El tema en el que se inscribe esta pequeña disertación es el de la Paideia griega1. Termino más fielmente traducido como crianza o formación, derivado del griego παις (pais), que significa niño o esclavo. Es posible afirmar que la cultura griega entendía por παιδεία2 (paideia) la formación moral del individuo desde los primeros años de vida, hasta llegar a la etapa adulta, de acuerdo con un arquetipo.
Aun cuando la poesía homérica y la filosofía platónica conforman dos discursos distintos cuyos objetos de interés son incluso opuestos, en lo referente a la παιδεία, comparten el mismo objetivo: la formación moral individual. La diferencia fundamental entre ellos radica en el contexto en el cual cada uno pretende inscribir dicha formación. Sin embargo, Platón adapta las herramientas pedagógicas de Homero a sus propias necesidades.
La épica homérica
como παιδεία (Paideia)
El poeta transmitía moralejas a la audiencia griega, con la intención de alentar conductas positivas y desalentar las negativas, mostrando las consecuencias en cada caso. Su obra es de carácter mimético, lingüístico y performativo, es decir: en ella se imita, a través del lenguaje y los movimientos, a personajes en continua acción.
La Ilíada gira en torno al tema de la naturaleza humana y lo que ella implica: mortalidad, sufrimiento y limitaciones; la heteronomía derivada de esta condición le obliga al griego a formar comunidades o polis, y es justo este el contexto en el que se inscribe el entramado de acciones de este poema.
Ahora bien, al hablar de la Polis homérica, no debe entenderse en su sentido clásico. Se trata de un conglomerado de hogares familiares conviviendo al interior de un espacio arquitectónico, delimitado por un circundante muro. Pero esta comunidad es también sagrada, ya que es un asentamiento humano y, en cuanto tal, le ayuda al griego a trascender su naturaleza salvaje, a separarse del mundo natural caótico y definir su propio orden e identidad. Así, ese amurallamiento protege a una civilización libre y con una moralidad propia, y simboliza la distinción entre la guerra y la paz; entre la vida y la muerte3.
Ese muro es la conditio sine qua non de la comunidad, ella se destruye tan pronto lo haga él. Como todo constructo humano, es falible, y por eso requiere de buenos guerreros que la defiendan: el binomio conformado por valor y τεχνηes lo que puede asegurar su salvaguarda; específicamente la salvaguarda de su población al interior. Por ello tiene sentido la llamada de atención hacia Héctor y los demás hombres por no defender adecuadamente la polis troyana.
¡Héctor! ¿Adónde se te ha ido la furia que antes tenías? Aseguras que conservarás la ciudad sin huestes y sin aliados, tú solo, con tus cuñados y con tus hermanos. Pero de esos no soy capaz ahora de ver ni notar a ninguno, pues se amedrentan cual perros en torno de un león4.
Por la protección de la población en su interior, los guerreros son capaces de realizar las grandes hazañas que los convierten en héroes: el cumplimiento virtuoso de este deber es la vara con la que se mide el heroísmo, que tiene sentido únicamente si existe la polis. Solamente ella les brinda la oportunidad de ser honrados.
Por esta razón, ya sea al más virtuoso guerrero, a un rey o a un sabio anciano, se les exige el mayor grado de solidaridad con la causa, al nombrarlos los pastores de la comunidad. Ellos se deben a la polis que les permite tener ese título, y ella, al otorgárselos, se entrega sin reservas, formando así una relación simbiótica indisoluble.
Si bien, tanto el ser humano como la polis son igualmente finitos en el tiempo, esta tiene mayores posibilidades de perdurar. Empero que para el griego representa su oportunidad de superar su heteronomía y volverse autosuficiente; es el lugar de la procreación y propagación del mundo civilizado; aquel en el que, al satisfacer las necesidades individuales se deja de sobrevivir, para vivir bien: hay que defenderla a toda costa porque es a fin de cuentas, lo que separa al hombre de la bestia.
