¿Cómo afectan las cámaras de eco y la posverdad a la democracia contemporánea? En la era digital, las cámaras de eco y la posverdad debilitan la esfera pública al reforzar creencias personales, dificultar el acceso a información veraz y fomentar la polarización. Este fenómeno permite que discursos emocionales y manipulados reemplacen el debate racional, socavando las bases mismas de la democracia.
La definición clásica, académica —casi escolar, si se quiere— de filosofía: amor a la sabiduría, puede leerse en los términos del compromiso griego que el agente tenía para con la verdad. A través del platonismo, esta se separaba de la mera apariencia y se colocaba en un “más allá” que debía, en la medida de lo posible, ser alcanzado a través de la reflexión y la apropiada orientación del pensamiento. No se trataba de enunciar una mera opinión, sino de hacerse con el conocimiento en tanto que creencia verdadera, justificada y comprobable.
Si volvemos la vista hacia La República, específicamente a la alegoría de la caverna, esta se configuraba como una imagen visual con la función propedéutica de mostrar al filósofo y al no filósofo que la ignorancia podía hacer pasar las apariencias como verdades y que, en esa medida, el agente necesitaba ir más allá de ellas si realmente quería «saber». Miremos con más detenimiento la alegoría.
En el libro VII de La República, Platón describía una morada subterránea donde había niños y adultos encadenados de las piernas y el cuello, de modo que únicamente podían ver hacia delante. Arriba y detrás, la luz de un fuego brillaba. Hombres ocultos a toda posibilidad de ser mirados pasaban con diferentes clases de objetos construidos en madera o piedra, proyectando así sus sombras sobre la pared. Para Platón, entonces, aquellos que no podían mirar hacia otro lado, consentirían que las sombras son la realidad y su comprensión estaría, al igual que ellos, atada y sesgada por su imposibilidad de ir más allá de las proyecciones arrojadas por el fuego1.
El contexto en el que Platón introdujo en La República esta alegoría es el de una discusión acerca del Estado y la mejor forma de gobernar. A través de ella, quería mostrar a sus interlocutores que, en un Estado ideal, solamente debería permitírseles gobernar a aquellos que, habiendo cruzado por los «senderos escarpados» de la filosofía, hubieran acostumbrado su razonamiento y su alma a buscar siempre la verdad. En el mundo contemporáneo podemos asegurar que la política se juega en términos completamente diferentes a los establecidos por Platón.
El Oxford Languages, en 2016, eligió como palabra del año el término «posverdad», definida como: “adj. Relacionado a, o que denota circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en el cambio de la opinión pública que aquellos que apelan a emociones y creencias personales2”. Esta elección no fue casual: reflejaba el auge de una forma de comunicación política que ya no se sostiene en la verdad, sino en la eficacia emocional de los discursos.
En esta misma línea, Chambers y Kopstein3 señalan que la esfera pública actual se encuentra bajo ataque mediante políticas que resuenan con el concepto de posverdad. A través de la difusión estratégica de desinformación en sus diversas manifestaciones —misinformation, bad information, malinformation, no information y too much information—, se erosiona tanto la esfera pública como la estructura democrática que de ella depende. Esta situación genera una creciente incapacidad de los ciudadanos para acceder a información pertinente, precisa y especializada en el contexto de la era digital.
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Para ellos, uno de los problemas fundamentales del ambiente político moderno es que los autoritarismos han migrado sus mecanismos de control de la información al ecosistema digital y, en esa medida, han encontrado nuevas formas de atacar el pluralismo y la verdad:
Solía suceder que los estados autoritarios se enfocaban en la sociedad civil y en la supresión de los movimientos sociales. Esto […] sigue sucediendo. Pero el autoritarismo se ha vuelto virtual. Ahora lo importante es la información y la comunicación […] más bien socavar la función de la información en una democracia4.
