¿Por qué Perséfone se resiste a volver?

Artículo publicado originalmente el 21 de mayo de 2018 en la versión anterior de Filosofía en la Red. Texto reeditado de su versión original, adaptándolo a los estándares actuales de la Plataforma.

Cada año se celebra la llegada de la primavera con júbilo y alegría, ya que nacen las plantas y los campos se llenan de flores y de colores. Quizá, tengamos que echar la vista atrás y entender que la llegada de la primavera va mucho más que el nacimiento de la naturaleza. Haciendo un breve recorrido por la mitología, Deméter es la diosa de la vida, de la agricultura y de la fertilidad. Descuidó sus deberes con la humanidad mientras buscaba a su hija Core —después se le llamó Perséfone cuando fue raptada por Hades—, por lo que la tierra se heló y la humanidad pasó hambre: fue el primer invierno. Durante ese tiempo, Deméter enseñó los secretos de la agricultura y los misterios de la vida. Finalmente, se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un tercio del año, omitiendo el otoño, y con su madre pasaría los restantes meses del año.

Su renacimiento es un símbolo del florecimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y de toda la vida sobre la tierra. Lógicamente, detrás hay una gran carga espiritual, pues los misterios sobre Deméter y Perséfone nacieron en la ciudad de Eleusis, cuna del misticismo griego.

Perséfone, debes volver con tu madre y que te vea contenta1.

El mito es una realidad demasiado rica y compleja como para reducirla a una simple receta o a un cliché, a una única lectura. En la mayoría de los trabajos que tratan de interpretar el mito de Deméter y Perséfone hay aspectos interesantes; cada uno incide en detalles concretos y descubre nuevas facetas de extraordinario valor, aun cuando podamos considerar erróneo alguno de ellos. Hoy día, viendo el panorama de nuestra sociedad, voy a adaptar el mito a nuestro tiempo, sin perder la esencia. Por ejemplo: el cambio climático es evidente, pero desde el punto de vista metafísico se puede trascender otro mensaje: la mediocridad de la vida humana y su pobre y efímero tránsito por el mundo. Así, Deméter y Perséfone están acelerando nuestro aprendizaje sobre la tierra con un máster intensivo. El propósito de Deméter y Perséfone es, sin mayor dilación, el de enseñarnos que no podemos dar la espalda a la naturaleza y de no valorar la riqueza que hay alrededor nuestra. El resultado físico es palpable y a la vez una enseñanza, pues el cambio climático afecta a todas las regiones del mundo. Únicamente hay que observar de qué manera se derriten los polos y la subida del nivel del mar; en otros lugares, los fenómenos meteorológicos son extremos, con inundaciones cada vez más frecuentes; en otras zonas, se registran olas de calor y sequías. Es cierto que el hombre puede manipular cualquier objeto, incluso a personas, para alcanzar su egoísmo. También, el hombre piensa que puede manipular la naturaleza a su antojo. Esto último tiene unas gravísimas consecuencias, más de lo que podemos imaginar.

Las primaveras están siendo, desde el punto de vista meteorológico, muy inestables y con cambios bruscos de manera generalizada. Deméter está avisando: no es un castigo, ya que nosotros formamos también parte de la naturaleza y del entramado del universo, y somos nosotros mismos los que lapidamos la esencia de la naturaleza.

Debemos recordar que los dioses son los garantes del orden del universo y es por ello que harán todo lo que estén en sus manos para restablecer el equilibrio y la armonía en nuestro mundo. Ellos tienen una máxima: la calamidad siempre se alterna con la prosperidad. Los dioses conocen perfectamente la desmesura del hombre y saben que la mano del hombre trae consigo la propia calamidad, sin que ellos muevan un ápice de sus pensamientos más elevados hacia nosotros.