Es precisamente esta la enseñanza de Homero en la Ilíada: entre la naturaleza humana y la divina existe un enorme abismo. La una es mortal y la otra inmortal; la única manera de superar esta dificultad es constituyendo comunidades. Sin embargo, estas pueden ser destruidas a causa de una θυμός (thimos) o pasión desenfrenada, por ello es imperativo practicar la moderación.
A ti, gran sinvergüenza, hemos acompañado para tenerte alegre, por ver de ganar honra para Menelao y para ti, cara de perro […] Además, me amenazas con quitarme tú mismo el botín por el que mucho pené y que me dieron los hijos de los aqueos5.
El rey, embriagado por la θυμός, se reúsa a devolver a Helena, a sus tierras, y dar marcha atrás en su empresa, a pesar de las anteriores súplicas de un padre afligido y deseoso de recuperarla, y de la calamidad que aquella falta de empatía provocó sobre los aqueos. Aquiles, molesto por esa actitud, decide no participar en el saqueo a Troya, dejando al ejército sin su mejor hombre.
Hay que decir que esta ira suya alcanza su máxima expresión en el momento en que el guerreo se entera de la muerte de Patroclo y asesina a Héctor, cobrando venganza. Este enfrentamiento entre guerreros tiene una carga simbólica: mientras que el guerrero troyano es el defensor de la polis y sus valores, sobre todo, su sentido de comunidad, Aquiles iracundo representa la amenaza a la sacralidad de la misma.
Con todo esto, se puede afirmar que lo único que puede salvar a la vida en comunidad de la amenaza de la θυμός desenfrenada, es la práctica de la moderación, pero sobre todo de la solidaridad entre los hombres. De hecho, el mismo Aquiles, ya hacia el final del poema, le permite al rey Príamo recuperar el cadáver de su hijo para sepultarlo.
Herramientas pedagógicas
de la épica homérica
Mediante el sufrimiento o regocijo de figuras modélicas como Aquiles, Agamenón u Odiseo, entre otros, es que Homero estaría advirtiendo: mira lo que pasa cuando actúas de tal o cual manera. El poeta busca persuadir a su audiencia, dotando a su discurso de un poderoso pathos infalible. Tomando en consideración los resultados de sus acciones o palabras, los personajes son repudiados o admirados en la historia narrada, según sea el caso.
Con ello se advierte a todo griego que sus palabras y acciones serán su carta de presentación ante la comunidad, y por lo tanto debe ser cuidadoso. En efecto, el desprestigio social era el peor castigo que podía ganarse; era una especie de fuerza natural que se ejercía sobre él, siéndole ajena, y conseguía refrenarlo. Homero muestra en la Ilíada, tanto la virtud como el vicio a los que se puede aspirar, y exhorta a sus compatriotas a lo primero antes que a lo segundo.
Conclusión
Vale la pena reiterar la enseñanza de la Ilíada: el ser humano es endeble y heterónomo, al grado que debe formar comunidades para subsistir. El objetivo de la polis es trascender las necesidades inmediatas y procurar el bienestar; es sacra, toda vez que es el espacio de la fertilidad y salvaguarda del mundo civilizado, al tiempo que lo distingue del salvaje.
No obstante, tanto el hombre griego como su artificio, están expuestos a muerte y destrucción a causa de la θυμός desenfrenada. Para enfrentar esta amenaza, el guerrero debe ser mesurado, solidario y virtuoso en la construcción y defensa de la polis: valor y techne son el binomio que evita que el muro caiga.
Notas
[1] La paideia era el sistema educativo de la antigua Grecia, que buscaba la formación integral de los niños. La palabra proviene del griego pais, que significa “niño”.
[2] Utilizo el término griego a falta de un buen equivalente en español. Al respecto puede verse la introducción de la Paideia de W. Jaeger.
[3] Scully, S. (1990), Homer and The Sacred City, Cornell University Press, pp. 45-47.
[4] Homero, Ilíada, 5. 470.
[5] Ibídem.
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Cita este artículo (APA): Checa, L. (2025, 10 de abril). Homero, el educador . Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/04/homero-el-educador
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