Prácticas Éticas en la Investigación Académica. Parte 1 de 2

Actualmente, la información circula a velocidades vertiginosas y la producción académica se ha convertido en una exigencia constante; por ello, resulta urgente pausar y reflexionar sobre la dimensión ética de la investigación. Esto es precisamente lo que hemos propuesto en Filosofía en la Red en nuestro conversatorio en vivo titulado «Buenas prácticas éticas en la investigación académica. Parte 1«, que tuvimos el pasado 4 de mayo de 2025. Fue un encuentro que, lejos de centrarse en señalamientos o linchamientos públicos, buscó tender puentes hacia una práctica más consciente, responsable y respetuosa del conocimiento.

El evento fue conducido por el CEO Filosofía en la Red, el Drando. Miguel Ángel G. Calderón, y contó con la participación de la Mtre. Alejandra Arcos y el Mtro. Vladímir Sánchez, ambos coordinadores de dos Grupos de Investigación de la Plataforma. La charla se gestó a raíz de una situación interna que sirvió como detonante para la autorreflexión institucional. Filosofía en la Red se vio obligada a emitir un comunicado reafirmando su compromiso con la ética editorial, la transparencia y el respeto por la autoría. Este gesto de honestidad, lejos de buscar protagonismo, evidencia un valiente ejercicio de coherencia que merece atención.

Pero más allá de los hechos particulares, lo interesante de esta charla fue la forma en que se abrió un espacio para pensar colectivamente, para reconocer errores pasados, para transparentar procesos editoriales, y sobre todo, para poner sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿cuál es nuestro compromiso con la ética en el quehacer académico?

El plagio: una falta de responsabilidad
intelectual que afecta a todos

Durante la sesión se abordó con profundidad el primer gran tema: el plagio académico. Alejandra Arcos, desde su experiencia como psicóloga clínica y coordinadora del grupo Mario Bunge, definió el plagio como la apropiación de ideas ajenas sin el debido reconocimiento, ya sea de manera consciente o inconsciente. Subrayó que esta práctica vulnera principios esenciales como la honestidad, la transparencia y el respeto al otro, pilares cruciales de cualquier comunidad académica.

Vladímir Sánchez complementó esta definición con una crítica aguda: el plagio no es solo una infracción normativa, sino una bajeza intelectual. Es, en palabras más crudas, un robo. Un robo que, en el mundo filosófico, resulta especialmente preocupante, pues atenta contra la naturaleza misma del pensamiento crítico y reflexivo.

Ambos coincidieron en que el plagio no siempre nace de la mala fe. A menudo, es fruto del desconocimiento, de la formación insuficiente o de la presión por producir. Pero incluso cuando ocurre por ignorancia, sus efectos pueden ser devastadores. Afecta al autor plagiado, al plagiador y a toda la comunidad en la que se inscribe el trabajo.

Humanidades y plagio:
complejidades que no eximen responsabilidades

Uno de los puntos que generó mayor reflexión fue si el plagio se trata con menor seriedad en el ámbito de las Humanidades. Alejandra señaló que, por la naturaleza interpretativa de los textos en este campo, muchas veces no se tiene claro cómo citar adecuadamente, lo cual puede llevar a plagios involuntarios. Además, mencionó que muchas personas no están bien formadas en las prácticas de citación desde etapas tempranas de su formación.

Esto, sin embargo, no justifica la omisión. Al contrario, es un llamado a reforzar las estrategias pedagógicas y metodológicas que enseñan a pensar, escribir y citar con responsabilidad. En Humanidades, donde el lenguaje, las referencias intertextuales y las interpretaciones complejas son moneda corriente, la ética se vuelve un faro indispensable.

El conversatorio no eludió las consecuencias del plagio. Alejandra compartió que, en su experiencia universitaria, el plagio era la falta más grave según el código de conducta estudiantil, por encima incluso de otras infracciones como el consumo de alcohol en el campus. Reprobar la asignatura, enfrentar procesos disciplinarios y asumir daños a la reputación eran parte del paquete.

