Feminismos y astrología: un amor imposible

La astrología es de las mujeres. Por supuesto, hay hombres interesados en los signos zodiacales y el retorno de Saturno, pero resulta incuestionable que la astrología es un tópico que está mucho más presente en círculos femeninos (o feminizados, para ser más precisa). Es suficiente con advertir quiénes recurren a este “conocimiento milenario”, así como también qué grupo suele estar del otro lado de la mesa leyendo la carta astral. Esto hace que sea importante preguntarnos sobre el rol de los feminismos en la relación que gestan las mujeres del siglo XXI con la práctica astrológica. Creo que un acercamiento responsable supone obviar posturas de índole esencialista que explican que “a las mujeres les gusta la astrología porque son mujeres” y llevar la interrogación por esta relación al campo de las condiciones de posibilidad. 

Ciencia y pseudociencia

Como primera cuestión, es importante diferenciar el conocimiento científico del conocimiento pseudocientífico, no tanto para endiosar a la ciencia, sino para dar cuenta de la importancia que tiene acordar formas de investigación críticas y sistemáticas orientadas a adquirir la mejor comprensión posible sobre el objeto de estudio.

La pseudociencia no únicamente es anticientífica —porque entra en contradicción con la ciencia— sino que se presenta engañosamente como científica; este hecho responde a que en la época contemporánea el conocimiento científico es un modo (a priori) legitimado de conocer. Sumado a ello, la pseudociencia no resulta falsable y esta es una diferencia primordial: mientras la ciencia busca constantemente poner en tensión sus propias teorías para refutarlas y sustituirlas, la pseudociencia se caracteriza por la vaguedad de sus aserciones y la “degeneratividad” de sus investigaciones, en el sentido que hay poca capacidad de hacer predicciones que encuentren sustento empírico a posteriori y permitan continuar una investigación; entonces los marcos teóricos se van formulando para acomodar la evidencia establecida. El carácter milenario de la astrología, que es uno de los bastiones que hacen frente a las críticas, es justamente su mayor falencia, ya que desde una postura epistemológica se puede cuestionar el hecho de que un conjunto de ideas pueda sobrevivir de forma inmutable al paso de los siglos y los descubrimientos científicos de la astronomía1.

La epistemología feminista, por su parte, propone nuevas metodologías para el desarrollo de la ciencia, cuestionando, principalmente, su pretendida neutralidad. No busca una ciencia libre de valores (porque los investigadores son sujetos socio-históricos), sino una ciencia en la que estos valores sean siempre explícitos. En este sentido, la crítica principal de la epistemología feminista a las formas “neutrales” de saber científico, es justamente su androcentrismo solapado. Esto tiene como consecuencia la ligazón entre el conocimiento científico y lo político. En el caso de la ciencia, es fácil advertir su politicidad en al menos tres puntos: los investigadores son sujetos con valores, la investigación requiere financiamiento —hay ciertos grupos que deciden financiar (o no) tal o cual investigación— y el conocimiento científico tiene repercusión social2.

Astrología y apoliticidad

Habiendo diferenciado a la pseudociencia de la ciencia y adicionado la transformación que supone la epistemología feminista al campo científico, querría volver al primer punto sobre por qué las mujeres son las mayores interesadas en el saber astrológico. La filósofa argentina Diana Maffia, en “Contra las dicotomías: feminismo y epistemología crítica3”, expone un conjunto de dicotomías que dominan la cultura occidental: objetivo/subjetivo, universal/particular, racional/emocional, público/privado, abstracto/concreto, hechos/valores, mente/cuerpo, literal/metafórico.

