Reflexiones en torno a la ciencia y el problema de la demarcación

La ciencia tiene una importancia fundamental en nuestras vidas. Prácticamente, todos los objetos que sustentan nuestro vivir son fruto del progreso científico. Dicho avance fue el que de cierta forma construyó nuestra sociedad moderna. El afán de la empresa científica por entender el mundo y descubrir las leyes y mecanismos que lo gobiernan, hizo posible el dominio de la realidad. Por eso, a pesar de nuestra fragilidad, han perdurado hasta hoy construcciones levantadas por manos humanas frente a una naturaleza que nos sobrevive. Esa misma capacidad nos permitió cruzar los mares, surcar el cielo y llegar al espacio. Y no es poca cosa: la naturaleza estaba aquí mucho antes de nosotros y seguirá existiendo cuando ya no estemos. Tal vez, esa permanencia sea lo más cercano que tenemos a una experiencia de eternidad.

El conocimiento científico ha logrado de esta forma conquistar y hacer cognoscible la realidad que antes se nos figuraba como inmensa e inaprehensible. La vastedad del mundo se logra reducir a pequeñas nociones de laboratorio que encogen la realidad a tal punto de poder hacerla controlable y predecible, aumentando a su vez los datos y conocimientos que podemos obtener del mundo1. 

Este avance meteórico de la ciencia ha planteado, por un lado, preguntas filosóficas estrictamente formales, como: ¿a qué podemos llamar ciencia y a qué no?, ¿qué criterios determinan lo que es una ciencia?, ¿cuáles son los métodos que usa para producir conocimiento?, ¿qué relación tienen las teorías científicas que describen la realidad con la realidad misma?

Por otro lado, hay preguntas filosóficas que atañen a la ciencia y su relación con la sociedad: ¿qué límites deben tener los experimentos científicos, especialmente cuando se trata de personas?, ¿qué papel debe tener la ciencia en la sociedad?, ¿cuál debería ser la relación entre ciencia y política?, ¿qué rol deben cumplir los científicos en la sociedad civil? 

De todas estas preguntas que son abordadas por la filosofía de la ciencia, la más importante es aquella que busca delimitar la ciencia de la no ciencia. A esto se le ha llamado el problema de la demarcación. Durante el siglo XX, muchos filósofos consideraron dicho problema como el de mayor importancia para la filosofía de la ciencia2. Karl Popper, por ejemplo, consideraba que del problema de la demarcación se desprendían todas las otras cuestiones de la filosofía de la ciencia que tenían que ver con epistemología3. 

El problema no es menor dado el papel que ha tenido históricamente la ciencia en la historia, como habíamos mencionado. La palabra ciencia invoca consigo autoridad, veracidad, algo frente a lo cual pocas objeciones quedan, salvo pronunciar un silencio sepulcral. De esta forma, se convierte en una palabra que dentro del discurso social tiene poder, ya que sirve para legitimar opiniones, políticas públicas, proyectos e ideologías, entre otras muchas cosas. Alfred Ayer llegó incluso a sostener que la ciencia era la que nos ayudaba a resolver los desacuerdos morales4. 

Esta relación entre saber y poder5 genera un tipo de sociedad, por lo que regula el orden social. Aparece aquí el problema de la demarcación, ya que lo que definimos como una ciencia goza de todos estos beneficios. Por otra parte, lo que queda dentro de la categoría de no ciencia no goza de ese poder y de ese prestigio que tiene la ciencia, y queda relegado y marginado del orden social. Pasan a ser otra cosa: mito, religión, astrología, esoterismo, etc. Cosas que pueden tener cierto grado de importancia personal, estética y subjetiva, pero nada más que eso. Bajo cualquier otro motivo, no deberían pronunciar palabra alguna en temas importantes. 

Si este tipo de cosas se quedaran en el terreno personal y no buscarán el mismo estatus epistémico que la ciencia, no habría mayor problema. Sin embargo, esto no es así. Últimamente, han proliferado movimientos organizados6 que tienen postulados que son contrarios a la mejor evidencia científica que poseemos7. Durante principios del siglo XXI, estos movimientos pseudocientíficos parecen haber aumentado en comparación a décadas anteriores8, lo cual no debe sorprendernos dado la masificación de la información —o desinformación— que se produce por las redes sociales.  

