La substancia en Aristóteles: permanencia y sentido del ser

¿Por qué la metafísica de Aristóteles sigue siendo relevante hoy? Porque ofrece una base para comprender la identidad, la esencia y el cambio en los seres. Su concepto de substancia explica cómo algo puede transformarse sin dejar de ser lo que es, influyendo en nuestra visión ética, ontológica y existencial del mundo.

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Aristóteles dejó un legado de obras con ideas tan profundas que han trascendido por siglos, haciendo imposible negar la influencia que ha ejercido en la historia de la humanidad. Su metafísica fue un pilar fundamental durante la Época Medieval, especialmente en el desarrollo teológico de los pensadores religiosos. Tomás de Aquino se destacó como uno de los principales exponentes de esta metafísica y de su integración con el pensamiento judeocristiano, apoyándose también en las interpretaciones de filósofos como Averroes, quienes contribuyeron decisivamente a que la obra aristotélica llegara a Occidente.

Este escrito tiene como propósito exponer las razones por las cuales la metafísica de Aristóteles no ha pasado de moda, pese a las diversas corrientes filosóficas que han surgido desde la Ilustración y que han intentado desecharla. Para ello, se rescata y analiza el concepto de substancia, uno de los pilares de su pensamiento.

La metafísica de Aristóteles

Hay pocos grandes sistemas filosóficos que hayan tenido a la metafísica como su principal cimiento; entre ellos destacan los elaborados por Platón, Aristóteles, Kant y Hegel. En este escrito nos adentraremos en el sistema desarrollado por Aristóteles, filósofo de la Antigua Grecia nacido en Estagira en el año 384 a. C., quien estudió durante varios años en la Academia de Platón. Tras la muerte de su maestro, abandonó la Academia y, tiempo después, fundó el Liceo.

Gran parte de su producción filosófica fue desarrollada precisamente en el Liceo, con el propósito de emplearla como material para la enseñanza. La Metafísica formaba parte de esos apuntes destinados al plan de estudios. El título original de la obra era Filosofía primera, nombre que aludía al estudio del primer principio o, dicho en términos aristotélicos, a la ciencia que indaga las causas últimas y los principios primeros. Entender que fue concebida con un fin educativo permite comprender mejor su estructura, pues no estaba pensada para ser accesible al público general.

Los principales temas que trata Aristóteles en Metafísica giran en torno al ser y todo lo que a este le compete, como el hilemorfismo1, la esencia, los contrarios, la substancia y los accidentes. Cada uno de estos tiene una profundidad que exige una apertura mental para poder llegar a su comprensión, no viéndolos como cosas aisladas, sino como componentes de un conjunto que conforma un ser específico.

Es por medio de esta obra que llegan a nosotros los contenidos discutidos por los presocráticos y por Platón, quienes trataron de resolver el problema del cambio y la permanencia. Si las cosas cambiaban, implicaba que dejaban de ser lo que eran y, por tanto, no eran tan reales; pero si siempre permanecen, entonces había que resolver la duda de por qué parece que hay alteraciones en ellas. Es importante que Aristóteles comience por la parte histórica, porque es a partir de ella que fundamenta su sistema, encontrando una solución ingeniosa en la que las cosas permanecen, pero también cambian: esto es lo que llamó acto y potencia. Se permanece mientras se está en acto, pero hay cambio en cuanto se está en potencia.

A grandes rasgos, de esto trata la metafísica aristotélica; una pequeña explicación que me pareció conveniente incluir para tener el panorama completo y aclarar las consideraciones que debemos tener: la substancia no es el tema central, y su comprensión profunda requiere recordar que hay más elementos que pueden dificultar hablar de ella si no los tomamos en cuenta.

La substancia

El capítulo en el que Aristóteles aborda con mayor profundidad este tema es el libro séptimo de la Metafísica. Una forma sencilla de definir la substancia es considerarla como aquello que existe por sí mismo y no en otro, en contraposición a los accidentes, que siempre existen en algo, siendo ese algo la substancia. A partir de estos elementos, el estagirita formula las categorías: una para la substancia y nueve para los accidentes —cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, hábito, acción y pasión—.

El término substancia proviene del latín, compuesto por sub —debajo— y el verbo stare —estar de pie—, por lo que substancia se traduce como “lo que está debajo”. ¿Debajo de qué? De los accidentes, pues la substancia es esa base que no puede percibirse fácilmente por todo lo que la cubre. Aristóteles no la denominaba substancia, sino ousía, palabra que se traduce como “ser” o “esencia”.

De esta manera, podemos afirmar que la substancia es más real que los accidentes, ya que estos no pueden existir sin una substancia en la cual reposar. Los accidentes son meras contingencias que pueden cambiar sin afectar la esencia del ser concreto. Por ejemplo, una taza puede ser rosa, verde o azul, pero esos cambios no alteran su substancia: sigue siendo una taza.

