¿Qué es el blackface digital y por qué debería preocuparnos? El blackface digital ocurre cuando personas blancas usan GIFs con expresiones exageradas de personas negras para representar emociones propias, replicando estereotipos históricos sin intención racista explícita. Esta práctica perpetúa el racismo estructural en entornos digitales, cosificando cuerpos y voces negras para el entretenimiento de quienes no sufren esas opresiones.
El presente texto se traduce como parte de nuestra la alianza que tenemos con la American Philosophical Association. Puedes leer el artículo original, en inglés, en el blog de la American Philosophical Association.
Los orígenes del blackface se remontan a los espectáculos de juglares de principios del siglo XIX, en los que actores blancos se pintaban la cara de negro para adoptar personajes negros racistas, exagerados y estereotipados. Los actores blancos se apropiaron y distorsionaron la representación de la identidad de las personas negras, presentándolas como perezosas, promiscuas, alegres o idiotas; todo para el disfrute del público —predominantemente— blanco. Aunque hoy denunciamos el uso de caras pintadas de negro como un pasatiempo desafortunado de la historia estadounidense, los filósofos aún tienen que investigar los daños de su análogo del siglo XXI: la cara pintada de negro digital. Entonces, ¿qué es el blackface digital? ¿Y por qué deberían los filósofos blancos, en particular, dejar de usarlo?
Al igual que los antiguos espectáculos de juglares, el blackface digital implica el uso de una cara negra por parte de una persona blanca —voz, actitud o expresión—, generalmente un GIF —un video corto, sin sonido y en bucle— para agregar un énfasis humorístico a sus propias reacciones. Según Giphy1, una extensa base de datos de GIF, los GIF más compartidos en línea son los de expresiones faciales negras. Al igual que su contraparte histórica, la cara pintada de negro digital busca expresar diversas emociones: descaro, disgusto, sorpresa, felicidad, seguridad, desdén y confusión, entre otras. A continuación se muestran algunos ejemplos paradigmáticos de GIFS2 que, al ser publicados por personas blancas, pueden constituir una cara pintada de negro digital:


Por supuesto, las personas blancas no son las únicas que publican GIFS de personas negras y morenas, y sus expresiones. Cuando las personas de color publican estos GIFS, también existe el riesgo de que un grupo marginado perpetúe estereotipos a otro, de que exista colorismo dentro de la comunidad negra y de que se refuerce inadvertidamente la opresión internalizada. Sin embargo, estos no son el enfoque de este artículo. Más bien, es la desigualdad sistémica reflejada en el uso de estos GIFS por parte de las personas blancas, cuya naturaleza problemática es la más evidente de explorar.
Los daños que causa el blackface digital ocurren de dos modos: primero, por la maldad del acto en sí, y, segundo, por las consecuencias de publicarlo a la vista del público. En cuanto al primer punto, el acto de una persona blanca de apropiarse de la representación identitaria de la expresión negra representa una falta de respeto manifiesta. La persona blanca utiliza el cuerpo negro —voz, actitud, expresión— como medio para un fin: para lograr un efecto cómico. Así como una persona blanca no debería pintarse la cara de negro de forma tradicional, ni siquiera estando sola en casa, tampoco debería hacerlo digitalmente —incluso si su publicación es privada—. El acto en sí mismo constituye participar en una tradición histórica de denigrar a las personas negras, bajo la apariencia de entretenimiento. La mera participación en el acto indica, en el mejor de los casos, complicidad; y, en el peor, un respaldo explícito a la tradición racista.
En segundo lugar, el blackface digital perpetúa estereotipos peligrosos. El propósito de esta práctica tradicionalmente era “domar” lo que los blancos percibían como una “amenaza negra” —mediante la comedia—, reduciendo su complejidad a personajes unidimensionales, cuyas motivaciones eran fáciles de comprender y aún más fáciles de controlar. Los GIFS que se ofrecen como ejemplos son meras instantáneas en comparación con sus predecesores de cuerpo entero, pero participan en la misma táctica. Es precisamente su emoción unidimensional y exagerada lo que los convierte en una extensión de las emociones de quien los publica.
