Entre el placer y la exigencia: un análisis de la hiperproductividad

¿Cómo afecta la hiperproducción a la salud mental y el disfrute de las actividades cotidianas? La hiperproducción convierte hobbies, rutinas y descanso en exigencias perfeccionistas impulsadas por redes sociales. Esta presión constante genera frustración, multitarea excesiva y evitación emocional. Recuperar el placer por hacer actividades sin perfección es clave para el bienestar psicológico.

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En publicaciones anteriores hemos hablado de los peligros que conlleva estar conductualmente inactivo. De hecho, problemas psicológicos como la depresión suelen agravarse cuando la vida de la persona se ve reducida en todas sus áreas. Por ello, en las últimas décadas se han diseñado programas de activación conductual1 que buscan, precisamente, aumentar el número de acciones gratificantes que se realizan a lo largo del día. Por ejemplo, los profesionales recomiendan retomar los hobbies que disfrutabas en un pasado y que has dejado de hacer a consecuencia de la rutina.

Visto de esta manera, parece que el hacer cosas fuera de los quehaceres diarios podría ser la clave para lograr una sociedad mucho más sana mentalmente. Sin embargo, como todo en esta vida, todo implica un peligro: la hiperproducción. Este concepto tan nuevo hace referencia a la necesidad compulsiva de realizar tareas —o realizarlas con excesiva exigencia y perfeccionismo—.

Redes sociales
y la hiperproducción

En las redes sociales ha surgido un nuevo movimiento social entre los más jóvenes: la hiperproducción. Las personas que trabajan creando contenido digital comparten su vida de una forma en la que conectan más con su audiencia, consiguiendo así números desorbitados de visitas. Esas fotos y vídeos llegan a miles de adolescentes y jóvenes que, motivados por lograr un estilo de vida parecido, buscan imitar las acciones de los influencers que admiran.

Hace no mucho TikTok comenzó a mostrarme vídeos de personas coloreando. En su momento me paré a verlo e incluso pensé «¡oh, puede ser mi nuevo hobbie!«, porque me parecía una actividad relajante y que encajaba con la persona que soy. El algoritmo no tardó en percatarse de mi interés y, acto seguido, aparecieron decenas de vídeos similares. Hasta aquí realmente no hay ningún problema. Ver como otras personas coloreaban me motivó a comprarme un libro y unos rotuladores para hacerlo yo también. Como comentaba al principio del artículo, realizar una afición que nos resulte agradable nos ayuda a mantener una buena estabilidad emocional. Pero, ¿qué pasa si el objetivo principal ya no es disfrutar del colorear, sino que el resultado sea sumamente perfecto?

Cada vez que abría la aplicación, un vídeo de colorear más perfecto que el anterior aparecía. Hasta el más mínimo detalle estaba calculado para que el resultado final pareciese hecho por un ordenador y no por una persona. Cuando yo misma me dispuse a colorear mi libro, y comprobé que el resultado no era ni similar al que había visto en redes sociales, me sentí frustrada. De hecho, comencé a ver vídeos en los que mostraban cómo mejorar tu técnica coloreando.

En ese momento paré y me dije: «¿cuál es la finalidad de todo esto?» Comencé comprando el material porque realmente quería incorporar la actividad a mi vida diaria, y poco a poco había logrado que se convirtiese en una exigencia más. Ya no solo no me aportaba tranquilidad y estabilidad emocional, sino que ahora era una de las causas de mi frustración.

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Esto es solo una anécdota personal, pero las redes sociales han transformado la forma en la que realizamos cada una de nuestras actividades. Allá donde llega el contenido digital, hay una actividad que se ha convertido en hiperproducción. El skincare, el ejercicio físico o incluso el viajar a otros lugares son otros ejemplos de acciones que han dejado de ser placenteras por sí mismas. «Tu rutina perfecta de skincare» o «consigue el cuerpo de tus sueños en 3 meses» son titulares cada vez más comunes que invitan a convertir lo cotidiano y agradable en una exigencia más.

