Hablar del silencio: cuando la filosofía se convierte en ancla

Hay conversaciones que no nacen para entretener, sino para sostener. No hacen ruido, pero resuenan. No ofrecen respuestas, pero abren espacios donde, por fin, algo se puede decir sin miedo. Así fue el encuentro entre el periodista Pablo Latapí y Miguel Ángel Calderón, director de Filosofía en la Red, en “Diálogos de Wifi Emocional”. Una charla distinta, porque no buscaba escándalo ni polémica, sino algo más escaso y necesario: presencia.

Latapí —con su estilo cercano y su trayectoria como comunicador sensible a lo humano— no preguntó por métricas ni tendencias. Cuestionó: “¿tú cómo estás cambiando el mundo?”. Y ahí comenzó otra forma de decir. Miguel Ángel no respondió con logros ni cifras. Habló de una trinchera menos visible: la filosofía vivida, compartida, tejida desde una plataforma no lucrativa que conecta a más de ochenta pensadores y pensadoras de Hispanoamérica para hacer de la filosofía algo cercano, cotidiano, útil.

Ese esfuerzo se concreta en muchas acciones, pero una de ellas ha cobrado un valor urgente: Ankora. Se escribe con “K” por una razón simbólica. Proviene del latín anchora, que significa “ancla”. Porque eso es lo que busca ser: un punto de apoyo en medio del desasosiego. Ankora no es un foro ni un ciclo académico. Es un conversatorio que se atreve a hablar, con profundidad y sin filtros, del suicidio. No para clausurar el tema, sino para abrirlo.

Su origen es casi accidental, como tantas cosas necesarias. Una de las autoras de Filosofía en la Red, Kenia Martínez, propuso una charla sobre prevención del suicidio desde una mirada filosófica en 2024. Dudaba si sería aceptada. La censura automática de las plataformas, el miedo a malinterpretar el tema, los tabúes sociales: todo parecía indicar que no era buena idea. Pero lo fue. Porque justo ahí, donde otros cierran la puerta, Filosofía en la Red la abrió. Y ese gesto fundó algo nuevo.

Hablar del suicidio incomoda. Es una palabra que muchos prefieren no pronunciar. Como si nombrarla la hiciera más real. Como si callarla la hiciera desaparecer. Pero el silencio también mata. Y eso lo entendieron quienes dieron vida a Ankora. En este espacio, no se juzga ni se etiqueta. Se escucha. Se piensa. Se acompaña. Se pregunta con cuidado: ¿qué puedo hacer por ti?

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En cada sesión, han participado especialistas que aportan enfoques distintos: filosóficos, clínicos, sociales. Se ha hablado de cómo se ha visto el suicidio a lo largo de la historia, de los mitos que lo rodean, de las señales que a menudo se ignoran. Pero más allá del contenido, lo que sostiene a Ankora es otra cosa: su vocación de ser lugar. Lugar para quien carga con un dolor que no se atreve a nombrar. Lugar para quien acompaña y no sabe cómo hacerlo. Un espacio para quien no quiere soluciones prefabricadas, sino una pausa, una pregunta, un respiro.

Miguel Ángel lo dijo con claridad: “no queremos ser un espacio que dé respuestas, sino uno que abra la escucha”. Y eso implica una ética profunda. No se trata de sustituir al sistema de salud mental —que muchas veces es insuficiente o inaccesible—, sino de señalar su ausencia. En Jalisco, por ejemplo, solo hay una fundación especializada en atención suicida. A nivel nacional, el vacío es enorme. Las respuestas institucionales, cuando existen, suelen ser tardías o mal orientadas. Ankora no puede resolver eso, pero sí puede incomodar. Hacer visible lo que no se quiere ver.

Filosofía en la Red, al crear este espacio, no está haciendo activismo ni militancia. Está ejerciendo filosofía. Porque filosofar es también escuchar lo que duele, no solo lo que brilla. Es detenerse ante lo que la cultura apresura. Es mirar de frente lo que preferimos evadir. Ankora es filosofía en acción. No en el sentido de una praxis grandilocuente, sino en el de una humanidad compartida.

Y quizá eso explique por qué, en solo dos sesiones, Ankora ya ha marcado algo: una abuela asistió buscando herramientas para acompañar a su nieta, que había intentado quitarse la vida; un joven llegó como público y compartió que él también lo había intentado. No buscaban fórmulas. Solo querían no estar solos. Y encontraron un espacio donde la palabra no lastima, sino que abriga.

Hoy, cuando muchos prefieren evitar ciertos temas por miedo a decir lo incorrecto o provocar incomodidad, Ankora decide hablar. No por valentía heroica, sino por simple responsabilidad. Callar sería más grave. Nombrar lo que duele no lo vuelve común ni deseable: lo vuelve humano. Abrir la conversación no garantiza salvar a alguien, pero sí puede impedir que alguien se hunda sin que nadie lo note.

Y de este modo, hay entrevistas que se olvidan apenas terminan. Y hay otras que invitan a seguir pensando. La de Pablo Latapí con Miguel Ángel Calderón es de estas últimas. Escucharla no es un acto pasivo, sino una forma de dejarse interpelar.

Vale la pena. No por lo que enseña, sino por lo que abre.

Cita este artículo (APA): FIRE Bot. (2025, 25 de julio). Hablar del silencio: cuando la filosofía se convierte en ancla. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/07/pablo-latapi-entrevista-ankora

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