“La mujer negra descarada”, uno de los temas más comunes en el blackface digital, reafirma el cliché de “la mujer negra enojada”. Este estereotipo se utiliza a menudo contra las mujeres negras para socavar su credibilidad en situaciones donde sienten una ira muy real y justificada. Al normalizar estos clichés, viéndolos una y otra vez, nos insensibilizamos al daño que causan y propiciamos las condiciones para la injusticia epistémica. Estos GIFS virales también reafirman a las personas negras que su imagen y carácter existen para el uso blanco. El usuario blanco se pone la cara negra cuando le resulta conveniente y placentero, sin enfrentar ninguna de las injusticias personales o sistémicas que conlleva vivir con un cuerpo negro. Shafiqah Hudson, investigadora crítica sobre raza, comenta en una entrevista en The Guardian3:
[e]s divertidísimo ‘hacerse negro’ cuando sabes que puedes volver instantáneamente a ser no negro, evitando el estigma, el peligro y las cargas de la reducción del capital social que las personas negras reales suelen soportar.
Esto no significa que cada GIF de una cara negra —publicado por alguien blanco— implique el uso indebido de estereotipos, de los cuales es culpable quien los comparte. Pero hay casos obvios, como los paradigmáticos mencionados anteriormente, que demuestran que los usuarios blancos —de redes sociales— a menudo participan en las representaciones estereotipadas de las personas negras, con o sin intención racista. Si bien los usuarios blancos podrían no tener la intención de usar estereotipos racistas en su búsqueda de jocosidad en internet, no tener la intención de causar daño no impide que este se perpetúe.
Como escribe Lauren Michele Jackson, de Teen Vogue4: «[e]l blackface digital no describe una intención, sino un acto: el acto de asumir una identidad negra. Emplear la tecnología digital para apropiarse de una imagen percibida o de una imagen negra atractiva también implica representar la negritud al estilo de un juglar». Rima Basu señala5 que algunas creencias racistas están motivadas por la mala voluntad y otras no: «[s]i bien es tentador pensar que el racista padece mala voluntad o una falta de buena voluntad, la injusticia racial puede sobrevivir e incluso prosperar en ausencia de tales actitudes negativas no cognitivas. El racismo puede presentarse tanto en frío como en caliente». Por lo tanto, dada la naturaleza de la filosofía como una disciplina de investigación crítica, y dado que la ética es uno de los pilares de nuestra materia, parece que deberíamos considerar qué ha salido mal —si es que ha sido así— y cómo podemos mitigar los daños de nuestra propia presencia digital.
Sostengo que los filósofos blancos deberían referenciar ante los autores y académicos negros en este tema. Ellen E. Jones, de The Guardian6, sugiere que el blackface digital es otra vía para la misoginia negra —un término acuñado por la académica feminista negra Moya Bailey7—. Retomando a Lauren Michele Jackson8, ella argumenta que deberíamos al menos reconocer el daño que causa la proliferación del racismo en internet —Jackson también es profesora del departamento de Estudios Afroamericanos de Northwestern y ha escrito extensamente sobre este tema9—. Los académicos negros han establecido conexiones entre el blackface digital y el tradicional, y han enfatizado cómo sus daños son, en cierto modo, análogos. Por lo tanto, tenemos el deber de aprender de nuestros colegas y continuar esta conversación en la literatura filosófica.
Nuestra identidad en línea es, en parte, autoconstruida. Construimos una imagen personal basándonos en el contenido que publicamos para nuestros amigos y seguidores. Para muchos, esta identidad es una representación idealizada de cómo quieren que se perciba su vida. Para otros, es una válvula de escape para el anonimato, la fantasía o incluso la duplicidad (como en el caso del catfishing10). Al mismo tiempo, nuestra identidad en línea también se ve influenciada por las plataformas en las que publicamos, así como por el contenido con el que interactuamos. En este sentido, el debate académico sobre el testimonio en línea y la transmisión de creencias es relativamente reciente, Regina Rini sostiene11 que las personas creen en las noticias falsas publicadas en redes sociales porque estas declaraciones falsas están respaldadas por personas que —generalmente— conocen y en las que confían.
Podemos desarrollar la preocupación anterior en relación con nuestro debate actual sobre el blackface digital: de la misma manera que las noticias falsas circulan y se reafirman dentro de nuestra red de amigos, ellos y nuestros seguidores pueden estar circulando y reafirmando estereotipos implícitos y explícitos cuando ven, les dan me gusta o comparten GIFS. A medida que nuestra identidad en línea se cruza con la de los demás, reproduciremos, hasta cierto punto, los sesgos de aquellos con quienes interactuamos. En este punto, alguien escéptico sobre los daños del blackface digital podría responder que, a diferencia del blackface tradicional, los GIFS no se consideran una expresión de la identidad, ya que uno simplemente extrae el material original en lugar de representarlo con pleno derecho. No estoy de acuerdo, cuando se usa un GIF de una persona negra —a veces acompañado de lenguaje negro, por ejemplo, «bye, Felicia12”—, se usan estos memes para alterar la voz personal, expresando los pensamientos a través de la perspectiva de la cultura, el lenguaje y los cuerpos negros.
