¿Tiene sentido celebrar el Año Nuevo desde una perspectiva filosófica? Sí, el Año Nuevo tiene sentido filosófico aunque sea arbitrario en términos cósmicos. Su valor no está en el calendario, sino en los rituales que creamos para cerrar el pasado, proyectar esperanza y fortalecer la comunidad. Celebrarlo es un acto creativo mediante el cual las personas afirman su libertad, construyen significado y reafirman su condición humana frente al absurdo del mundo.
Hace algunos años tuve una discusión con uno de mis grandes amigos. Debatíamos cuál era la celebración más significativa del año: Navidad, cumpleaños o Año Nuevo. La última resultó victoriosa por un argumento que no pude refutar. Y es que, en esa fecha, parece existir una actitud colectiva de esperanza. En palabras de mi amigo, surge una creencia generalizada, que nos permitimos por un solo día, de que tal vez el año que viene todo puede mejorar.
Es cierto que muchos de los rituales que realizamos el 31 de diciembre tienen que ver con esa idea. Existe una sensación de cierre y apertura. Por ejemplo, en varios lugares de Latinoamérica quemamos con pólvora un maniquí representativo del año que queda atrás. El maniquí cierra el pasado y los fuegos artificiales en el horizonte parecen anunciar un futuro esperanzador. El año luego transcurre y en algunos casos observamos cumplidos nuestros sueños, mientras que en otros los vemos defraudados.
Todo, para que un año más tarde, repitamos las mismas costumbres e incurramos en una idéntica sensación colectiva de nostalgia, euforia y esperanza. ¿Tienen estos rituales algún sentido? A través de este escrito quiero plantear que la importancia de la celebración de Año Nuevo es mayor a la que imaginamos. Ello, incluso con independencia del cumplimiento de un sueño o propósito en el año que viene. Por el contrario, esa celebración es un fin en sí mismo, ya que permite reafirmar nuestra condición humana.
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El absurdo en Año Nuevo
En un programa humorístico estadounidense se le preguntó al conocido astrofísico Neil deGrasse Tyson si la fecha en la que celebramos Año Nuevo tiene alguna importancia en el campo de la astronomía. La respuesta fue contundente: ninguna. El 31 de diciembre no es nada más que un momento en la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol, el cual no se diferencia de ningún otro. Por lo tanto, el instante que elegimos para conmemorar el cierre de un año es eminentemente arbitrario1.
Ese contraste entre la importancia que le damos a la fecha de Año Nuevo y su realidad cósmica, al menos desde una óptica científica, me recuerda la sensación del absurdo de la que hablaba el filósofo Albert Camus. En síntesis, este se genera ante la contradicción intrínseca que existe entre la tendencia humana de buscar constantemente sentido en nuestra vida y en lo que nos rodea, y la realidad del universo que nos demuestra la ausencia de este. El absurdo es, entonces, un grito sin respuesta. Una explicación solicitada sobre el significado de nuestra existencia que queda en el vacío. En palabras de Camus:
Lo absurdo nace de esta confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo2.
De esa forma, una mirada apresurada al existencialismo de Camus3 permitiría contestar la pregunta de este escrito de forma negativa. Si ningún sentido cósmico tiene la fecha de Año Nuevo, ningún sentido tiene su celebración.
Y, sin embargo, son los propios existencialistas los que abogan por la defensa del sentido. En esa línea argumentativa, aunque pueda ser cierto que el universo carezca de sentido intrínseco, o metafísico, ello no quiere decir que la única alternativa sea caer en la apatía, el cinismo o la desesperanza. Por el contrario, nos corresponde reafirmar nuestra libertad ante la vasta realidad que nos rodea. Ese entendimiento implica comprender que ningún destino se ha preconcebido y que es nuestra responsabilidad intentar construir uno propio.
El hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez es arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace […] Piensa, pues, que el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre4.
A partir de esas premisas, podemos afirmar que, si es verdad que tenemos una tendencia natural a buscar sentido a nuestra vida, pero encontramos una respuesta ausente en el universo, entonces el acto de crearlo está en la esencia de la condición humana. En otras palabras, la creatividad es un acto que reafirma la libertad y enaltece la condición humana.
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El sentido en Año Nuevo
Los rituales son una manifestación de esa comprensión. Para el filósofo Byung-Chul Han5, mediante los rituales, utilizamos la creatividad para generar símbolos y explicaciones que permiten relacionarnos con el mundo de una forma armónica, pacífica y esperanzadora6.
Así, el punto de la trayectoria de la Tierra alrededor del sol, al que llamamos Año Nuevo, nos permite contemplar nuestra existencia de un modo particular. Por medio de la creación de esta celebración, entablamos una relación con el pasado al procurar su cierre, y con el futuro, al proyectarlo según nuestros sueños. De esa manera, entendemos el mundo y su movimiento como un lugar habitable, dispuesto para nosotros como si fuera un hogar en el que podemos crear un sentido propio.
Lo anterior tiene mucho que ver con la sensación de esperanza abundante en esa época. Los sueños que nos planteamos en esa fecha son, en primer término, un acto de autorreconocimiento. Reflexionamos, así, sobre quiénes somos y, en esa línea, lo que queremos lograr. En segundo lugar, constituyen un ejercicio de libertad. En efecto, en la proyección de nuestros propósitos reconocemos el poder que tenemos sobre nuestra propia vida.
La esperanza es la única que nos hace ponernos en camino. Nos brinda sentido y orientación7.