Culturalmente, el primer término de cada par es considerado superior y masculino; por su parte, el segundo es inferior y femenino. No es casualidad que lo relacionado con la esfera pública, la política y el conocimiento científico sean cuestiones masculinizadas, y lo relativo a las tareas de cuidado, a lo emocional y al mundo privado en general, sean de interés femenino. La teoría feminista viene a contrariar la posición esencialista de que esta dicotomía sucede “por naturaleza”, buscando así explicitar que el orden social no es natural, sino construido para sostener un sistema sexista que busca sobrevivir apelando a falsas naturalezas humanas. Desde esta postura es que podemos contestar que no, no hay una tendencia natural de las mujeres para interesarse por la astrología, sino que es un saber aprehendido que condensa perfectamente las pretensiones de feminidad por ser pseudocientífica, emocional, individualista y del dominio privado4.

La politización significa la transposición de lo privado a lo público. Lo que hoy sucede es más bien que lo público se disuelve en lo privado. La esfera pública se desintegra en esferas privadas5.

Por lo dicho anteriormente, se puede concluir que la astrología se expande sobre una esfera “apolítica”. Y este es el punto en el que considero que es imposible de maridar con los feminismos. En la era de la muerte Dios, pareciera renacer el pensamiento mágico. Sin ánimos de ensalzar a una y desterrar a la otra, es innegable que el neoliberalismo es un caldo de cultivo para la pérdida de los lazos comunitarios que se gestaban a partir de prácticas religiosas, así como también se diluye cualquier norte de moralidad compartida. La astrología se desenvuelve en lugares privados y generalmente es una práctica que se da uno a uno —o, mejor dicho, una a una—. No hay mandamientos, ni salvación, ni culpa, ni bienaventuranza. La astrología fetichizada de nuestro siglo está ahí, lista para usarse cuando una reunión de amigas lo disponga, lista para constituir un juego “aesthetic” que será compartido en historias de Instagram, lista para echar luz sobre problemas con el exnovio y con el nuevo compañero de trabajo —y claro, las preguntas nunca versan sobre los problemas de la “flexibilización” laboral—. 

El problema principal con la astrología es que anida una ilusión solipsista, y, en consecuencia, carece de responsabilidad. El determinismo que la caracteriza hace a la pérdida de agencia y de reconocimiento de la alteridad.

Obviando que la astrología anda floja de papeles con sus predicciones, su práctica no es inocua. La crítica respecto de la práctica astrológica se centra en su apoliticidad, y en el hecho de que no es casual que resurja en esta época neoliberal en la que cualquier llamado a ensayar una crítica sistémica del capitalismo resuena como una avanzada anarco-hippie. Sumado a ello, el rol principal que —no casualmente— detentan las mujeres en las prácticas astrológicas, es razón también para erigirnos en sujetos responsables capaces de expandir sus preguntas más íntimas llevándolas mucho más allá de la esfera de las relaciones amorosas —que, todas lo sabemos, es una de las principales consultas a los astros—.

La práctica fetichizada de la astrología no debiera ni ocupar un espacio lúdico, y esto no pretendo plantearlo desde un lugar moralizante que suponga sacar la atención de la astrología para posicionarla sobre algún tipo de Verdad a descubrir, sino lo opuesto. Reencontrarnos con la pregunta, con la duda, con la labor que requiere saber qué pensamos sobre algo —con lo difícil que es—, volver a intercambiar opiniones y quitarles el determinismo, buscar respuestas en nuestra historia, en la historia del pueblo en el que vivimos, en la de nuestras familias, en la escuela, en las modas de nuestro tiempo, en las políticas económicas de nuestro país.

Sacarle lugar a esta espiritualidad de bolsillo deja espacio para preguntarse sobre las condiciones de posibilidad de lo que sucede en el mundo, y, por supuesto, también en nuestras vidas. La astrología mutila con sus respuestas la posibilidad de abrir el mundo a través de la mirada del otro. La astrología aniquila la alteridad.

Conclusión

La relación entre astrología y feminismos es compleja, por no decir imposible. El feminismo reclama la politización de esferas que se presentan como privadas; mientras que la astrología hace lo opuesto: privatiza sus preguntas y sus respuestas. 

