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Muchas personas afirman que en México se experimentan momentos que rebasan la realidad y la razón cotidianamente, considerado un país con gran capacidad para el sincretismo cultural y denominándolo surrealista. Sostengo que las opiniones de Bretón y Dalí, así como la estadía de los vanguardistas en México, dejaron un concepto a los intelectuales mexicanos para pensar las realidades mexicanas a posteriori. Por lo tanto, el orgullo de utilizar la denominación de país surrealista no hace más que desviar el pensamiento crítico y ocultar los problemas detrás de conceptos postmodernos.
En las próximas líneas busco analizar algunas realidades de México que se cubren del manto simbólico del absurdo, la ironía y la festividad como una cualidad aplaudida del espíritu resiliente del mexicano.
¿Qué es el surrealismo?
El surrealismo es un movimiento artístico y literario iniciado en Francia en 1924 con un manifiesto1 de André Bretón, y que intenta sobrepasar lo real impulsando lo irracional y onírico mediante la expresión automática del pensamiento o del subconsciente.
La visita a México de André Bretón en 1938 y su regreso a Europa, contribuyó con elogios y recomendaciones para conocer dicho país entre su círculo intelectual. Años después, en una entrevista en 1971, Salvador Dalí reforzó dicha opinión al comentar que, de ninguna manera volvería a México porque no soportaba estar en un país más surrealista que mis pinturas2. Además, México se volvió hogar para muchos artistas del movimiento surrealista durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, cohabitando con los muralistas mexicanos en un sincretismo cultural. Las características del surrealismo son:
Exaltación del inconsciente, los sueños y lo irracional.
Uso de la escritura y la pintura sin planificación consciente; liberar la creatividad mediante técnicas de automatización.
Mezcla de elementos realistas con lo fantástico o lo imposible.
Influencia del psicoanálisis para exaltar los miedos, deseos reprimidos y símbolos oníricos.
Figuras y objetos metamorfoseados para llegar a lo perturbador.
Critica el racionalismo y el materialismo de la sociedad; busca la libertad de la imaginación.
Humor e ironía para cuestionar normas sociales, al mismo tiempo que desafiar la lógica de la percepción convencional y exaltar lo absurdo.
Fuerte carga simbólica y significados ocultos.
Manifestaciones
del surrealismo mexicano
A continuación, algunas manifestaciones que vuelven a México un país surrealista y que son objeto de nuestro análisis:
En la tradición mexicana conviven lo mágico y lo real desde sus orígenes, y como ejemplo, las obras de Carlos Castaneda3 tuvieron mucha influencia en las juventudes desde los años 60 por su relación con el nahualismo y la psicodelia. La película mexicana “Museo4” sugiere que los ladrones del Museo Nacional de Antropología en 1985 tuvieron motivaciones de poner en práctica las enseñanzas de don Juan5. Actualmente, con la divulgación de la vida de Jacobo Grinberg, se despierta de nuevo el interés en personas como doña Pachita o María Sabina y sus formas de percibir la realidad.
La combinación de pirámides prehispánicas y catedrales coloniales genera una arquitectura que parece desafiar el tiempo; tanto los sacrificios humanos como la evangelización colonial ritualizaron la muerte como los cimientos de ambas construcciones. Los estilos arquitectónicos en México van desde lo prehispánico de Teotihuacán y el Templo Mayor, hasta lo barroco y lo neocolonial de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, o el Hospicio Cabañas en Guadalajara; no dejando fuera el Art Nouveau y el Art Deco del Palacio de Bellas Artes. Además, si caminas por algunos barrios de México, observarás el contraste entre viviendas pobres y construcciones lujosas.
La constante adoración a la muerte en México forma parte de su genética cultural, los símbolos del mundo prehispánico perduraron pese a la colonización y la fiesta de los “fieles difuntos”, o, mejor dicho, “Día de Muertos” el 2 de noviembre conmemora a Mictlantecuhtli en pocas palabras. La adoración a la “Santa Muerte” es otra manifestación del mismo símbolo en la cultura popular, adoptada por el narcotráfico como figura central y brindando protección a todo aquel que está en riesgo constante. Actualmente, los elementos de la “narcocultura” representan a México internacionalmente a través de su música, películas, series biográficas, documentales y moda, dando a entender que las nuevas generaciones han crecido amamantadas por una cultura que celebra la necrofilia6.
