Trump, el Mesías del sionismo cristiano

El siguiente texto es una reescritura, ampliación y actualización del texto "Trump, el Mesías del sionismo cristiano", publicado el 13 de mayo de 2018 en la versión anterior de Filosofía en la Red. 

Donald Trump prometió durante su campaña de 2016 —en la convención anual de AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel)— que si llegaba a la Casa Blanca no dudaría en desmantelar el «desastroso» acuerdo nuclear con Irán. Aquellas palabras textuales fueron1: «Cuando sea presidente, los días en que los israelíes son tratados como ciudadanos de segunda clase habrán terminado […] Os prometo que desmantelaré ese acuerdo». Y, efectivamente, así ocurrió en 20182. Después, tras perder la reelección, el presidente demócrata Joe Biden optó por reabrir negociaciones3 para reactivar el pacto, aunque las tensiones geopolíticas y las presiones del lobby proisraelí dificultaron el pleno restablecimiento del acuerdo. De cualquier modo, la situación dio otro giro cuando Trump volvió a lanzar su campaña presidencial en 2024, retomando el discurso4 de línea dura contra Irán.

No es ningún secreto la postura proisraelí de Trump, manifestada desde sus primeros pasos en política exterior: todavía se recuerda que, a finales de 2017, reconoció a Jerusalén como capital de Israel5, rompiendo un consenso internacional que, si bien tibio en la práctica, mantenía al menos una apariencia de equilibrio diplomático. Ya en aquel momento, Trump llegó a afirmar que no existe «equivalencia moral» entre los israelíes y los palestinos y, por tanto, no concibe un proceso de paz bajo las mismas condiciones para ambas partes. No es de extrañar, pues, que la administración Trump —ni en 2018 ni ahora en 2025— haya puesto en duda la versión ofrecida por las autoridades israelíes acerca de la amenaza iraní. Para el equipo gubernamental republicano, las «pruebas» de una eventual violación por parte de Irán de los compromisos adquiridos en 20156 serían más que suficientes para justificar la renuncia al pacto nuclear que buscaba frenar la proliferación de armas atómicas en la región.

Desde la perspectiva de un sector importante de la opinión pública estadounidense, existe un trasfondo religioso y cultural que confiere un halo moral a esa ruptura diplomática con Irán. Ese «compromiso moral» del presidente de los Estados Unidos es, en realidad, un fenómeno que hunde sus raíces en la historia ideológica y teológica de gran parte de la ciudadanía. Cuando se habla de las motivaciones que conforman la identidad de una nación, no hay que perder de vista que, en su mismo núcleo, casi siempre opera algún tipo de mito. Somos, por naturaleza, animales mitogenéticos, necesitados de una genealogía que nos garantice un pasado glorioso y que proyecte la fe en un destino común. Esta fe colectiva trasciende la contingencia de la vida mortal. Religiones y nacionalismos, así, compiten por ofrecer un paraíso más dichoso a cambio de un repertorio más o menos heroico de luchas y sacrificios. En consecuencia, se genera y se mantiene un clima ético que legitima la asimetría moral entre un «nosotros» —siempre merecedores de lo mejor— y un «ellos» de quienes, supuestamente, hemos de desconfiar. Basta con revisar ciertas expresiones en la historia de muchos líderes políticos para constatar cómo esa idea del «otro» como amenaza se repite una y otra vez.

