«Eres joven, bonita, rica, lista, ¿qué más quieres?, ¿por qué no estás nunca satisfecha?1». Esto fue lo que en cierta ocasión le preguntó en el colegio Margaret Harkness a su prima Beatrice Ellen Potter, Bo o Bea para sus íntimos. Margaret, con el tiempo autora de novelas, era hija de un modesto párroco rural, mientras que Beatrice era la hija de un rico empresario de Liverpool cuando Inglaterra era la pujante potencia industrial en la segunda mitad del siglo XIX. Desde que nació en Gloucester, el 22 de enero de 1858, Bo vivió siempre en la abundancia económica. Criándose en ese contexto familiar, lo que le tocaba era preocuparse únicamente por casarse con un hombre que le garantizase al menos el mismo nivel de bienestar material al que estaba acostumbrada desde su nacimiento. Pero al llegar a su adolescencia, la joven Beatrice no se mostraba muy conforme con el guion que para ella tenía prescrito la sociedad victoriana de la época. Cuál sería su destino era una cuestión que le preocupaba sobremanera a sus quince años de edad; algo que su madre y hermana consideraban una obsesión insana. No les cabía en su cabeza formateada para ser ejemplares damas de sociedad que a ella no le bastara con ser —como la misma Beatrice dejó escrito en su diario— «una de las elegantes señoritas Potter que viven en magníficas casas con preciosos jardines y se casan con hombres riquísimos2».
El casamiento no era, desde luego, la principal de las prioridades de la inquieta Bea. Menos aún cuando tuvo la suerte desde pequeña de que no le pusiesen trabas a su curiosidad innata, gozando de libertad para viajar, leer y tener amistades, entre ellas las de los hombres, con cuya compañía se deleitaba particularmente experimentando el poder que su belleza le confería para hechizarlos; eso sí, evitando en todo momento un compromiso afectivo que pudiera llevarle a un desenlace marital en ningún caso deseado.
Su padre, Richard Potter, un hombre hecho a sí mismo que había amasado una considerable fortuna gracias a los negocios de la madera y los ferrocarriles, pertenecía a la nueva clase dirigente británica. Aunque en su madurez votaba a los conservadores, no era el típico plutócrata tory. Cultivaba la amistad de periodistas, científicos y filósofos. Entre estos se encontraban el biólogo Thomas Huxley, sir Francis Galton, primo de Charles Darwin, y el más cercano de todos a la familia, Herbert Spencer, que consideraba al padre de Beatrice «el ser humano más agradable que he conocido nunca3», según señaló el mismo filósofo en su Autobiografía. Cuanto más antisocial se volvía Spencer, más le gustaba visitar a los Potter para liberar a las niñas de sus institutrices al grito de «¡la sumisión no es buena!4». Él fue quien más animó a Beatrice a perseguir sus ambiciones intelectuales. Le solía decir que era una «metafísica nata». Para la escritora Silvia Nassar, «sin su apoyo, seguramente Beatrice se habría resignado a llevar la clase de vida que exigían las convenciones –y a veces su propio corazón–5».
El cuadro de un padre tan extraordinariamente liberal en la educación de sus ocho hijas se completa con este apunte autobiográfico de su Bo en el que segura que era «el único hombre que he conocido que creía sinceramente en la superioridad de las mujeres respecto a los hombres y actuaba en consecuencia6». Su madre, Laurencina Heyworth, fue, sin embargo, el ascendente oscuro en su crianza; un personaje melancólico, cuando no depresivo, epítome de la mujer frustrada en su condición de esposa y madre. Seguramente un referente en negativo para quien quería escapar de ese que parecía ser el único destino posible para las mujeres de aquella época y clase social. No obstante, sí que siguió a su madre en la afición por la escritura, lo que la llevó a empezar un diario cuando cumplió los quince que siguió escribiendo hasta su muerte. No hubo educación formal para la joven Bo, lejos de las instituciones académicas; fue mayormente autodidacta con libre acceso a la excelentemente surtida biblioteca familiar, donde pudo leer libremente obras de religión, filosofía y psicología, y conocer las ideas del filósofo francés de moda por entonces, Auguste Comte, pionero de la sociología, sin duda una influencia relevante a juzgar por los derroteros que seguirán los intereses de la joven.