La política mexicana podría describirse como un drama romántico en la esfera de la farándula, caracterizada por historias entre príncipes y princesas que han vivido el sueño, provocando escándalos o terminados en ridículos. Presidentes como Díaz Ordaz, López Portillo y Salinas de Gortari, quedaron flechados por actrices del momento con quienes tuvieron una relación amorosa. Con Peña Nieto se utilizó esta fórmula de mercadotecnia que no hizo más que evidenciar la telenovela de la política en México, retratada con ironía en la película “La dictadura perfecta”7. Los políticos se “enamoran” de actrices, cantantes y bailarinas que encuentran oportunidad de más fama y más dinero.
La creciente influencia de la televisión y la cultura popular en México ha permitido que diversas figuras del entretenimiento incursionen en la política, ocupando cargos públicos sin una formación política tradicional. Ejemplos notables incluyen a Carmen Salinas, actriz que se desempeñó como diputada federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); Cuauhtémoc Blanco, exfutbolista, exgobernador de Morelos por el Partido Encuentro Social (PES) y diputado federal (Morena); y Sergio Mayer, actor y cantante que ocupó una diputación federal representando a Morena. Este fenómeno refleja una tendencia en la que la popularidad mediática se traduce en capital político, permitiendo que personalidades del espectáculo y el deporte accedan a posiciones de poder sin una trayectoria política previa.
El absurdo
y la política mexicana
La política mexicana produce gran cantidad de absurdos y mentiras para sostener los fraudes electorales, el acarreo de las masas populares y el tapadismo8 partidista. A lo largo de la historia política de México, se han señalado diversos procesos electorales como supuestamente fraudulentos9. Entre los más mencionados se encuentran: la séptima reelección de Porfirio Díaz en 1910, que desencadenó la Revolución Mexicana; las elecciones de 1929, en las que José Vasconcelos denunció irregularidades y optó por el exilio; la llamada “caída del sistema” en 1988, durante el conteo de votos que llevó a la presidencia a Carlos Salinas de Gortari; y las elecciones de 2006 y 2012, en las que Andrés Manuel López Obrador perdió frente a Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, respectivamente, en medio de acusaciones de fraude.
La disputa partidista en México está llena de contradicciones ideológicas, disipando las diferencias entre ultraderecha, izquierda y centro; de hecho, es común que los políticos cambien de partido según su conveniencia. Como consecuencia, se ha señalado que la corrupción10 en las instituciones gubernamentales ha manipulado la información en beneficio de unos pocos, llevando a la crisis al INE11 y al INAI12.
Otra característica es la relación entre el narcotráfico y el gobierno mexicano13, fenómeno que también refleja cómo la cultura popular ha resultado atractiva para ciertas élites. El narcotráfico, además, surge desde las bases sociales como la ilusión de un poder popular que, al acceder a cargos públicos, busca ejercer venganza o justicia por mano propia. En la actualidad, se percibe una estrecha vinculación entre ambas esferas, mientras la sociedad asiste al constante malabarismo discursivo de las autoridades.
La ironía mexicana
como crítica social
La sociedad mexicana es experta en utilizar la ironía de forma cotidiana. Subraya Christopher Domínguez Michael14 que el procedimiento irónico tiene una función crítica fundamental: develar que no existe una verdad esencial detrás de los fenómenos y, simultáneamente, desarrollar un sentido crítico respecto a ellos para evitar su idolatría. Con esto, alude a las crónicas de Carlos Monsiváis, un maestro de la ironía y cronista de las vivencialidades de los mexicanos.
Por un lado, Monsiváis logró un desmontaje de las ideologías del aparato estatal priista15, logrando demostrar la inexistencia de la dimensión esencial de “la nación” o “lo mexicano”. Por otro lado, realizó crítica constante de las idolatrías de “lo popular”, “la tradición” e, incluso, “lo masivo”, entidades populistas cómplices directamente del aparato de poder político y de sus mecanismos de control social.
El nuevo modelo capitalista en México adoptó un tono populista al enaltecer a figuras de la música popular que, provenientes de sectores humildes, lograron un lugar destacado en la cultura nacional. Cantantes como Juan Gabriel, José Alfredo Jiménez o Vicente Fernández, íconos de la canción ranchera y balada popular, se convirtieron en símbolos de una narrativa que exaltaba la identidad del “pueblo” y la cercanía con las masas.
