¿Qué sostiene el texto sobre modernidad y sujeto? Que la racionalidad del capital convierte las relaciones en competencia, produce alienación y cosificación; el taylorismo/fordismo y la industria cultural vuelven al individuo espectador impotente. Sin embargo, propone convertir el sufrimiento en impulso ético y justicia —esperanza mesiánica—.
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En la gigantomaquia1, Gea, cuyos descendientes eran los titanes, crea unos seres insuperables por la magnitud de sus potencias físicas, de espeso pelaje y extremidades de dragón. Estos gigantes se enfrentan a los dioses olímpicos lanzando rocas y encinas ardientes al cielo; lo cual, en este contexto, es muy significativo. En la batalla, Zeus, con la ayuda de Heracles y los demás dioses, logra exterminar a esta raza, que por su soberbia se había sublevado. La iconografía relacionada con este mito ha sido ampliamente utilizada a lo largo de la historia para representar, en su mayoría, temas políticos o propagandísticos.
En este caso, Leon Golub pinta2 un acrílico sobre lienzo que recuerda un poco a las vasijas de figuras negras, con un fondo de colores rojizos frente al que destacan unos personajes pintados en negro. Este estilo nació en Corinto en torno al siglo VII a. C., pero alcanzó gran popularidad, extendiéndose hasta Atenas. Un rasgo común en los anteriores cuadros es la pincelada agresiva, no difuminada, y los colores estridentes, aunque la dinámica figura-fondo anterior se haya invertido. Su pintura está fuertemente relacionada con la guerra de Vietnam, un conflicto armado que dejaría una cicatriz imborrable en Estados Unidos y que acentuó el ya fuerte compromiso social del autor. Formó parte de grupos antibelicistas y en contra de la intervención estadounidense en América Latina.
Tampoco se adscribió a ninguna de las corrientes hegemónicas de su época, como el Pop Art o el Neorrealismo, pues sus cuadros funcionan como una crítica a toda esta ideología de la que hablábamos con Benjamin en el artículo anterior.
César Baldaccini es un autor francés perteneciente al movimiento del Nuevo Realismo, que tiene una relación muy estrecha con, podríamos decir, su predecesor, el Dadaísmo. Se centra en mostrar el lado más oscuro del desarrollo capitalista, criticando los objetos comerciales producidos en masa y empleando materiales como piezas metálicas e incluso ropa interior o carteles rasgados, en un método de “ensamblado” que los combina e integra a la obra en sí. En palabras de Pierre Restany:
Se da un reciclado poético de la realidad urbana, industrial y publicitaria […] invitan al espectador a detenerse y observar su realidad más inmediata por medio de objetos que, a priori, se perciben como basura3.
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No obstante, a esta obra concreta, Panneau elief4, me gustaría darle un significado antropológico más acorde con la línea interpretativa que vamos siguiendo. La masa informe de piezas metálicas es el hijo de la técnica; es en lo que se ha convertido el hombre tras un deshumanizante proceso de mecanización del cuerpo iniciado en el siglo anterior. No somos personas: el otro se nos presenta como un medio para un fin, no como una finalidad en sí misma. Además, la relación con el otro es inconsciente e irreflexiva; no es producto de la elección, sino de la objetividad social. El ser humano está enajenado no solo de su objeto de trabajo —aquello que produce y consume—, sino también del carácter social de su misma esencia. No se da una violencia directa y abierta, sino a través de las leyes mercantiles, una forma de competencia objetiva que tiene que ver con la escasez de medios de subsistencia. El trabajo asalariado implica la alienación respecto al carácter social de los seres humanos, porque el otro aparece como sujeto de competencia y no de cooperación.
Las sociedades modernas creían haberse emancipado de las antiguas relaciones que cosificaban al ser humano en virtud de un destino organizado según una instancia ajena, véase, la divinidad. El sujeto, por fin, se hace cargo de que él mismo es hacedor de historia y busca formas de organizarse que permitan ampararlo en tanto que hombre libre. Este es el relato del liberalismo y la modernidad que, no obstante, se contradice con la realidad existente. El ser humano se encuentra cosificado en la medida en que cumple funciones sociales que se ajustan a una racionalidad que le es externa, a saber, la del capital. Ya no le pertenece, sino que se ha visto desprovisto, enajenado de su propio destino vital.