¿Qué ocurre entonces con los sueños defraudados? La esperanza no es una acción de manifestación mística. Quien tiene esperanza, sabe que sus propósitos pueden verse incumplidos. En consecuencia, es normal en la celebración de Año Nuevo tener una sensación también de ansiedad vinculada con un eventual fracaso de lo que nos proponemos. Pero, ¿debe esa comprensión detenernos a retomar causas antiguas o creer en unas nuevas?
Los sueños, como actos de autorreflexión y libertad, constituyen fines en sí mismos. Permiten entender el propio sentido y establecer una causa por la cual se lucha. En consecuencia, labran un camino con un recorrido posible que, si es transitado, nos dota de nuevas experiencias, emociones y aprendizajes. Sobre el punto, resulta relevante recurrir nuevamente a Byung-Chul Han, cuando este explica que:
El contenido de la esperanza es el profundo convencimiento de que algo tiene sentido, sin importar cómo acabará el resultado8.
Pero una celebración de esta naturaleza no es solo importante como acto creativo que nos permite armonizar la relación con el mundo y orientar nuestra vida. Existe otro elemento que trasciende la perspectiva individual.
La comunidad en Año Nuevo
Hace algunos años celebraba las fechas de Año Nuevo en Cali, Colombia. Desde diferentes países, un gran número de familiares nos dirigíamos a esa ciudad para pasar la festividad junto a mis abuelos. Los recuerdo como días profundamente felices. El 31 de diciembre funcionaba como un día simbólico que, por una vez en el año, nos unía a todos.
Desde el existencialismo se explica que la construcción de una identidad auténtica, y de un sentido propio, no es posible en absoluta soledad. Necesitamos al otro para hacerlo. Solo a través de la contemplación del otro, como alguien ajeno a nuestra propia subjetividad, logramos elaborar una percepción singular de lo que somos. Así, quienes nos rodean y las comunidades en las que habitamos son esenciales en nuestra vida9.
Los rituales son importantes también porque a través de símbolos generan comunidades. En el caso del Año Nuevo, existe un acuerdo colectivo sobre lo que debe suceder. Se lleva a cabo una reunión el 31 de diciembre, se comparte una cena y se platica acerca del año que se cierra. De igual manera, se realizan costumbres como quemar un maniquí con pólvora, se comen doce uvas pidiendo un deseo por cada una y se escriben los propósitos futuros, entre otras.
Los símbolos establecidos a través de esas tradiciones nos permiten fortalecer los vínculos con quienes nos rodean.
Los ritos son acciones simbólicas. Transmiten y representan aquellos valores y órdenes que mantienen cohesionada una comunidad10.
Los rituales son actos creativos que nos permiten armonizar nuestra relación con el mundo. Además, generan momentos de cierre y apertura que nos ayudan a orientar nuestra propia vida. Mediante la generación de símbolos reconocidos colectivamente, se afianzan también los lazos con quienes amamos. Si es verdad que el mundo que nos rodea es irrazonable y carece de sentido, una reacción libre frente a ese absurdo es crear un propio sentido. Ello, a nivel individual como comunitario. La creatividad, así, reafirma nuestra libertad. Por todo lo anterior, la despedida de un año que queda atrás y la bienvenida de otro que viene tiene una importancia transcendental en nuestra vida.
En la costumbre de Año Nuevo, un minuto antes de las doce inicia la cuenta regresiva. Los últimos segundos se suelen exclamar al unísono entre todos los presentes. Llegadas las doce, se escucha la pólvora e inician los abrazos, los besos y las felicitaciones comunales. En ese instante, la tierra ha alcanzado otro de sus puntos en la trayectoria que realiza alrededor del sol. Un momento cósmico como cualquier otro. Y, sin embargo, surge un sentimiento colectivo de euforia y esperanza. Ese momento nos recuerda la belleza de nuestra condición humana.
Notas
[1] The Late Night Show with Stephen Colbert (2018, 6 enero). The mystery that keeps Neil deGrasse Tyson up at night [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=TgA2y-Bgi3c | https://www.youtube.com/watch?v=TgA2y-Bgi3c.
[2] Camus, A. (2021). El mito de Sísifo. Penguin Random House; pág. 37.
[3] Se ha indicado también que Camus no era estrictamente existencialista, sino absurdista. Sin embargo, por la época y contenido de sus escritos, bien puede relacionársele con el existencialismo como corriente filosófica. De otra parte, es importante considerar que no todos los existencialistas tenían una perspectiva frente al universo metafísico como la que presento en este escrito. El caso más conocido de una postura contraria es la de Soren Kierkegaard.
[4] Sartre, J.-P. (2006). El existencialismo es un humanismo. Edhas; pág. 43.
[5] Byung-Chul Han, a diferencia de los existencialistas citados, le otorga importancia a las religiones y la metafísica para la construcción de su filosofía. Sin embargo, en los aspectos citados en este escrito, lo considero compatible con propuestas como la de Jean-Paul Sartre, vinculadas con la necesidad de crear un sentido propio.
[6] Han, B.-C. (2020). La desaparición de los rituales: Una topología del presente. Herder; pág. 12.
[7] Han, B.-C. (2024). El espíritu de la esperanza. Herder; pág. 16.
[8] Íbidem, pág. 88.
[9] En este sentido puede consultarse: Sartre, J.-P. (2017). El ser y la nada (J. Valmar, trad.). Losada; pág. 314.
[10] Han, B.-C. (2020). La desaparición de los rituales: Una topología del presente. Herder; pág. 11.
Cita este artículo (APA): Tissot, P. (2025, 31 de diciembre). Año Nuevo y el absurdo: por qué seguimos celebrándolo. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2025/12/sentido-ano-nuevo-ritual
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