La fiesta
y el sincretismo mexicano
La capacidad de sincretismo en la sociedad mexicana es notable. Un ejemplo de ello fue el enfrentamiento entre las subculturas de punks y emos en 200816. Lo que comenzó como una protesta pacífica de los emos en la Glorieta de los Insurgentes, en la Ciudad de México, derivó en confrontaciones con grupos de punks y otros jóvenes, dando como resultado agresiones físicas que las autoridades tuvieron dificultades para contener. En medio de este caos, miembros del movimiento Hare Krishna intervinieron con su música y mensajes de paz, logrando calmar la situación y dispersar a los involucrados.
En las festividades populares de México, el sincretismo cultural se hace evidente a través de la convivencia de símbolos diversos, donde la televisión ha jugado un papel clave. Desde hace décadas, las pantallas mexicanas han difundido programas, películas y caricaturas de distintas partes del mundo, destacando especialmente el anime japonés, que se ha integrado a las preferencias locales. Así, no es extraño que en carnavales o celebraciones populares convivan personajes globales como Gokú, Pikachu o el Hombre Araña, junto a figuras tradicionales como danzantes indígenas, personajes del folclore local o incluso el célebre Doctor Simi17, todo esto bajo la figura central de un santo católico como anfitrión.
Esta mezcla no es solo un rasgo lúdico, sino que revela la permanencia de una cosmovisión de raíces prehispánicas que ha reinterpretado a los santos católicos como parte de su imaginario. En la actualidad, incluso líderes sociales o personajes vinculados al ámbito criminal han sido elevados al rango de “santos populares”, percibidos como protectores o intermediarios ante lo divino. Casos como los cultos a Jesús Malverde, la Santa Muerte o san Judas Tadeo, evidencian cómo la religiosidad popular ha resignificado la violencia18, interpretando algunos asesinatos como si fuesen sacrificios de sangre, recordando así ciertos rituales de las culturas antiguas de Mesoamérica.
Conclusión
Hacer de la fiesta un medio para embriagarse y evadir la miseria social es, en cierto sentido, aceptar resignadamente la tragedia mexicana. La narcocultura ha secuestrado las celebraciones, transformándolas en exaltaciones de la muerte y la violencia, mientras la fascinación por la necrofilia se ha convertido en un emblema simbólico de lo estatal. Esta decadencia también puede entenderse a través de la obra Pedro Páramo, donde un pueblo de muertos y desaparecidos refleja de manera contundente la sistematización de asesinatos y desapariciones forzadas que marca la vida en México. La imposibilidad de realizar rituales fúnebres tradicionales queda suspendida ante la presencia de los desaparecidos19, convertidos en espectros. Este impulso necrofílico se ha nutrido de la histórica adoración a la muerte en la cultura mexicana, convirtiéndola en un producto masivo.
Sublimar la violencia resulta más sencillo cuando se contempla a través de una pantalla, a distancia del conflicto. La televisión y, más recientemente, las redes sociales, han facilitado la normalización de la corrupción y la desaparición forzada, insensibilizando a la población. Como señala Michela Marzano20, cuando la crueldad se vuelve parte del paisaje cotidiano y las personas adoptan la postura cómoda de simples espectadores, la verdad se convierte apenas en una imagen virtual. De esta forma, el horror termina por instalarse sin resistencia en la vida diaria.
Notas
[1] Bretón, A., 2001, Manifiesto surrealista, Editorial Argonauta, Argentina.
[2] Flores, M. (2024, 11 de mayo). Natalicio de Salvador Dalí: qué opinaba el pintor español de México. Infobae. Sitio web: https://www.infobae.com/mexico/2024/05/11/natalicio-de-salvador-dali-que-opinaba-el-pintor-espanol-de-mexico/
[3] Carlos Castaneda, cuyo nombre de nacimiento era Carlos César Salvador Arana Castañeda (Cajamarca, Perú; 25 de diciembre de 1925-Los Ángeles, California; 27 de abril de 1998) fue un escritor peruano naturalizado estadounidense, autor de una serie de libros que describirían su entrenamiento en un tipo particular de nahualismo tradicional mesoamericano, al cual él se refería como una forma muy antigua y olvidada. Dichos libros y el propio Castaneda, quien en escasas ocasiones hablaba en público acerca de su obra o de sí mismo, son objeto de mucha controversia.
[4] Ruizpalacios, A. (director). (2018). Museo [película]. México: Panorama Global, Detalle Films, Distant Horizon, Serendipity Point Films.