Pero más allá de lo institucional, el plagio mina la confianza dentro de una comunidad. Puede desacreditar el trabajo de un grupo de investigación entero y entorpecer publicaciones colectivas. Lo que empieza como una decisión individual termina comprometiendo la credibilidad de proyectos conjuntos. En filosofía, en donde la palabra y el pensamiento se elevan como valores fundamentales, este tipo de faltas adquieren una dimensión profundamente ética.

Vladímir también enfatizó que la honestidad intelectual debe ser cultivada como una práctica cotidiana. Reconocer nuestros límites, aprender a decir que no podemos asumir ciertas tareas, o simplemente pedir ayuda cuando no sabemos citar bien, son actos de madurez y coherencia. No hay mayor deshonestidad que fingir saber lo que no se sabe, y mucho menos, apropiarse de lo que no nos pertenece.

La doble dictaminación:
una grieta en el tejido editorial

Uno de los temas menos discutidos, pero igualmente preocupantes que se trató en la sesión, fue la doble dictaminación. Esta práctica ocurre cuando un autor somete el mismo trabajo de investigación a varias revistas al mismo tiempo, sin informar a los editores de cada publicación. A primera vista, podría parecer una estrategia para ganar tiempo o aumentar las posibilidades de publicación, pero en realidad constituye una falta ética que compromete la integridad del proceso académico.

Los ponentes se detuvieron en señalar que el proceso de dictaminación implica el esfuerzo y dedicación de revisores, editores y comités editoriales. Enviar un trabajo a dictamen múltiple sin transparencia implica una desvalorización de ese esfuerzo, y pone en riesgo la credibilidad de todas las partes involucradas. Es también una forma de saturar los sistemas de revisión y ralentizar los procesos para otros investigadores que esperan una evaluación justa.

El dilema de la doble dictaminación tiene también una raíz estructural: las presiones institucionales para publicar constantemente. Estas presiones pueden empujar a algunos autores a optar por atajos que comprometen la ética. Es por eso que, como comunidad, no basta con sancionar estas conductas, sino también cuestionar los sistemas que las fomentan. Se necesita una revisión de los incentivos y expectativas académicas para construir entornos donde la ética no sea una carga, sino un horizonte deseado.

Al final, se enfatizó que la doble dictaminación no solo afecta a los editores o a las revistas, sino que pone en entredicho la honestidad del propio autor. La confianza es un bien escaso y valioso en la comunidad académica, y una vez perdida, es difícil de recuperar. En este sentido, apostar por la transparencia desde el primer momento es un acto de respeto hacia los otros y hacia uno mismo.

El violentamiento de licencias:
cuando el derecho de autor es ignorado

Otro de los ejes discutidos fue el uso indebido de materiales protegidos, conocido como violentamiento de licencias. Este ocurre cuando se distribuyen, modifican o reutilizan contenidos sin respetar las licencias bajo las cuales fueron originalmente publicados, como pueden ser las licencias Creative Commons o las de revistas académicas tradicionales. Esta práctica no solo constituye una infracción legal, sino también una falta de respeto hacia el trabajo intelectual ajeno.

El panel destacó que muchas veces este tipo de transgresiones no proviene de una intención maliciosa, sino de la desinformación o del desconocimiento de las normas de uso. Sin embargo, la ignorancia no exime de responsabilidad. La ética editorial exige que los investigadores se informen sobre los términos bajo los cuales están accediendo o reutilizando materiales. La falta de esta información puede derivar en consecuencias legales y en daños reputacionales significativos.

Los ponentes también resaltaron que el respeto a las licencias no solo es una cuestión de legalidad, sino una forma de construir comunidad. Reconocer los términos de uso y atribuir correctamente las fuentes es una manera de valorar y dignificar el trabajo de otros investigadores.

En este sentido, se propuso como medida urgente la necesidad de alfabetización legal y ética en las prácticas editoriales, especialmente en los niveles de formación inicial. Entender lo que significa compartir un artículo, republicar una imagen o traducir un texto sin autorización debe ser parte del saber básico de cualquier estudiante o investigador que se inicia en la academia.