La irrefrenable curiosidad de la audaz Miss Potter —quien a sus 18 años escribió en su diario «me siento como un animal enjaulado, atada por el lujo, el confort y la respetabilidad de mi posición7»— fue la que sin duda la condujo a ser una de las precursoras de la sociología, no tanto desde un enfoque teórico, sino, más bien, desde la experiencia práctica. Su colaboración, aun siendo joven, en la Charity Organization Society8, fue su puerta de entrada a los estudios de campo sociológicos. Por aquel entonces, el pobre de solemnidad solo contaba con ese tipo de organizaciones de carácter totalmente voluntario para mitigar su malhadada situación. En la segunda mitad del siglo XIX, en aquella Gran Bretaña dominada por un férreo sentido de la propiedad privada y el beneficio egoísta como pilares éticos de la prosperidad, la idea de distribución de la riqueza a partir del sentido de la justicia social era sencillamente una noción marciana. Es en esa asociación caritativa donde la señorita Potter se inicia en la investigación social a través de la investigación de primera mano para conocer las condiciones de vida reales de la creciente e institucionalmente maltratada clase trabajadora. A partir de ese trabajo empírico llegó a la certeza de que la caridad victoriana jamás podría resolver el problema de la pobreza, al tiempo que descubrió el poder positivo del cooperativismo. Pone en la educación, el acceso a la vivienda y la garantía de una atención sanitaria digna, los mínimos para mejorar la vida de los trabajadores. Establecer los medios para cumplir esos estándares exigía un conocimiento riguroso de su realidad social, para lo cual era menester la recopilación rigurosa y sistemática de datos mediante la investigación social por aquel entonces prácticamente inexistente.
En 1886, sin haber alcanzado aún la treintena, se asoció con el filántropo Charles Booth, marido de su prima, para elaborar un estudio sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora que tuvo por título Life and labour of the People9. Según Booth, la coexistencia de miseria y riqueza en la sociedad victoriana de principios de la década de 1880 era un problema que no podía resolverse si no se superaba con conocimiento riguroso la desconcertante diversidad de diagnósticos y remedios propuestos. Las gratuitas teorizaciones de los expertos en economía política y las observaciones sin método de los activistas impedían a unos y otros proporcionar una descripción completa y libre de sesgos. Esto es lo que empezó a cambiar decisivamente el trabajo empírico y metódico de Miss Potter, entrevistando obreros, visitando sus casas y lugares de trabajo, y anotando detalladamente todas sus observaciones. Este trabajo de campo lo complementó por iniciativa propia con el estudio de las nociones básicas de economía política aportadas por las obras de Adam Smith, David Ricardo, Alfred Marshall y Karl Marx.
Fue su investigación sobre el cooperativismo la que le llevó a conocer a Sidney Webb, con quien se casó en 1892. Por él ingresará en la Sociedad Fabiana10, a la que pertenecerá el resto de su vida. Se trataba de una organización de gente pudiente e intelectuales de la talla de George Bernard Shaw y Herbert George Wells que perseguía la consecución de una sociedad justa mediante reformas, en ningún caso mediante la revolución que entonces era el medio que postulaban posturas políticas del arco ideológico marxista. Para que nos hagamos una idea de lo que perseguían, Sidney Webb y George Bernard Shaw, que eran íntimos, postulaban un socialismo sin lucha de clases y compatible con el capitalismo y la democracia parlamentaria. Se trataba de domesticar el mercado y distribuir la riqueza mediante el adecuado sistema de impuestos. Una socialdemocracia avant la lettre11.
El matrimonio Webb resultará una pareja plenamente comprometida tanto en el plano teórico, desarrollando una importante tarea investigadora, como en el práctico, al consagrarse a la actividad política. Para la escritora Silvia Nasar «desde el momento en que se casaron, formaron un think tank, quizá el primero de todos y probablemente uno de los más eficaces12». El sindicalismo, el cooperativismo, el gobierno local y la pobreza serán temas objeto de los estudios en los que colaborarán a lo largo de su vida en común hasta la muerte de Beatrice en 1943. En ellos encontramos los elementos que más o menos medio siglo después serán los cimientos del revolucionario Welfare State británico. Según el testimonio que conservamos de H. G. Wells, que llegó a ser muy próximo a la pareja durante cierto tiempo, era Beatrice la que llevaba la iniciativa de la pareja en todos los aspectos, pues «era decidida, imaginativa y con gran capacidad de generar ideas13». Estas virtudes explican sin duda que llegaran a tener cierta influencia en la acción política de Winston Churchill en su época del Partido Liberal.
No termina aquí el legado de Beatrice Webb. Junto con su marido, Graham Wallas y George Bernard Shaw, fue la fundadora de la London School of Economics en 1895, con la intención de crear el lugar de formación que necesitaba la clase de expertos en ingeniería social que requería el nuevo paradigma de Estado; años después será reconocida como facultad de Economía en 1900, la primera facultad de Ciencias Económicas en el mundo integrada en la Universidad de Londres. Y si este fue un logro de primer orden en el ámbito académico, no lo fue menor en el plano político la creación del Partido Laborista Británico en 1906, al que contribuyó de manera decisiva la Sociedad Fabiana encabezada por los Webb.