En el himno de Deméter2, Perséfone, al salir del Hades, hace brotar el fruto en los campos y la tierra, que antes era estéril, la convierte en un hermoso jardín. Pero Deméter, ahora, se ha quedado muda, incluso, junto con su madre, observa que el hombre está maltratando a la naturaleza siendo responsable de las lamentables y devastadoras consecuencias: sequías, huracanes, hambre, pobreza y destrucción. Pensábamos que los dioses “con sus caprichos inmorales” eran los culpables de la inestabilidad de la naturaleza. Estamos equivocados: la soberbia del hombre, la avaricia, el poder, el egoísmo de querer ser dioses, va camino de destruir la madre naturaleza siendo un reflejo de su mundo interior sobre la propia naturaleza. Es decir, todo lo que somos interiormente termina manifestándose.

Cicerón cuenta3 que «los misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades las costumbres y las leyes, enseñaron a los hombres a vivir como tales». Todo apunta a una experiencia tan breve como intensa, donde el aspirante a iniciación era introducido al «término» y al «comienzo» de la vida, a morir y renacer, purificando así su concepto de lo real y evitando, a toda costa, vivir en el espejismo de la vida, en un reflejo ilusorio, construido mentalmente por el propio hombre. El hombre, definitivamente, se ha soltado de la mano de la divinidad.

Como bien reflejaba Cicerón, no solamente la naturaleza aporta los frutos de la vida, tan necesarios en nuestras vidas… Hay algo mucho más elevado. La enseñanza primera es que las apariencias están vacías y la verdad está por encima de las apariencias, donde no existe la corrupción ni apego, ni tan siquiera objeto o sujeto. Nosotros vivimos en la versión más grosera de la naturaleza. Pero no solamente vivimos bajo este estrato de basura, sino que nos alimentamos de ella y estamos sedientos de querer más inmundicias y excrementos. La enseñanza segunda es que hay que aprender a valorar la esencia, pero sin aferrarse a la forma. Y, por último, vivimos en un mundo engañoso, siempre en la búsqueda de algo, siempre en las costumbres.

Todos los fenómenos están vacíos, no contienen nada que valga la pena desear realmente. Deseamos un reflejo cuando podemos vivir la realidad con total plenitud. Así, por ejemplo, en los misterios consagrados a Deméter y a Perséfone no se podría conocer la mente real mientras te engañabas a ti mismo. Por lo tanto, si te enredas con las formas carentes de la vida, si estás embelesado por las cosas inútiles de la vida, nunca serás libre. La base espiritual estaba clara y definida: ¿cómo hemos ido retorciendo a nuestra propia naturaleza que ni Perséfone quiere volver?

Nosotros podemos moldear nuestra propia naturaleza a través de la mente y dirigirla hasta lo interior de lo más sagrado. Pero, ¿por qué se veneran ilusiones nacidas de la mente?, ¿qué nos arrastra hasta lo más bajo? La génesis de nuestra naturaleza es pura, así como nuestra mente, pero la llenamos de basura para terminar materializando nuestros deseos en este mundo en el que padecemos y sufrimos. Todos los seres vivos comparten la misma naturaleza, que no es aparente —que no se ve—, porque está envuelta por el pensamiento ilusorio. Somos Narcisos reflejándonos en nuestro propio engaño, viviendo una vida ilusoria, de contornos efímeros que van y vienen, y uno no sabe de quién se aleja de quién. Lo que estoy seguro es que nos hemos alejado de Deméter, cerrándole las puertas del Hades a Perséfone para que no vuelva. Y Deméter descarga su ira con las calamidades que vemos en la naturaleza cada día.