Es cierto que el análisis de la identidad escénica digital requiere una comprensión de los matices, algo que la identidad escénica fuera del internet no requiere. Las identidades en línea suelen ocultar la raza del usuario, así como su intención. Por esta razón, el blackface tradicional nos parece tan claramente perjudicial —en el que la raza como la intención son evidentes—, mientras que los daños del blackface digital pueden tardar en desentrañar y reconocerse. Así que hemos identificado un problema. ¿Y ahora qué? Como concluye Amanda Hess del New York Times13:
«[n]ada de esto significa que las personas blancas solo deban usar GIFS de personas blancas y las personas negras solo deban usar GIFS de personas negras, pero sí significa que incluso algo tan aparentemente simple como intentar expresar felicidad en internet se ve complicado por el racismo estructural.
Esto nos lleva a mi pregunta: que los filósofos blancos reflexionen críticamente sobre los posibles daños antes de publicar tales GIFS en internet. Si determinan que se podría causar un daño como el descrito, no deberían publicarlo. Pero, ¿qué ocurre con los GIF de “zona gris”, que pueden considerarse relativamente neutrales, ya que no representan de forma obvia una expresión estereotipada ni incluyen lenguaje negro? ¿Cómo podríamos distinguir entre estos casos —si los consideramos benignos— y sus contrapartes perjudiciales? Para responder a esta pregunta, consideremos primero el reportaje de Jackson sobre el patrón de maquillaje digital de Meghan McCain —hija del político John McCain—. La gravedad de las publicaciones de McCain14 se pone aún más de relieve por su papel como una conservadora declarada: el partido que se opone abiertamente a la inmigración, y a su vez apoya la militarización policial, así como, encubiertamente, la supresión del voto.

Aprovechemos este contraste con la siguiente regla general. Llamémosla la prueba de Meghan McCain: X es un GIF de una persona negra con voz, expresión o personalidad negra. Si intuitivamente fuera incorrecto que Meghan McCain publicara X, entonces tú —si también eres blanco— no deberías publicarlo. Esta regla es demasiado cautelosa, ya que la persona blanca promedio no se verá tan afectada por la opresión. Sin embargo, si buscamos minimizar daños innecesarios, esta regla nos servirá de guía, ya que reforzará nuestra intuición de que publicar X está mal y nos ayudará a evitarlo.
Como filósofa blanca, no tengo la autoridad para hablar en nombre de las personas racializadas ni sobre sus experiencias vividas. Aun así, creo que la filosofía de la raza encarga a los filósofos blancos parte del trabajo de educar a otros filósofos blancos sobre ciertos daños en los que ellos mismos podrían estar participando y cómo compensarlos o mitigarlos —de lo contrario, esta labor recaería exclusivamente sobre los filósofos racializados, lo que daría como resultado lo que Nora Berenstain ha denominado15 «explotación epistémica»—. Elizabeth Williams y yo hemos argumentado16 que existe un deber prima facie para las personas ajenas a un grupo identitario en cuestión de respetar a quienes sí lo pertenecen en lo que respecta a los daños que han sufrido como miembros de dicho grupo. Por lo tanto, si los filósofos racializados concluyen de manera diferente a la mía sobre este tema, me interesaría aprender más. Filósofos de la raza, desde Franz Fanon hasta Charles Mills, han buscado exponer los daños personales, políticos y epistémicos del racismo en nuestros sistemas y sociedades.
No se puede subestimar el gran esfuerzo que estos filósofos han realizado para poner estas cuestiones en el primer plano de nuestra disciplina. Con el auge de la epistemología normativa en los últimos años, resulta oportuno debatir sobre el blackface digital. Sin duda, existen vínculos interesantes con la literatura sobre la injusticia epistémica, así como con la estética del humor —véase, por ejemplo, el trabajo de Joseph Boskin17 sobre la complicidad—. Y, si los filósofos blancos siguen resistiéndose a la conclusión de los académicos negros —tras suficiente tiempo y una profunda reflexión—, podría existir una conexión adicional con el fenómeno de la ignorancia hermenéutica deliberada18 de Gaile Polhaus Jr. En resumen, este artículo pretende ser un trampolín para un debate más amplio sobre el blackface digital en círculos filosóficos. Sabemos que el racismo sistémico se extiende a nuestra presencia digital, y he argumentado que la falta de intención de causar estos daños no mitiga sus efectos. Por lo tanto, tras conocer el blackface digital, es nuestro deber evitarlo.
