Etty Hillesum: mística, solidaridad, teo-antropo-cósmica

Contemplar la vida de la joven holandesa Etty Hillesum es recorrer el itinerario existencial y espiritual de una mujer que se abrió a la posibilidad de percibir la realidad con una nueva inocencia. Inició un camino en busca de sentido, permitiéndose ser transformada por Dios y saliendo del estancamiento espiritual en medio de la incertidumbre. Se descubrió vulnerable y aprendió a arrodillarse, hallando en un momento preciso la mediación adecuada para vivir plenamente la experiencia de la vida.

Una mujer que se comprometió con el prójimo, en una actitud teologal que se hizo experiencia significativa dentro de su cotidiano vivir, haciéndose una mística de la solidaridad teo-antropo-cósmica, construyendo una vida orientada hacia el ayudar a Dios; una vida–itinerario entre la escritura, la mística y la resistencia. Algo que podemos constatar en su testimonio consignado en su diario y cartas.  

Matices de una vida:
la búsqueda de sentido 

Esther “Etty” Hillesum1 —nombre con el que era conocida entre su círculo de amigos— fue una joven holandesa de origen judío, nacida el 15 de enero de 1914 en Molenwater, Middelburg. Falleció el 30 de noviembre de 1943, a los 29 años, en el campo de concentración de Auschwitz. Su familia estaba conformada por su padre, Louis Hillesum, profesor de lenguas clásicas; su madre, Riva (Rebeca) Bernstein, profesora de ruso, quien emigró a Ámsterdam alrededor de 1907; y sus dos hermanos: Jaap (Jacobo) Hillesum, médico de profesión, y Mischa (Michel) Hillesum, un virtuoso compositor y pianista.

Etty llevó a cabo sus estudios básicos en la escuela Graaf Van Buren y cursó la educación secundaria en Deventer (1926). Sus resultados académicos no eran especialmente destacados, pero en 1932, tras aprobar sus exámenes finales, comenzó a estudiar Derecho en Ámsterdam. En 1937 alquiló una habitación en la residencia de Hans Wegerif, con quien, con el tiempo, desarrolló una relación íntima.

De manera autodidacta, estudió lengua y literatura rusa, además de enseñar ruso en la Universidad Popular de Ámsterdam e impartir clases particulares hasta el día en que fue deportada al campo de tránsito de Westerbork. La literatura, por contraparte, se convirtió en su segunda patria, y su itinerario espiritual estuvo marcado por la lectura y la cita literal de diversas fuentes, entre las que destacan el poeta Rilke, el escritor ruso Dostoievski, la Biblia y Las confesiones de San Agustín.

Su diario: la clave de su itinerario
en la búsqueda de Dios

Su Diario está compuesto por once cuadernos, aunque el séptimo no ha sido encontrado. Diez de estos llegaron a manos del escritor Klaas Smelik entre 1946 y 1947, gracias a María Tuinzing, una amiga a quien Etty confió sus escritos y un fajo de cartas antes de ser trasladada al campo de Westerbork.

El Diario ha sido traducido a varios idiomas, con ediciones destacadas en neerlandés (1986), francés (2008), italiano (2012-2013), alemán (2014) y la versión en español de sus Obras completas en 2020. Entre sus escritos se cuentan 73 cartas, dos de las cuales mencionan su partida del campo de tránsito de Westerbork hacia Auschwitz.

En su Diario, Etty plasma sus vivencias y reflexiones personales, acompañadas de citas textuales de diversos autores, reflejando su pasión por la lectura y su formación intelectual. Sus escritos revelan a una mujer consciente de su estancamiento, que, iluminada por la posibilidad de la palabra escrita, orienta su camino hacia una vida con sentido y una percepción de la realidad anclada en una mística de la solidaridad teo-antropo-cósmica.

Etty inicia su búsqueda de sentido en el contexto socio histórico de la Segunda Guerra Mundial, un escenario que desafía su cosmovisión y acompaña su transformación espiritual. Su Diario, además de ser un testimonio personal, ofrece una mirada profunda a la realidad social, política y humanitaria de los Países Bajos de su tiempo. 