Así, la censura en este tipo de regímenes es igual de problemática que la divulgación de información mal intencionada, errónea, o que no expone el panorama completo ni el contexto de lo que pretende informar. Un claro ejemplo de ésto lo pudimos observar en las anteriores elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020. Tras conocerse los resultados que daban como ganador a Joe Biden, Donald Trump hizo uso de los medios digitales, así como los legales, para denunciar fraude electoral y tratar de impugnar el resultado. En este contexto, los medios digitales se vieron plagados de rumores acerca de hackers rusos, italianos e incluso latinoamericanos que habían saboteado las elecciones en aras de asestarle un golpe letal a la democracia estadounidense. El punto más álgido del caos provocado por la desinformación que giraba en torno a la carrera electoral fue la toma del capitolio por parte de simpatizantes de Donald Trump el 6 de enero de 2021, quienes se negaban a aceptar la legitimidad de la derrota del aún entonces presidente.
Este hecho histórico puso de manifiesto un grave problema que Chambers y Kopstein denunciarían posteriormente5: las cámaras de eco digitales. Si bien este no es el problema central que guía sus reflexiones, las cámaras de eco digitales, entornos en los que las creencias personales se ven reforzadas por otros agentes que las comparten, se vuelven fundamentales para las políticas de la posverdad cuando la curaduría algorítmica falla sistemáticamente al arrojarnos contenidos que no hacen si no profundizar nuestras creencias independientemente de su veracidad.
En el sentido anterior, la toma del capitolio puede interpretarse como la culminación práctica de la manifestación digital de un grupo extremista de seguidores de Trump que vieron reforzadas sus creencias a tal punto que, «para defender la democracia», tomaron las armas. Irónicamente, el único ataque que la democracia sufrió en aquellas elecciones vino de parte de ellos.
Las cámaras de eco, entonces, se vuelven una herramienta política crucial para hacer girar la opinión pública en torno a intereses particulares. Así, en la actualidad, el control de la información, además de pasar por la censura, también lo hace por la manipulación sistemática de qué y cómo se nos presentan los hechos. El problema, entonces, resulta doble cuando, por un lado, la información que se obtiene no es más que un rebote arrojado de manera algorítmicamente sistematizada de nuestras propias opiniones y, por otro, cuando la desconfianza, no solamente de la estructura democrática, sino entre los mismos ciudadanos, crece. Resulta, así, que nos encontramos con una sociedad polarizada entre aquellos que, atrapados en las cámaras de eco no hacen sino reforzar sus creencias a pesar de la verdad, y aquellos que no confían en que el Otro pueda formarse una opinión correcta acerca de los asuntos públicos.
Para Chambers y Kopstein, dentro de una democracia, la esfera pública cumple al menos tres funciones: la de facilitar la formación de una opinión informada a través de la libre circulación de información verídica, permitiendo que los ciudadanos tomen posición en los asuntos públicos y políticos dentro de un Estado; la segunda: la de rendir cuentas, es decir, un espacio público y abierto, plural, confrontativo y contestatario que mantiene el poder en la cuenta pública; y, finalmente, la de respuesta, esto es, que tiene la función de ser un espacio para las exigencias y los reclamos de la sociedad civil, que el Estado, de manera ideal, debería atender. Todo lo anterior se ve minado a través de las cámaras de eco, pero, sobre todo, por los malos actores políticos que, abiertamente, complejizan el acceso a la verdad por parte de la población civil.
Contrario a las promesas de conocimiento ilimitado que la democratización del Internet en el siglo pasado y la llegada de la masificación de lo digital traía consigo por allá de los años 2000, la realidad actual pasa por la divulgación masiva de teorías conspirativas que giran alrededor de una élite a la que le «conviene» que no veamos más allá de lo que los especialistas en cualquier tema quieren que veamos. El resurgimiento del terraplanismo, e incluso de la noción de que vivimos atrapados en un domo celeste, son algunas manifestaciones claras de lo anterior.
En La casa de Asterión6, Jorge Luis Borges reimagina el mito de Teseo y el minotauro, dotándolo de voz e intelecto. Para Asterión —el minotauro— el laberinto no era una prisión, sino su hogar, uno sin muebles e infinitos corredores intrincados. Ahí pasaba noches y días recorriéndolo incansablemente, «jugando a dormir», aunque a veces terminaba realmente dormido. Fingiendo que había «otro él» que lo acompañaba, jugaba a mostrarle su casa, cada corredor interminable e intersección extraña, aunque algunas veces se equivocaba de dirección y ambos echaban a reír. El ambiente digital, de este modo, parece análogo al laberinto de Asterión.