La pregunta pertinente, en este punto, es: ¿qué mito convierte la decisión de Trump respecto a Irán en algo moralmente defendible ante sus votantes y buena parte de la opinión pública conservadora? Todos sabemos que, sin el apoyo incondicional de la principal superpotencia, Israel no podría actuar como lo hace en Oriente Próximo. Ahora bien, ¿qué creencias amparan ese respaldo incondicional más allá de intereses geoestratégicos y presiones internas? En su libro La insensatez de los necios7, el profesor Robert Trivers8 destaca la importancia del sionismo cristiano9, un movimiento que en los Estados Unidos estaba activo ya en 1810, mucho antes de que el sionismo judío naciera en la década de 1880. Este fenómeno hunde sus raíces en la Europa del siglo XVI, pero se arraiga con peculiar fuerza en Norteamérica. Dice Trivers:10 «Se trata de un movimiento que ha sufrido diversas mutaciones, pero su puntal es la Biblia y una historia compartida de expansión y limpieza étnica sacralizada como la voluntad de Dios». El célebre escritor Herman Melville11 condensó esta idea en unas frases que marcaron la mentalidad estadounidense de su época y que todavía resuenan en la actualidad: «El pueblo estadounidense es especial; es el pueblo elegido: el Israel de nuestra época; somos los depositarios del arca de las libertades del mundo12».

Esa conexión sagrada entre Israel y Norteamérica se basa, en última instancia, en la Biblia, un texto donde se narra la expulsión y el exterminio de pueblos considerados enemigos, además de la ocupación de nuevos territorios, siempre con la justificación de una supuesta superioridad moral y racial. En efecto, este recurso religioso ya fue suficiente para los primeros colonos estadounidenses, que se sintieron legitimados en su época a perpetrar una desposesión masiva y el exterminio de las poblaciones nativas. De modo que el mismo credo sigue sirviendo para que muchos vean con buenos ojos lo que hace ahora el Estado de Israel en suelo palestino.

Ya en 1891, cuatrocientas personas firmaron una petición13 al presidente norteamericano, Benjamin Harrison, pidiéndole que interviniera para persuadir al Imperio otomano de que devolviera Palestina al pueblo judío. Lo llamativo es que todos los firmantes de aquella petición eran cristianos: miembros de las élites políticas, económicas, periodísticas y eclesiásticas. Lo que deseaban era facilitar el retorno de los judíos a su «tierra prometida», aunque el trasfondo era en buena medida la conveniencia de no tener a muchos judíos en Estados Unidos. El filósofo Sam Harris14, en su libro El fin de la fe15, señala esta doble motivación del cristianismo fundamentalista estadounidense:

La política estadounidense en Oriente Medio se ha visto mediatizada durante muchos años por los intereses que tienen los cristianos fundamentalistas en el futuro de un estado judío. El “apoyo a Israel” cristiano es, de hecho, un ejemplo de cinismo religioso en nuestro discurso político, tan trascendental como casi invisible. Los fundamentalistas cristianos apoyan a Israel porque creen que la consolidación del poder judío en Tierra Santa —particularmente, la reconstrucción del templo de Salomón— propiciará la segunda venida de Jesucristo y con ella la destrucción final de los judíos16.

Han pasado ya casi setenta y siete años desde la declaración del Estado de Israel (1948-2025)17, un momento que, hace décadas, supuso la burla al plan inicialmente aprobado por la ONU para la partición de Palestina. Aquella declaración desencadenó una sucesión de conflictos armados, guerras, atentados terroristas y procesos de limpieza étnica que permitieron a los israelíes levantar un país con un territorio muy superior al que la comunidad internacional había contemplado en sus primeras resoluciones. Entonces, la creación de Israel se convirtió en un empeño personal del presidente Harry Truman, un sionista cristiano convencido. En contra de la opinión de su propio Departamento de Estado y también de Gran Bretaña, que ostentaba el control colonial de la zona, Truman se propuso18 la fundación de aquel Estado judío porque interpretaba literalmente el Antiguo Testamento, según el cual los judíos debían regresar a su tierra bíblica.