Julius Spier,
una mediación hacia la interioridad

Cuando el caos interior parece apoderarse del ser, la luz irrumpe, iluminando el camino y ofreciendo una nueva perspectiva. Es como un rompecabezas con piezas desordenadas y sin sentido aparente. Cuando la incertidumbre domina una vida desajustada, puede surgir un encuentro que lo transforma todo. Un encuentro que bien podría resumirse en el antiguo proverbio: “cuando el alumno está preparado, aparece el maestro2”.

Solo cuando el tiempo es propicio, la luz se abre paso en la oscuridad con tal intensidad que altera la dinámica y comienza a dar sentido al conjunto del rompecabezas. En la vida de Etty, Julius Spier3 llega en el momento justo, cuando las puertas parecían cerrarse. Su presencia no solo le ofrece una nueva perspectiva, sino que actúa como mediación, ayudándola a encontrar otras puertas por las que avanzar. Es como si él extendiera su mano y le dijera: «ven, pequeña, yo te guío».

Julius Spier aparece en la vida de Etty como una respuesta, algo que ella misma deja entrever en sus palabras: ”ahí estaba yo, con mi atasco espiritual. Él me tomó de la mano y dijo: mira, así tienes que vivir4”. A partir de ese encuentro, su forma de vivir adquiere un nuevo matiz. La mediación de Spier le permite emprender un camino donde las sombras comienzan a disiparse, y la puerta de acceso a su mundo interior se abre. La joven aprende a habitar su vida con mayor fluidez, a nombrar lo que sucede en su interior y a construir una experiencia más significativa.

Las herramientas que Spier pone en sus manos —la escritura, la palabra, la lectura de buena literatura, el silencio, el ejercicio físico y la pausa reflexiva— se convierten en recursos esenciales para minimizar su caos interior. Una decisión clave en este proceso es ampliar el tiempo de encuentro consigo misma: lo que antes eran apenas diez minutos, se convierte en un espacio sagrado de treinta minutos dedicados a la meditación.

Así, Etty se descubre ante un hombre que reza, un hombre de fe. Se reconoce frente a su maestro, el mediador que le permitirá ahondar en su búsqueda de sentido y dar los primeros pasos hacia un encuentro relevante con Dios. Spier, con su profunda capacidad de acogida, no solo la acompaña en este proceso, sino que la guía y la invita a beber de las fuentes que nutren su propia experiencia. A través de la lectura de la Biblia, comienza a perfilar los primeros núcleos teológico-espirituales que le permitirán avanzar del caos al orden, desarrollando una disposición interior para recibir la comunicación con lo trascendente.

Aprendiendo a orar
con Etty Hillesum

El sentido de la oración para Etty Hillesum se configura en dos dimensiones dentro de su itinerario vital y espiritual. La primera la concibe como una entrada en sí misma: “me adentraré en mi misma media horita, escuchar lo que hay en mi interior. Sumergirse en uno mismo5«.

La segunda dimensión de la oración se enmarca en su búsqueda de Dios en lo más profundo de su ser: 

Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios. A veces puedo llegar hasta Él, pero otras veces hay piedras y escombros que ciegan el pozo y Dios está enterrado debajo. Entonces hay que desenterrarlo de nuevo6.

Estas concepciones trazan su experiencia de Dios y el papel cada vez más central que adquiere la oración en su vida y transformación. Su Diario refleja esta evolución con claridad, marcando un antes y un después en su relación con la oración. Esto se hace especialmente evidente el 12 de julio de 1942, cuando su diálogo consigo misma es reemplazado por un diálogo con Dios. Es como si el Diario diera un giro y se convirtiera en un libro de espiritualidad, donde la oración adquiere un significado renovado.

Para Etty, la oración es un itinerario que comienza de manera incipiente, apoyado en ejercicios y terapias psicológicas, la escritura de su Diario y la lectura de literatura. Con el tiempo, este proceso se transforma en un camino de crecimiento interior, un seguimiento consciente de lo que ella misma denomina “la chica que no sabía arrodillarse. La chica que aprendió a orar7«.

En medio de la adversidad, la vulnerabilidad y el sufrimiento, Etty se abandona en manos de su Dios. Descubre en la oración un refugio, un espacio de luz en medio de su desierto. Su relación con Dios no se enmarca dentro de los moldes tradicionales del judaísmo o el cristianismo; más bien, lo concibe como una voz interior que poco a poco se transforma en su Dios, uno que consuela en el sufrimiento, al que se le habla. Así, la oración se convierte en un espacio teológico, un lugar de encuentro con lo trascendente.