Pero ella no debe tener un lugar preeminente en el exiguo olimpo intelectual femenino de la historia por este legado de trascendencia indiscutible, sino por ser un ejemplo de espíritu curioso y ávido de conocer la realidad social de su época con el encomiable fin de transformarla para mejor. Lo que la llevó a renunciar a sus planteamientos iniciales, muy apegados a las tesis libertarias de su admirado y apreciado Herbert Spencer, tal como el filósofo las expuso en su El individuo contra el Estado14, para reconocer lo valioso del cooperativismo y lo irrenunciable del papel del Estado como garante de la justicia social. Su evolución es un ejemplo de virtud filosófica, que es incompatible con la soberbia ególatra de quien se aferra a sus creencias, haciendo imposible el reconocimiento del error propio, necesario requisito de entrada al saber.
Notas
[1] Nasar, S. (2012). La gran búsqueda. Una historia de la economía. (Traducción de Zoraida de Torres Burgos). Debate; pág. 118.
[2] Ibídem.
[3] Ibídem, pág. 119.
[4] Ibídem, pág. 122.
[5] Ibídem, pág. 123.
[6] Ibídem, pág. 120.
[7] Ibídem, pág. 124.
[8] Las Sociedades de Organizaciones de Caridad se fundaron en Inglaterra en 1869 a raíz de la ‘Acta de Goschen’ que buscaba restringir severamente la ayuda externa distribuida por los Guardianes de la Ley de Pobres siguiendo las líneas del sistema Elberfeld.
[9] Ver (en inglés): https://archive.org/details/lifelabourofpeop00bootuoft/page/n7/mode/2up
[10] La Sociedad Fabiana, fundada el 4 de enero de 1884 en Londres, es un movimiento socialista británico cuyo propósito es avanzar en la aplicación de los principios del socialismo mediante reformas graduales. Es también conocida por formar los cimientos de lo que más tarde sería el Partido Laborista británico.
[11] Expresión francesa que significa literalmente “antes de la letra”. Se usa para referirse a algo o alguien que existía o tenía ciertas características antes de que se acuñara un término específico para describirlo.
[12] Nasar, S. (2012). La gran búsqueda. Una historia de la economía. (Traducción de Zoraida de Torres Burgos). Debate; pág. 152.
[13] Ibídem.
[14] Publicado originalmente en 1885.
Bibliografía
Biblioteca de Económicas (2022). Beatrice Potter Webb. Universidad Autónoma de Madrid. Sitio web: https://www.uam.es/uam/biblioteca-economicas/noticias/conmemoracion-8marzo
Imagen | Wikipedia
Cita este artículo (APA): Agüera, J. (2025, 8 de marzo). Beatrice Potter Webb: la insatisfecha mujer rica y bonita que plantó la semilla del estado del bienestar. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/03/beatrice-potter-web-biografia
¡Apóyanos a seguir llevando la filosofía a la red!
Suscríbete a Στοά, el newsletter gratuito de Filosofía en la Red: recibe noticias, novedades e información relacionada con nuestra plataforma: ¡nuestra comunidad supera los dos mil seguidores! Pero, si buscas un poco más —y deseas apoyarnos—, te ofrecemos una membresía de pago con planes anuales o mensuales. Tu aporte financiero nos permite mantener este proyecto sin paywalls.
Beneficios de la membresía:
• Correo semanal: recibe un adelanto de los artículos que publicaremos.
• Insider: entérate de nuestros nuevos proyectos antes que nadie, así como descubre el backstage de Filosofía en la Red.
• Club de Lectura: accede sin coste adicional a nuestro club de lectura, que tiene una cuota de recuperación.
• Grupo de WhatsApp: un grupo privado para platicar, debatir y compartir de forma más cercana y directa.
O si lo prefieres, puedes hacernos una donación. Tu respaldo es vital para nosotros. Tu apoyo nos da la energía y el ánimo para continuar adelante.
💖 Donaciones 💖
España y el resto del mundo: https://donate.stripe.com/aEU28rfBCbag1VK9AC
México: https://donate.stripe.com/3cs8wP1KMa6c9oc5kn
🏦 Transferencia bancaria 🏦
España (IBAN): ES5868930001790000133394 [Nickel]
México (CLABE): 138580000017882412 [ABC Capital]
¡Gracias por estar y formar parte de la comunidad Filosofía en la Red!
Profesor de filosofía en un instituto de educación secundaria de Granada (España). Colaborador habitual de medios digitales y periódicos regionales; autor de artículos publicados en algunas revistas nacionales.