Si bien estos movimientos pudieron haber eclosionado en el siglo XXI, las raíces que los propiciaron se encuentran en el anterior. Una de estas raíces fueron los movimientos totalitarios, que buscaban el control total de la sociedad por medio de la destrucción de la realidad y de toda conexión u aproximación hacia ella, más allá de lo que ideología política de turno dictaminara9. Otra raíz fue la instrumentalización que se hizo de la práctica científica para servir a fines ideológicos puramente perversos10, situación criticada fuertemente por Theodor Adorno y Marx Horkheimer. Estos autores vieron en la ciencia la misma pretensión totalizante que en el régimen totalitario nacional socialista de Alemania11. Finalmente, la última de estas raíces fue el posmodernismo y su relativismo epistémico12, que cuestionó las pretensiones de verdad objetiva y progreso que profesaba la ciencia. Para ellos, la empresa científica era una construcción social más que no tenía ningún estatus especial, diferente o mejor que cualquier otra actividad humana13. 

Estas nociones antes mencionadas han tenido un alto impacto en las ciencias sociales14 y ahí han hecho su trinchera. Las ciencias naturales, a pesar de que no sostienen dichas nociones relativistas y de construccionismo social, tampoco es que lo hagan mejor. En el último tiempo han proliferado teorías altamente especulativas, sin mayor sustento empírico y que son ampliamente difundidas16. Lástima que la física, otrora modelo del ideal perfecto de ciencia para los positivistas lógicos, sea la disciplina en donde más se ven últimamente especulaciones sin sustento empírico.  

Dentro de este panorama, ciertas voces desde de la filosofía de la ciencia también contribuyeron a erosionar aún más la confianza que se tenía en la empresa científica y sus nociones de verdad y objetividad15. El panorama es complejo, me atrevería a decir que es incluso desalentador cuando se ha visto un creciente aumento de rechazo a la ciencia, hacia la comunidad científica y la evidencia empírica, junto con una mayor adherencia a teorías conspirativas en las personas, principalmente en aquellas con ideologías políticas de derecha17. La izquierda también ha rechazado ciertas nociones científicas18, así tampoco es como que lo haga mucho mejor al respecto. De igual forma, no le podamos pedir mucho a las ideologías políticas, terreno en donde manda y gobierna la retórica, en donde el mínimo atisbo de verdad se vuela como una hoja en el más frío otoño. 

Esta red de razones nos lleva a reafirmar, paradójicamente, una cosa: la centralidad e importancia de la ciencia para la sociedad, ya sea a favor o en contra. También nos lleva a reconocer la necesidad imperiosa de definir claramente qué es ciencia de aquello que no lo es. Solo una clara delimitación y definición de esta, es decir, una respuesta al problema de la demarcación, nos puede ayudar a sortear y refutar las críticas y sospechas que se tienen para con ella. Igualmente, esta delimitación y defensa es lo que nos puede ayudar a tener nuevamente un terreno sólido en donde pisar y sobre el cual construir una mejor sociedad.  

El problema de la demarcación se transforma, así, en algo más que una mera inquietud o problemática abstracta: se convierte en una cuestión ética fundamental, ya que toda la línea de pensamiento que sigo subraya la importancia que tiene la ciencia en nuestras vidas, seamos conscientes de ello o no.

Como persona que se considera a sí misma como cientificista19, que aboga por una filosofía científica20, y que sostiene la importancia de las nociones de verdad, razón y objetividad; considero que estar en conocimiento y sintonía con la investigación científica y con sus avances es más beneficioso para la sociedad, y en consecuencia trae mayor progreso.

El llamado que busco realizar a toda persona que se dedique a la filosofía y la práctica científica, y en particular a aquellos que se dedican a la filosofía de la ciencia, es al de no tomar a la ligereza el problema de la demarcación porque de él se derivan todas las demás posturas y planteamientos sobre la ciencia, incluso aquellos que atañen a su relación con la sociedad y la política, esferas que en última instancia definen nuestra existencia. 

Notas

[1] Esta noción sobre el quehacer científico ha sido desarrollada por el filósofo Bruno Latour. 

