Ya son cinco años…

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Dos mil veinticinco es y seguirá siendo un año de cambios. Lo digo no solo por lo que atraviesa Filosofía en la Red, sino por lo que viven hoy los proyectos de divulgación, los medios escritos, los espacios donde antes parecíamos tener certezas. La irrupción de la inteligencia artificial, el contenido automático, los resúmenes que Google coloca sobre los resultados, y los modelos de lenguaje que responden casi cualquier cosa, han transformado el terreno de juego. Cada visita cuesta más trabajo. Cada lector se pelea en un mar de distracciones. Cada palabra escrita se enfrenta a la sospecha de no haber sido escrita por una mano humana.

En medio de ese panorama, Filosofía en la Red no ha dejado de apostar por algo que para nosotros es esencial: la palabra con rostro humano. No me refiero solo a definiciones, conceptos o tratados; hablo de artículos, reflexiones y textos que nacen de una voz viva. En este quinto aniversario quiero recordarme —y recordarnos— que eso no cambia. Y aunque muchas veces sentimos el peso de la competencia, la incertidumbre de los algoritmos y la tentación de rendirse, no nos hemos detenido. No lo haremos.

Cuando me detengo a pensar en el tiempo que ha pasado, lo primero que aparece no es orgullo ni asombro. Lo que más pesa —y al mismo tiempo más me sostiene— es la gratitud. Gratitud hacia quienes confiaron cuando apenas éramos un blog colectivo de filosofía. Agradecimiento hacia quienes siguen aquí, escribiendo, leyendo, compartiendo. Gratitud hacia quienes se acercan con una pregunta, un texto, una duda, y deciden caminar un tramo de este puente que llamamos Filosofía en la Red.

Siempre me ha gustado pensar en este proyecto como una red, un tejido de voces y pensamientos que se entrelazan. O quizá, mejor aún, como un puente: algo que conecta orillas, que sostiene pasos, que se levanta para que otros puedan cruzar. Esa imagen me acompaña porque expresa lo que hemos logrado: no levantar un templo de ideas rígidas, sino tender lazos.

El lema que repetimos dentro del equipo es “devolver lo humano a las humanidades”. Suena sencillo, pero encierra un compromiso enorme. Significa que detrás de cada artículo no vemos un currículum, sino a una persona. Que más allá de un logro académico hay historias, miedos, preguntas y búsquedas. Lo más humano que me ha dado este proyecto no son indexaciones ni métricas —aunque sean valiosas—, sino cuando un autor o una autora me escribe en confianza. Cuando dejan a un lado su rol académico y me comparten sus inquietudes, sus inseguridades, sus problemas. En esos momentos el texto deja de ser el fin y se vuelve un pretexto para lo más importante: encontrarnos.

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Los nombres detrás del trabajo

No puedo hablar de estos cinco años sin agradecer a quienes han cargado conmigo este barco. Filosofía en la Red es lo que es porque hay personas que decidieron seguirme la corriente, creer en esta idea que no nació en una universidad ni bajo el amparo de una institución, sino de la convicción de que la filosofía debía tener otro espacio.

Quisiera nombrar a cada coordinador y coordinadora de los grupos de investigación, a cada miembro del comité científico de la Revista, a cada autor y autora que ha confiado en este espacio, a cada persona que se ha sumado a los grupos de investigación o a nuestro club de lectura. Sería injusto, porque correría el riesgo de olvidar a alguien, y nadie merece quedar fuera de este agradecimiento. Pero sí quiero detenerme en un nombre particular: Alejandra Nava Hernández.

Alejandra es mucho más que la coordinadora del Club de Lectura Iris Murdoch. Es la secretaria editorial de nuestra revista académica y la voz que guía muchos de nuestros proyectos editoriales. Su mirada crítica, su delicadeza y su compromiso hacen que todo fluya de un modo en el que yo, como director, puedo confiar y dejarme llevar. No exagero al decir que sin ella muchas de las cosas que hoy celebramos no habrían sido posibles.

Lo que viene

Este dos mil veinticinco ha traído logros significativos. Nuestra revista fue indexada en EBSCO, uno de los repositorios académicos más importantes del mundo. Hemos tejido alianzas de gran calado, como la realizada con la Fundación Ortega Marañón (en España). Hemos llegado a más países, rompiendo fronteras que parecían infranqueables cuando todo empezó. Y tenemos en el horizonte cercano la FILOCONF 2025, que se proyecta como el evento filosófico más importante del año, ampliando su formato a seis días, y consolidándose como un encuentro que rompe esquemas.

Pero más allá de los logros, lo que me emociona es lo que significan. No son trofeos que podamos colgar en una vitrina. Son señales de que lo que comenzó como un sueño se ha transformado en un movimiento vivo, en una comunidad que aprende, se cuestiona y se reinventa constantemente.

A ti que lees, que escribes, que compartes o que simplemente pasas por aquí: gracias. Gracias por darle sentido a este proyecto. Gracias por hacer que cada esfuerzo valga la pena. Y gracias, de manera muy especial, a quienes forman parte de Στοά, nuestro newsletter: a quienes lo leen en su versión gratuita y nos permiten estar presentes en su día a día, y a quienes han dado un paso más y se han convertido en suscriptores de pago. Su apoyo sostiene este proyecto y lo hace posible. No son números: son personas que apuestan por la filosofía y por mantener vivo un espacio independiente y no lucrativo.

Quisiera prometerte algo en este quinto aniversario. No una lista de objetivos técnicos ni un catálogo de nuevas iniciativas. Lo que quiero prometerte es que seguiremos conectando. Que la comunidad se hará más fuerte. Que cada artículo será una puerta para encontrarnos, no solo un ejercicio intelectual. Que, en tiempos donde la filosofía corre el riesgo de perderse entre algoritmos y repeticiones, aquí seguirá siendo un refugio humano.

No quiero que Filosofía en la Red sea vista únicamente como una página que publica textos todos los días. Quiero que quienes llegan aquí encuentren un espacio donde la filosofía se muestra práctica, cercana y útil. No como un dogma, ni como un conjunto de teorías intocables, sino como un puente real hacia las personas.

Porque si algo nos enseñan estos cinco años es que la filosofía no muere en los libros ni se encierra en las aulas. Vive en cada diálogo, en cada reflexión compartida, en cada instante en que alguien se atreve a pensar junto con otros. Esa es la razón de ser de Filosofía en la Red: no solo transmitir ideas, sino sostener personas.

Por eso, cuando miro hacia adelante, no pienso tanto en algoritmos o métricas. Pienso en seguir rompiendo muros y en seguir tendiendo redes. Pienso en cada autor que encuentra aquí su primera publicación. En cada lector que descubre un texto y siente que no está solo en su búsqueda. En cada conversación que surge de un artículo y se convierte en amistad.

Ese es el futuro que quiero continuar construyendo contigo. Felices cinco años de la nueva etapa de Filosofía en la Red.