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En conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la presente lucha colectiva del movimiento de mujeres en todas partes del mundo, me es imposible no movilizarme con la situación actual que están sufriendo las y los jubilados en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei. El actual gobierno cambió la forma de actualizar las jubilaciones mediante el DNU 274/20241, reemplazando la fórmula anterior por otra basada solo en inflación. Según informes independientes, los haberes jubilatorios han perdido más del 25% de poder adquisitivo desde la implementación de esa fórmula bajo la gestión de Milei. Esto se siente especialmente para quienes cobran la jubilación mínima, que quedó muy por debajo de lo que hubiera sido con la fórmula anterior. En este marco, distintas organizaciones de jubilados y sindicatos han cuestionado las decisiones del gobierno que anularon leyes con mejoras para pensionados y discapacitados y que no ajustaron adecuadamente los ingresos de los adultos mayores. Bajo este contexto actual, cuando pienso en una mujer argentina que ha sostenido esta lucha colectiva y se ha comprometido con los derechos humanos y los derechos de las mujeres trabajadoras, mi mente me lleva a Norma Plá.
Norma Beatriz Guimil de Plá nació en Argentina el año de 1932. Fue una activista que se involucró en los reclamos por aumento a las pensiones de los jubilados durante el gobierno de Carlos Menem y del Ministro de Economía Domingo Cavallo en 1990. La activista es reconocida por su lucha al lado de las y los trabajadores, una donde ha puesto su cuerpo por el pueblo. Norma comenzó a cortar todos los miércoles la Avenida Rivadavia de Buenos Aires que se encuentra frente al Congreso de la Nación y que aún nuestras y nuestros jubilados continúan cada miércoles bloqueando interrumpidamente. A partir de estas movilizaciones, el movimiento de jubiladas y jubilados se consolidó como tal, organizándose como el primero en la historia argentina en cortar calles de manera sistemática, incluso anticipando el movimiento piquetero actual. Lamentablemente, tuvo varios enfrentamientos con la policía y fue arrestada y detenida en varias ocasiones.
¿Por qué nos interesa reivindicar a esta mujer que desafió el individualismo neoliberal e impulsó una lucha colectiva junto al pueblo y las trabajadoras?
Muchas veces se juzgó a la “abanderada de los jubilados”, como se le solía llamar, con el adjetivo de “inoportuna”, ya que irrumpió como mujer de tercera edad donde no debía. Su figura desestabilizaba el orden simbólico que confinaba en el imaginario social a las mujeres mayores al espacio doméstico, tareas de cuidado y silencio. Pensando esta inoportunidad desde una perspectiva feminista, no se trata de un exceso de carácter, sino de una práctica de resistencia; en este sentido, el feminismo se ha encargado y se encarga de mostrar cómo el poder organiza quién puede hablar, cuándo y sobre qué.
De alguna forma, Norma rompió esta distribución de lo decible: una mujer, pobre, mayor, interpelando a funcionarios y jefes de Estado. Nos deja un legado inmenso: ser inoportuna es una forma de resistencia a la injusticia estructural y a la violencia simbólica de un orden que espera gratitud; ser inoportuna es una forma de justicia. Como las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo2, Norma rompió el molde del viejismo: la idea de que la vejez es pasividad, retiro, silencio o locura.
En este sentido, el patriarcado no solo jerarquiza por género, sino también por edad. Las mujeres mayores son doblemente invisibilizadas: por mujeres y por viejas. Había algo profundamente subversivo en su figura: una “viejita” que incomodaba al sistema, que no pedía permiso, que gritaba, que insistía. Esa rebeldía desarmaba el imaginario que asocia la feminidad con docilidad, y la vejez con resignación y locura. Los medios de comunicación se encargaban de tratarla como “una vieja loca”, el mismo argumento que utilizaron con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Esa patologización cumple una función disciplinadora: neutralizar la potencia política reduciéndola a anormalidad. El feminismo ha denunciado históricamente cómo la figura de la mujer “loca”, “histérica” o “desbordada” sirve para desautorizar la crítica. En Norma, la descalificación mediática revelaba el temor a su eficacia política y se la disminuía.
Para José Medina, en The Epistemology of Resistance3, la injusticia epistémica no implica únicamente silenciamiento o descrédito, sino también la producción activa de ignorancia por parte de las estructuras de poder. Frente a eso, la resistencia no es solo protesta política, sino también intervención en el campo del saber: disputar quién puede hablar y qué cuenta como conocimiento. Norma no era experta en economía ni hablaba el lenguaje técnico del Estado; pero su intervención mediática producía una contra-lectura del discurso oficial. Su resistencia no era solamente material a través de marchas y protestas, sino epistémica: insistía en que su experiencia era una fuente legítima de conocimiento sobre la injusticia del sistema jubilatorio.
Cuando en un programa de televisión le respondió al conductor Gerardo Sofovich: “¿Y usted qué haría si estuviera en mi situación?”4, no estaba apelando a una anécdota personal. Estaba desplazando, de una manera maravillosa, el eje del debate: la lógica mediática individualizaba el sufrimiento de Norma, pero ella insistía en colectivizarlo. La estrategia que adoptaba, en las entrevistas y notas que podemos revisar, era poner al entrevistador a imaginarse vulnerable; este es un gesto feminista que intenta subvertir la distribución desigual de empatía. Generalmente, las mujeres hemos sido criadas como cuidadoras, las cuales debemos tener un alto porcentaje de empatía hacia el otro. Norma exigía lo contrario: que los poderosos se pusieran en el lugar de las mujeres pobres. Es una cierta pedagogía política que transforma la experiencia individual en denuncia colectiva; cuando se pronunciaba, no decía “mi jubilación”, decía “los jubilados, las jubiladas”; la práctica discursiva también implica un compromiso político y social. En Norma, la indignación no era descontrol: era claridad moral, ya que convertía el malestar en argumento público. En este sentido, su figura encarna lo que podríamos llamar, siguiendo a Medina, una agencia epistémica afectiva: usa la emoción como fuerza de visibilización.
