¿Por qué el segundo Wittgenstein supera al primero? Porque abandona la rigidez del lenguaje como espejo lógico del mundo y propone los juegos del lenguaje, una visión flexible donde el significado depende del uso, permitiendo abordar ética, estética y la riqueza expresiva de las lenguas ordinarias.
Wittgenstein es un filósofo del lenguaje perteneciente a los analíticos1, el cual tiene dos etapas importantes dentro de la historia de la filosofía. A la primera se la conoce como el primer Wittgenstein, donde tenemos a un joven autor con ambiciones muy grandes, donde siguiendo la línea del atomismo lógico, el autor afirmó que el mundo y la mente están estructurados de manera lógica. Con esta obra pretendía acabar con los problemas de la filosofía.
En el segundo Wittgenstein encontramos una etapa más madura del autor, en la que reconoce los errores cometidos en su primera obra. En lugar de sostener una postura analítica que concebía el lenguaje como isomórfico al mundo —es decir, como un reflejo en el que las palabras correspondían directamente con las cosas—, propone ahora una visión distinta: el lenguaje no es un espejo de la realidad, sino un conjunto de usos. De ahí surge su noción de juegos del lenguaje. En esta etapa, los problemas filosóficos comienzan a abordarse desde el análisis del lenguaje ordinario.
Con estas dos posturas que tuvo el autor, digamos que llegó a obtener dos fichas, pero ahora lo que analizaremos es por qué la segunda etapa llegó a superar las limitaciones que había en la primera.
El lenguaje
como reflejo del mundo
En el Tractatus logico-philosophicus se expone una postura según la cual el lenguaje refleja al mundo; podríamos decir también que ambos son isomorfos. Todo lo que existe en el mundo son hechos, y de cada uno de ellos podemos formular una proposición atómica. Estos hechos atómicos son de naturaleza lógica y poseen múltiples posibilidades de relacionarse con otros. Pensemos, por ejemplo, en una naranja: puede ser arrancada de un árbol, transformada en jugo o incluso utilizada para ser arrojada a otra persona. En cuanto conocemos un objeto, podemos concebir todas las posibilidades que encierra.
Como seres racionales jamás vamos a poder pensar en algo que sea ilógico o fuera del mundo, pues en cuanto lo pensamos ya está en el mundo, y por lo tanto es lógico. Si pensamos en un elefante que es un hada y de su trompa saca chocolates, lo que está ocurriendo ahí es que, de las cosas que conocemos, las estamos mezclando en una imagen; pero eso no lo convierte en un pensamiento ilógico.
Para Wittgenstein, existen proposiciones que pueden expresarse con sentido y otras ante las cuales es mejor guardar silencio. Las primeras se refieren a aquello que puede formularse de manera lógica y que, al hacerlo, refleja el mundo. El segundo tipo de proposiciones, en cambio, no pueden expresarse lógicamente, pues carecen de valor de verdad. En este último ámbito se ubican la ética y la estética.
Aunque esta teoría suena razonable, también presenta ciertas limitaciones que conviene señalar. Una de ellas es la rigidez a la que aspiró el primer Wittgenstein al postular que todo enunciado debía poseer un valor de verdad verificable en los hechos del mundo. Además, el Tractatus presupone la existencia de una sustancia del mundo de la cual dependería el lenguaje para mantenerse estable, como si este fuera inmutable. Sin embargo, tal pretensión resulta insostenible: la historia nos muestra la existencia de lenguas muertas, de idiomas que evolucionaron a partir de otros, y de la constante creación de nuevas palabras o términos —muchos de ellos surgidos hoy en día como resultado de la globalización y el contacto entre lenguas—.
El lenguaje
como un juego
En esta etapa, Wittgenstein abandona la idea de que el lenguaje se compone de conceptos que refieren únicamente a una sola cosa, así como la suposición de un lenguaje inmutable. Ahora sostiene que, si observamos las prácticas de los hablantes, veremos que no todas las palabras poseen un significado fijo, sino que su sentido depende de los contextos en los que se emplean. Este planteamiento será desarrollado en Investigaciones filosóficas.
Una idea que le desafío el segundo Wittgenstein al primero con los juegos del lenguaje tuvo que ver con la idea del Tractatus que seguía a la estructura matemática como una aspiración para el lenguaje natural, idea que inició con Frege y fue continuada por Russell, maestro de Wittgenstein, por lo que no es de sorprender que el primero siguiera con esa línea. Con esto último quiero sugerir que el planteamiento de los juegos del lenguaje también nos representa una madurez de parte del autor, pues se desapega por completo de los pasos de quien le instruyó en la filosofía.