Es decir, nos hemos hocicado4 en ignorar nuestras raíces, en arrinconar a los dioses, en sepultarlos en lo más bajo y mísero de nuestro ser. Hemos renunciado a alinearnos con las fuerzas sutiles de la naturaleza, en trabajar en pro de un mundo mejor y en soterrar la herencia de nuestra cultura matriz. Es como si entráramos en un orfanato por nuestros propios pies y hemos decidido, unilateralmente, abandonar a nuestros padres y a nuestras madres. Asimismo, al abandonar nuestra herencia, también abandonamos el contacto directo con el alma, donde una nube, densa y oscura, se instala en nuestra mente y el resultado final ya sabemos cuál es, pues no hace falta que os diga lo que podéis leer en la prensa de vuestra localidad. Mientras la naturaleza humana no cambie, la naturaleza tampoco variará. De hecho, hemos sepultado en el Hades a Perséfone y la naturaleza está respondiendo severamente.

¿Es Perséfone la que se resiste a salir o somos nosotros los que nos resistimos a que no salga?

El hombre ignora, y lo peor de todo, quiere ignorar los propósitos divinos a pesar de que los vislumbre cada día. Además, el hombre continúa en su soberbia a oponerse a ellos de mil formas, plantando cara a la naturaleza, desafiando sus fuerzas cósmicas, alterando el equilibrio armónico establecido por la naturaleza, en un suicidio que va aumentando cada día más. Tan solo hay que ver la irresponsabilidad del hombre en sus actos como estúpido y culpable. El hombre crea sus propias leyes y pasa por encima de ellas, pero también quiere torcer las íntimas y sagradas leyes de la naturaleza, sin saber que forma parte de un Todo, y que dañando el vínculo hombre-naturaleza se pierde a sí mismo y a la propia naturaleza. El desastre ecológico, y hasta la misma destrucción del planeta, no se quieren evitar, y a su vez, el hombre está borrando su lado espiritual, esa parte íntima y sagrada, única e irrepetible.

Imaginaos un puente entre el universo y el hombre, una correspondencia que nos alimenta mutuamente. Pues bien, ese puente se ha descolgado y no se puede derivar los influjos astrológicos hacia nosotros. Esto se traduce, de manera muy simple, en que el hombre ya no puede determinar su propio destino. Nos hemos convertido, en suma, en la versión más burda de la naturaleza. La otra cara de la moneda, desde el punto de vista de los dioses, es clara y rotunda: si el hombre causara una destrucción de la naturaleza capaz de alterar los planes divinos previstos, las fuerzas sutiles o numens5 reaccionarían destruyendo todo lo que se opone a la realización de dichos designios, si fuera necesario hasta la eliminación de la raza humana física sobre la tierra, para poder restablecer, en un plazo de miles de años, el equilibrio natural original.

Por eso a los griegos les resultaban de suma importancia conocer los misterios mayores, aquellos que persistían en conseguir un estado de equilibrio y manifestarlos en la propia naturaleza, determinando un progresivo desarrollo vital que se expresaba como un orden, prudencia, templanza y equilibrio. Para ellos, la llegada de Perséfone simbolizaba el renacer, la conexión con su madre Deméter y la armonización o sintonización que, bajo el concepto esotérico, es el amor. En otras palabras: nosotros podemos participar, de una manera u otra, en emitir esas energías con el mundo exterior, a través de nuestro yo más sagrado.

Notas

[1] Hades a Perséfone, en El himno a Deméter.

[2] Torres, J. (2001). Himno homérico a Deméter [Introducción, edición, traducción y comentario]. Unav. Sitio web: https://www.academia.edu/2366752/Himno_Hom%C3%A9rico_a_Dem%C3%A9ter_Introducci%C3%B3n_edici%C3%B3n_traducci%C3%B3n_y_comentario_

[3] Gutiérrez, I. (2022, 26 de agosto). Los Misterios de Eleusis. Revista Cannabis Magazine. Sitio web: https://www.cannabismagazine.net/los-misterios-de-eleusis/

[4] Participio del verbo «hocicar«, que significa tropezar con un obstáculo o dificultad insuperable.

[5] En la mitología clásica, un numen es cada uno de los dioses, divinidades, genios o musas. 

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Artículo de:

Alex Capua (autor invitado):
Diplomado en Biblioteconomía y Documentación.

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