[5] Castaneda, C., 1968, Las enseñanzas de don Juan, Fondo de Cultura Económica, México.
[6] Fromm, E., 1966, El corazón del hombre. Su potencia para el bien y para el mal, Fondo de Cultura Económica, México.
[7] Estrada, L. (director). (2014). La dictadura perfecta [película]. México: Bandidos Films, EFICINE 226, Estudios Churubusco, Fidecine, IMCINE.
[8] Blancarte, R., Coordinador, 2010, Los grandes problemas de México. El colegio de México, México.
[9] Las afirmaciones sobre supuestos fraudes en los procesos electorales mencionados son percepciones y acusaciones de diversos actores políticos y ciudadanos. Hasta la fecha [marzo de 2025], no existen pruebas concluyentes que respalden de manera definitiva dichas acusaciones.
[10] La afirmación sobre la manipulación de la información y la crisis en el INE y el INAI es una percepción del autor y no implica una declaración definitiva sobre la situación de dichas instituciones.
[11] INE: Instituto Nacional Electoral, organismo autónomo encargado de organizar las elecciones federales y locales en México, garantizando su transparencia y legalidad.
[12] INAI: Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, entidad autónoma que, hasta su reciente desaparición en marzo de 2025, se encargaba de garantizar el derecho de acceso a la información pública y la protección de datos personales en México. Su disolución fue resultado de una reforma constitucional que transfirió sus funciones a la nueva Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, creando el ente “Transparencia para el Pueblo” (cfr. https://elpais.com/mexico/2025-03-21/el-congreso-mexicano-consuma-la-desaparicion-del-inai-en-medio-de-la-incertidumbre-laboral-de-un-punado-de-trabajadores.html).
[13] Esta interpretación sobre la relación entre narcotráfico y gobierno es una postura del autor, no constituyendo una aseveración definitiva, sino una visión crítica que busca ejemplificar la problemática desde su perspectiva.
[14] Moraña, M., 2007, El arte de la ironía. Carlos Monsiváis ante la crítica. Ediciones Era y UNAM, México, pág. 283.
[15] Se denomina aparato estatal priista al sistema político y administrativo construido en México bajo la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó el país de manera casi ininterrumpida de 1929 a 2000. Durante ese periodo, el PRI consolidó un régimen caracterizado por el control centralizado del poder, el clientelismo, el corporativismo y la cooptación de movimientos sociales, dando forma a una estructura de Estado estrechamente vinculada a sus intereses partidistas.
[17] El “Doctor Simi” es la mascota de una cadena mexicana de farmacias llamada Farmacias Similares, caracterizada por ofrecer medicamentos genéricos a bajo costo. Su imagen, un médico caricaturesco de bigote y bata blanca, se ha vuelto un ícono popular en México, apareciendo tanto en campañas publicitarias como en manifestaciones culturales y festividades, donde es común ver botargas, muñecos y disfraces alusivos. En años recientes, su figura ha adquirido incluso un carácter simbólico dentro de la cultura popular mexicana.
[18] Corcoran, P. (2023, 24 de abril). Orando por los muertos: sacrificios de sangre y crimen organizado en Latinoamérica. InSight Crime. Sitio web: https://insightcrime.org/es/noticias/analisis/orando-muertos-sacrificios-sangre-crimen-organizado-latinoamerica/
[19] La “presencia de los desaparecidos” en México alude a la crisis humanitaria que enfrenta el país debido a la desaparición de personas, fenómeno que ha escalado en las últimas décadas. Según datos oficiales, más de 125,000 personas se encuentran desaparecidas, con el 90 % de estos casos ocurridos desde 2006 y más de 60,000 desde 2019. Esta situación ha generado una profunda angustia en la sociedad mexicana, especialmente entre los familiares de las víctimas, quienes han formado colectivos de búsqueda ante la inacción o insuficiencia de las autoridades. La imposibilidad de realizar rituales fúnebres tradicionales debido a la ausencia de los cuerpos convierte a los desaparecidos en una presencia constante y dolorosa, comparable a la de fantasmas que habitan en la memoria colectiva del país.
[20] Marzano, M., 2010. La muerte como espectáculo. Tusquets Editores. España.
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Cita este artículo (APA): Flores, R. (2025, 29 de marzo). Surrealismo en México: breve análisis sobre el absurdo y la ironía cotidiana. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/03/surrealismo-en-mexico
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