En el tiempo que llevo como docente, específicamente en el área de la Historia de México, un problema latente y generalizado es de retener o aumentar el interés del alumnado en una materia que tiene que combatir el estereotipo de ser demasiada teórica, ergo, poco práctica, aburrida y hasta inútil; generalmente tienen peso las estrategias didácticas y pedagógicas que emplee el profesor frente a la clase, pero hay ocasiones en las que los alumnos pierden de forma casi inmediata el interés porque el tema no le es atractivo. Parece que está relacionado con ciertos contenidos históricos que contienen acontecimientos negativos desde nuestra visión identitaria, por ejemplo: guerras perdidas contra potencias extranjeras, perdidas de territorios, constantes conflictos internos, y el aparente aislacionismo histórico de México en el mundo.
Y esa es la razón en la que surge la pregunta a la problemática: ¿qué elemento del contenido lo convierte en negativo? Y la respuesta es evidente: la narrativa, el discurso implícito en el enfoque con el que se aborda la historiografía mexicana.
Tal parece que el tipo de discurso empleado al narrar cualquier acontecimiento de nuestra historia, de alguna manera disminuye el valor de la identidad individual del mexicano, así como de la sociedad y su multiculturalidad. Se nos inculca un sentimiento de patriotismo soez y vulgar, despojado de cualquier carácter crítico, arrojado a los brazos de los mitos y leyendas, en lugar del análisis, reflexión y crítica de los hechos y procesos. Está enfocado a un simple adoctrinamiento de datos interpretados por aquellos académicos que convengan al Estado, así como a la demagogia e ideología del gobierno en turno; por lo que no hay lugar para la formación de una —auto—conciencia histórica, mucho menos para el pensamiento crítico.
Lo anterior convierte al alumno en un agente pasivo, porque no puede reinterpretar y comprender el suceso narrado, es únicamente un espectador. Esto me hizo notar que existe otro factor —consecuencia del primero—, el cual es la pasividad que provoca en el estudiante esa narrativa, especialmente si queda la construcción del conocimiento histórico estancado en el aula o, peor aún, si se trata de ideologizarlo.
Por lo tanto, para abordar este problema son de interés las respectivas formas filosóficas de abordar la historia, principalmente en estudiarla desde un posicionamiento crítico, llevar a cabo un análisis hermenéutico y horizontal, en el que se muestren los diversos factores que concatenaron a un hecho histórico; y posteriormente hacer trabajo de campo, de investigación social, para comprender mejor sus dimensiones. Sin embargo, es importante posicionarse en una teoría cuya interpretación de la historia facilite el cambio del paradigma en la narrativa educativa mexicana, siendo dicha teoría filosófica de la historia la del pensador prusiano: Immanuel Kant. La historia en Kant se rige bajo una fuerza de la naturaleza que, aunque no determina las decisiones y acciones individuales, sí influye en menor medida. Sin embargo, al analizar nuestro comportamiento social y de la especie, es en donde podemos detectar ciertos patrones en determinados contextos o situaciones, permitiéndonos ver que es nuestra naturaleza —o lo que es para Kant, las leyes de la naturaleza— la que está guiando a la humanidad.
Dentro de esa naturaleza hay dos conceptos clave que nos ayudan a entender la dinámica social y el proceso “universal” de nuestra historia: la libertad y la competencia. La libertad en Kant es la capacidad que tenemos para decidir la forma en la que actuaremos y llevarla a cabo —actuar—. Parece que, en sus diversas formulaciones del Imperativo Categórico expuestas en su obra Fundamentación de la “Metafísica de las Costumbres1”, intenta darle una base moral a lo que actualmente entendemos como el “principio de no agresión” del liberalismo. Entendiendo esto, cabe señalar que al ejercer nuestra libertad sin atentar contra la de otro individuo, trae como resultado un mundo diverso en ideas y creencias, que impide un acuerdo social de consenso rápido y simple: es la “insociable sociabilidad2” kantiana.
Pero Kant no piensa que el ser humano y las personas —en forma natural y general— obren bajo un enfoque de maleficencia, sino que buscamos ejercer nuestra libertad en toda su capacidad. Esto incluye aquellos elementos de carácter subjetivo —ya no universales— como el gusto(estético) y las creencias, que aunado a las distintas formas de pensar, interpretar, valorar y actuar nos complican la sociabilidad, provocando que algunos individuos y grupos escojan la vía del dominio, la violencia o el sometimiento en lugar de la negociación entre todas las partes, ya que su juicio se nubla frente a otros aspectos de nuestra naturaleza (como el impulso, la envidia, la soberbia e ignorancia) causando que la competitividad, esa lucha civilizada que provoca que nuestra especie desarrolle y mejore sus capacidades —principalmente el de la razón— se pierda por una encarnizada y altamente destructiva. Si caemos en tal punto, lo que debemos hacer es buscar una solución que permita la coexistencia de todas las partes involucradas, que dé como resultado algún tipo de mecanismo, una serie de normas e instituciones que impidan que algo así se repita cumpliendo con la finalidad que la naturaleza tiene para nosotros: emplear la razón para resolver cualquier problema que se nos presente —sea externo a nosotros o interno— y poder progresar, maximizando los beneficios.