Con el pasar de los años, esa preocupación por Israel se ha convertido en un pilar de la política exterior estadounidense. Incluso tras el arribo al poder de Joe Biden en la Casa Blanca, la constante fue preservar la relación especial con el Estado de Israel. En su libro, El futuro es un país extraño19, Josep Fontana20 hablaba de Irán como «un proyecto de guerra para el futuro» y recordaba la ciberguerra —conocida como «Olympic Games»— que Estados Unidos e Israel emprendieron hace años, utilizando el virus Stuxnet para interferir en las centrifugadoras iraníes21. Aun así, el ex secretario de Defensa, Robert Gates, en su momento, alertó22 de que una guerra abierta con Irán sería una catástrofe, y subrayó la irracionalidad de ver en un hipotético arsenal nuclear iraní —insignificante en comparación con el estadounidense o el israelí— una amenaza global. El expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad llegó a plantear: «¿Quién sería tan insensato como para combatir contra 5000 bombas norteamericanas con una sola bomba?23». Pero el miedo a Irán ha sido un argumento recurrente y, ahora, volverá al primer plano en la narrativa de la Casa Blanca bajo el segundo mandato de Trump.

El sionismo cristiano se inserta en lo que el pensador Georges Corm llama la «concepción teológica de la historia24», que en su libro Europa y el mito de Occidente25, define como una «mitideología». Dicho de otro modo, es un relato que otorga una identidad homogénea a la civilización que tuvo su cuna en la Grecia y la Roma antiguas. Desde este ángulo de visión, Israel es visto como un apéndice de la modernidad y de la ilustración insertado en una región supuestamente dominada por el «islamofascismo», a la que muchos siguen considerando un polvorín cuya inestabilidad justifica la presencia militar y el intervencionismo occidental. Corm advierte, muy acertadamente, que pese a la vitalidad del pensamiento crítico en Europa y en Estados Unidos, el mundo de los dirigentes políticos en ambos lados del Atlántico parecen padecer de un «autismo narcisista». Dicho mal y pronto, un liderazgo poco dispuesto a poner en tela de juicio ciertas inercias y prejuicios, y que prefiere la retórica vacía y agresiva para legitimar sus acciones. Al hilo de esta reflexión, Corm ya avisaba, antes incluso de la llegada de Trump al poder en 2017, de que la paz mundial nunca había sido tan frágil.

Entretanto, Europa, que ya en 2018 mostró atisbos de rebelión contra la renuncia estadounidense al pacto26, ha vuelto a manifestar su desacuerdo. Sin embargo, las tensiones trasatlánticas de los últimos años han mermado la capacidad de Bruselas para hacer frente a la contundente diplomacia estadounidense, ahora más determinada que nunca. En la práctica, la Unión Europea depende todavía de los flujos financieros y comerciales con la superpotencia norteamericana, y el fantasma de una recesión global —más aún tras los desequilibrios vividos durante la primera mitad de la década de 2020— no hace sino aumentar la cautela. No se esperan medidas especialmente firmes por parte de la UE, pese a los llamamientos a la moderación y al diálogo que varios líderes europeos insisten en repetir a la nueva administración Trump.

Con su ideología sionista, Donald Trump ha dado un paso más en la senda histórica de la irracionalidad ya recorrida. El sionismo cristiano, que tanta influencia ha tenido desde el siglo XIX, podría decirse que vuelve a encontrar en Trump a su Mesías posmoderno: un magnate hecho a sí mismo en los avatares de la globalización económica y que, en su fulgurante retomo a la arena presidencial, recurre a los más añejos prejuicios tribales para atizar el miedo y la confrontación. Tal vez para sus seguidores, la mano de la Divina Providencia se manifiesta en que Trump, contra toda predicción de hace algunos años, retome con fuerza la agenda de sus primeros cuatro años de gobierno y meta mano, sin el menor reparo, en un tablero internacional ya de por sí convulso.