El lenguaje deja de ser únicamente un medio para representar al mundo y pasa a entenderse como un estilo de vida. Cada hablante, al usar su lengua, no solo busca reflejar la realidad, sino que la vive. Las lenguas condensan culturas y expresan la forma en que estas evolucionan con el tiempo. No existe una sustancia fija que imponga un orden y mantenga el lenguaje estático, ni puede sostenerse que cada palabra represente de manera exclusiva una sola cosa del mundo. Es posible que Wittgenstein formulara esa idea en su primera obra como una exigencia lógica de su propio sistema de pensamiento.
El segundo Wittgenstein aportó la ventaja de una mayor flexibilidad en el uso del lenguaje y ofreció una explicación para su enorme diversidad. Incorporó un aspecto que el primero había pasado por alto: la expresividad de las personas y de ciertos términos u oraciones. No es lo mismo decir “no todos los días rebuzna un burro blanco” que afirmar “hoy tuve un mal día”. Aunque ambas expresiones puedan aludir a lo mismo, el sentido con el que recibimos las palabras no será nunca idéntico.
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¿Por qué la segunda ficha
superó a la primera?
Considero que la segunda propuesta del autor supera con creces a la primera, pues incorpora los usos concretos y la manera en que los hablantes se apropian del lenguaje. Podemos, como lo hizo en su momento la filosofía del lenguaje, hablar de un lenguaje ideal; sin embargo, resulta mucho más enriquecedor cuando lo analizamos desde la praxis.
Un lenguaje ideal fabricado nunca será igual a hablar en las lenguas naturales. Incluso, no es lo mismo hablar la lengua materna que expresarse en otra aprendida. Hay significados y matices que solo cobran pleno sentido en la lengua de origen; aunque podamos comprender otras, el nivel de significación y profundidad nunca será el mismo.
Con Investigaciones filosóficas, Wittgenstein inaugura una nueva forma de pensar el lenguaje y, al mismo tiempo, lanza una crítica contundente a sus predecesores: ¿por qué buscar una lengua perfecta si los lenguajes ordinarios funcionan con plena eficacia? La pregunta es acertada, y yo añadiría otra: ¿por qué empeñarse en crear una lengua perfecta, cuando ya se ha podido filosofar de manera profunda a través de los lenguajes ordinarios?
Otra razón por la que considero que la segunda propuesta superó a la primera es que esta última nos dejó con la imposibilidad de abordar ciertos temas, entre ellos la ética y la estética, ramas fundamentales de la filosofía. Con el segundo Wittgenstein, en cambio, se abre la posibilidad de tratar estas cuestiones. Son temas que tienen un significado profundo para las personas y, precisamente, por ello, continúan siendo motivo de preocupación.
Conclusiones
La visión del lenguaje como una estructura matemática fue muy útil en su momento, ya que buscaba resolver problemas propios del lenguaje natural, como la ambigüedad. Sin embargo, en el siglo XX esa propuesta dejó de ser suficiente, porque la aspiración a la rigidez y al intento de dotar a la filosofía de un carácter científico terminó revelando que muchas cosas quedaban fuera. Se hizo evidente que no todo lo que decimos tiene una correspondencia fija, y así comenzó a gestarse una filosofía del lenguaje centrada en el uso. El segundo Wittgenstein respondió a esa necesidad, ofreciendo una explicación sobre aquello que, según el primero, no podía ser dicho. Porque si hablar de ética o estética era hablar sin sentido, ¿por qué esos temas han preocupado a la humanidad durante siglos? Debía haber una respuesta, debía haber una razón por la cual la filosofía seguía enfrentándose a problemas de ambigüedad. Y esa razón no estaba en la estructura del lenguaje, sino en la manera en que cada hablante lo usa y se desenvuelve en él.
En lo personal, considero que la filosofía no requiere de un lenguaje ideal o perfecto: estamos bien así, podemos filosofar en español. De hecho, se puede filosofar en cualquier idioma; y conocer una lengua tampoco garantiza quedar libre de malinterpretaciones.
Notas
[1] Es una corriente de pensamiento que floreció en el siglo XX y que partió de la idea de que muchos problemas filosóficos podían resolverse mediante el uso de la razón y la correcta aplicación de los conceptos. Su enfoque consiste en analizar, de manera rigurosa —de ahí su nombre—, el lenguaje.
Bibliografía
Burkhardt, A. (2022). El otro Wittgenstein o la embestida contra los límites del lenguaje. Claridades. Revista de Filosofía 14(2), 101-140. DOI: https://doi.org/10.24310/Claridadescrf.v14i2.15572
Wittgenstein, L. (2012). Tractatus logico-philosophicus. Alianza.
–. (2021). Investigaciones filosóficas. Trotta Editorial.
Cita este artículo (APA): García, P. (2025, 21 de agosto). Wittgenstein: ¿por qué sus dos visiones del lenguaje cambiaron la filosofía? Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/08/wittgenstein-juegos-del-lenguaje
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