Probablemente, la astrología también sea una forma de entendernos entre mujeres, un lenguaje común en el que “ser semilla cósmica” resulta un mensaje críptico que únicamente nosotras entendemos. Pero hay lugares mucho más interesantes para encontrarnos y muchas formas en las que podemos nominar lo que solamente nosotras, feminizadas, vivimos.

Devolverle al mundo su misterio, su imposibilidad, es parte de la cruzada que hay que llevar en estos tiempos dicotómicos en los que todo es comprensible, cuantificable, sistematizable, y, al mismo tiempo, relativo. Dialéctica imposible que nos lleva a la absoluta contradicción: a erigir la bandera feminista y a continuar validando prácticas que no inocentemente revalidan nuestra feminización. Simone de Beauvoir, en “El segundo sexo”, nos dijo que: “no se nace mujer, se llega a serlo6”; la lucha feminista también es alejarnos de lo que se entiende culturalmente por “mujer” para inventarnos nuestras propias formas de encontrarnos —o no— en la feminidad.

En este siglo en la que todo es culpa de todos, y, en consecuencia, de nadie, advertir las razones y las proyecciones de nuestras prácticas cotidianas no salvará al mundo, pero probablemente nos devuelva algo de esa capacidad crítica que, como sujetos éticos que somos, precisamos para vivir de forma auténtica.

Notas

[1] González, L.; Aduriz, A. ¿Por qué la astrología no es una ciencia?; Planetario Galileo Galilei; Si Muove; 8; 3-2014; 19-26.

[2] Suarez Tomé, Belli, Mileo. “Epistemología feminista”. EUDEBA.

[3] Korol, C. & Castro, G. (Comp.) Feminismos populares. Pedagogías y políticas. (2016). La Fogata Editorial. Argentina; págs. 137 – 151.

[4] Ibídem.

[5] Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto. Herder Editorial; pág. 120.

[6] Beauvoir, S. (2013). El segundo sexo (J. García-Puente, Trad.). Debolsillo. (Obra original publicada en 1949).

La imagen de cabecera se utiliza de acuerdo con nuestros términos de uso de imágenes. Para más información, visite nuestros términos de uso.

Cita este artículo (APA): García, M. (2025, 17 de febrero). Feminismos y astrología: un amor imposible. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/02/feminismo-y-astrologia

¡Apóyanos a seguir llevando la filosofía a la red!

Suscríbete a Στοά, el newsletter gratuito de Filosofía en la Red: recibe noticias, novedades e información relacionada con nuestra plataforma: ¡nuestra comunidad supera los dos mil seguidores! Pero, si buscas un poco más —y deseas apoyarnos—, te ofrecemos una membresía de pago con planes anuales o mensuales. Tu aporte financiero nos permite mantener este proyecto sin paywalls.

Beneficios de la membresía:

• Correo semanal: recibe un adelanto de los artículos que publicaremos.

• Insider: entérate de nuestros nuevos proyectos antes que nadie, así como descubre el backstage de Filosofía en la Red.

• Club de Lectura: accede sin coste adicional a nuestro club de lectura, que tiene una cuota de recuperación.

• Grupo de WhatsApp: un grupo privado para platicar, debatir y compartir de forma más cercana y directa.

O si lo prefieres, puedes hacernos una donación. Tu respaldo es vital para nosotros. Tu apoyo nos da la energía y el ánimo para continuar adelante.

💖 Donaciones 💖

España y el resto del mundo: https://donate.stripe.com/aEU28rfBCbag1VK9AC

México: https://donate.stripe.com/3cs8wP1KMa6c9oc5kn

🏦 Transferencia bancaria 🏦

España (IBAN): ES5868930001790000133394 [Nickel]

México (CLABE): 138580000017882412 [ABC Capital]

¡Gracias por estar y formar parte de la comunidad Filosofía en la Red!