Hiperproducción
y evitación emocional

Otra forma bastante común de hiperproductividad es el multitasking2. Unido a lo anterior, ya no es solo que las tareas que realices tengan unos estándares prácticamente imposibles de cumplir, sino que el número de tareas que se realizan en el día resulta abrumador.

¿Te ha pasado alguna vez que, tumbado en el sofá descansado, has pensado que no estabas haciendo nada productivo? Seguramente, si ese pensamiento se ha pasado por tu cabeza, has terminado castigándote a ti mismo o haciendo alguna actividad cuando realmente solo te apetecía descansar un rato. O quizás alguna vez te has sentido sumamente triste y has decidido hacer cualquier cosa antes que inundarte de la emoción, pretendiendo así sentirte emocionalmente mejor.

Muchas personas comentan en terapia que hacer cosas «les mantiene la cabeza ocupada«. Y es cierto. Mientras estamos realizando otra tarea, nuestra atención se deposita ahí y no en nuestros pensamientos o emociones desagradables. Es por eso que suele utilizarse como estrategia —poco saludable a largo plazo— de regulación emocional. El problema llega cuando la intensidad de las emociones sobrepasa nuestro límite y llevar a cabo otras acciones ya no calma el malestar que sentimos. La falta de estrategias para regularse provoca que en estas situaciones muchas personas se vean desbordadas y acudan a un profesional de la salud mental.

Es importante hacer actividades que nos resultan agradables porque nos ayudan a mantener un estado de ánimo óptimo, nos alinean con lo que es importante para uno mismo y nos mantiene en contacto con el presente. Pero cuando el no dejar espacio al descanso ni a cometer fallos se vuelve una rutina, el hacer tareas puede ser contraproducente.

Conclusión

Muchos autores3,4,5 han hablado a lo largo de décadas de mantenerse activo. Sin embargo, vivimos en una sociedad que invita a la hiperproducción. Mantenerse activo ya no es un fin en sí mismo, sino un medio para convertirse en una persona perfecta, exitosa, socialmente deseada y emocionalmente desapegada.

Desde aquí te invito a no dejar de habitar los espacios que disfrutas y a adentrarte en otras muchas que aún no has descubierto. Pero cuidado, caer en la hiperproducción es sencillo estando inundados de contenido que nos incita a ello. La clave no está en hacer más y mejor, sino en hacer con sentido. Poner el foco en el placer, el disfrute y el momento presente te ayudará a autoconocerte, alinearte con tus valores y a mantenerte emocionalmente más saludable.

En una sociedad en la que el foco está en la hiperproducción, hacer cosas por su mero disfrute se convierte en un acto revolucionario.

Bibliografía

[1] Peláez, A. (2023, 3 de octubre). Terapia para la activación conductual en depresión. Almudena Peláez. Sitio web: https://almudenapelaez.es/blog/depresion/activacion-conductual

[2] Multitasking. Wikipedia. Sitio web: https://es.wikipedia.org/wiki/Multitasking

[3] Barraca, J. (2009). La Activación Conductual (AC) y la Terapia de Activación Conductual para la Depresión (TACD): Dos protocolos de tratamiento desde el modelo de la activación conductual.

[4] Coto-Lesmes, R., Fernández-Rodríguez, C. y González-Fernández, S. (2020). Activación conductual en formato grupal para ansiedad y depresión. Una revisión sistemática. Terapia psicológica, 38(1), 63-84.

[5] Bianchi-Salguero, J. M. y Muñoz-Martínez, A. M. (2014). Activación conductual: revisión histórica, conceptual y empírica. Psychologia. Avances de la disciplina, 8(2), 83-93.

Cita este artículo (APA): María, M. (2025, 10 de septiembre). Entre el placer y la exigencia: un análisis de la hiperproductividad. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/09/hiperproductividad-placer-o-exigencia

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