¿El ocio tiene un valor intrínseco o es un medio para otros fines?

El siguiente texto obtuvo el primer lugar en la categoría Discertación de la XIV Olimpiada Filosófica de Madrid (2024), cuyo tema fue: "¿Qué es el ocio?".

“La libertad es la esclavitud” es uno1 de los tres lemas del Socing2, el sistema de gobierno distópico y totalitario que imaginó Orwell en el siglo XX y expuso en su novela 19843. El ocio, como la libertad, ha sido una de las preocupaciones del ser humano desde el origen de la filosofía, y lo fue en la cuna de la sociedad occidental: la antigua Grecia. El ocio tiene una naturaleza doble: se entiende tanto como un tiempo de descanso para reponer fuerzas hasta que vuelva la hora de trabajar; o como tiempo de libertad, en que emplear el tiempo para explorar nuestras pasiones, conocer otras realidades y, en definitiva, llevar nuestras potencias a acto. Del mismo modo, el ocio puede tener un valor intrínseco, ser un fin en sí mismo, o usarse como medio para otros fines. Este es el problema que se nos presenta: debemos luchar por adueñarnos de nuestro ocio, usarlo como vía para llegar a la felicidad, y no dejar que otros lo usen como medio para sus propios fines. Así, afirmamos que el ocio es un arma de doble filo: capaz de vincularnos con lo que nos hace humanos —la actividad contemplativa—, o de volverse una herramienta en manos ajenas para alejarnos de nosotros mismos. 

El ocio lo componen actividades que se desarrollan a lo largo del tiempo; por tanto, tiene un valor porque el tiempo es un recurso limitado. En griego, el tiempo se puede traducir como kronos, el tiempo objetivo, que se puede medir, el que marca el reloj; o como kairós, la concepción subjetiva que cada uno tenemos del tiempo. El ocio se asemeja más al tiempo de kairós, ya que se dedica a actividades que generan placer. Ahora bien, existen placeres corporales que filósofos como Aristóteles calificarían como “inferiores” respecto a los placeres intelectuales, pues la contemplación y la filosofía son lo que conducen al ser humano a lo que le es propio: la felicidad o eudaimonía. El problema surge cuando se sustituye el ocio autotélico—esto es, con finalidad propia, como el placer o la felicidad—por un ocio instrumentalizado, utilizado como medio para alcanzar determinados fines. Esto cobra especial relevancia cuando el ocio propio se convierte en el negocio de otro. Se sustituye la catarsis después de ver una tragedia por el consumo de cualquier recomendación personalizada emitida por una multinacional, no para sorprenderse, sino para evadirse y huir. De este modo, el ocio es un medio para evitar el agonizante ruido de nuestros propios pensamientos: ante la muerte de Dios que anunciaba Nietzsche en La Gaya Ciencia4, hoy no es necesario sufrir ni hacer frente a la angustia existencial que padecían (Sartre) o abrazaban (Camus) los filósofos del siglo XX, pues nunca somos conscientes de ello. 

Además de la presión de la productividad a la que estamos sometidos en la sociedad hiperindividualista y capitalista como la occidental del siglo XX, también se exige que nuestro tiempo de ocio sea expuesto en nuestro pequeño museo personal: el perfil de las redes sociales. Debemos visitar los lugares más exóticos, comer la comida más exquisita, disfrutar de los conciertos más solicitados, y presentarlo todo de un modo estético, digestible y placentero para nuestra audiencia. Así, el ocio se usa como herramienta para hacer alarde de un estatus social o una vida perfecta. Peor es el caso de los llamados workaholics: de work, trabajo y alcohol, alcoholic, aquellas personas tan irremediablemente obsesionadas con su labor que emplean su tiempo de ocio en trabajar más. 

