue el primer usuario en expresar la idea, pero una vez escrita, el resto de usuarios solo se dedicó a repetirla. Entonces fue allí cuando me pregunté: ¿acaso alguna de esas personas se habrá tomado el tiempo necesario para reflexionar, siquiera por unos segundos, si de verdad comparte la idea? ¿Se habrá preguntado si esa postura concuerda con su propia experiencia, con sus ideales?

En un mundo donde las redes sociales ocupan un lugar central en nuestra vida diaria, basta con tener un teléfono móvil o un ordenador y conexión a internet para, con un simple clic, compartir nuestras opiniones, e incluso prejuicios, al otro lado del mundo. Es fácil encontrar personas que coincidan con nuestras ideas. Sin embargo, esto debería llevarnos a reflexionar: ¿hasta qué punto compartimos esas opiniones con verdadero conocimiento de causa? ¿Hasta qué punto están fundamentadas nuestras posturas sobre ciertos temas? ¿Somos realmente conscientes de las ideas a las que nos aferramos?

Sin esta actitud crítica, cualquiera que exponga un concepto de forma persuasiva, podrá hacernos creer que nosotros también somos partícipes de él, aun si nunca antes lo habíamos escuchado o leído; no obstante, manipularnos sería cosa sencilla.

Las consecuencias de esta manipulación serían devastadoras. En primer lugar, porque nos arrastraría a una espiral de pérdida de criterio e integridad, donde cada opinión repetida y adoptada diluiría nuestra esencia, integrándonos en una burbuja ideológica compartida por miles de personas que, al igual que nosotros, estarían prescindiendo de un necesario examen crítico. Así, corremos el riesgo de caer en las trampas de la polarización política, la desinformación, los discursos de odio y, en última instancia, en una atrofia tanto intelectual como espiritual.

Conclusiones

Vivimos en una época que yo llamo el “síndrome de la fugacidad,” una consecuencia directa del vasto alcance e influencia que las redes sociales han tenido sobre el comportamiento del ser humano contemporáneo. En este contexto, todo contenido —ya sea imagen, texto, video o audio— debe consumirse lo más rápido posible, porque, de lo contrario, nos aburre y lo reemplazamos por algo más “ligero” con solo deslizar el dedo. Esto limita de manera preocupante la reflexión y la autocrítica. Ante este panorama, uno de los actos más necesarios es adoptar una actitud más cuidadosa respecto a los conocimientos y valores que creemos poseer, preguntándonos si realmente fundamentan nuestras ideas y las que compartimos con otros.

Debemos ser capaces de tomarnos el tiempo necesario para cuestionar las opiniones y el contenido que se nos presenta, sepamos o no del tema; si sabemos de él, interrogarnos con rigor sobre los conceptos que lo constituyen y con esto identificar qué tan cerca se está de la realidad; si no sabemos, investigar, informarnos, consultar fuentes verosímiles para poder tener las herramientas necesarias con las que logremos establecer y reforzar nuestro criterio, sin necesidad de compartir a ciegas el de otras personas.

Si gran parte de los usuarios de redes sociales consigue habituarse a esta actividad reflexiva, estoy seguro de que se lograría salir de ese letargo intelectual y espiritual en el que nos ha sumido esta era hiperdigitalizada; a su vez, conseguiríamos combatir los sesgos, la polarización, el fanatismo, la manipulación mediática, la desinformación, el culto a la ignorancia, y un largo etcétera donde caben casi todos los problemas que aquejan actualmente a nuestra sociedad.

Y sí, sé que escribir esto, a todas luces, me da un aire utópico. Sin embargo, si desde los albores de nuestra civilización hemos sido capaces de abrir las puertas del Seol1 de múltiples formas, cada una peor que la anterior, creo que ahora, dadas las circunstancias, para mantener la esperanza de una posible redención, lo mínimo que podemos hacer es pensar que en algún momento seremos capaces de cerrarlas definitivamente, ¿no creen?       

Notas

[1] Sheol o Seol​, según el Antiguo Testamento, es un lugar de oscuridad al que van los muertos. Sheol también es llamado Hades en griego.

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Cita este artículo (APA): Hidalgo, J. (2024, 11 de octubre). Disolución de criterio: cómo las redes sociales nublan nuestro pensamiento crítico. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2024/10/pensamiento-critico-en-la-era-de-redes-sociales/

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