Un brindis caótico para mejorar el año nuevo

Cada día nos levantamos y volteamos a ver el mundo y es tal cual debe ser. La economía mueve nuestras vidas, la tecnología nos acerca a nuevas realidades y nos conectamos con el mundo por medio de la red. Pero ¿esa realidad tan evidente, lo ha sido siempre? Si pudiéramos hablar con un griego de hace doscientos años, ¿estaría preocupado por el mercado? O si pudiéramos charlar con una persona que viva dentro de mil años, ¿le interesaría saber cuántos seguidores tenemos? Parece ser que la respuesta es que no, que lo que consideramos normal y real puede ser algo muy diferente a lo que en otras épocas o latitudes del mundo se considera normal.

Robert Anton Wilson1 define estas creencias como túneles de realidad en los cuales las personas circulan como si fuese el mundo objetivo sin darse cuenta de lo limitado de esta visión. Para comprender esto, sirve imaginarnos a un caballo de carreras, el cual para no perder de vista la meta se le bloquea la visión de los lados, haciendo de esta forma que el animal avance sin detenerse en percibir algo diferente a la pista que se le puso enfrente.

De igual forma, Anton señala que las personas podemos quedar atrapados en narrativas personales que determinan nuestras acciones, sentimientos y formas de comportamiento, algo similar a lo que Gadamer2 denominaba horizonte de comprensión o la idea de paradigma de Kuhn3. Pero si pudiéramos liberar al caballo de su visera, ¿qué haría con su visión sin límite? Y si las personas pudieran transgredir sus túneles de realidad, ¿qué podrían percibir?

El buffet ontológico es tuyo

Peter Carroll, junto a otros teóricos en la década de los 70, presentó una reformulación de la magia, para centrar su peso en la voluntad de la persona y desprenderla de la rigidez del rito y la parafernalia. De tal forma, se postula que lo que sostiene el funcionamiento de un rito celta, de la lectura del I-ching o del uso del horóscopo, no es en sí la referencia a dioses, al chi o a los astros; sino la voluntad impregnada por el practicante a estos elementos. Retomando elementos del apartado anterior, la visión del túnel al que se pertenece delimita la efectividad del rito que se practica.

Pero, si este es el caso, ¿da lo mismo creer en la ciencia, en los dioses de Cthulhu, en el karma o en la fuerza del cosmos? Para Carroll, la respuesta es afirmativa y, de hecho, de estas creencias se desprende la efectividad de la magia caos.

De tal forma que la magia del caos promueve que, en lugar de estar atrapados en un túnel de realidad, es posible saltar de túnel en túnel, probando realidades y usando elementos valiosos de cada uno. Por lo que conviene más mirar al universo y sus realidades como un buffet del que nos podemos servir.

Abracadabra para un año nuevo

Pero si el cambio se da por la voluntad y la voluntad por la creencia, entonces surgen preguntas como ¿será cierto que usar ropa de color atrae la suerte?, ¿comer uvas cumple deseos? Y, ¿hacer propósitos es bueno? La respuesta a todas ellas desde la magia del caos es que sí. Siempre y cuando se crea en su efectividad y se actúe en consonancia.

Por ejemplo, si creo que usar ropa morada me permitirá tener un peso sano y me comporto como si esto hubiera funcionado, además de comer de forma adecuada, ir al nutriólogo y hacer ejercicio; es probable que la ropa morada funcione y en caso de que no se logre por alguna razón, se abandonará dicha creencia en pro de una más favorable.

Por otra parte, si una persona no pudo sacar las maletas para atraer más viajes, la persona puede saltar a otro túnel de realidad en el que ese ritual no importa y mejor se inventa o investiga uno nuevo en el cual creer para que sea efectivo. El límite para la magia caos en este sentido es lo que puede dañar a la persona. Toda creencia es válida y todo ritual es permisible dentro de la legalidad y el respeto a los otros.

Ante este planteamiento que sugiere la frase “todo vale”, ¿qué ocurre con el pensamiento racional? ¿Solo es un cuento más entre muchos otros? Y la respuesta es sí, y se puede ver en dos vías como una puerta que al mismo tiempo marca él dentro y él fuera. Desde lo racional occidental podemos abordar este precepto de “todo vale” desde la postura de Khun el que enmarca el criterio de racionalidad en el paradigma en el que se habita, de allí que poner en tela de juicio lo real, en realidad se asemeja más a poner en tela de juicio la creencia de la comunidad dominante en un tiempo determinado.

Otra opción es realizar este acercamiento desde la postura de Gadamer y la historia efectual en la que los propios conceptos de verdad, falsedad, bien y mal están permeados por el contexto del sujeto interpretarte; por ejemplo, la visión que se posee del pasado en la actualidad no refleja la existencia real de dicha visión sino la existencia de la interpretación permitida y construida desde el contexto de la comunidad. En este mismo tenor, las tradiciones y narrativas no son entes estáticos, sino elementos en constante construcción y reescritura en un proceso dialéctico entre el intérprete y su tradición.

Por tanto, las creencias y adopción de rituales mágicos o científicos parten de los límites interpretativos de la tradición y desde allí se construye el filtro de validez y falsedad de la realidad. Pensemos en el nacimiento del desfile del Día de Muertos, en el Slenderman o la teoría de la evolución, ideas que partieron de una creación puntual y posteriormente fueron estructurándose en la tradición, hasta ser validadas por esta en diferentes niveles.

Desde el otro lado de la puerta podríamos señalar que el propio discurso científico es una construcción colectiva en la que participamos. Pero que existen otros discursos plausibles para los cuales se debe salir del confort del constructo, de lo racionalmente válido para explorar. Quizá lo explicado por la ciencia, por el arte, la magia y el mito solo sean diferentes trazos que tratan de describir el mismo fenómeno y por ello el pedestal dado a la ciencia solo es el resultado del contexto histórico en el que se formó.

Un brindis caótico para mejorar el año nuevo

Por tanto, si las creencias y la magia caos se desean ver como el reforzamiento de conductas por medio de creencias autoimpuestas y rituales de validación, que le permiten al que realiza este performance autosugestionarse. Esta visión es cierta; pero sí se desea ver a las creencias y magia del caos como un vínculo con las fuerzas del cosmos para manifestar la voluntad por medio de rituales. Esta visión también es correcta.

Para la magia, el caos, creer en que su funcionamiento, se debe a la imposición de la voluntad por medio de elementos mundanos o desde explicaciones místicas, son igual de válidas, mientras le funcione al practicante. Aquí tienes una versión atemporal del texto:

Por ello, si en algún momento deseas salir con maletas para atraer la fortuna, ayunar para traer la paz, dibujar mantras, colocar una moneda en un pozo, o tomar un buen trago de cerveza para atraer la abundancia, para la magia del caos todo es válido. Todo lo que le sirva al practicante es correcto, así que prepara tu mejor cóctel y realiza un rito mágico para abrir nuevos caminos.

Notas

[1] Wilson, R. (1983). Prometheus rising. New Falcon Publications.

[2] Gadamer, G. (2000). Verdad y método. UNAM.

[3] Khun, T. (2014). Estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica.

[4] Carroll, P. (1987). Liber null & psychonaut: an introducción to chaos magic. Weiser Books.

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Cita este artículo (APA): Rivera, P. (2025, 1 de febrero). Un brindis caótico para mejorar el año nuevo. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/02/caos-para-mejorar-el-ano-nuevo

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