Una mística de
la solidaridad-teo-antropo-cósmica

El itinerario vital y espiritual de Etty revela una clave fundamental en su proceso de transformación: la escritura, el encuentro con la Palabra y su incansable búsqueda de Dios. Su experiencia con el sufrimiento y la incertidumbre la lleva a renunciar a un yo solitario frente a la realidad de su pueblo y, en su lugar, asumir un nosotros. En esta decisión, se propone ser un bálsamo para tantas heridas, encarnando la solidaridad como un camino de sentido.

Desde esta nueva percepción de la realidad —lo que ella misma llama la nueva inocencia—, Etty da el paso de una vida con “v”, a una Vida con “V” mayúscula. Se abre así a una experiencia de doble vía: del Misterio a la mística, de la revelación de Dios a la vivencia concreta que el ser humano hace de ella8. En su camino, la mística de la solidaridad9 adquiere matices de una mística teo-antropo-cósmica o, mejor aún, cosmoteándrica10, pues su comprensión de la realidad se teje entre la conciencia del odio y la fuerza de la solidaridad. Para Etty, la búsqueda de Dios no solo es un acto individual, sino también un compromiso con su pueblo; ayudar a Dios significa también ayudar a los demás, ser uno con ellos.

La memoria del sufrimiento orienta a Etty hacia el reconocimiento del prójimo, hasta el punto de hacer del dolor ajeno su propio dolor. Como ella misma expresa: “En este mundo destrozado, los caminos más cortos entre un ser humano y otro pasan solo por el alma11”. Esta apertura al otro no es solo un acto de empatía, sino una manifestación de conversión: una señal de que Dios se encuentra ahí, en medio de los vulnerables, en aquellos que sufren.

Notas 

[1] Datos bibliográficos tomados principalmente de Hillesum, E. (2020). Obras completas (M. Arguilé Bernal y F. Arriero Perantón, Trads.). Editorial Monte Carmelo.

[2] Proverbio posiblemente atribuido al Zen. 

[3] Julius Spier, un judío alemán y psicoquirólogo [pseudociencia que relaciona las señales de la mano con el carácter], es citado en los diarios de Etty Hillesum simplemente como “S”. En su vida, aparece, como un signo, una mediación providencial que la impulsa a dar el primer paso para salir de su estancamiento espiritual. Posiblemente, por recomendación de Spier, Etty inicia la escritura de su diario vital y espiritual, un acto que marcará profundamente su proceso de transformación.

[4] Hillesum, E. (2020). Obras completas (M. Arguilé Bernal y F. Arriero Perantón, Trads.). Editorial Monte Carmelo. Pág. 37. 

[5] Ibídem, págs.127-128. 

[6] Ibídem, pág. 187.  

[7] Ibídem, pág. 960.

[8] González de Cardedal, O. (2015). Cristianismo y mística. Editorial Trotta; pág. 9.

[9] Categoría usada por el teólogo José Ignacio González Faus, en su libro Etty Hillesum una vida que interpela (Sal Terrae, 2014), para referirse al paso de lo teórico a la praxis de la solidaridad en la Vida de joven dentro de sus consideraciones de ser “el corazón pensante de los barracones” y ser «bálsamo para tantas Heridas». Cfr. Hillesum, E. (2020). Obras completas (M. Arguilé Bernal y F. Arriero Perantón, Trads.). Editorial Monte Carmelo; págs. 149, 193, 200.

[10] Neologismo usado por el teólogo indo-catalán Raimon Panikkar (cfr. Panikkar, R. (1999). La intuición cosmoteándrica: Las tres dimensiones de la realidad. Editorial Trotta).

[11] Hillesum, E. (2020). Obras completas (M. Arguilé Bernal y F. Arriero Perantón, Trads.). Editorial Monte Carmelo.

Imagen | Wikipedia

Cita este artículo (APA): Padilla, Á. (2025, 8 de marzo). Etty Hillesum: mística, solidaridad, teo-antropo-cósmica. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/03/etty-hillesum-biografia

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