Debe existir una unión entre materia y forma. Esto significa que la materia es aquello de lo que algo está hecho, mientras que la forma es el principio que actualiza esa materia. Por ejemplo, en una moneda, la materia sería el bronce, y la forma aquello que le da su identidad como moneda y no como bandeja. Esta unión da origen a la substancia; por eso, para acceder a su conocimiento, se debe pasar por los grados de abstracción: sensible, matemático e inteligible. Es en este último donde se ubica la substancia, pues no puede percibirse ni medirse, solo pensarse.

Importancia de la substancia
en la cosmovisión

La manera en que concebimos la substancia se relaciona directamente con la forma en que comprendemos el mundo. Para dejar más claro este punto, compararemos la diferencia entre la substancia en Spinoza y en Aristóteles. Elegí a Spinoza porque su concepción se aparta radicalmente de otras y me parece un caso curioso y, al mismo tiempo, el más visual para entender cómo esta idea impacta en la cosmovisión del mundo y, por ende, en la forma en que lo interpretamos.

Spinoza definió la substancia como aquello que es en sí mismo y que también se concibe por sí mismo. Si analizamos esta definición, podemos afirmar que la primera parte coincide con la concepción aristotélica, pero surgen problemas con la segunda, ya que Spinoza otorga completa autonomía a la substancia; por ello se dice que su filosofía es panteísta.

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Para el estagirita, la substancia necesita de otros seres para poder ser definida, lo que genera un dinamismo entre ella y los accidentes. En cambio, para Spinoza es única e infinita; al ser causa de sí misma y de todo lo que existe, da sentido a su idea de que Dios es la naturaleza. Solo hay una substancia, que es dios, y dios es causa de sí mismo: todo lo existente son manifestaciones de sus atributos.

La cosmovisión aristotélica, por su parte, propone un motor inmóvil como principio del movimiento. Sin embargo, el motor inmóvil y los demás seres existentes son independientes unos de otros. Esto rompe con la idea de una única substancia autónoma; las substancias se fundamentan en interrelaciones, pues son producto de un hilemorfismo: se vinculan con los accidentes y, a través de ellos, conocemos las cosas. Pero también poseen esencia y causas2.

Con esta comparación comprendemos que la concepción de la substancia no es un detalle menor, sino un principio que determina nuestra manera de entender el mundo.

¿Por qué la concepción substancial
sigue siendo importante?

La substancia garantiza la permanencia en el cambio. Como se mencionó al inicio, la permanencia y el cambio fueron problemas abordados por los presocráticos, y Aristóteles buscó una forma de resolverlos. Esta permanencia ocurre porque es lo que permite que algo sea lo que es, un aspecto fundamental para la ontología, ya que se requiere un principio de identidad que delimite las cosas y permita distinguirlas de aquello que no son.

Esta limitación, además de otorgar identidad a un ente, también le confiere una esencia: aquello por lo que los seres humanos siempre preguntamos y que constituye nuestra principal inquietud al conocer. Ante un objeto nuevo, la primera pregunta es: ¿qué es eso? No basta con conocer algo a través de los accidentes que el objeto posee; tenemos la necesidad de llegar a aquello que permanece y lo mantiene en acto.

La substancia nos permite comprender mejor que cada ente existente es una substancia individual, independiente de las demás. Su concepción implica también una postura ética respecto a temas controvertidos actuales vinculados con la axiología, ya que la evaluación de una situación exige una reflexión profunda sobre los elementos que la conforman. En el ser humano hay una dignidad ontológica que hace que lo que somos no dependa de nuestras capacidades o de nuestra apariencia; la substancia, en este sentido, nos ayuda a definir la identidad y el valor intrínseco de la persona.

Conclusiones

Varios movimientos y filósofos han intentado desechar por completo los postulados metafísicos, algo que considero imposible, pues toda postura frente al mundo implica inevitablemente una posición metafísica. La substancia y su comprensión resultan fundamentales, ya que determinan nuestra visión sobre dios, el mundo y el yo: realidades que, de una u otra forma, siempre estarán implicadas.

El sistema peripatético, pese al tiempo transcurrido desde su origen, continúa ofreciendo respuestas a los problemas contemporáneos que lo reclaman. No se trata de un conjunto de conceptos abstractos o lejanos, porque toda filosofía puede —y debe— traducirse en práctica. La substancia constituye el principio desde el cual edificamos todo lo demás: las consideraciones éticas, ontológicas y existenciales que orientan nuestro pensamiento. No es necesario retomar su definición original al pie de la letra, pero sí podemos reinterpretarla y actualizarla para nuestro tiempo.

Notas

[1] El hilemorfismo trata de la materia y forma, siendo materia aquello por lo que se compone una cosa y la forma lo que actualiza a la materia.

[2] Las causas son lo que provoca al ente en algo; Aristóteles distingue cuatro: causa material, formal, eficiente y final.

Bibliografía

[1] Aristóteles. (2000). Metafísica. Gredos.

Cita este artículo (APA): García, P. (2025, 3 de noviembre). La substancia en Aristóteles: permanencia y sentido del ser. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/10/substancia-aristoteles-metafisica

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