La bibliografía inventada:
una farsa que vacía de sentido la investigación

Por último, se abordó un tema menos conocido pero igual de grave: la bibliografía inventada. Esta práctica consiste en incluir citas o referencias que no han sido consultadas, que no corresponden con el contenido del trabajo o que, directamente, no existen. Puede tratarse de libros que nunca se abrieron, artículos que se colocan solo para aparentar profundidad, o incluso obras ficticias citadas para dar solidez artificial a un argumento.

Desde el panel se señaló que esta práctica va más allá de la trampa individual. La bibliografía inventada deteriora la confianza en el sistema de validación del conocimiento. Cuando un lector, un revisor o un colega descubre que una referencia es falsa o imprecisa, se activa una desconfianza que puede extenderse hacia todo el trabajo.

Vladímir y Alejandra hablaron sobre la importancia de mantener una relación honesta con las fuentes. En filosofía, esta relación es particularmente esencial, ya que muchas veces el argumento se construye a partir del diálogo con otros pensadores. Citar una fuente que no se ha trabajado no solo es deshonesto, sino que puede llevar a malinterpretaciones graves del pensamiento citado.

También se mencionó que esto puede ser el resultado de un sistema que premia la cantidad sobre la calidad. En lugar de evaluar trabajos por la profundidad del análisis, se tiende a valorar el volumen de referencias, lo que puede llevar a algunos autores a inflar sus bibliografías de forma fraudulenta. Ante esto, se subrayó la importancia de que los revisores y las instituciones fomenten una evaluación crítica que valore más el contenido que la apariencia.

Al final, el mensaje fue claro: la honestidad no se negocia. La construcción del conocimiento exige rigor, y parte de ese rigor está en reconocer qué se leyó, qué se consultó y qué se comprende. La bibliografía no es un ornamento, sino un testimonio del camino de investigación recorrido. Falsificarla es como mentir sobre los cimientos de una casa: tarde o temprano, todo se tambalea.

Pensar la ética
como un ejercicio de comunidad

Lo que volvió este conversatorio tan enriquecedor fue su capacidad de problematizar sin moralizar. Lejos de caer en condenas simplistas, invitó a pensar la ética como un ejercicio comunitario. No se trata solo de evitar sanciones, sino de construir una forma de estar juntos en el espacio académico que sea responsable, consciente y justa.

El respeto por el trabajo ajeno es, en definitiva, una forma de respetarnos a nosotros mismos. Cuidar lo que otro ha producido con esmero es también cuidar el espacio compartido del saber. La filosofía no puede desligarse de esta dimensión ética: es, al fin y al cabo, un ejercicio de pensamiento riguroso que busca siempre la verdad, incluso cuando esta nos incomoda.

Alejandra lo dijo con claridad: la ética en la investigación no es una cuestión de legalismos, sino de convivencia. Es una forma de entendernos como comunidad, como conjunto de personas que piensan, escriben, critican y crean juntas. Y esa comunidad, para mantenerse sana, requiere de responsabilidad, humildad y diálogo.

Aún hay más

Si llegaste hasta aquí leyendo este artículo, te invito a que veas la primera parte del conversatorio. No te vas a encontrar con juicios ni sermones, sino con reflexiones humanas, con testimonios sinceros y con una comunidad dispuesta a pensar y transformarse.

Asimismo, no te pierdas la segunda parte, que se transmitirá en vivo este jueves 8 de mayo a las 19:00 hrs. [CDMX / -06:00GMT] en nuestro canal de YouTube. En ella se continuará esta conversación tan necesaria, abordando nuevas prácticas editoriales, así como el papel de la inteligencia artificial en la producción académica. Es una oportunidad para seguir aprendiendo, para hacer preguntas y para sumar tu voz a una red que está dispuesta a escucharte.

Cita este artículo (APA): FIRE Bot. (2025, 6 de mayo). Prácticas Éticas en la Investigación Académica. Parte 1 de 2. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/05/buenas-practicas-eticas-en-la-investigacion-academica/

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