Notas
[1] La autora original del texto no respalda la información con ninguna fuente; reproducimos su aseveración por respetar la integridad del texto en inglés.
[2] En el texto original se muestran 4, pero al no contar con la fuente de los mismos, hemos reproducido uno —que encontramos—, y buscado una versión similar a otro para poder ilustrar la idea original de la autora.
[3] Jones, E. (2018, 8 de julio). Why are memes of black people reacting so popular online? The Guardian. Sitio web (en inglés): https://www.theguardian.com/culture/2018/jul/08/why-are-memes-of-black-people-reacting-so-popular-online
[4] Jackson, L. (2017, 2 de agosto). We need to talk about digital blackface in reaction GIFs. Teen Vogue. Sitio web (en inglés): https://www.teenvogue.com/story/digital-blackface-reaction-gifs
[5] Basu, R. (2019). The wrongs of racist beliefs. Philos Stud 176, 2497–2515. DOI: https://doi.org/10.1007/s11098-018-1137-0
[6] Jones, E. (2018, 8 de julio). Why are memes of black people reacting so popular online? The Guardian. Sitio web (en inglés): https://www.theguardian.com/culture/2018/jul/08/why-are-memes-of-black-people-reacting-so-popular-online
[7] Ver (en inglés): https://en.wikipedia.org/wiki/Misogynoir
[8] Jackson, L. (2017, 2 de agosto). We need to talk about digital blackface in reaction GIFs. Teen Vogue. Sitio web (en inglés): https://www.teenvogue.com/story/digital-blackface-reaction-gifs
[9] El texto original dirige a un sitio web que al día de la publicación de esta versión no existe (2025), y no sostiene de ninguna manera la afirmación; pese a esto, se puede confrontar lo dicho con la página de Wikipedia de la autora mencionada (en inglés): https://en.wikipedia.org/wiki/Lauren_Michele_Jackson
[10] What is catfishing and how can you spot it? (2022, 15 de junio). Metro. Sitio web (en inglés): https://metro.co.uk/2022/06/15/what-is-catfishing-and-how-can-you-spot-it-16833410/
[11] Morales, P. (2020). Testimonial Injustices and Credibility Scores on Social Media: A Response to Regina Rini. Studies in Philosophy, Politics and Economics, 2(1), 45-49. Sitio web (en inglés): https://sppe.lse.ac.uk/articles/24
[12] “Bye, Felicia” es una expresión que se originó en la película afroamericana Friday (1995), donde uno de los protagonistas despide con indiferencia a una vecina inoportuna llamada Felicia. Desde entonces, se ha convertido en una frase popular—especialmente dentro de la cultura afroamericana y en el inglés vernáculo afroestadounidense (AAVE)—para rechazar o ignorar de forma tajante a alguien considerado irrelevante o molesto.
[13] Hess, A., & O’Neill, S. (2017, 23 de diciembre) The White Internet’s Love Affair With Digital Blackface [Video]. The New York Times. Sitio web (en inglés): https://www.nytimes.com/video/arts/100000005615988/the-white-internets-love-affair-with-digital-blackface.html
[14] Tuit: https://x.com/MeghanMcCain/status/877232367190118402
[15] Berenstain, N. (2016). Epistemic Exploitation. Ergo An Open Access Journal of Philosophy 3: 569–590. DOI: https://doi.org/10.3998/ergo.12405314.0003.022
[16] Ver (en inglés): https://apa-pacific.org/framed/abstracts.php#it_134
[17] Cfr. (en inglés): https://www.bu.edu/history/profile/joseph-boskin/
[18] Pohlhaus, G. (Jr.). (2012). Relational knowing and epistemic injustice: Toward a theory of willful hermeneutical ignorance. Hypatia, 27(4), 715–735. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1527-2001.2011.01222.x
* Los memes que acompañan esta publicación fueron tomados de Tenor, del usuario KuliRam, la base de datos de Tenor, y de la cuenta de X de Meghan McCain.
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Artículo de:
Savannah Pearlman
Dra. en filosofía por la Universidad de Indiana en Bloomington (EU). Miembro activo de su red local de Ayuda Mutua.
Traducción:
Lina Salazar Villa (traductora del blog de la APA y de Filosofía en la Red)
Lic. en Filosofía y Letras, y en Derecho. Interesada en la filosofía de la tecnología.
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