Otras de las preguntas que le hacía en la televisión eran: “¿Cuántos años aportó?”, “¿De qué trabajaba?”; estas revelan un dispositivo de deslegitimación, donde la discusión pasaba a ser si ella merecía lo que reclamaba. En términos de Medina5, opera un déficit de credibilidad estructural: no se duda solo de Norma, se duda del tipo de sujeto que ella encarna (mujer, mayor, pobre). Para ella, la resistencia epistémica surge precisamente en estos contextos de descrédito; no se trata de una resistencia pura ni heroica, sino de una resistencia situada, atravesada por vulnerabilidad. Esto también nos remite a la histórica invisibilización del trabajo femenino, donde la gran mayoría de las mujeres llevamos a cabo trabajos precarios, informales o domésticos no remunerados. La sospecha sobre su relato laboral no era neutral: estaba atravesada por prejuicios de clase y género. Es el mismo mecanismo que opera en otros ámbitos: antes de atender la denuncia de una mujer, se interroga la credibilidad de quien denuncia. La activista, entonces, ponía en evidencia el carácter androcéntrico del reconocimiento estatal del trabajo.
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Norma nunca se declaró feminista como tal, pero esto no invalida una lectura de su propia acción. El feminismo es práctica política: recuperar el espacio público, confrontar al poder, politizar la experiencia cotidiana del empobrecimiento; todo ello forma parte de una genealogía feminista más amplia de la cual la activista se encargó. Los temas que ella abordó y defendió en el espacio público son cuestiones feministas primordiales: la dignidad de la vejez y la justicia económica.
Más allá de reflexionar acerca de si hoy en día Norma Plá se hubiese identificado con el feminismo, su legado nos permite pensarla como un símbolo histórico de la Argentina, de la lucha por los derechos de las y los jubilados, de una mujer que, por fuera de la academia, hizo visible una realidad sistemáticamente ignorada. Representó a quienes nunca suelen tener voz en el espacio público: las mujeres trabajadoras, mayores y pobres. Su legado nos permite pensar un feminismo intergeneracional, donde la lucha por la dignidad en la vejez es inseparable de la lucha contra la precarización de la vida. En Norma Plá, la indignación no fue pura rabia, fue motor de transformación política colectiva.
El legado de Plá actualmente nos recuerda que las jubilaciones no son una cuestión meramente técnica ni fiscal: son una definición sobre el valor social de la vida después del trabajo formal. Como dice Judith Butler6: ¿Qué vidas son las que importan? ¿Cuáles son las vidas llorables? ¿Cuáles vidas son vistas como un gasto para el Estado? ¿Qué vidas son sacrificables en pos de una eficiencia? Estas preguntas nos permiten leer el presente no solo como un conflicto económico, sino como una disputa sobre el valor social de las personas mayores, la dignidad de la vejez y de nuestras trabajadoras y trabajadores.
Imagen | Revista Trinchera [fotografía usada bajo fair use con fines ilustrativos].
Notas
[1] Ver: https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/305089/20240325
[2] Ver: Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son organizaciones argentinas de derechos humanos formadas a partir de 1977 durante la última dictadura militar (1976-1983) para localizar a sus hijos desaparecidos y nietos apropiados, respectivamente. Identificadas por pañuelos blancos, marchan los jueves en la Plaza de Mayo, convirtiéndose en símbolos internacionales de lucha por verdad, justicia y memoria.
[3] Medina, J. (2013). The Epistemology of Resistance: Gender and Racial Oppression, Epistemic Injustice, and the Social Imagination. Oxford University Press.
[4] Vinelli, N., Guzzo, A. & Arias, F. (2025, 21 agosto). Norma Plá: la batalla continúa. LatFem.
[5] Medina, J. (2013). The Epistemology of Resistance: Gender and Racial Oppression, Epistemic Injustice, and the Social Imagination. Oxford University Press.
[6] Basado en el pensamiento filosófico de Judith Butler, particularmente en sus obras Vida Precaria (2006) y Marcos de Guerra (2010), la división entre vidas que importan y las que no es una construcción política y social, no una distinción natural.
Bibliografía
Nicastro Torres, F. N. (2025, 23 diciembre). Norma Plá, una figura que regresa del pasado: memoria de una mujer que convirtió el hambre en protesta y marcó para siempre la resistencia de los jubilados. Meer.
Fink, N. & Azcurra, M. (2024, 6 septiembre). Norma Pla, la jubilada que sembró la resistencia. Marcha.
Artículo de:

Ana Paula Visintini (investigadora del G.D.I. Mary Wollstonecraft).
Prof. en Filosofía (UNL-Argentina), actualmente cursa la Maestría en Filosofía en la Universidad de Guanajuato, México (UG-CONAHCYT).
Cita este artículo (APA): Visintini, A. (2026, 08 de marzo). Norma Plá y la resistencia feminista de las jubiladas. Filosofía en la Red. Sitio web: https://filosofiaenlared.com/2026/03/norma-pla-activista-jubilados/
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