El sujeto puede navegar el laberinto y hasta sentirse cómodo con él, hacer de él su hogar y mostrárselo a sí mismo, regodeándose en «tener la razón» de acuerdo con un Otro que no es, sino un reflejo de su propio pensamiento; sin embargo, al no salir del laberinto, al no enfrentarse con la realidad de que la curaduría algorítmica está constantemente reforzando sus creencias, este se vuelve preso de ellas entre muchos otros como él. Para Asterión, los extraños que llegaban de vez en cuando a intentar matarlo no eran más que personas extrañas que llegaban a «jugar con él». Fuera de todo contexto, el minotauro creó su propio universo independiente de toda verdad, justo como las cámaras de eco hacen con los sujetos.
El pensamiento crítico, en este sentido, choca de frente contra el problema de las cámaras de eco y la sordera selectiva de quienes habitan en ellas. Si bien la emotividad es constitutiva del ser humano, no puede erigirse como fundamento político de ningún discurso, y mucho menos de la forma de gobierno de un Estado. Apelar a la emoción se convierte, así, en una vía para minar la estructura democrática, deteriorando la esfera pública como espacio de discusión y confrontación racional de los asuntos del Estado, con todas las consecuencias que ello implica7. Según Hermsen8, en contextos de profunda desesperanza, los totalitarismos hallan un terreno fértil mediante discursos que prometen «redención» y unidad al «pueblo». Al designar un chivo expiatorio, canalizan hacia él todas las emociones negativas, convirtiéndolo en enemigo.
Las cámaras de eco, en este marco, agravan el problema: en tiempos de posverdad, la verdad agoniza y dichas cámaras se encargan de administrarle el veneno.
Notas
[1] Platón. (2010). República, Barcelona, Gredos; 514a-516c.
[2] Cfr. [en inglés]: https://languages.oup.com/word-of-the-year/2016/
[3] Chambers, S. Kopstein, J. (2022) Wrecking the public sphere: The new authoritarians’ digital attack on pluralism and truth en Constelations; pp. 1-16, California, UC Irvine: https://doi.org/10.1111/1467-8675.12620
[4] Ibídem; traducción del autor de: It used to be that authoritarian states focused on civil societu and the suppression of social movements. This of course still goes on. But authoritarianism has gone virtual. Now what is important is information and communication —not so mucho controlling or suppressing that information —(although that too still happens) but rather undermining the very funcion of information in a democracy.
[5] Chambers, S. Kopstein, J. (2022) Wrecking the public sphere: The new authoritarians’ digital attack on pluralism and truth en Constelations; pp. 1-16, California, UC Irvine: https://doi.org/10.1111/1467-8675.12620
[6] Borges, J. (2019) La casa de Asterión en El Aleph, México, Penguin Random House Grupo Editorial.
[7] Entre los efectos que puede acarrear el deterioro de la esfera pública, el resurgimiento de regímenes autoritarios representa uno de los riesgos más significativos. Corea del Norte ejemplifica cómo un espacio público anulado y controlado por el poder central puede limitar severamente la pluralidad de voces. Aunque existen expresiones de disidencia incluso en contextos altamente controlados, lo cierto es que en este tipo de regímenes el disenso se ve fuertemente restringido, y los medios de comunicación son utilizados para imponer una narrativa oficial, dificultando el acceso a información diversa y reforzando una ideología hegemónica.
[8] Hermsen, J. (2019) La melancolía y el mundo, antes y ahora en La melancolía en tiempos de incertidumbre, Madrid, Siruela.
Artículo de:

Marco Antonio Díaz Villeda
Licenciado en filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Maestro en filosofía moral y política por la UAM
Cita este artículo (APA): Díaz, M. (2025, 26 de julio). Cámaras de eco y el deterioro de la esfera pública. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/07/democracia-en-la-era-de-la-posverdad
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