Todo lo que expliqué anteriormente es para entender la forma en la que Kant comprende el devenir, tanto de nuestra historia como de nuestra especie.
En consecuencia, al estudiar y enseñar historia resulta fundamental analizar la narrativa utilizada en los textos, ya sean educativos o divulgativos. Dicha narrativa conlleva una interpretación e incluso un discurso con distintos propósitos, lo que influye directamente en la manera en que el estudiante asimila el conocimiento. La forma en la que se presenta ese conocimiento es crucial para que esa información sea comprendida y se transforme en conocimiento, en un aprendizaje. Así que, cuando un texto educativo de carácter histórico se basa principalmente en un enfoque meramente ideológico y discursivo —considerando la narrativa de ese texto y el método de enseñanza empleado comúnmente—, convierte la clase en un proceso de adoctrinamiento y no en un espacio para concientizar, reflexionar u opinar. Se pierde el objetivo que tiene la historia desde el sentido kantiano, además del objetivo pedagógico.
Cabe señalar que existen historiadores e investigadores que tienen como finalidad la divulgación del conocimiento histórico de la forma más honesta y objetiva posible. También hay docentes que salen de aquellos modelos y paradigmas que se emplean de forma mayoritaria tanto en el sector público como privado, que son dogmáticos, anticuados y hasta antipedagógicos para emplear aquellos que desarrollen el pensamiento crítico y el aprendizaje significativo. Sin embargo, ambos grupos no pueden realizar sus contribuciones de forma eficaz si el material que se distribuye en los centros educativos, así como el que se permite que llegue de editoriales privadas, sigue la normativa y la narrativa oficial del Estado mexicano (con las mismas deficiencias).
Un claro ejemplo del riesgo que implica la narrativa utilizada en los textos educativos actuales, especialmente en los de Historia de México3, es el siguiente:
Mostrar la historiografía mexicana de manera lineal y aislada del resto de procesos y acontecimientos, cuando la historia es una gran red interconectada en la que México participa. Entonces, lo anterior dificulta en gran medida la comprensión profunda de un suceso o proceso histórico nacional al desconocer cuáles fueron todos los elementos o factores que influyeron en el mismo. También dificulta la comprensión de nuestro papel en el mundo al no relacionar la repercusión que tuvieron nuestros procesos y hechos históricos en la historia regional o global, lo cual es de gran interés para un estudiante y para su formación académica e individual.
Desde una perspectiva kantiana, es imposible resolver los diversos problemas nacionales, tanto internos como externos, sin comprender su origen y el proceso que los ha llevado hasta el presente. En este contexto, la narrativa historiográfica mexicana se concibe y utiliza como un instrumento de adoctrinamiento, lo que limita la libertad de pensamiento y, en consecuencia, impide el uso pleno de la razón para abordar los conflictos que afectan al país, tanto los heredados del pasado como los actuales. Esta situación ha dejado a la sociedad gravemente limitada para enfrentar problemáticas sociales, una condición que encuentra parte de su origen en el sistema educativo.
Concluyo señalando que, tanto en la asignatura —en las clases— de Historia, es imprescindible promover un análisis profundo, consciente y crítico, acompañado de una reinterpretación del discurso presente en los textos históricos. Esto permitirá evidenciar que dichos textos suelen reflejar una postura particular sobre un hecho o un fragmento de un proceso histórico. Tal enfoque podrá motivar al estudiante a explorar otras perspectivas del mismo evento, lo que favorecerá una visión más objetiva y enriquecedora, tanto en la comprensión del suceso como en la construcción de su propia narrativa. De este modo, el estudio de la historia se convierte en un espacio de reflexión que impulsa el desarrollo del pensamiento histórico y fomenta un aprendizaje significativo.
Notas
[1] Publicado en 1785.
[2] La insociable sociabilidad describe la tendencia de los seres humanos a formar sociedades, pero también a resistirse a disolverlas.
[3] ¿Doctrina de la 4T? Estos son los nuevos libros de Historia que causan polémica. (2022, 19 de enero) ADNPolítico. Sitio web: https://politica.expansion.mx/mexico/2022/01/19/nuevos-libros-de-historia-4t-polemica
Bibliografía
César Coll, C., Palacios, J., & Marchesi, A. (2014). Desarrollo psicológico y educación 2. Psicología de la educación escolar. Madrid, España: Alianza Editorial.
Kant, I. (2010). Idea de una Historia Universal en sentido Cosmopolita. México: FCE.
Kant, I. (2010). Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres. México: Porrúa.
Kant, I. (2010). Crítica de la razón práctica. México: Porrúa.
Schunk, D. (2012). Teorías del aprendizaje. Una perspectiva educativa. Naucalpan, México: Pearson.
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Cita este artículo (APA): Carmona, E. (2024, 24 de noviembre). Abordando el problema de la narrativa histórica mexicana desde un enfoque kantiano. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2024/11/la-narrativa-historica-desde-un-enfoque-kantiano/
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