Así las cosas, cuesta no preguntarse hacia dónde se encamina la política exterior de Estados Unidos en estos nuevos cuatro años de presidencia republicana. Tras vivir la pandemia de la COVID-19, los conflictos comerciales con China, la inestabilidad generada en Europa del Este y los vaivenes diplomáticos de comienzos de la década, ahora la posible reactivación de las sanciones a Irán vuelve a poner al mundo ante una disyuntiva plagada de incertidumbres. A ojos de muchos, la búsqueda de la paz en Oriente Próximo se ve otra vez amenazada por un nacionalismo religioso y un unilateralismo que no atiende a la complejidad de los equilibrios regionales. Sin embargo, los designios del Señor, como rezan las expresiones populares de la corriente cristiano-evangélica, siempre son inescrutables, y así se justifica lo que en términos estrictamente racionales aparece como una peligrosa deriva hacia la confrontación.

Mientras tanto, en Irán, las protestas internas y las tensiones con las potencias occidentales no cesan de aumentar, nutridas además por las profundas divisiones en la élite del régimen iraní, entre quienes propugnan un aperturismo internacional y quienes prefieren mantener la línea dura revolucionaria. El miedo a un nuevo conflicto de alcance regional se alza otra vez, y las puertas de una paz global basada en consensos multilaterales se vuelven a cerrar. Para una parte considerable del electorado republicano que ha aupado a Trump al poder, todo esto no es sino la reafirmación de la voluntad divina manifestada en la historia: la defensa de Israel a cualquier precio y la certeza de que la promesa bíblica ha de cumplirse, ignorando, cuando conviene, las atrocidades y violaciones de derechos humanos que se puedan cometer en el camino.

De esta forma, en el amanecer de 2025, se reanuda el mismo guion que ya conocimos en 2018, con una notable diferencia: Estados Unidos regresa a una postura de sanciones y confrontación mientras Europa intenta, sin mucho éxito, reactivar viejas fórmulas diplomáticas. El escenario se torna cada vez más complejo, y la posibilidad de un nuevo foco de inestabilidad crece a la par que se tensan las relaciones internacionales. El sionismo cristiano, con su impronta milenarista, parece dotar de legitimidad religiosa a lo que en otros círculos se ve como un despropósito geopolítico; y Trump, con su habitual estilo vehemente, vuelve a encabezar la cruzada. Si en 2017 se consideraba extravagante pensar que el magnate neoyorquino podría hacer peligrar los consensos multilaterales establecidos, en 2025 se confirma que su poder de sacudir el orden internacional no solo sigue vigente, sino que tal vez se haya reforzado con su flamante retorno a la Casa Blanca.

Los caminos que se abren de aquí en adelante, por tanto, siguen tan llenos de interrogantes como antes. Quizá las negociaciones secretas o la vía diplomática hallen una salida que calme los ánimos y evite un nuevo desastre bélico. Solo el tiempo nos dirá si el mundo es capaz de atenuar los riesgos que ello conlleva o si volveremos a asistir, con la impavidez de quienes no aprenden de la historia, a la escalada de un conflicto que se retroalimenta de mitos religiosos, intereses geopolíticos y retórica nacionalista.

Notas

[1] Rengel, C. (2018, 9 de mayo). Israel, la influencia esencial para que Trump abandone el pacto nuclear con Irán. El HuffPost. Sitio web: https://www.huffingtonpost.es/entry/israel-la-influencia-esencial-para-que-trump-abandone-el-pacto-nuclear-con-iran_es_5c8a909de4b0f489d2b4006c.html

[2] Donald Trump confirma que Estados Unidos abandona el acuerdo nuclear con Irán. (2018, 8 de mayo) BBC News Mundo. Sitio web: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-44046643

[3] Joe Biden quiere recuperar el acuerdo nuclear con Irán que Trump dinamitó en 2018. (2022, 14 de julio). Euronews. Sitio web: https://es.euronews.com/2022/07/14/joe-biden-quiere-recuperar-el-acuerdo-nuclear-con-iran-que-trump-dinamito-en-2018