Pero la mayor amenaza es la utilización del ocio como herramienta política: un negocio (recordemos que “negocio” viene de nec otium, del latín, la negación del ocio) utilizado para distraer a la población de los problemas políticos. La imposición de un sistema político a través del placer es mucho más dulce, sutil y sofisticada que a través de la violencia. Dostoyevski decía que la mejor manera de mantener a un prisionero encarcelado es que nunca sepa que está en prisión. Eso mismo temía Aldous Huxley: una dictadura enmascarada de democracia en la que los ciudadanos se asemejen a esclavos que amen su servidumbre gracias al consumo y al espectáculo, que hace que el ocio invada todas las esferas de nuestras vidas. La educación debe ser entretenida y responsable de motivar a los alumnos, y la política, un espectáculo de griterío, falsas promesas, zascas y, en definitiva, un circo. Esto no es nuevo: ya los romanos describían esta táctica con la frase “panem et circensen —pan y circo—», alimento y entretenimiento para el pueblo para evitar su alteración. Ya no se aliena a través del trabajo en cadena, como en tiempos de la Revolución Industrial, sino a través del ocio. Marx denunciaba esta situación, y su objetivo era que el proletariado tomase conciencia de clase para llevar a cabo una revolución. Pero esto se complica, es difícil tomar conciencia de clase desde la estimulación continua y el Estado de bienestar.  

A veces el ocio se utiliza como medio para llegar al placer. En sí, a priori, el placer no es malo, forma parte de la vida junto con el dolor y es una sensación sana y natural del cuerpo. Sin embargo, llega a un punto en el que el placer ha cruzado unos umbrales tales que se cometen verdaderas barbaridades, por ejemplo: actividades que se realizan a costa de otros humanos, como se representa en la serie “El Juego del Calamar5”, donde una clase rica reúne a un conjunto de personas en situaciones desesperadas o paupérrimas y ve cómo participan en una serie de juegos infantiles que llevan a la muerte hasta que solo quede un vencedor. Esto lo hacen para su propio entretenimiento, pues no hay droga que les satisfaga ya. Así, el ocio puede no solo ser un medio para llegar al placer, sino también una excusa para usar a seres humanos como medios. Esto lo denunciaría la ética kantiana expuesta en la Crítica de la Razón Práctica, donde Kant afirma que la humanidad debe verse siempre como un medio y nunca como un fin.  

Por todo esto, se afirma que el ocio puede ser concebido como fin en sí mismo, con un gran valor intrínseco; pero en ocasiones se instrumentaliza, volviéndolo un medio para otros fines: el placer, la huida de nosotros mismos, la distracción política, etc. La misión a la que nos enfrentamos es la recuperación del ocio propio de las actividades que nos unen, que nos acercan al resto y a nosotros mismos y, en definitiva, con lo que nos es más propio: la felicidad. La felicidad no se consigue eliminando el placer, pero tampoco se identifica a la perfección. No debemos prescindir del placer completamente, sino disfrutar con moderación, pues la virtud es un término medio según la Ética a Nicómaco6 de Aristóteles. 

El ocio, al igual que el arte, es una manera de alcanzar la felicidad. Se trata de un ámbito versátil, tiene tanto la capacidad de usarse como medio para otros fines como la naturaleza valiosa. La filosofía permite detenerse a hacerse preguntas, descubrir lo esencial, el arché, de lo cambiante, la physis (no olvidemos que las traducciones de “verdad” en griego es aletheia, descubrir), que fue el objetivo de los presocráticos, los primeros filósofos; y llegar a la actividad contemplativa que, si los clásicos acertaron, nos conduce en última instancia a la felicidad.

Notas

[1] Otras consignas del Partido son: «La guerra es la paz, «La ignorancia es la fuerza«.

[2] El Partido Socialista Inglés, conocido por su acrónimo Ingsoc (Socialismo Inglés en neolengua), es la organización a la que han de pertenecer todas las personas, a excepción de los «proles», que con todo constituyen la inmensa mayoría de la población (en 1984 de Orwell).

[3] Orwell, G. (2013). 1984 (M. Temprano García, Trad.). Editorial Océano. (Trabajo original publicado en 1949).

[4] Nietzsche, F. (2011). La gaya ciencia (J. C. Mardomingo, Trad.). Editorial Edaf. (Trabajo original publicado en 1882).

[5] Hwang, D.-h. (Creador). (2021). El juego del calamar [Serie de televisión]. Siren Pictures Inc.; Netflix.

[6] Aristóteles. (2014). Ética a Nicómaco (J. L. Calvo Martínez, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 350 a. C.)

Artículo de:

Victoria Martínez
(1.º lugar de la XIV Olimpiada Filosófica de Madrid 2024, en la categoría Disertación).
Actualmente, estudia Estadística y Empresa en la Universidad Carlos III de Madrid.

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Cita este artículo (APA): Martínez, V. (2024, 16 de diciembre). ¿El ocio tiene un valor intrínseco o es un medio para otros fines? Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2024/12/que-es-el-ocio

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