¿Hay cosas que el dinero no puede expresar?

Todos alguna vez hemos experimentado cierta sensación de incertidumbre cuando buscamos el regalo más adecuado para una persona que está próxima a celebrar alguna ocasión especial. No se trata de una preocupación para nada trivial, ya que en una sociedad marcada por el consumo acelerado de bienes y servicios, resulta cada vez más difícil encontrar un presente que no solo resulte atractivo para el destinatario, sino que también adquiera significado en medio de la maraña de productos que nos asedian.

Frente a esta situación, una práctica que ha ganado terreno en la vida social moderna es la de regalar dinero. Esta forma de obsequio se presenta como una opción práctica, eficiente y sencilla. Basta, en el mejor de los casos, con un envoltorio atractivo para acompañar una suma de dinero cuidadosamente elegida según la ocasión, el destinatario y las condiciones económicas del momento. Pero, ¿hay consecuencias éticas al regalar algo así?

El dilema de regalar dinero

La práctica de regalos de dinero suscita interrogantes no solo por el significado social de este medio de intercambio, sino también por las implicaciones éticas que puede tener en las relaciones humanas. Si bien puede parecer una solución funcional, su uso desafía el simbolismo que se espera de un regalo en contextos sociales específicos. Por ejemplo, es fácil entender que una pareja recién casada aprecie recibir como regalo de bodas un monto de dinero en su cuenta bancaria para cubrir sus gastos iniciales. No obstante, cuando el homenajeado es un amigo íntimo que cumple años, surge la pregunta de si el dinero tiene la capacidad de expresar los sentimientos que se tiene hacia la otra persona.

Imaginemos la siguiente situación: una pareja que acaba de conocerse sale a cenar por primera vez. Comparten una velada romántica y cada uno muestra interés afectivo en el otro. Para terminar la noche, uno de ellos, en un gesto inesperado, a la Tony Soprano1, decide entregar una cantidad de dinero como muestra de afecto. ¿Cómo interpretaría la otra persona este gesto? ¿Lo podría percibir como una señal de aprecio desinteresado o como una transacción, una forma de “comprar” su compañía? Este escenario demuestra que el dinero, en ciertas situaciones, puede distorsionar, cuando no, invalidar las muestras de afecto, por más sinceras que estas sean.

La intimidad del dinero

Para aclarar esta problemática ética, conviene precisar que los regalos de dinero, en determinados contextos y quizá contrario al sentido común, no son actos meramente utilitarios, sino que están mediados por valores que pueden reforzar los lazos interpersonales. Este tipo de regalo transforma al dinero de un simple medio de intercambio comercial en un portador de significados emocionales y simbólicos. Es decir, cuando se regala dinero, ya sea en la familia, en el grupo de amigos íntimos o incluso en el ambiente laboral, este no circula como una simple moneda, sino que aparece regulado por convenciones sociales, ya que empiezan a operar criterios éticos, tales como: quién lo regala y quién lo recibe, cuándo se lo entrega, cómo se lo ofrece y cómo se lo gasta. 

En efecto, como demuestra la socióloga argentina Viviana Zelizer, en su más que interesante libro “La negociación de la intimidad2”, el dinero no es una entidad anónima que circula al margen de los afectos de sus usuarios, sino que está impregnado de tal carga simbólica que puede reforzar el lazo social3. Por ejemplo, por más entrega a su trabajo que puedan exhibir los profesionales del cuidado, como enfermeras o maestros, no resulta beneficioso para el conjunto de la sociedad si sus actividades la hacen con salarios bajos o de forma gratuita. Una paga justa tiene la capacidad de expresar el reconocimiento social de esta tarea. 

Para volver a la cuestión de los regalos, cuando se entrega, por citar un caso, dinero a un niño como regalo de su “primera comunión” u otra celebración religiosa, difícilmente se aceptaría que se gaste ese dinero en cosas que, desde el punto de vista del donante, carecerían de sentido y significado personal o social, dado el contexto de la celebración. En tal escenario, el dinero se reviste de mucho más que un atractivo sobre, si no de unas expectativas sociales sobre la integridad personal. ¿Aceptaríamos que un niño gaste el dinero que recibió en Navidad para comprar boletos de lotería?

El dinero en la economía capitalista

Los casos citados anteriormente demuestran que el dinero puede contribuir de manera positiva a la esfera de las relaciones íntimas. Sin embargo, esta interpretación quedaría incompleta si no tomamos en cuenta aquello que plantea el filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel en “Filosofía del dinero4”, a saber:

El dinero, más que un instrumento pasivo de intercambio, impacta directamente en las relaciones sociales al convertirlas en transacciones impersonales5.

A través del dinero, el valor de las cosas y las interacciones humanas se cuantifica en términos monetarios, lo que puede erosionar los lazos emocionales y afectivos entre las personas. Esta lógica impersonal de que el dinero, propia de una cultura capitalista, promueve una suerte de indiferencia social. Regalar dinero implica, en este caso, evitar el esfuerzo de comprender los intereses y deseos específicos del destinatario, ya que el signo del dólar es capaz de englobar las aspiraciones personales.

Consideremos esto: si al regalar dinero se tiene la intención de que el destinatario adquiera un producto específico, entonces convertimos nuestro gesto en algo puramente funcional para los intereses del otro, reduciendo su individualidad a la de un simple consumidor y nosotros, los donantes, nos convertimos en aquello que Kant nos advirtió que no hiciéramos: ser medios para que otros alcancen unos fines ajenos a los nuestros y, por ende, perder parte de nuestra dignidad. Ahora, para volver al caso de los niños que reciben dinero como regalo, esto puede hacer que las celebraciones de eventos se evalúen a partir del beneficio económico que resulte de estas. Ellos podrían pensar que una fiesta fue exitosa porque trajo consigo un incremento de sus ganancias o, por el contrario, fue un fiasco si es que no consiguieron la cantidad restante para comprar la última Nintendo Switch. 

¿Y ahora?

Antes de optar por regalar dinero, es importante reflexionar sobre el papel que este desempeña en nuestra sociedad y evaluar éticamente si dicho obsequio realmente contribuye a fortalecer relaciones sociales cercanas, significativas y personales. ¿Al regalar dinero estoy demostrando interés genuino en el otro y busco contribuir a su felicidad? De no ser así, corremos el riesgo de convertir las fiestas y celebraciones de nuestro círculo cercano en un mero trámite que buscamos cumplir solo para satisfacer ciertas convenciones sociales. En tales circunstancias, el otro, la persona que recibe un regalo nuestro, deja de convertirse en un motivo de gozo y pasa a ser una carga de la cual hay que desprenderse. 

 Notas

[1] Hace referencia al protagonista de The Sopranos (HBO, 1999-2007), una serie sobre la mafia italoamericana. Tony, un jefe criminal, suele expresar afecto o lealtad de manera inusual, a menudo con dinero, regalos o favores, mezclando poder, generosidad e intimidación.

[2] Zelizer, V. (2009). La negociación de la intimidad. Fondo de Cultura Económica.

[3] Ibídem.

[4] Simmel, G. (2013). Filosofía del dinero. Capitán Swing.

[5] Ibídem.

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Cita este artículo (APA): Bravo, P. (2025, 27 de febrero). ¿Hay cosas que el dinero no puede expresar? Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/02/dinero-como-regalo

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