[2] Cassini, A. (2021). Ciencia y pseudociencia: ¿todavía es posible la demarcación? Filosofía de la Economía, 10, 17-36. Sitio web: https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/207423/CONICET_Digital_Nro.9fc2720f-0e35-4aa3-9d4a-7dca9907e4ce_B.pdf

[3] Popper, K (2009). The Two Fundmental Problems of the Theory of Knowledge. London, Routledge.

[4] Ayer, A. (1984). Lenguaje, verdad y lógica. Ediciones Orbis.

[5] La relación entre saber y poder ha sido ampliamente abordada en la obra de Michel Foucault, principalmente en “Las palabras y las cosas” y “La arqueología del saber”.

[6] Por ejemplo: la astrología, el creacionismo, el terraplanismo y los movimientos antivacunas, entre muchos otros. 

[7] Cassini, A. (2021). Ciencia y pseudociencia: ¿todavía es posible la demarcación? Filosofía de la Economía, 10, 17-36. Sitio web: https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/207423/CONICET_Digital_Nro.9fc2720f-0e35-4aa3-9d4a-7dca9907e4ce_B.pdf

[8] Shermer, M. (ed.) (2002). The Skeptic Encyclopedia of Pseudocience. Santa Barbara. ABC-CLIO.  

[9] Arendt, H (2006). Los orígenes del totalitarismo. Alianza Editorial  

[10] Me refiero aquí al holocausto.

[11] Horkheimer, M. (1973). Crítica de la razón instrumental (H. A. Murena & D. J. Vogelmann, Trads.). Editorial Sur, Horkheimer, M., & Adorno, T. (1998). Dialéctica de la Ilustración: Fragmentos filosóficos (J. J. Sánchez, Trad.). Editorial Trotta.  

[12] El relativismo epistémico es una postura filosófica que sostiene que no existen verdades objetivas, sino que estas son dependientes de un determinado contexto social, cultural, histórico, lingüístico e individual. De esta manera, no habría ningún parámetro o marco de referencia independiente para conocer y determinar qué afirmaciones son verdaderas. 

[13] Este tipo de análisis sobre la ciencia como una actividad social es el foco central de la sociología de la ciencia. 

[14] Sokal, A (2009). Más allá de las imposturas intelectuales. Editorial Paidós.

[15] Me refiero a Thomas Kuhn, Bruno Latour y Paul Feyerabend.

[16] Cassini, A. (2021). Ciencia y pseudociencia: ¿todavía es posible la demarcación? Filosofía de la Economía, 10, 17-36. Sitio web: https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/207423/CONICET_Digital_Nro.9fc2720f-0e35-4aa3-9d4a-7dca9907e4ce_B.pdf

[17] Kerr, J. (2021). Right-wing authoritarianism and social dominance orientation predict rejection of science and scientists. Group Processes & Intergroup Relations, 24(4), 550-567. https://doi.org/10.1177/1368430221992126 ; Winter, T. (2022). Conspiracy beliefs and distrust of science predicts reluctance of vaccine uptake of politically right-wing citizens. Vaccine, 40(12), 1896-1903. Sitio web: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0264410X22000743 & Lewandowsky, S. (2021). Worldview-motivated rejection of science and the norms of science. Cognition, 215, 104820. Sitio web: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0010027721002390

[18] Lewis, S. (2023). La izquierda no es woke. (A. Martín Salván, Trad.). Ediciones Deusto.

[19] Aquí tomo la noción de Mario Bunge: la mejor estrategia para explorar el mundo es el método científico (cientificismo) […] todo lo que es posible saber y merece la pena saber se conoce mejor de manera científica.

[20] Me refiero a una filosofía que se basa en la ciencia a la ahora de filosofar y del quehacer filosófico. 

Bibliografía 

Bunge, M. (2007). A la caza de la realidad. Editorial Gedisa.

Bunge, M. (2010). Las pseudociencias, ¡vaya timo! Laetoli.

Feyerabend, P (1986). Tratado contra el método. Editorial Tecnos.

Foucault, M (1968). Las palabras y las cosas. Siglo XXI Editores.

Foucault, M. (1970). La arqueología del saber. Siglo XXI Editores.

Latour, B (2001). La esperanza de Pandora. Editorial Gedisa.

Kuhn, T (1971). La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica. 

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Cita este artículo (APA): González, L. (2025, 6 de abril). Reflexiones en torno a la ciencia y el problema de la demarcación. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/04/la-ciencia-y-el-problema-de-la-demarcacion

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