[4] Sanger, D. (2024, 25 de diciembre). ¿Cuál será la estrategia de Trump ante el programa nuclear de Irán? The New York Times. Sitio web: https://www.nytimes.com/es/2024/12/25/espanol/estados-unidos/donald-trump-iran-armas-nucleares.html

[5] Donald Trump anuncia que Estados Unidos reconoce oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel. (2017, 6 de diciembre). BBC News Mundo. Sitio web: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-42258517

[6] Irán paraliza la aplicación de algunos compromisos del acuerdo nuclear de 2015. (2019, 8 de mayo). BBC News Mundo. Sitio web: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48196886

[7] Trivers, R. (2013). La insensatez de los necios: la lógica del engaño y el autoengaño en la vida humana. Katz Editores.

[8] Licenciado en historia y doctorado en biología por la Universidad de Harvard. Profesor de antropología y ciencias biológicas en la Universidad de Rutgers, de pediatría en UMDNJ y de psicología en la Universidad Harvard.

[9] El sionismo cristiano es un movimiento que apoya la idea de un Estado judío independiente y la existencia del Estado de Israel. Surgió en el cristianismo evangélico, pero no se limita a esta denominación.

[10] Trivers, R. (2013). La insensatez de los necios: la lógica del engaño y el autoengaño en la vida humana. Katz Editores.

[11] Escritor, novelista, poeta y ensayista estadounidense, del período del renacimiento estadounidense. Entre sus novelas más conocidas están Taipi, basada en sus experiencias en la Polinesia, y la novela Moby Dick, ​ considerada su obra maestra y un clásico de la literatura universal.

[12] El autor del texto original, José María Agüera Lorente, no cita la fuente.

[13] Cauthen, S. (2024, 26 de junio). Jesús viene. Life in Messiah. Sitio web: https://www.lifeinmessiah.org/blog-es/jesus-viene

[14] Filósofo, neurocientífico, escritor, cofundador y director del Proyecto Razón (EE. UU.).

[15] Harris, S. (2007). El fin de la fe: Religión, terror y el futuro de la razón. Editorial Paradigma.

[16] Ibídem, pág. 107.

[17] Declaración de independencia de Israel. Wikipedia. Sitio web: https://es.wikipedia.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_independencia_de_Israel

[18] Ghivelder, Z. (2012, 5 de junio). Truman, la decisión para Israel. Morashá. Sitio web: https://www.morasha.com.br/es/historia-de-israel/La-decisi%C3%B3n-de-Truman-por-Israel.html

[19] Fontana, J. (2013). El futuro es un país extraño: Una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo XXI. Pasado & Presente.

[20] Josep Fontana i Lázaro ​(1931 – 2018) ​fue un historiador y académico español, especialista en la época contemporánea tanto de la historia de España como mundial. Es considerado uno de los principales historiadores europeos de la segunda mitad del siglo XX.​

[21] El virus que tomó control de mil máquinas y les ordenó autodestruirse. (2015, 11 de octubre). BBC News. Sitio web: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151007_iwonder_finde_tecnologia_virus_stuxnet

[22] El autor del texto original, José María Agüera Lorente, no cita la fuente.

[23] Ibídem.

[24] La concepción teológica de la historia se basa en la idea de que Dios creó el mundo, sostiene a los seres y actúa en los acontecimientos humanos. En esta concepción, la historia se mueve hacia Cristo, ya que todo fue creado por el Verbo.

[25] Corm, G. (2010). Europa y el mito de Occidente: La construcción de una historia. Ediciones Península.

[26] Abellán, L. (2018, 15 de mayo). La UE pide a Irán que cumpla el pacto nuclear pese al abandono de EE. UU. El País. Sitio web: https://elpais.com/internacional/2018/05/15/actualidad/1526390305_800932.html

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Cita este artículo (APA): FIRE Bot. (2025, 7 de enero). Trump, el Mesías del sionismo cristiano. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/01/donald-trump-el-mesias/

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