El duelo se puede definir como el proceso psicológico que ocurre tras la pérdida de algo o alguien que era importante para uno mismo. La palabra proviene del latín «dolus1», que significa dolor, porque suele ir asociado a emociones desagradables como la tristeza, la ira y la culpa. Es inherente a la vida: allá donde hay vida, habrá duelo. Un error muy común es asociarlo únicamente al fallecimiento de una persona cercana, pero esto no tiene por qué ser siempre así. El duelo también puede aparecer ante la ruptura de la pareja, la venta de la casa en la que has vivido los últimos años o, incluso, con la pérdida de aquella pulsera que te regaló alguien especial.
El duelo engloba la pérdida de aquello que, de alguna manera, fue significativo para nosotros en algún punto de nuestra vida. Sin embargo, una misma pérdida —por ejemplo, el fallecimiento de nuestra mascota— no será vivida de la misma forma por todas las personas. La vivencia del duelo depende de muchísimos factores individuales: el vínculo con aquello que hemos perdido, nuestros recursos para afrontar la situación, el apoyo social que recibamos, etc. Incluso una misma persona puede atravesar distintos duelos de forma diferente.
Aunque tiene un inicio bien marcado —la pérdida—, no tiene un final. A lo largo del tiempo, la persona aprende a vivir sin aquello que ha perdido y a rehacer su vida en función de ello. Durante este proceso, y debido muchas veces a la intensidad de las emociones, algunas personas confunden el duelo con un trastorno depresivo. En otras ocasiones acaba convirtiéndose realmente en un problema que es necesario que sea tratado por profesionales de la salud mental. Cuando ocurre esto, suele ir ligado a la no aceptación de la situación o a la no vivencia completa de las emociones.
Procesos psicológicos del duelo
Las personas somos seres muy cortoplacistas: buscamos evitar nuestro sufrimiento cuanto antes y, a veces, eso empeora la situación. Desde luego es desagradable pensar, por ejemplo, que nunca más vas a poder abrazar a tu mascota porque ha fallecido. Este pensamiento va muy ligado a la aparición de una profunda tristeza, sensación de soledad, etc. que resultan emociones altamente desagradables. ¿Entonces qué hacemos? O bien ignoramos completamente la situación, o bien juzgamos las emociones que sentimos2.
En el primer caso, impedimos que nuestro cuerpo se acostumbre a la pérdida. Debemos exponernos al hecho de que aquello que queremos ya no forma parte de nuestra vida, aunque duela. Cuando nos enfrentamos repetidamente a la realidad, la intensidad de nuestras emociones se hace más liviana. El llanto desconsolado se comienza a convertir en un llanto esporádico y la culpa y la ira se atenúan. Incluso comienzan a aparecer emociones agradables al recordar aquello que hemos vivido juntos. En psicología definimos este proceso como habituación.
Mientras que en el segundo, invalidamos nuestra propia experiencia emocional. Tendemos a pensar que estar triste, enfadado o sentir culpa no es adecuado cuando ya han pasado varios meses desde la pérdida. Cuando juzgamos aquello que sentimos, nos impedimos vivirlo completamente y, a largo plazo, estas emociones se harán mucho más intensas y fuertes. Ahí es cuando aparece el problema.
Imagina que estás en casa y de repente llaman a tu puerta: es el cartero. Decides no abrirle la puerta porque no te parece bien que te llame mientras trabajas. El cartero decide dejar el paquete en tu puerta para que lo recojas más tarde, pero tampoco lo haces. Una semana después, el cartero vuelve y la situación se repite. Te deja un nuevo paquete en la puerta que tampoco metes en casa. Semana tras semana se van acumulando en la puerta de tu casa los paquetes y empiezan a impedir el paso. Tiempo después, la cantidad de paquetes es tal que consiguen derrumbar la puerta de tu casa. Ahora tienes tu hogar lleno de paquetes y un desastre que vas a tener que limpiar si quieres tener tu casa ordenada.
Esto es justamente lo que ocurre cuando no aceptamos las emociones que sentimos. Al principio, es fácil evitarlas, pero, a largo plazo, se vuelven más intensas y desagradables. En algunos casos, como comentaba antes, puede llegar a desarrollar problemas psicológicos y entonces se suele utilizar la Terapia de Aceptación y Compromiso3.
Conclusión
Al igual que no existe un único proceso de duelo, tampoco hay una única forma de sobrellevarlo correctamente. Pero sí es importante tener en cuenta las dos cosas mencionadas: aceptar la situación y dejar que las emociones aparezcan sin juzgarlas. Rodarte de personas con las que puedas hablar abiertamente sobre cómo te sientes, y el apoyo social es fundamental. Enfocarse en aquello que te hacen, aunque las emociones te impidan disfrutar en un primer momento de ello.
No se trata de olvidarse de la pérdida, sino de integrarla en nuestra vida y aprender a convivir con lo que eso nos hace sentir.
Notas
[1] Duelo y psicología. (s.f.). Alcanza Psicólogos. Sitio web: https://www.alcanzapsicologos.es/blog/duelo-psicologia/
[2] Pedrosa, A. (2017). Aplicación de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) al duelo (Trabajo de fin de grado). Universidad de Jaén. Sitio web: https://crea.ujaen.es/bitstreams/bbfa05a0-20b3-48b2-b9dd-760747ded382/download
[3] Psicoflix. (2021, 25 de febrero). Duelo y Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) con Francisca López Ríos – Episodio 98 [Audio podcast]. Sitio web: https://psicoflix.com/duelo-y-terapia-de-aceptacion-y-compromiso-con-francisca-lopez-rios-episodio-98/
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Cita este artículo (APA): María, M. (2025, 23 de febrero). Afrontando el duelo desde la aceptación. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/02/como-aceptar-el-duelo
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Psicóloga por la Universidad Autónoma de Madrid y estudiante del Máster en Psicología General Sanitaria. Escritora y divulgadora científica apasionada por el fascinante mundo de la psicología.