Adorno y Horkheimer dicen que Marx se equivoca en la tesis de la pauperización, pues, efectivamente, con el paso de los años, el proletariado ha mejorado sus condiciones de vida social. Sin embargo, eso no lo hace menos impotente; es más, deviene, si cabe, en un ser mucho más indefenso de lo que era en un principio. El taylorismo y el fordismo que nacen con el gran capitalismo se traducen en la necesidad del trabajo cualificado. Tenemos un polo de poder social muy concentrado y una masa de población impotente, que está cada vez más alterdirigida. Ello no es sino justamente lo contrario a aquello que prometía la modernización. Podemos elegir productos, pero no determinar los fines de nuestra propia vida, mucho menos los medios para organizarla. El sujeto se ve como un elemento prescindible, y en todos los ámbitos de su existencia, acaba permeando la ineludible lógica del capital. La disposición psicológica resultante, producto de esta violencia sistémica, produce una herida en el sujeto que será aprovechada por los discursos fascistas y por la nueva forma en que se instituye la industria cultural.
Lynn Chadwick es considerado por la crítica como un autor capaz de expresar la “geometría del miedo”. Watcher V5, una de sus esculturas más famosas, representa una pequeña figura humanoide de cabeza rectangular que no mide más de 140 cm. En la sala está situada justo en frente de Gigantomachy V6. Una figura tan enjuta que permanece estática, observando a los gigantes. Parece casi una referencia al episodio de la mitología cristiana de David frente a Goliat. No obstante, el mensaje que nos sugiere es muy desesperanzador, ya que el espectador no interviene, simplemente observa impotente. Bien puede ser por el poco margen de acción que un ser individual puede tener o porque, realmente, el impulso hacia la autodestrucción forma parte de la naturaleza humana. Como ocurría en los primeros cuadros, el ser humano, lleno de angustia, es devorado por su entorno.
En la novela Memorias del subsuelo7, de Fiódor Dostoievski, se describe a un funcionario que vive encerrado en su pequeño apartamento en la capital y que ha claudicado de toda posibilidad redentora. Escribe desde los fondos más bajos de la sociedad petersburguesa y, en su dolor, se regocija:
Pero mientras tanto, estoy convencido de que el hombre jamás renunciará al auténtico sufrimiento, o sea, a la destrucción y al caos. Si el sufrimiento viene a ser la única razón de ser para la conciencia8.
Sin embargo, aquí el autor expresa un tipo muy distinto de dolor, de carácter más esperanzador, que no ahoga, sino que sirve como impulso para avanzar. Quizá lo propio del ser humano no sea, en último término, su aniquilación, sino la transformación del sufrimiento en fuerza. Puede que ese sea el horizonte al que cabe aspirar. El dolor se padece, pero hay una fuerza mesiánica que puede movernos desde el malestar hasta la búsqueda de justicia.
En cada época ha de intentarse arrancar de nuevo la tradición al conformismo […] el Mesías no viene solo como redentor; viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en el pasado la chispa de la esperanza solo le es dado al historiador convencido de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo cuando venza. Y ese enemigo no ha dejado de vencer9.
Notas
[1] La gigantomaquia es la batalla mítica entre los dioses olímpicos y una raza de gigantes, que simboliza el triunfo del orden y la civilización sobre el caos y la barbarie en la mitología griega. La guerra fue desatada por Gea, la Madre Tierra, para vengar el encarcelamiento de los Titanes, y requirió la ayuda del héroe Heracles para que los dioses pudieran derrotar a los gigantes.
[2] León Golub [Página de exposición]. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Sitio web: https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/leon-golub
[3] Restany, P. (1990). Trente ans de Nouveau Réalisme. La Différence.
[4] Panneau Relief (Panel Relieve) [Ficha de obra]. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Sitio web: https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/panneau-relief-panel-relieve
[5] Watcher V (Espectador V) [Ficha de obra]. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Sitio web: https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/watcher-v-espectador-v
[6] Gigantomachy V [Ficha de obra]. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Sitio web: https://www.museoreinasofia.es/en/collection/artwork/gigantomachy-v
[7] Dostoievski, F. (2008). Memorias del subsuelo (Trad. Selma Ancira). Alianza Editorial.
[8] Ibídem.
[9] Benjamin, W. (2018). Iluminaciones. Tesis sobre el concepto de historia: tesis VI. Taurus.
Bibliografía
Adorno, T. & Horkheimer, M. (2007). Dialéctica de la Ilustración. Ediciones AKAL.
Rodríguez, M. (2009). El asalto al Olimpo: la gigantomaquia. Universidad Complutense de Madrid.
Cita este artículo (APA): Navas, M. (2025, 07 de septiembre). Arte y capitalismo en el museo Reina Sofía. Parte 2 de 2. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/09/modernidad-capitalismo-alienacion
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